El jacinto es de esos bulbos que casi nadie llega a cuidar del todo bien, no porque sea difícil, sino porque suele comprarse ya florecido y en flor solo queda disfrutarlo. Lo interesante empieza después: lo que hagas cuando se marchita decide si el año que viene vuelve a florecer o si te quedas con cuatro hojas tristes.
Plantarlos en el jardín
El momento es otoño, de octubre a diciembre. Necesitan pasar frío para florecer: sin unas semanas por debajo de 9 grados no se dispara la floración, y por eso en el sur peninsular a veces conviene tenerlos un mes en el cajón de la verdura de la nevera antes de plantarlos.
Profundidad, unos 10-15 centímetros, con la punta hacia arriba, y unos 10 centímetros entre bulbos. La regla general para bulbos sirve aquí: entierra a dos o tres veces su propia altura.
Suelo suelto y que drene. En arcilla pesada se pudren; añade arena o plántalos en un caballón. Sol o semisombra, y a ser posible protegidos del viento, porque la vara floral es pesada y se tumba.
Riega al plantar y luego olvídate hasta que asome. Con la lluvia de invierno suele bastar.
En maceta y en interior
En maceta van muy bien, plantados algo más juntos y con la punta asomando ligeramente. Necesitan igualmente su periodo de frío: déjalos ocho o diez semanas en un sitio oscuro y fresco, entre 4 y 9 grados —un garaje, una terraza al norte— y riega solo lo justo para que no se seque el sustrato.
Cuando el brote tenga unos cinco centímetros, entra la maceta a la luz y a temperatura ambiente. Florecerá en dos o tres semanas.
Dentro de casa dura más si lo tienes en un sitio fresco y luminoso, lejos de radiadores. En un salón a 23 grados la flor se abre de golpe y se estropea en cuatro días.
También se cultivan en agua, en esos jarrones estrechos, con el bulbo apenas rozando el agua sin llegar a sumergirse. Es bonito y funciona, pero ese bulbo se agota: después de florecer así rara vez sirve para otro año.
Lo que importa de verdad: después de la flor
Aquí se decide el año siguiente, y es donde casi todo el mundo se equivoca.
Corta la vara floral cuando se marchite, para que no gaste energía en hacer semilla.
Pero no toques las hojas. Esto es lo esencial. Mientras siguen verdes están fabricando las reservas que llenarán el bulbo para la floración del año que viene. Cortarlas porque «quedan feas», o hacerles esa trenza que se ve tanto, es condenar al bulbo. Déjalas hasta que amarilleen y se sequen solas, que suele ser un par de meses.
Sigue regando y abona durante ese periodo, con un abono bajo en nitrógeno y alto en potasio, cada dos semanas. Es literalmente el momento en que el bulbo se alimenta.
Cuando la hoja esté seca, puedes dejarlos en tierra si tu suelo drena bien y el verano no es húmedo, o desenterrarlos, dejarlos secar unos días a la sombra y guardarlos en una malla en sitio fresco, seco y oscuro hasta octubre.
Por qué el segundo año florecen peor
Es normal y conviene saberlo para no llevarse un chasco. Los jacintos que se venden han sido forzados en vivero con unas condiciones muy controladas, y esa espiga densa y perfecta es difícil de repetir en un jardín normal.
A partir del segundo año suelen dar varas más sueltas y menos flores, con un aspecto más natural que a mucha gente le gusta más. Si respetas el follaje y abonas, se mantienen razonablemente durante años, y con el tiempo forman bulbillos alrededor que puedes separar al desenterrarlos.
Problemas frecuentes
Salen hojas pero no flor. El bulbo no acumuló reservas suficientes: casi siempre porque se cortó el follaje el año anterior, o porque le faltó frío invernal.
La vara se tumba. Demasiado calor o poca luz durante el forzado, lo que la hace crecer blanda y estirada. Más luz y más fresco.
El bulbo se pudre. Exceso de agua o suelo que no drena. En maceta, casi siempre por dejar agua en el platillo.
Picor al manipularlos. El bulbo contiene oxalato de calcio y a algunas personas les irrita la piel. Guantes si eres sensible.
En resumen
Planta en otoño a 10-15 centímetros en suelo drenante, asegúrale frío invernal, y cuando termine de florecer corta la vara pero deja las hojas hasta que se sequen solas, regando y abonando mientras tanto. Ese detalle es la diferencia entre un jacinto que vuelve y uno que no.