Lo que florece en agosto se decide en marzo. Mientras el jardín todavía está a medio despertar y las tulipas apenas asoman, es el momento de enterrar los órganos subterráneos que sostendrán el color cuando el calor haya fundido a las anuales de primavera. Ese grupo —dalias, cannas, gladiolos, begonias tuberosas, agapantos— es lo que el comercio llama bulbos de verano, y aquí van diez que funcionan de verdad en clima español, con las profundidades, las exposiciones y los problemas que conviene conocer antes de comprar.

Bulbo de verano rara vez significa bulbo

Conviene aclararlo desde el principio porque explica muchos fallos de cultivo. Un bulbo verdadero es un tallo comprimido rodeado de catáfilas carnosas: la cebolla, el Lilium, el Hippeastrum. Pero en el mismo cajón de la tienda encontrarás:

Cormos, que son tallos macizos con una yema arriba y una placa basal abajo, y que se agotan cada temporada formando uno nuevo encima del viejo: gladiolo, Triteleia, crocosmia.
Tubérculos, engrosamientos de tallo o raíz sin túnica protectora: begonia tuberosa, dalia, gloxinia.
Rizomas, tallos horizontales que avanzan bajo tierra: canna, agapanto (que técnicamente es un rizoma corto con raíces carnosas).

La diferencia no es una pedantería botánica. Un bulbo o un cormo tienen protección y toleran semanas fuera de tierra; un tubérculo de dalia sin túnica se deshidrata en un almacén seco y se pudre en uno húmedo. Y mientras un bulbo se planta con una orientación evidente, el tubérculo de begonia hay que colocarlo con la cara cóncava hacia arriba y el de dalia con el cuello y su yema mirando al cielo, porque no hay ningún ápice que oriente. Muchos «bulbos que no salieron» estaban simplemente del revés.

Diez bulbos de verano que rinden en España

He puesto profundidades de plantación medidas desde la superficie hasta la parte alta del órgano, y marcos de plantación reales, no los de catálogo optimista.

Agapanto (Agapanthus praecox)

La flor azul de las medianas de la costa mediterránea. Es una planta de raíces carnosas gruesas que forma matas densas y agradece estar apretada: en maceta florece mejor cuando el cepellón llena el tiesto, y trasplantarla a un contenedor enorme suele traducirse en dos años de hojas sin una sola vara. Se planta con la corona a ras de suelo, nunca enterrada, a pleno sol y en tierra que drene. Florece de junio a agosto sobre varas de 60 a 100 cm.

Las formas de hoja perenne (A. praecox, las que se ven en jardinería mediterránea) aguantan heladas ligeras de hasta unos -4 °C; las caducas del grupo A. campanulatus resisten bastante más frío porque pasan el invierno sin parte aérea. En el interior peninsular, cultivo en maceta y resguardo en invierno.

Amarilis: aquí hay dos plantas distintas

La que se vende en caja en Navidad, con bulbo del tamaño de un puño y flores de trompeta en enero, es Hippeastrum, originaria de Sudamérica. La verdadera Amaryllis belladonna es sudafricana, florece a finales de agosto y en septiembre sobre un tallo desnudo, sin una hoja, y saca el follaje después, en otoño e invierno.

Para el Hippeastrum: maceta justa, apenas dos o tres centímetros de sustrato alrededor del bulbo, y un tercio del bulbo fuera de la tierra. Regar poco hasta que la vara arranque. En primavera y verano, tras la floración, tocaría alimentarlo bien: es entonces cuando fabrica la flor del año siguiente. La Amaryllis belladonna se planta en verano, quiere pleno sol, sequía estival y no que la muevan.

Begonia tuberosa (Begonia x tuberhybrida)

La mejor planta de flor grande para una terraza a la sombra o con sol de primeras horas. En pleno sol de julio en Sevilla o Zaragoza se quema sin remedio. El tubérculo se pone en bandeja a mediados o finales de marzo, en un local a 15-18 °C, apenas cubierto y con la concavidad hacia arriba, y no se saca fuera hasta que ha pasado el riesgo de heladas.

Riego por el borde de la maceta: si el agua se queda en la depresión del tubérculo o entre los tallos carnosos, aparece Botrytis. En otoño, cuando amarillea, se corta el riego, se deja secar y se guarda el tubérculo en turba seca a 8-12 °C.

Caña de las Indias (Canna indica y sus híbridos)

El rizoma más agradecido del grupo si tienes sol y agua. Tolera suelos pesados, encharcamiento puntual e incluso el borde de un estanque, y florece sin descanso de junio a las primeras heladas. Se planta en abril a 8-10 cm de profundidad, dejando 40-60 cm entre plantas, con una buena aportación de compost porque es voraz.

Se corta la inflorescencia marchita antes de que cuaje semilla y sale otra. En la mitad sur y en el litoral el rizoma pasa el invierno en el suelo con un acolchado; en la meseta y en zonas de heladas fuertes se arranca en noviembre y se guarda como la dalia.

Flor roja de Canna indica en un jardín de verano

Dalia (Dahlia x hortensis)

Diez semanas desde la plantación hasta la primera flor, y a partir de ahí flor continua hasta noviembre si cortas. Los tubérculos van a 10-15 cm de profundidad, en hoyo ancho, con 40 cm entre plantas en las variedades de borde y 70-80 cm en las grandes decorativas, que superan el metro y medio.

Dos indicaciones que cambian el resultado. La primera: no riegues después de plantar. El tubérculo tiene reservas de agua suficientes para brotar y, en tierra fría y húmeda de abril, el riego lo pudre. Espera a ver el brote fuera. La segunda: despunta por encima del tercer o cuarto par de hojas cuando la planta tenga unos 30 cm. Pierdes dos semanas de floración y ganas el triple de tallos.

Las variedades altas necesitan tutor puesto en el momento de plantar, no en agosto cuando ya se han abierto por el peso. Y el abonado debe ser bajo en nitrógeno: con exceso obtienes una mata espectacular de hojas y pocas flores.

Gladiolo (Gladiolus x hortulanus)

Cormos a 10-12 cm de profundidad, a 12-15 cm entre ellos y, sobre todo, escalonados: una tanda cada quince días desde marzo hasta principios de junio. De la plantación al corte pasan entre 70 y 90 días, así que plantarlo todo el mismo día da diez días de espectáculo y tres meses de nada.

Plantar hondo, agrupado y en zona resguardada del viento evita tener que entutorar cada espiga. Su plaga es el trips (Thrips simplex), del que hablo más abajo. En clima suave los cormos se pueden dejar en tierra; en el resto, se arrancan cuando la hoja amarillea, se descarta el cormo viejo y arrugado de debajo y se guarda el nuevo.

Gloxinia (Sinningia speciosa)

Es el único de la lista que no es una planta de jardín: se cultiva en interior luminoso, sin sol directo, entre 18 y 22 °C. Flores de campana aterciopelada sobre hojas también aterciopeladas, y de ahí su exigencia principal: no mojar las hojas ni la corona, porque quedan manchadas y se pudren. Riego por abajo o por el borde, con agua templada.

Tras la floración entra en reposo obligado: se deja secar el follaje, se guarda el tubérculo en su propia maceta seca a unos 12-15 °C durante dos o tres meses y se vuelve a regar cuando asome la yema. Saltarse el reposo es la causa habitual de que el segundo año no dé nada.

Liatris spicata

Espigas violetas que, al contrario que otras muchas espigas, abren de arriba abajo. Es un cormo norteamericano barato, rústico, resistente al frío y a la sequía una vez asentado, y muy visitado por abejas y mariposas. Se planta en marzo a 8-10 cm, a 15 cm entre plantas, y florece de julio a agosto sobre varas de 60-90 cm.

Su único enemigo serio es el suelo pesado y encharcado en invierno. En arcilla, plántalo en caballón o mézclale arena gruesa. Aguanta perfectamente varios años en el mismo sitio y se divide cada tres o cuatro.

Espigas violetas de Liatris spicata en floración

Azucena (Lilium candidum)

La azucena de toda la vida, blanca y muy perfumada, tiene un calendario propio que la separa del resto de los liliums. Se planta a finales de verano, en agosto o septiembre, y a una profundidad ridícula para un lilium: 2-3 cm, casi a ras de suelo. Todos los demás liliums van a tres veces la altura del bulbo, entre 15 y 20 cm, porque emiten raíces también en el tallo por encima del bulbo; L. candidum no lo hace y, enterrada hondo, se pudre.

Forma una roseta de hojas en otoño que pasa el invierno verde y florece en junio. Quiere suelo calizo, bien drenado, sol en la parte alta y sombra en el pie. Es la única especie del género que agradece la cal, así que el sustrato para acidófilas es justo lo contrario de lo que necesita. Si buscas lilium para plantar en primavera y florecer en verano, los indicados son los híbridos asiáticos y los orientales.

Triteleia laxa

Un cormo californiano poco conocido y muy adecuado al clima seco español. Umbelas de estrellas azul violeta sobre tallos finos de 40-50 cm a finales de primavera y principios de verano. Se planta en otoño, a 6-8 cm de profundidad y a 8-10 cm entre cormos, porque su ciclo es mediterráneo: crece con las lluvias de invierno, florece y se seca del todo en verano.

Eso es una ventaja, no un defecto: durante el estiaje quiere sequía absoluta, así que va perfecto en rocallas, en el borde soleado de un macizo o entre matas de lavanda y salvia que tampoco se riegan. El riego de verano lo mata.

Cómo plantarlos: maceta y jardín

Lo primero, en ambos casos, es la calidad del material. Un bulbo o tubérculo sano pesa: si al cogerlo notas que está liviano, hueco o esponjoso, está deshidratado o podrido por dentro y no arrancará. Rechaza también los que tengan manchas oscuras hundidas, moho azulado o brotes largos, blancos y estiolados. El calibre importa: un cormo de gladiolo de 12-14 cm de circunferencia da una espiga comercial; uno de 8 da una espiga corta o ninguna.

En maceta

El error más repetido es la maceta baja. Una dalia o una canna necesitan un contenedor de al menos 30-35 cm de profundidad y 25-30 litros; en menos, la planta se seca cada tarde de julio y florece a medias. El agapanto y el hippeastrum son la excepción: prefieren estar apretados.

Sustrato: dos partes de turba o fibra de coco, una de compost maduro y una de perlita o arena gruesa de río. Las bases de plástico que recogen agua bajo la maceta son la causa número uno de pudrición basal en dalias de terraza; si las usas, vacíalas veinte minutos después de regar.

El abonado en maceta no es opcional, porque el sustrato se agota en seis semanas. Desde que aparece el primer botón floral, un abono de floración rico en potasio (relación tipo 5-10-10) cada diez o quince días. Antes de ese momento, poco y con moderación de nitrógeno.

En el jardín

Prepara el terreno con antelación, cavando 25-30 cm y aportando compost bien hecho. Nunca estiércol fresco en contacto con el bulbo: quema y favorece la podredumbre.

La regla de oro del drenaje: si tras un riego abundante el agua tarda más de una hora en desaparecer del hoyo, tienes un problema y necesitas plantar en caballón elevado o corregir con arena gruesa y materia orgánica. En suelos arcillosos, un puñado de arena en el fondo del hoyo, bajo el bulbo, evita que el agua se estanque justo en la placa basal.

Un acolchado de 3-5 cm de corteza, paja o compost aplicado después de que hayan brotado mantiene la humedad y baja la temperatura del suelo, algo que agradecen especialmente las dalias en la mitad sur. Aplicado antes de la brotación retrasa el calentamiento del suelo y con ello la salida.

Problemas frecuentes: plagas y enfermedades

Plagas

Trips del gladiolo (Thrips simplex). El enemigo declarado de esta lista. Produce un punteado plateado en las hojas y flores deformes que abren manchadas o directamente no abren. Se refugia dentro de los cormos almacenados, así que la medida más eficaz no es de temporada sino de invierno: guardar los cormos por debajo de 5 °C, donde el trips no sobrevive, y revisarlos antes de plantar. Las trampas cromáticas azules ayudan a detectarlo pronto.

Pulgón. Ataca brotes tiernos de dalia, lilium y canna. El daño directo es menor que el indirecto: transmite virus incurables, entre ellos el mosaico de la dalia. Jabón potásico a primera hora o al atardecer, repitiendo a los siete días, y control de las hormigas que lo protegen.

Criocero del lirio (Lilioceris lilii). Escarabajo rojo brillante de un centímetro que devora hojas y botones de los liliums; sus larvas se cubren con sus propios excrementos y pasan desapercibidas. En jardín doméstico, recogida manual diaria en abril y mayo, cuando aparecen los adultos.

Caracoles y babosas. Devoran los brotes tiernos de dalia y begonia en cuanto emergen, y una noche basta para acabar con una plantación entera. Es el momento más vulnerable de todo el ciclo. Revisión nocturna, barreras o cebos autorizados durante las dos primeras semanas de brotación.

Cochinilla algodonosa (Planococcus citri y afines). Se instala en el cuello de agapantos y cannas y en la base de las hojas, protegida y difícil de mojar. Se reconoce por las masas blancas cerosas y la melaza pegajosa que atrae negrilla. Limpieza mecánica con un bastoncillo y alcohol en focos pequeños; aceite de parafina o jabón potásico en ataques extensos.

Araña roja (Tetranychus urticae). En terrazas calurosas y secas, sobre todo en cannas y dalias en maceta. Punteado amarillento fino y telarañas en el envés. Sube la humedad ambiental y trata pronto: se multiplica en pocos días con calor.

Enfermedades

Podredumbre basal (Fusarium oxysporum). La causa más común de que un bulbo no salga. La planta amarillea desde abajo, se marchita aunque el suelo esté húmedo, y al desenterrar aparece la placa basal marrón y blanda. No tiene tratamiento curativo: se elimina el material afectado, no se replantan bulbos en ese punto durante tres o cuatro años y se corrige el drenaje, que suele estar detrás.

Botritis (Botrytis cinerea en dalias y begonias, B. elliptica en liliums). Manchas pardas con halo que aparecen tras primaveras húmedas o riegos por aspersión al atardecer, y moho gris cuando avanza. Se previene aireando la plantación, regando al suelo y por la mañana, y retirando de inmediato hojas y flores marchitas, que son la puerta de entrada.

Roya del gladiolo (Uromyces transversalis). Pústulas anaranjadas alineadas transversalmente en la hoja, muy características. Aparece con humedad alta y temperaturas suaves. Retirar hojas afectadas y no compostarlas.

Oídio. Polvo blanco en dalias y begonias a finales de verano, cuando los días son cálidos y las noches frescas. Más estético que letal, pero debilita. Azufre mojable en temperaturas por debajo de 28 °C, o bicarbonato potásico.

Virosis. Mosaicos amarillos, hojas arrugadas y flores deformes en dalias y liliums. No hay tratamiento. La planta se arranca y se destruye —no al compost— y se controla el pulgón vector. Multiplicar por división un tubérculo virótico propaga el problema a toda la colección.

Podredumbre de almacén (Penicillium, Sclerotinia). Ocurre entre noviembre y marzo, cuando nadie mira. Los tubérculos y cormos deben secarse dos semanas al aire antes de guardarse, almacenarse en cajas con turba seca, vermiculita o serrín, en local aireado a 5-10 °C, y revisarse una vez al mes para retirar los que empiecen a blandear antes de que contaminen al resto.

En resumen

Los bulbos de verano son, en su mayoría, tubérculos, cormos y rizomas, y esa diferencia condiciona cómo se plantan, cómo se guardan y por qué fallan. Dalia, gladiolo, canna, begonia tuberosa y liatris se plantan en primavera y florecen en verano; agapanto y Amaryllis belladonna se instalan y no se tocan; Lilium candidum y Triteleia tienen calendario de otoño y no admiten el mismo trato; y la gloxinia es planta de interior con reposo obligatorio.

Si hay que quedarse con cuatro cosas: drenaje antes que nada, profundidad correcta para cada tipo, nada de riego a las dalias hasta que broten, y gladiolos escalonados cada quince días. Con eso, y una revisión mensual del material almacenado en invierno, el jardín de julio y agosto se resuelve solo.


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