Las Ixia son de esas plantas que uno ve en un jardín ajeno y se pregunta qué son. Tallos finísimos, casi de alambre, rematados por espigas de flores estrelladas de colores muy saturados, con frecuencia con un ojo oscuro en el centro que parece pintado a mano. Aguantan el viento sin partirse, duran semanas y salen adelante en suelos donde otras bulbosas se ahogan.

Son originarias de Sudáfrica y eso condiciona todo su manejo, empezando por algo que muchos catálogos españoles siguen contando mal: aquí se plantan en otoño, no en primavera.

Qué son las Ixia

Ixia es un género de la familia Iridaceae —la misma de los gladiolos, los lirios y los crocus— con unas cincuenta especies, todas ellas endémicas de la región del Cabo, en Sudáfrica. En español se las llama a veces «lirio del maíz», traducción literal de su nombre inglés.

Conviene aclarar un detalle de vocabulario que tiene consecuencias prácticas: las Ixia no producen bulbos, sino cormos. Un bulbo es un conjunto de escamas carnosas alrededor de una yema; un cormo es un tallo engrosado y macizo, cubierto por túnicas fibrosas. En las Ixia el cormo es pequeño, de 1 a 2,5 cm, aplanado, y se renueva entero cada temporada: el viejo se agota alimentando la floración y en su lugar se forma uno nuevo encima, más los cormillos laterales. Por eso una mata de Ixia bien tratada se multiplica sola, y por eso una mata a la que se le corta el follaje demasiado pronto pierde vigor de un año para otro.

Cómo son la planta y la flor

De cada cormo brota un abanico de hojas lineales y rígidas, de 20 a 40 cm, dispuestas en un solo plano. Entre ellas se levanta un escapo delgado y muy flexible de 40 a 60 cm que sostiene una espiga con entre seis y veinte flores.

Las flores tienen seis tépalos abiertos en estrella, de 3 a 5 cm de diámetro, y la gama de colores es amplísima: blanco, crema, amarillo, naranja, rosa, rojo carmín, magenta. Muchas presentan un anillo o un ojo central de color contrastado, casi negro o granate, que es su rasgo más reconocible.

Hay un detalle que sorprende a quien las cultiva por primera vez: las flores solo abren con luz solar directa. En un día nublado, o a primera hora de la mañana, o por la tarde, permanecen cerradas en forma de cáliz alargado. No es un problema de la planta ni una señal de que le falte algo; es su comportamiento normal. Si buscas flores abiertas todo el día, plántalas en el sitio más soleado del jardín, no en semisombra.

Flores de Ixia monadelpha con el centro oscuro contrastado

Especies y variedades que merece la pena buscar

Lo que se vende habitualmente en garden centers son híbridos de jardín, agrupados bajo el nombre comercial de Ixia híbrida, con cultivares como 'Rose Emperor' (rosa intenso), 'Hogarth' (crema con ojo oscuro), 'Blue Bird' (blanco con reverso violeta), 'Venus' (magenta) o 'Giant' (blanco). Se comercializan en lotes mezclados muy baratos y son los más agradecidos para empezar.

Entre las especies puras, tres destacan:

Ixia viridiflora, la más buscada de todo el género, con flores de un verde azulado turquesa y centro negro purpúreo. Es un color prácticamente inexistente entre las flores y por eso se paga caro. Es también algo más exigente: quiere el suelo más arenoso y un reposo estival muy seco.

Ixia monadelpha, de flores en tonos malva, azulados o blancos con centro azul verdoso.

Ixia maculata, la más común como progenitora de los híbridos, de flores amarillas o anaranjadas con el ojo pardo muy marcado.

Cuándo y cómo plantar los cormos

Aquí está el punto donde más gente se equivoca. Muchas guías traducidas del inglés o del neerlandés recomiendan plantar Ixia en primavera. Tiene sentido en Holanda o en el Reino Unido, donde el invierno mataría los cormos a la intemperie. En la mayor parte de España no tiene ningún sentido.

Las Ixia son plantas de ciclo invernal: en su tierra de origen crecen con las lluvias de invierno y florecen antes de que llegue el calor. Plantadas en primavera aquí, apenas tienen tiempo de hacer follaje antes de que el calor de junio las obligue a entrar en reposo, y florecen poco o nada.

La época correcta en la Península es de octubre a noviembre, junto con los narcisos y los ranúnculos. En zonas de interior con heladas fuertes se puede retrasar a finales de noviembre o cultivarlas en maceta para protegerlas.

Sobre el cómo:

Profundidad: de 5 a 8 cm hasta la parte alta del cormo. No más. Enterrados demasiado hondo tardan en salir y florecen peor.

Distancia: de 8 a 10 cm entre cormos. Como cada uno da un tallo fino, el efecto solo se consigue plantando en grupo: mínimo quince o veinte cormos juntos, mejor treinta. Diez Ixia repartidas por un arriate no se ven.

Orientación: el cormo tiene una cara plana con la cicatriz de la raíz (abajo) y una punta o yema (arriba). Si no lo distingues, plántalo de lado; ya se orientará solo.

Suelo: ligero, arenoso y sobre todo bien drenado. Si tu tierra es arcillosa, planta en caballón elevado o mezcla arena gruesa y grava en el hoyo. El encharcamiento invernal es lo único que las mata con facilidad.

Cuidados durante el ciclo

Ubicación. Pleno sol, sin discusión. Un mínimo de seis horas de sol directo. En semisombra crecen, pero se ahílan, se tumban y las flores no llegan a abrir.

Riego. De la plantación a la floración hay que mantener el suelo fresco, sin llegar a mojado. En la España mediterránea las lluvias de otoño e invierno suelen bastar; solo hay que regar si encadenamos tres o cuatro semanas secas. En cuanto empieza el amarilleo del follaje, tras la floración, se corta el riego por completo.

Abonado. No son exigentes. Un abono de fondo con compost bien maduro o estiércol muy hecho en el momento de la plantación, y un aporte líquido rico en potasio (tipo abono de tomate o de geranios) cada quince días desde que asoma el escapo hasta que se abre la primera flor. Nada de nitrógeno abundante: da follaje blando y tallos que se doblan.

Tutores. Los tallos son flexibles y aguantan bien el viento, pero en macetas expuestas o en variedades altas ayuda plantar un poco más denso para que se sostengan entre sí.

Después de la floración. Se corta el tallo floral marchito para que no gaste energía en semillas, pero las hojas se dejan hasta que se sequen completamente, normalmente en junio o julio. Ese follaje amarillo y feo es lo que está engordando el cormo del año que viene. Cortarlo antes de tiempo es la causa número uno de que las Ixia «desaparezcan» al segundo año.

Ixia dubia de flores anaranjadas

El verano: reposo obligatorio

Entre julio y septiembre el cormo está dormido bajo tierra y necesita calor y sequedad. En clima mediterráneo, con veranos secos, se pueden dejar plantados en el suelo sin tocar nada; solo hay que asegurarse de que no reciban el riego de un aspersor o de una plantación vecina.

En el norte húmedo, o si el arriate se riega en verano, es mejor arrancar los cormos cuando el follaje esté seco, limpiarlos de tierra, dejarlos secar unos días a la sombra y guardarlos en una caja con serrín o en una malla, en un lugar seco, ventilado y oscuro, a unos 18-20 °C, hasta la plantación de otoño.

Rusticidad y cultivo en maceta

Las Ixia toleran heladas ligeras, del orden de -3 a -5 °C, sobre todo si el suelo está seco y cubierto con un acolchado. Lo que no soportan es la combinación de frío y suelo empapado, ni las heladas prolongadas del interior peninsular.

En Madrid, Castilla, Aragón o la meseta norte lo práctico es cultivarlas en maceta: recipientes de al menos 20 cm de diámetro y 20 de fondo, con sustrato universal aligerado con un 30 % de arena gruesa, entre siete y diez cormos por maceta, y el conjunto en un lugar resguardado —porche, invernadero frío, pie de muro orientado al sur— durante los meses más duros. Al llegar la primavera se sacan a pleno sol.

Multiplicación

Por cormillos. Es el método natural y el más sencillo. Al arrancar la mata en verano se separan los pequeños cormos que se han formado alrededor del principal. Los grandes florecerán a la temporada siguiente; los más pequeños necesitarán uno o dos años de cultivo en semillero antes de dar flor.

Por semilla. Se siembra en otoño, en bandeja con sustrato arenoso, cubriendo apenas con medio centímetro de sustrato, y se mantiene fresca (10-15 °C) y con humedad constante. Germina en tres o cuatro semanas. Tardan de dos a tres años en florecer, pero es la vía para conseguir especies raras y para obtener plantas de mayor vigor sanitario.

Plagas, enfermedades y otros contratiempos

Son plantas notablemente sanas. Los problemas habituales son:

Pudrición del cormo. Por exceso de agua o mal drenaje, especialmente en invierno. No tiene tratamiento una vez avanzada: se previene con suelo drenante.

Pulgón. Aparece en primavera sobre los escapos tiernos y puede transmitir virosis. Jabón potásico al atardecer, repitiendo a los cinco o seis días.

Trips. Rayan y deforman los pétalos. Molestos sobre todo en primaveras secas y calurosas.

Babosas y caracoles. Atacan los brotes tiernos de invierno en zonas húmedas.

No florecen. Casi siempre por una de estas tres razones: cormos demasiado pequeños, poca luz, o haber cortado el follaje verde el año anterior.

Cómo usarlas en el jardín

Su punto fuerte es la verticalidad ligera. Funcionan muy bien plantadas en masa entre plantas de porte bajo y redondeado, que les tapan la base del tallo y sostienen el conjunto: gazanias, arméria, dianthus, tomillos, santolinas. También son excelentes para el borde de un arriate de secano mediterráneo, junto a lavandas y salvias, porque comparten su necesidad de suelo pobre y drenado.

Como flor de corte son de primera: se cortan cuando la primera o segunda flor de la espiga está abierta y duran de ocho a doce días en jarrón, abriendo poco a poco el resto de los botones. Y en jarrón, además, abren aunque no les dé el sol directo.

En resumen

Las Ixia son cormos sudafricanos de la familia de los iris, de ciclo invernal: se plantan en otoño (octubre-noviembre) a 5-8 cm de profundidad y en grupos densos, crecen durante el invierno, florecen entre abril y junio y pasan el verano dormidos y secos. Quieren pleno sol y suelo muy drenado, poca agua y menos abono nitrogenado. Sus flores abren solo con sol directo, y el follaje hay que dejarlo secar entero después de la floración si queremos que vuelvan al año siguiente. Con esas cuatro reglas duran años, se multiplican solas y dan una de las mejores flores de corte que puede producir un jardín de secano.


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