La alstromelia es esa flor que compras en el súper por cuatro euros y sigue impecable en el jarrón dos semanas después. Es la tercera flor cortada más vendida del mundo, por detrás de la rosa y el crisantemo, y sin embargo mucha gente que la tiene en casa cada semana no sabe que se puede plantar en el jardín, que es perenne, que florece durante meses y que en gran parte de España aguanta el invierno sin problema. Vamos a repasarla entera, incluidas dos o tres cosas que casi nunca se cuentan.
Qué es la alstromelia
El género Alstroemeria da nombre a su propia familia, las alstroemeriáceas, y reúne alrededor de ochenta especies originarias de Sudamérica. El grueso procede de dos focos muy distintos: la zona central y austral de Chile, de clima mediterráneo, y el sureste de Brasil, de clima subtropical húmedo. Esa doble procedencia explica por qué unas especies aguantan mejor el frío que otras.
El nombre se lo dedicó Linneo a Clas Alströmer, un barón y naturalista sueco, discípulo suyo, que le envió semillas recogidas en España en 1753. Sí, en España: las había obtenido de material sudamericano llegado a Cádiz.
Se la conoce popularmente como lirio de los incas, lirio peruano, astromelia o peregrina. Ninguno de esos nombres es botánicamente exacto —no es un lirio— pero están muy asentados.
No es un bulbo
Merece la pena aclararlo porque se vende y se clasifica sistemáticamente con los bulbos, y tratarla como tal lleva a errores de cultivo.
La alstromelia no tiene bulbo. Lo que tiene es un rizoma carnoso y ramificado que crece horizontalmente bajo tierra, del que salen raíces engrosadas y tuberosas donde acumula reservas de agua y almidón. Es un sistema mucho más parecido al de un lirio de agua o al de un espárrago que al de un tulipán.
Consecuencias prácticas de esta diferencia:
Se extiende lateralmente. Un plantón crece formando una mata que se ensancha año tras año, no una planta puntual. Hay que darle espacio.
Es frágil de manipular. El rizoma y las raíces tuberosas se rompen con facilidad, y la planta acusa mucho el trasplante en plena vegetación.
No se "saca" al terminar la floración como se hace con tulipanes o gladiolos. Se deja en el suelo, donde se instala y mejora con los años.
Aguanta bien la sequía puntual gracias a las reservas de las raíces tuberosas, pero se pudre rápido si el suelo se encharca.
Cómo es la planta
Es una herbácea perenne que emite tallos erectos, no ramificados, de altura muy variable según la especie o variedad: desde los 30 cm de los cultivares enanos para maceta hasta el metro y medio de algunas especies y de las variedades de flor cortada.
Las hojas son lanceoladas, de un verde medio, dispuestas a lo largo del tallo, y esconden una rareza botánica que vale la pena conocer: son resupinadas. Es decir, el peciolo gira 180 grados, de manera que lo que ves como haz es en realidad el envés de la hoja. Es un rasgo poco común y un buen truco de identificación: si dudas si una planta es una alstromelia, mira si las hojas están retorcidas en la base.
La flor aparece en umbelas terminales de tres a diez unidades. Cada flor tiene seis tépalos ligeramente desiguales, con forma de embudo abierto. Y aquí está lo que la hace inconfundible: los dos tépalos superiores internos presentan un dibujo de estrías, rayas o pinceladas de color pardo, granate o casi negro sobre un fondo más claro, generalmente amarillo. Esas marcas son guías de néctar que orientan a los polinizadores.
La gama de colores es enorme: blanco, crema, amarillo, naranja, salmón, rosa en todos sus tonos, rojo, lila y púrpura, con incontables bicolores. El fruto es una cápsula que, al madurar, se abre de forma elástica y proyecta las semillas a varios metros, un mecanismo de dispersión que explica por qué a veces aparecen plantitas lejos de la mata madre.
Las especies y los híbridos
Casi todo lo que se cultiva hoy son híbridos complejos, fruto de programas de mejora desarrollados sobre todo en Holanda, Reino Unido y Chile desde mediados del siglo XX. Se agrupan comercialmente en series como Princess, Inca o Inticancha.
De las especies puras conviene conocer dos:
Alstroemeria aurea (antes A. aurantiaca), de flores anaranjadas o amarillas, procedente del sur de Chile. Es la más rústica y vigorosa, con cultivares clásicos como 'Orange King' y 'Lutea'. Es también la que puede volverse invasora en climas que le van bien: en el norte de España y en zonas atlánticas se ha naturalizado en cunetas y taludes. Si tienes un jardín pequeño, tenlo en cuenta antes de plantarla.
Alstroemeria ligtu y sus híbridos, de tonos pastel, más contenidos y menos expansivos.
Alstroemeria psittacina, la del loro, de flores verdes y rojas muy llamativas, brasileña y algo más delicada con el frío.
Para jardín, busca variedades altas y rústicas. Para maceta y balcón, las series enanas tipo Inticancha o Princess, seleccionadas para no pasar de 40 cm y florecer muy largamente.
Ubicación
La regla general es sol o semisombra, pero conviene ajustarla al clima de cada zona, porque es una planta que sufre con el calor extremo.
En el norte de España —Galicia, cornisa cantábrica, Pirineo— va perfecta a pleno sol.
En el centro y el sur, y en el litoral mediterráneo, prefiere claramente sol de mañana y sombra a partir del mediodía. Con temperaturas por encima de 28-30 °C la planta detiene la formación de flores y puede entrar en semiletargo; por encima de 35 °C sufre de verdad. La sombra de la tarde alarga notablemente la floración en verano.
En sombra profunda crece pero se ahíla y florece poco.
Otro punto: los tallos altos son quebradizos y se tumban con el viento y la lluvia fuerte. Ubicaciones resguardadas, o tutorado discreto con aros o cañas en las variedades de más de 80 cm.
Suelo y sustrato
Quiere suelo suelto, profundo, rico en materia orgánica y sobre todo muy bien drenado. El pH ideal está entre 6 y 7, de ligeramente ácido a neutro; tolera ligera alcalinidad pero no suelos muy calizos.
El drenaje es el factor crítico. Las raíces tuberosas se pudren con facilidad en suelos pesados que se mantienen húmedos, especialmente en invierno. Si tu terreno es arcilloso, hay dos soluciones: enmendarlo generosamente con arena gruesa y compost, o plantar en bancal elevado o caballón, que es la opción más segura.
Para maceta: 50% de sustrato universal de calidad, 25% de compost o humus de lombriz y 25% de perlita o arena gruesa. Maceta profunda, de al menos 30 cm de altura, porque el rizoma necesita bajar; una jardinera baja no le sirve.
Riego
Regular durante la temporada de crecimiento y floración, escaso en reposo. El sustrato debe mantenerse fresco pero nunca encharcado.
En primavera y verano, en suelo, dos o tres riegos semanales según temperatura; en maceta, cada dos o tres días en pleno verano. En otoño se reduce, y en invierno, con la planta en reposo y la parte aérea seca, prácticamente se suspende: la humedad natural del suelo basta y regar de más en enero es la forma más eficaz de pudrir el rizoma.
Riega en la base, no sobre el follaje. Las hojas y flores mojadas de forma continuada favorecen la botritis, a la que es sensible.
Un acolchado de corteza, paja o compost de 5 cm alrededor de la mata cumple tres funciones a la vez: conserva humedad, mantiene el suelo fresco en verano —que es lo que más le interesa a esta planta— y protege el rizoma del frío en invierno. Es una de las mejores intervenciones que puedes hacer por ella.
Abonado
Es una planta que florece durante meses y consume bastante. De marzo a septiembre, cuando está activa, abona cada 15 o 20 días.
Usa un fertilizante rico en potasio, del tipo de los indicados para plantas de flor o para tomate. El potasio empuja la floración; el exceso de nitrógeno da matas frondosas con pocas flores, que es la queja más habitual de quien la abona con un fertilizante genérico para verde.
En plantación en suelo, una aportación de compost o estiércol maduro en febrero-marzo, incorporada superficialmente sin remover el rizoma, es una buena base anual.
De octubre a febrero, nada.
Plantación y trasplante
La época depende del clima:
En la mitad norte y zonas de heladas, planta en primavera, de marzo a mayo, cuando el suelo empieza a calentarse y ha pasado el riesgo de helada fuerte.
En el litoral mediterráneo, el sur y Canarias, funciona mejor la plantación de otoño, en septiembre u octubre: el rizoma enraíza durante el invierno suave y llega a la primavera listo para florecer.
Cómo plantar el rizoma: en horizontal, con las yemas hacia arriba, a una profundidad de 10 a 15 cm. Esa profundidad no es un capricho: protege el rizoma de las heladas y del calor superficial. Plantar demasiado somero es un error frecuente y penaliza mucho en zonas frías. Deja 30-40 cm entre plantas, porque la mata se ensancha.
Si partes de planta en maceta comprada, plántala a la misma profundidad que traía, con muchísimo cuidado de no romper las raíces tuberosas. La alstromelia detesta que la muevan.
De hecho, cuanto menos se toque, mejor. Una mata establecida puede pasar cinco o seis años sin necesidad de dividirse, y cada vez florece más. El trasplante en plena vegetación suele costar una temporada de floración.
Multiplicación
División de rizomas. Es el método habitual y el único que garantiza mantener la variedad. Se hace a finales de invierno o principios de primavera, antes de que arranque el crecimiento, o bien en otoño una vez terminada la floración.
Se levanta la mata con horca, con cuidado, y se separan porciones de rizoma que tengan al menos dos o tres yemas y varias raíces tuberosas cada una. Se replantan de inmediato, sin dejar que se sequen, a la profundidad indicada, y se riega. Las divisiones muy pequeñas tardan un par de años en dar una floración decente.
Semilla. Más lenta y solo interesante para especies puras o si quieres experimentar, porque los híbridos no reproducen fielmente sus características. Las semillas necesitan tratamiento: remojo de 12 horas en agua templada seguido de estratificación fría de tres o cuatro semanas en nevera, dentro de una bolsa con sustrato húmedo. Después se siembran a 18-20 °C. La germinación es lenta e irregular, de uno a tres meses, y la planta tarda dos o tres años en florecer.
El truco de la flor cortada: se arranca, no se corta
Esto lo saben los productores profesionales y casi nadie más, y cambia por completo el rendimiento de la planta.
Cuando quieras flores para jarrón, no cortes el tallo con tijera. Agárralo por la base, cerca del suelo, y tira firmemente hacia arriba con un giro suave hasta que salga entero del rizoma.
La razón es fisiológica. El tallo de la alstromelia lleva en su base un tejido cuya extracción estimula al rizoma a producir nuevos brotes. Cortar deja un tocón que se seca, puede pudrirse y no genera esa señal. En los invernaderos de flor cortada la recolección se hace siempre así, tirando, y por eso una plantación bien manejada produce tallos de forma continua durante meses.
El mismo principio vale para las flores marchitas: arranca los tallos agotados en lugar de recortarlos y tendrás una floración notablemente más larga y abundante. Con esta técnica, en clima favorable, una alstromelia puede estar dando flor de mayo a octubre sin parar.
Y ya que hablamos del jarrón: la alstromelia dura entre 10 y 14 días en agua, más que casi cualquier otra flor cortada. Para maximizarlo, retira todas las hojas que queden bajo el agua —se descomponen y pudren el agua rápidamente—, cambia el agua cada dos días y recorta un centímetro de tallo en cada cambio. No hace falta gran cosa más.
Plagas y enfermedades
Pulgón: sobre brotes tiernos y capullos, en primavera. Es la plaga más habitual. Jabón potásico, repitiendo a los cinco días.
Trips: pequeños insectos alargados que deforman y decoloran los pétalos, dejándolos con manchas plateadas. Frecuentes en verano seco y particularmente molestos porque estropean justo lo que interesa. Trampas cromáticas azules y tratamientos con azadiractina.
Araña roja: en ambientes secos y calurosos, con punteado amarillento en la hoja. Aumentar la humedad ambiental ayuda a prevenirla.
Caracoles y babosas: atacan con avidez los brotes tiernos en primavera, cuando emergen del suelo, y pueden arrasar una mata joven en pocas noches. Es probablemente el peor enemigo de una plantación recién hecha. Barreras físicas, trampas de cerveza o fosfato férrico, que es inocuo para mascotas y erizos.
Botritis (Botrytis cinerea): moho gris sobre flores y hojas en condiciones húmedas y poco ventiladas. Retirar las partes afectadas, no mojar el follaje al regar y aclarar las matas muy densas.
Podredumbre del rizoma: causada por hongos de suelo en condiciones de encharcamiento. Es la principal causa de muerte de la planta y no tiene tratamiento eficaz: se previene con drenaje.
Virus: manchas y rayas cloróticas en hojas, plantas que degeneran. No hay cura; se arranca y destruye la planta afectada y se controla el pulgón, que es el vector.
Resistencia al frío
Depende de la variedad, y esto genera bastante confusión porque se leen datos muy dispares.
Los híbridos modernos de jardín más rústicos, con A. aurea en su ascendencia, aguantan de -8 a -10 °C si el rizoma está bien plantado a 15 cm y acolchado. La parte aérea se seca con las primeras heladas, cosa normal, y rebrota en primavera.
Los cultivares enanos de maceta, seleccionados para producción en invernadero, son bastante menos rústicos: se sitúan en torno a los -3 o -5 °C.
Las especies brasileñas como A. psittacina son más sensibles todavía.
Traducido al mapa español: en el litoral mediterráneo, el sur, Canarias, Baleares y toda la franja atlántica se cultiva sin protección alguna. En el interior peninsular —ambas mesetas, valle del Ebro, zonas de montaña— hay que plantar profundo y aplicar en noviembre un acolchado grueso, de 10 cm, de paja, hojarasca o corteza sobre la mata, retirándolo parcialmente en marzo. Con eso, la mayoría de híbridos pasa el invierno sin problema.
En maceta, en zonas frías, lo más práctico es arrimar el recipiente a una pared resguardada y envolverlo, o guardarlo en un lugar fresco, luminoso y sin heladas, regando muy poco hasta la primavera.
Curiosamente, el verano suele ser más limitante que el invierno en España. En Sevilla o Murcia el problema no es que se hiele, es que en agosto deja de florecer. Sombra de tarde y acolchado son la respuesta.
Una advertencia para quien la maneje mucho
La savia de la alstromelia contiene tulipalina A, el mismo compuesto presente en los tulipanes, que puede provocar dermatitis de contacto. Es un problema profesional bien documentado entre floristas y trabajadores de invernadero, hasta el punto de que existe el término "dedo de tulipán" para describir la piel agrietada y sensibilizada de las yemas de los dedos.
Para un uso doméstico normal no tiene ninguna importancia. Pero si vas a dividir muchas matas, manipular gran cantidad de tallos o tienes la piel sensible, usa guantes. También es ligeramente tóxica por ingestión, con molestias digestivas leves, así que conviene mantenerla fuera del alcance de mascotas que mordisqueen plantas.
En resumen
La alstromelia o lirio de los incas es una herbácea perenne sudamericana con rizoma y raíces tuberosas, no un bulbo, con hojas resupinadas y flores de seis tépalos donde los dos superiores llevan las estrías oscuras que la delatan.
Quiere sol en el norte y sombra de tarde en el centro y el sur, suelo suelto y muy bien drenado, riego regular en temporada y casi nulo en invierno, y abono rico en potasio de marzo a septiembre. Plántala con el rizoma en horizontal a 10-15 cm de profundidad y déjala tranquila: es una planta que mejora con los años y a la que el trasplante perjudica.
Aguanta de -8 a -10 °C en los híbridos rústicos con acolchado, lo que la hace cultivable en casi toda España; en el interior, planta profundo y acolcha en noviembre. Su verdadero enemigo aquí es el calor extremo del verano, no el frío.
Y el detalle que más rendimiento te va a dar: los tallos se arrancan de un tirón, no se cortan. Así estimulas al rizoma a emitir brotes nuevos y multiplicas la floración a lo largo de toda la temporada.