La dalia tiene fama de exigente y no lo es: lo que pasa es que se le aplican los cuidados de un bulbo cuando no lo es. Lo que plantas no es un bulbo sino un tubérculo, una raíz engrosada, y esa diferencia explica casi todo lo que hay que saber —empezando por por qué se pudre con tanta facilidad si te precipitas al plantar o al regar.
Cuándo y cómo plantar
Después de la última helada: de marzo en el sur a mayo en zonas de interior frías. El tubérculo es sensible al frío y no gana nada por adelantarse.
Cava un hoyo de unos 15 centímetros y coloca el tubérculo tumbado, con el brote hacia arriba. Ese brote —un puntito o un tallo corto en el cuello, junto al resto del tallo antiguo— es lo único desde donde va a salir la planta: un tubérculo sin cuello no brota, por bonito que se vea.
Deja entre 40 y 70 centímetros entre plantas según la variedad. Y si es de las altas, pon el tutor ahora, al plantar. Clavarlo después atraviesa el tubérculo, que es un error muy común y muy caro.
Cúbrelo y no riegues. Es lo que más cuesta creer: hasta que no asome el brote, el tubérculo no absorbe agua y lo único que hace la humedad es pudrirlo. Espera a ver verde.
Suelo y sitio
Pleno sol, con un mínimo de seis horas directas; a la sombra se estira y da pocas flores. Y suelo que drene bien: en terreno arcilloso conviene levantar un caballón o mezclar arena y compost, porque el encharcamiento es su principal enemigo.
Riego
Una vez brotada, riego regular y abundante, dos o tres veces por semana en verano, buscando mojar en profundidad. Es una planta grande, con mucha hoja, y bebe.
Mejor a ras de suelo que por aspersión: la hoja mojada de forma continua invita al oídio, que es su problema sanitario más habitual.
Abonado: menos nitrógeno del que crees
Aquí se equivoca mucha gente. El nitrógeno da hoja, y la dalia ya tiene hoja de sobra; lo que quieres es flor y un tubérculo gordo para el año que viene, y eso lo dan el fósforo y el potasio.
Compost al plantar, y desde que empieza a formar botones, un abono bajo en nitrógeno tipo 5-10-10 cada dos o tres semanas hasta finales de agosto. Un exceso de nitrógeno te dará una planta enorme, blanda, que se tumba y florece poco.
Los dos cortes que multiplican la floración
El despunte. Cuando la planta tenga unos 30-40 centímetros y tres o cuatro pares de hojas, corta la punta central por encima de un par de hojas. Duele, porque estás quitando el primer botón, pero fuerza a ramificar y acabas con muchas más flores en una planta más compacta.
Quitar la flor pasada. Es lo que mantiene la floración de julio a las heladas. Si dejas que forme semilla, la planta entiende que ha cumplido y para. Corta el tallo hasta el siguiente par de hojas, no solo la flor.
Un truco para distinguir: el botón sin abrir es redondo y firme; la flor ya pasada es cónica y blanda al tacto.
Los problemas de siempre
Babosas y caracoles en los brotes tiernos de primavera. Son la amenaza real de las primeras semanas y pueden acabar con la planta antes de que arranque.
Oídio en verano, ese polvo blanco en la hoja. Riega a ras de suelo, ventila dando espacio entre plantas y trata con azufre si va a más.
Tijeretas y pulgón en los botones. Molestos pero rara vez graves.
Se tumba. Tutor puesto desde el principio, y ata el tallo cada 30 centímetros a medida que crece.
El invierno: sacar o dejar
Depende de tu clima. En la costa mediterránea y en el sur, donde el suelo no se hiela, puedes dejarlas en tierra con un buen acolchado.
En el resto conviene sacarlas. Espera a la primera helada, que ennegrezca la parte aérea: eso indica que la planta ha terminado de trasladar sus reservas al tubérculo. Entonces corta los tallos a unos 10 centímetros, desentierra con cuidado con una horca, sacude la tierra y deja secar unos días en un sitio aireado y a la sombra.
Guárdalas en una caja con serrín, vermiculita o turba seca, en un sitio fresco y oscuro entre 5 y 10 grados. Revísalas una vez al mes: si alguna está blanda o con moho, fuera antes de que contagie. Si se arrugan mucho, humedece ligerísimamente el material.
Dividir en primavera
Cada tres o cuatro años la mata se convierte en un racimo grande y florece peor. Al sacarlas para plantar, sepáralas con un cuchillo limpio, asegurándote de que cada trozo lleve un pedazo de cuello con al menos un brote. Sin brote no hay planta. Es la manera más barata de multiplicar una variedad que te guste.
En resumen
Planta después de las heladas, con tutor puesto y sin regar hasta que brote. Sol, suelo drenante, abono bajo en nitrógeno, despunte a los 30 centímetros y retirada constante de flores pasadas. Y en otoño, o acolchado o sacarlas a guardar en seco.