Lo que se vende en diciembre dentro de una caja de cartón, con un bulbo del tamaño de un puño y una foto de flores rojas en la tapa, no es el amarilis del que trata este artículo. Ese es un Hippeastrum, un género americano que se fuerza en interior para que florezca en Navidad. El amarilis verdadero, Amaryllis belladonna, es otra planta: sudafricana, de exterior, y con la costumbre desconcertante de sacar sus varas florales en pleno agosto, cuando el jardín está seco y ella no tiene ni una hoja.

Merece la pena aclarar el lío desde el principio, porque casi todos los fracasos con esta bulbosa vienen de aplicarle los cuidados de la otra.

Flores rosadas de amarilis abiertas sobre su vara

Qué es exactamente el amarilis

Amaryllis belladonna pertenece a la familia de las amarilidáceas y procede de la región de El Cabo, en el suroeste de Sudáfrica, donde llueve en invierno y no llueve en verano. Ese detalle climático explica todo su comportamiento, así que conviene retenerlo.

El bulbo es grande, de 6 a 10 cm de diámetro, con túnicas pardas y un cuello alargado. A finales de verano emite una vara maciza —no hueca, a diferencia de la del Hippeastrum— de 50 a 80 cm, rematada por un grupo de seis a doce flores acampanadas de unos 10 cm, rosadas, perfumadas y con la garganta más clara. En España florece habitualmente entre finales de agosto y septiembre, según la zona y según cuándo lleguen las primeras lluvias serias.

Las hojas llegan después, en otoño, en forma de cintas verdes y algo carnosas de hasta 40 cm. Duran todo el invierno y toda la primavera, y se secan a comienzos del verano. Entonces el bulbo entra en reposo y la planta desaparece del jardín hasta la siguiente floración. Este desfase entre flor y hoja es el que le ha valido en inglés el apodo de naked lady, y en algunas zonas de España se la llama flor de San Juan o azucena de otoño, nombres que también se aplican a otras plantas y que conviene no tomar al pie de la letra.

Amarilis o Hippeastrum: cómo distinguirlos

Los dos géneros se separaron formalmente hace mucho, pero el nombre comercial nunca se corrigió y hoy cualquier Hippeastrum se etiqueta como «amaryllis». Distinguirlos en la mano es fácil:

La vara. Hueca en el Hippeastrum —si se aprieta, cede—, maciza en el Amaryllis.

El número de flores. El Hippeastrum abre de tres a cuatro flores muy grandes, de 15 a 20 cm; el amarilis abre bastantes más, y más pequeñas.

La época. El Hippeastrum se planta en otoño y florece a las seis u ocho semanas, en invierno, dentro de casa. El amarilis florece en el jardín al final del verano.

El orden de las cosas. El Hippeastrum saca la vara con las hojas, o casi. El amarilis florece completamente pelado.

La rusticidad. El Hippeastrum es tropical o subtropical y no aguanta heladas. El amarilis tolera hasta unos −5 °C si el suelo drena bien y el bulbo está algo cubierto, lo que lo hace viable en casi todo el litoral mediterráneo, el valle del Guadalquivir, Canarias y buena parte del interior templado.

Dónde plantarlo

Sol directo, cuanto más mejor. A media sombra crece, pero florece mal o no florece. Un pie de muro orientado al sur, un talud, el borde de un camino de grava o la primera línea de un arriate seco son sitios de manual.

El suelo tiene que drenar. No hace falta que sea rico: tolera suelos pobres, pedregosos y calizos sin problema. Lo que no tolera es encharcarse en verano, cuando está dormido, porque el bulbo se pudre en cuestión de días. En terrenos arcillosos hay dos soluciones razonables: plantar en un caballón elevado con arena gruesa y grava incorporadas, o cultivarlo en maceta.

Es una planta idónea para jardines de bajo consumo de agua. Una vez establecida, en el litoral mediterráneo se mantiene con la lluvia natural y florece sola año tras año, formando con el tiempo grupos densos que dan un espectáculo notable en septiembre.

Cuándo y cómo plantar los bulbos

El momento es el reposo estival: entre junio y julio, o como muy tarde a principios de agosto, antes de que aparezcan las varas. Es cuando se comercializan los bulbos secos.

La profundidad depende del clima. En zonas de invierno suave —costa mediterránea, sur peninsular, islas— se planta con el cuello y el tercio superior del bulbo asomando por encima del suelo; esa exposición al calor favorece la floración. En zonas con heladas de cierta entidad conviene enterrarlo del todo y dejar unos 10 cm de tierra por encima, o cubrir con un acolchado en invierno. Separación: 25 o 30 cm entre bulbos, porque engordan y se multiplican.

Tras plantar, un riego de asentamiento y después nada hasta que asome la vara. En maceta, un tiesto profundo de al menos 25 cm de diámetro y un sustrato muy arenoso; el amarilis florece mejor algo apretado, así que no hay prisa por trasplantar.

El riego, que es donde se falla

El calendario de riego del amarilis es el inverso del de la mayor parte del jardín, y ahí está el error más repetido: regarlo en verano junto con todo lo demás.

De verano a finales de agosto: seco. El bulbo está dormido y el agua solo puede perjudicarlo.

Al aparecer las varas, en agosto o septiembre: se empieza a regar moderadamente. Un riego generoso justo cuando emerge la vara ayuda a que las flores alcancen buen tamaño.

De otoño a primavera: es su temporada de crecimiento. Riego regular pero sin excesos, dejando secar la superficie entre uno y otro. En el litoral, con las lluvias normales suele bastar.

Cuando las hojas amarillean, en mayo o junio: se corta el agua progresivamente y se deja secar el follaje sin tocarlo. Ese periodo es el que carga el bulbo de reservas para la floración siguiente; segar las hojas verdes por estética es sacrificar las flores del año próximo.

En cuanto al abonado, con poco basta: un fertilizante rico en potasio y bajo en nitrógeno, aplicado dos o tres veces entre el otoño y la primavera, mientras hay hojas. El exceso de nitrógeno da mucha hoja blanda y ninguna flor.

Amarilis en flor con tonos anaranjados

Multiplicación

Lo habitual es separar los bulbillos que se forman alrededor del bulbo madre. Se hace en pleno reposo estival, desenterrando la mata y desprendiendo los hijuelos con la mano; los que ya tengan un tamaño decente florecerán en dos o tres años.

Por semilla también funciona, y tiene su particularidad: las semillas del amarilis son carnosas, redondeadas y no se conservan. Hay que sembrarlas recién recogidas, en otoño, apenas cubiertas, en sustrato arenoso y a temperatura suave. Germinan pronto, pero la floración tarda de cuatro a seis años.

Un aviso importante: al amarilis le molesta que lo muevan. Después de un trasplante es normal que se salte una o dos floraciones mientras rehace el sistema radicular. Por eso conviene elegir bien el sitio y no dividir las matas más que cuando estén realmente hacinadas, cada cinco o siete años como mínimo.

Problemas frecuentes

No florece. Las causas, por orden de frecuencia: poca luz, trasplante reciente, hojas cortadas antes de tiempo, riego estival que ha debilitado el bulbo, bulbo demasiado joven o pequeño, o exceso de nitrógeno.

El bulbo se pudre. Casi siempre por agua en verano o por suelo pesado. Se levanta, se recorta la parte dañada hasta tejido sano, se deja secar unos días a la sombra y se replanta en un sitio con mejor drenaje.

Mosca del narciso (Merodon equestris). Sus larvas vacían el bulbo por dentro. Se detecta porque el bulbo se ablanda y las hojas salen escasas y deformes. Los bulbos afectados se retiran y se destruyen.

Caracoles y babosas atacan las varas tiernas al emerger, justo en agosto, cuando aún hay poco verde en el jardín y todo lo blando concentra su atención.

Cochinillas algodonosas en el cuello del bulbo, sobre todo en ejemplares en maceta. Se tratan con alcohol y jabón potásico.

Conviene recordar también que toda la planta contiene alcaloides —licorina y compuestos afines— y es tóxica por ingestión, tanto para personas como para perros y gatos. No es motivo para no cultivarla, sí para lavarse las manos después de manipular bulbos y no dejarlos al alcance de nadie que pueda confundirlos con una cebolla.

Con qué combinarlo

El amarilis tiene un defecto de diseño: en verano no hay nada donde está plantado, y en septiembre aparecen unas varas desnudas que pueden resultar algo desangeladas si están solas en la tierra pelada.

La solución clásica es plantarlo entre matas bajas de aromáticas mediterráneas que aguanten la sequía y no necesiten riego estival: santolina, lavanda, tomillo, Teucrium, o gramíneas como Stipa tenuissima. Esas plantas cubren el suelo mientras el bulbo duerme y sirven de fondo cuando florece. También funciona bien acompañado de otras bulbosas de la misma familia y ciclo parecido, como Nerine, Sternbergia lutea o Lycoris, que amplían la floración hasta octubre.

Existen además híbridos interesantes: × Amarcrinum, cruce entre Amaryllis y Crinum, que mantiene el follaje durante más tiempo y florece de forma más prolongada; y × Amarygia, cruce con Brunsvigia, de flores más intensas. Ambos se cultivan igual que la especie.

Y si lo que tienes es un Hippeastrum

Por si el bulbo de la caja navideña ya está en casa: tras la floración se corta la vara marchita a unos centímetros de la base, se deja la planta con luz abundante y se riega y abona con normalidad durante toda la primavera para que las hojas engorden el bulbo. En mayo puede salir al exterior, a media sombra. A partir de septiembre se le reduce el agua para inducirle un reposo de dos o tres meses en un sitio fresco y seco, y en noviembre se retoma el riego para que vuelva a florecer. Con esa rutina, un mismo bulbo puede repetir floración durante muchos años, y en el litoral mediterráneo incluso se puede cultivar permanentemente en el jardín, en un rincón resguardado.

En resumen

El amarilis auténtico, Amaryllis belladonna, es una bulbosa mediterráneamente perfecta: florece a finales del verano cuando casi nada lo hace, exige sol y suelo drenante, y su cuidado consiste sobre todo en dejarla en paz. Se planta en junio o julio, se riega de septiembre a mayo, se mantiene completamente seca en verano y no se le cortan las hojas hasta que se secan solas. Si además se resiste la tentación de cambiarla de sitio, cada septiembre pagará ese abandono con varas cargadas de flores rosadas. Y si el bulbo que hay en casa vino en una caja con foto navideña, entonces es un Hippeastrum y el manual es otro.


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