Entre enterrar un cormo de gladiolo y cortar su primera espiga pasan entre 70 y 90 días. Una dalia tarda unas diez semanas desde la plantación hasta la flor; un lilium asiático, entre 60 y 75; un nardo puede irse a cuatro meses si el verano viene fresco. Esa aritmética es todo el secreto de los bulbos de plantación primaveral: no se plantan «en primavera» porque toque, sino porque necesitan ese número de días de calor por delante para llegar a florecer. Contar hacia atrás desde la fecha en la que quieres las flores es más útil que cualquier calendario impreso.
Por qué estos bulbos van al revés que los de otoño
Tulipanes, narcisos, jacintos y muscaris se plantan en otoño porque necesitan pasar frío: un periodo de vernalización de varias semanas por debajo de 9 °C que activa el desarrollo del escapo floral. Sin ese frío, el bulbo saca hoja y poco más.
Los de floración estival vienen en su mayoría de zonas donde el invierno es húmedo y frío pero la planta simplemente no está: México y Centroamérica (dalia, Tigridia), Sudáfrica (Gladiolus, Eucomis, crocosmia, Zantedeschia), Sudamérica tropical (canna, begonia tuberosa). Son plantas sensibles a la helada, con reservas subterráneas que no toleran el suelo frío y encharcado. De ahí la regla: se plantan cuando el suelo se ha calentado, no cuando el aire tiene un buen día.
El umbral práctico está en torno a los 10-12 °C de temperatura del suelo a 10 cm de profundidad, sostenidos. Por debajo de eso el tubérculo no arranca, permanece semanas inerte en tierra húmeda y lo normal es que se pudra antes de brotar. Un termómetro de cocina de sonda clavado en el bancal a media mañana da esa cifra en dos minutos y vale más que la fecha del envase.
El calendario real según dónde vivas
España no tiene una fecha de plantación, tiene cuatro o cinco. Estas son las ventanas que funcionan:
Litoral mediterráneo, Andalucía occidental, Canarias. Desde finales de febrero y durante todo marzo. El suelo ya está tibio y adelantar la plantación aquí es especialmente rentable, porque adelanta la floración a junio y evita que las dalias tengan que abrir en pleno agosto, cuando el calor extremo las bloquea.
Interior y meseta (Madrid, Castilla, Aragón). Abril. Y para lo más sensible —dalias, cannas, begonias, nardos— conviene esperar a que hayan pasado los últimos fríos de mediados de mayo. Una helada tardía de -2 °C sobre un brote de canna de veinte centímetros lo liquida.
Cornisa cantábrica y Galicia. De abril a mayo. El problema aquí no es el frío sino el exceso de agua: la plantación en suelo pesado y saturado es la causa habitual de fracaso. Caballones elevados y arena gruesa bajo el tubérculo.
Zonas de montaña. Mayo, o mejor arranque anticipado en maceta bajo cubierta durante marzo y plantación del cepellón ya brotado a finales de mayo. Es la forma de ganar el mes que falta.
Ese arranque anticipado bajo techo —una galería, un invernadero frío, una habitación luminosa a 15-18 °C— es una técnica infrautilizada. Dalias, cannas y sobre todo begonias tuberosas se ponen en maceta a mediados de marzo, se sacan al exterior cuando el riesgo de helada ha pasado y florecen tres o cuatro semanas antes que las plantadas directamente.
Qué plantar: las especies que cumplen el trato
Dalia (Dahlia x hortensis). La reina del grupo por duración: de julio a las primeras heladas de noviembre si se cortan las flores marchitas. Tubérculos a 10-15 cm de profundidad y 40-80 cm entre plantas según el porte. Tutor puesto el día de la plantación.
Gladiolo (Gladiolus x hortulanus). Cormos a 10-12 cm de hondo, a 12-15 cm entre ellos. El único que exige plantación escalonada, por lo que explico más abajo.
Canna (Canna indica e híbridos). Rizomas a 8-10 cm, a 40-60 cm. Pide sol pleno, mucha agua y suelo rico; tolera incluso el borde encharcado de un estanque, algo raro en este grupo.
Begonia tuberosa (Begonia x tuberhybrida). La opción para sombra o media sombra, donde casi nada de esta lista florece. Tubérculo con la cara cóncava hacia arriba, apenas cubierto.
Liliums híbridos. Los asiáticos (florecen a finales de junio y en julio, sin perfume, colores intensos) y los orientales (agosto, muy perfumados, tipo 'Casa Blanca' o 'Stargazer') se plantan de febrero a abril, a tres veces la altura del bulbo, entre 15 y 20 cm. Cuidado con extender esto a la azucena Lilium candidum, que es de plantación en agosto o septiembre y a 2-3 cm: es la excepción del género.
Nardo (Agave amica, antes Polianthes tuberosa). El perfume nocturno más intenso que se puede tener en una terraza. Es exigente en calor: no plantar hasta mayo y solo en zonas cálidas, porque florece de agosto a septiembre y con veranos cortos no llega.
Calas de color (Zantedeschia rehmannii, Z. elliottiana). Rizomas a 8-10 cm en abril, en semisombra y sustrato que retenga humedad. A diferencia de la cala blanca (Z. aethiopica), que es perenne y rústica, estas son de ciclo estival y hay que levantarlas o mantenerlas secas en invierno.
Crocosmia (Crocosmia x crocosmiiflora). Cormos baratos, rústicos y de una fiabilidad absoluta: espigas arqueadas naranjas y rojas en julio y agosto. Se naturaliza tan bien que en el norte húmedo conviene contenerla.
Eucomis, Tigridia pavonia, Hymenocallis e Ismene. El grupo de los poco vistos, todos de plantación en abril y todos con más carácter que el gladiolo de siempre. La Tigridia abre flores espectaculares que duran un solo día, pero abre una tras otra durante semanas.
Tres plantas que la gente mete en esta lista y no pertenecen
Aquí es donde se pierde más dinero cada año.
Anémonas (Anemone coronaria) y ranúnculos (Ranunculus asiaticus). Se venden en primavera en cualquier supermercado y se anuncian como flor de verano. En clima español son de plantación en otoño: crecen con el fresco del invierno y florecen entre marzo y mayo. Plantados en abril, si llegan a brotar, se secan con el primer golpe de calor de junio sin haber florecido.
Amaryllis belladonna. La amarilis auténtica no es la de Navidad (esa es Hippeastrum) ni se planta en primavera. Su bulbo se instala a finales de primavera o en verano, saca la vara floral desnuda, sin una sola hoja, a finales de agosto y en septiembre, y produce el follaje después, durante el otoño y el invierno. Es una planta de ciclo mediterráneo invertido: quiere sequía absoluta en pleno verano y odia que la trasplanten.
Agapanto. No es exactamente un error, pero sí una expectativa mal puesta. Se planta en primavera y florece en verano, cierto, pero no el primer año. Necesita asentar sus raíces carnosas y suele dar la primera floración decente en la segunda o tercera temporada. Además florece mejor apretado: quien lo cambia a una maceta grande para «que crezca» se queda dos años mirando hojas.
Escalonar la plantación, la técnica que se olvida
Un gladiolo florece durante unos diez días y se acabó. Si plantas cincuenta cormos el 15 de marzo, tendrás diez días de espectáculo en junio y el resto del verano un macizo de hojas.
La solución es plantar una tanda cada 15 días desde marzo hasta principios de junio. Cinco o seis tandas dan flor continua de junio a septiembre con el mismo número de cormos y el mismo dinero. Vale igual para las especies de floración corta y unitaria: liliums, Ismene, gladiolos.
No hace falta con dalias, cannas y begonias, que son de floración continua: una sola plantación produce flor durante cuatro o cinco meses siempre que se retiren las marchitas antes de que cuajen semilla. Ese detalle vale más que cualquier abono: en cuanto la planta forma semilla, deja de emitir botones nuevos.
Cómo se planta, paso a paso
Elige bien el material. Un bulbo, cormo o tubérculo sano pesa en la mano y está firme al apretarlo. Descarta lo liviano, lo esponjoso, lo que tenga manchas oscuras hundidas o moho azulado, y también lo que llegue con brotes largos, blancos y estirados, señal de haber pasado meses en un almacén caliente. En gladiolos, el calibre importa: cormos de 12-14 cm de circunferencia dan espigas de verdad; los de 8 cm dan brotes flojos.
Prepara el suelo antes. Cavado de 25-30 cm, compost bien hecho y ningún estiércol fresco tocando el bulbo. Si tras un riego abundante el agua tarda más de una hora en irse del hoyo, corrige con arena gruesa o planta en caballón: el drenaje decide más floraciones que el abono.
Profundidad y orientación. La regla general es enterrar a dos o tres veces la altura del propio órgano, con las excepciones ya citadas. La orientación es evidente en bulbos y cormos, y no lo es en tubérculos: la begonia va con la concavidad arriba, la dalia con el cuello y sus yemas hacia la superficie.
Y ahora, no riegues. Este es el error más caro de la temporada. Un tubérculo de dalia recién plantado en tierra fresca de abril tiene reservas propias de agua suficientes para emitir el brote; regarlo antes de que asome, en un suelo que aún no evapora, es la vía directa a la pudrición basal por Fusarium. Se riega en el momento de plantar, si acaso, y luego se espera a ver verde fuera. Con cannas y calas, en cambio, sí se mantiene humedad desde el principio.
Abonado. Nada de nitrógeno alto: produce plantas frondosas, blandas, tumbadas y sin flor. Desde la aparición del primer botón, un abono rico en potasio (relación tipo 5-10-10) cada diez o quince días en maceta, cada tres semanas en suelo.
Acolchado. Tres a cinco centímetros de corteza, paja o compost, pero después de que hayan brotado. Puesto antes, mantiene el suelo frío y retrasa la salida justo cuando interesa lo contrario.
Después de la flor: la parte que decide el año siguiente
El bulbo del año que viene se fabrica ahora. Cuando la floración termina, la planta transfiere reservas al órgano subterráneo, y ese proceso depende por completo del follaje verde.
Por eso no se corta la hoja mientras siga verde, ni se ata en manojos ni se trenza. Se retiran las flores marchitas para evitar el gasto en semilla, se mantiene el riego moderado y el abonado potásico unas semanas más, y solo cuando la hoja amarillea del todo se corta a ras.
En arranque y conservación invernal:
Dalias y cannas se levantan tras la primera helada que ennegrezca el follaje, se limpian de tierra, se secan al aire y a la sombra durante una o dos semanas y se guardan en cajas con turba seca, vermiculita o serrín, a 5-10 °C, en local aireado. En el litoral mediterráneo y el sur no hace falta: se dejan en tierra con un buen acolchado.
Los gladiolos se arrancan cuando la hoja amarillea, se descarta el cormo viejo y arrugado que queda bajo el nuevo, y se guardan por debajo de 5 °C, temperatura a la que no sobrevive el trips que se refugia entre sus túnicas y arruina la floración siguiente.
Y en todos los casos, una revisión al mes durante el invierno. Un tubérculo que empieza a blandear contamina la caja entera si nadie lo saca a tiempo.
En resumen
Los bulbos de plantación primaveral y floración estival —dalia, gladiolo, canna, begonia tuberosa, liliums híbridos, crocosmia, calas de color, nardo, Eucomis, Tigridia— son plantas sensibles a la helada que necesitan suelo caliente, por encima de 10-12 °C, y un número concreto de días de calor por delante. Febrero o marzo en el litoral, abril en el interior, mayo en montaña, y arranque bajo cubierta si quieres adelantar.
Cuatro decisiones concentran el resultado: comprar material firme y de buen calibre, plantar a la profundidad y con la orientación correctas, no regar las dalias hasta que broten, y escalonar los gladiolos cada quince días. Después, retirar flores marchitas para prolongar la floración y dejar que el follaje amarillee solo para que haya flores también el año que viene.