Un manzano puede florecer cada primavera durante sesenta años seguidos. Un ágave espera quince o veinte, levanta un enorme tallo floral de seis metros, fructifica una sola vez y muere. Las dos son plantas perennes y las dos viven décadas, pero pertenecen a estrategias reproductivas opuestas. A la primera se la llama policárpica; a la segunda, monocárpica. Entender de cuál se trata cambia por completo lo que hay que esperar de una planta en el jardín.

Qué es una planta policárpica

Policárpica significa literalmente "de muchos frutos", y designa a la planta que florece y fructifica repetidamente a lo largo de su vida, sin que ese esfuerzo la mate. Termina la floración, la planta se recupera, acumula reservas y vuelve a florecer al ciclo siguiente. En ecología se emplea el término equivalente iteróparo, tomado de la zoología, donde describe lo mismo en animales que se reproducen varias veces.

Prácticamente todos los árboles y arbustos del jardín son policárpicos: el rosal, el naranjo, el olivo, la magnolia, el laurel, la hortensia, el almendro. También lo son las herbáceas vivaces que rebrotan cada año desde un rizoma, un tubérculo o una cepa: el geranio, el lirio, la peonía, la hemerocalis, el agapanto, la lavanda.

Ojo con el término: tiene dos significados distintos

Aquí se produce una confusión frecuente que conviene despejar antes de seguir. En morfología floral, "policárpico" (o mejor, policarpelar o apocárpico) se aplica a una flor cuyo gineceo está formado por numerosos carpelos libres, no soldados entre sí. Cada carpelo dará su propio fruto independiente, y el conjunto forma un fruto múltiple.

La magnolia es el ejemplo de manual: sobre un eje alargado se disponen decenas de carpelos separados que maduran en esa piña rugosa y rojiza tan característica del otoño. Lo mismo ocurre en el ranúnculo, en la anémona, en la fresa y en la zarzamora, donde cada "granito" de la mora es en realidad un frutito procedente de un carpelo distinto. Lo contrario es el gineceo gamocarpelar o sincárpico, con los carpelos fusionados en un solo pistilo, como en el tomate o el naranjo.

Flor de magnolia, con gineceo formado por numerosos carpelos libres

Son dos ideas que no tienen nada que ver: una habla de cuántas veces florece la planta en su vida, la otra de cómo está construida una sola flor. Que la magnolia sea policárpica en ambos sentidos a la vez es coincidencia. El olivo, por ejemplo, es policárpico en el primer sentido (florece cada año) y sincárpico en el segundo. En jardinería, cuando alguien dice "planta policárpica" casi siempre se refiere al primer significado, el reproductivo.

Características de las plantas policárpicas

La estrategia iterópara impone una serie de rasgos bastante coherentes entre sí.

Reservan energía en lugar de gastarla toda. Una policárpica nunca vacía sus depósitos en una floración. Mantiene reservas de almidón en raíces, rizomas, bulbos o madera vieja que le garantizan sobrevivir al periodo desfavorable y volver a arrancar. Ese es exactamente el motivo por el que en las vivaces no se corta el follaje mientras siga verde: está trasladando nutrientes al órgano de reserva.

Tienen meristemos que sobreviven a la floración. En una planta monocárpica, el meristemo apical se transforma en flor y con ello se agota la capacidad de seguir creciendo por ese punto. En una policárpica, siempre quedan yemas vegetativas laterales o basales capaces de producir crecimiento nuevo la temporada siguiente. Es una diferencia estructural, no de vigor.

Necesitan tiempo para madurar. Casi ninguna florece el primer año. Una Wisteria de semilla puede tardar diez o quince años en dar su primera flor; un peral franco, siete u ocho. De ahí que los frutales se injerten sobre patrones que aceleran la entrada en producción, y que las glicinias de vivero sean plantas injertadas o de esqueje, no de semilla.

Alternan cosechas. La vecería es un fenómeno típico de policárpicas leñosas: un año de carga enorme seguido de otro casi vacío. Ocurre porque la fructificación consume las reservas y frena la formación de yemas florales para la campaña siguiente. Es muy marcada en el olivo, el pistacho, el almendro y algunas variedades de manzano. Se atenúa con aclareo de frutos en el año de carga y con un abonado y un riego que sostengan a la planta durante la maduración.

Responden al descabezado. Si retiras las flores marchitas antes de que cuajen semilla, la planta interpreta que no ha cumplido su objetivo y vuelve a emitir. Funciona muy bien en rosales, geranios, dalias, salvias y gauras. En una monocárpica, en cambio, cortar la flor solo retrasa lo inevitable.

¿Hay plantas que florecen una sola vez en la vida?

Sí, y son más de las que parece. Se llaman monocárpicas o hapaxánticas, y su lógica es la inversa: acumular recursos durante todo el tiempo necesario y luego invertirlos íntegros en una única reproducción masiva. Muere el individuo, pero deja una cantidad de semilla que ninguna floración anual habría producido.

Las anuales y las bienales son monocárpicas por definición: el trigo, la amapola, la zanahoria, la digital (Digitalis purpurea). Lo que sorprende es el grupo de las monocárpicas de vida larga, plantas que viven años o décadas antes de florecer una única vez.

El ágave (Agave americana) es el caso más visible en España, naturalizado en todo el litoral mediterráneo y en Canarias. Tras diez o veinte años forma un tallo floral gigantesco —el "quiote"— y muere después de fructificar. La creencia popular de que florece a los cien años, y de ahí el nombre de pitera centenaria, no tiene ninguna base. Antes de morir emite hijuelos alrededor de la base, y ahí es donde continúa la mata: la planta madre se pierde, la colonia no.

Entre las palmeras hay ejemplos espectaculares. Caryota urens y las demás del género florecen de arriba abajo: primero la inflorescencia más alta, luego la siguiente, y así descendiendo a lo largo de varios años hasta que la última llega a la base y el estípite muere. Es un proceso lento y perfectamente normal, aunque desconcierte a quien la tiene en el jardín y la ve deteriorarse sin causa aparente. Más extremo todavía es Corypha umbraculifera, la palmera talipot, que puede pasar cuarenta o más años sin florecer y produce entonces una de las mayores inflorescencias del reino vegetal antes de morir.

Ejemplar de Caryota urens, palmera monocárpica de floración descendente

Los bambúes añaden un giro raro: muchas especies florecen de forma gregaria, es decir, todos los ejemplares clonales de una misma procedencia lo hacen a la vez en distintos continentes, con intervalos que en algunas especies se cuentan por décadas. Tras la floración, la mata muere. No hay nada que se pueda hacer al respecto salvo recoger semilla si la produce.

En el ámbito español hay dos joyas propias. El tajinaste rojo (Echium wildpretii) del Teide crece como roseta durante varios años, levanta una inflorescencia cónica de dos o tres metros y muere tras dispersar la semilla. Y las siemprevivas del género Sempervivum, tan usadas en rocallas y macetas, funcionan igual pero a escala diminuta: cada roseta florece una única vez y muere, mientras las rosetas hijas que ha ido produciendo alrededor toman el relevo. La planta parece eterna porque en realidad es una sucesión de individuos monocárpicos.

Perenne y policárpica no son sinónimos

Este es el punto donde más gente se equivoca, y merece dejarlo claro. Toda policárpica es necesariamente perenne, porque necesita al menos dos temporadas para florecer dos veces. Pero no toda perenne es policárpica: el ágave, la Caryota, el tajinaste y el Sempervivum viven años y son plantas perennes de pleno derecho, y aun así florecen una sola vez.

La consecuencia práctica es directa. Cuando un ágave saca su quiote, no hay error de cultivo que corregir ni enfermedad que tratar; lo que procede es dejar que fructifique si te interesa la semilla, separar los hijuelos y retirar la roseta madre cuando se seque. Cuando una Caryota empieza a florecer desde la copa hacia abajo, tampoco hay tratamiento posible: lo sensato es plantar el relevo con tiempo. Y cuando una roseta de Sempervivum se estira y florece, no la tires: los hijuelos que deja alrededor son la continuidad de la mata.

Qué hacer con las policárpicas para que florezcan bien cada año

Puesto que la floración repetida depende de las reservas acumuladas, el manejo consiste básicamente en no impedir que la planta las recomponga.

Poda en el momento correcto. Las que florecen sobre madera del año anterior —forsitia, lilo, glicina, hortensia de bola, rosales trepadores de floración única— se podan justo después de florecer. Si las cortas en invierno, estás eliminando precisamente las yemas florales que formaron el verano pasado. Las que florecen sobre madera del año en curso —rosal de té híbrido, buddleja, hibisco de Siria, salvia arbustiva— se podan al final del invierno, entre finales de enero y febrero según zona.

Abonado después de la floración, no solo antes. El periodo posterior a la flor es cuando la planta reconstruye reservas y forma yemas para el año siguiente. Un aporte de materia orgánica en otoño y un abonado equilibrado tras la floración rinden más que atiborrar a fósforo en primavera.

Divide las vivaces cada tres o cuatro años. Una mata vieja se ahueca por el centro, compite consigo misma y florece cada vez peor. Se levanta, se parte en fragmentos con yemas y raíces y se replanta: en otoño las de floración primaveral, en primavera las de floración estival.

Descabeza mientras dure la temporada. Retirar las flores pasadas de geranios, rosales, dalias, cosmos o salvias antes de que formen semilla prolonga la floración de forma muy notable, y en el litoral mediterráneo puede alargarla hasta bien entrado noviembre.

En resumen

Una planta policárpica es la que florece y fructifica muchas veces a lo largo de su vida, reservando siempre energía y yemas para el ciclo siguiente. Es la estrategia de la práctica totalidad de los árboles, arbustos y vivaces de jardín, y explica comportamientos tan cotidianos como la vecería del olivo, la conveniencia de descabezar los rosales o la necesidad de podar cada especie en su momento.

Su opuesto son las monocárpicas, que florecen una sola vez y mueren, incluso cuando han tardado veinte años en hacerlo: ágaves, Caryota, tajinastes, bambúes en floración gregaria, Sempervivum. Perenne y policárpica no significan lo mismo, y confundirlas lleva a tratar como problema lo que solo es el final previsto de un ciclo. Y en morfología floral el término tiene además otro sentido, el de flor con carpelos libres —magnolia, ranúnculo, zarzamora—, que no guarda relación con el anterior.


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