La flor de lis es uno de esos bulbos que desconciertan la primera vez: se planta un bulbo pequeño, seco y de aspecto poco prometedor, y a las pocas semanas asoma un tallo desnudo rematado por una flor roja de forma extrañísima, con tres pétalos hacia arriba y tres hacia abajo enrollados en tubo. Su nombre botánico es Sprekelia formosissima y pertenece a las amarilidáceas, la misma familia que los Hippeastrum, los narcisos y los nerines.

Es una planta fácil, barata y de una elegancia difícil de igualar, pero se mata con pasmosa facilidad por dos motivos: se riega cuando no toca y se planta demasiado hondo. En este artículo vas a ver cómo cultivarla bien en el clima peninsular, cuándo plantar, cómo forzar la floración y qué errores conviene evitar.

Flor de lis, Sprekelia formosissima, en floración

Aclaremos primero de qué planta hablamos

El nombre "flor de lis" arrastra un lío considerable. El símbolo heráldico de la flor de lis, el que aparece en escudos y banderas, se atribuye habitualmente a un lirio del género Iris, en concreto al lirio amarillo de ribera (Iris pseudacorus). No tiene nada que ver con la planta de este artículo. En jardinería española, sin embargo, "flor de lis" se usa desde hace décadas para Sprekelia formosissima, que también se conoce como lirio azteca o flor de San Jacobo.

Conviene tenerlo claro porque los cuidados de un Iris y los de una Sprekelia son casi opuestos: el lirio amarillo vive en suelos encharcados, y la Sprekelia se pudre si le dejas el pie mojado. Si compras un bulbo etiquetado como "flor de lis" y es un bulbo de túnicas oscuras, casi negras, con un cuello alargado, tienes una Sprekelia.

Un segundo malentendido: se vende a menudo como si fuera una amarilis. Antiguamente se llamó Amaryllis formosissima, y de ahí viene la confusión. Los cuidados se parecen a los de un Hippeastrum en lo esencial, pero la Sprekelia es más pequeña, más rústica y tolera mejor el exterior.

Qué necesita: origen y clima

Es originaria de México y Guatemala, de zonas con una estación seca marcada y una estación de lluvias. Ese ritmo lo lleva grabado: crece y florece cuando llega el agua, y se retira cuando falta. Todo el manejo del cultivo consiste en imitar esa alternancia.

En cuanto a frío, aguanta heladas ligeras y puntuales, pero no un invierno continuado bajo cero. Como referencia práctica:

  • Litoral mediterráneo, Andalucía baja, Canarias: puede quedarse todo el año en el suelo del jardín sin problema.
  • Interior peninsular, meseta, zonas con heladas fuertes: cultívala en maceta y guárdala en invierno en un lugar seco y sin heladas (un garaje, un trastero, una galería fría). También puedes desenterrar los bulbos y almacenarlos.
  • Norte húmedo: el problema no es tanto el frío como la lluvia invernal sobre un bulbo dormido. Maceta y resguardo bajo cubierta.

Cuándo y cómo plantar el bulbo

La época de plantación es el final del invierno y el principio de la primavera, de febrero a abril según la zona. En la costa se puede adelantar a febrero; en el interior conviene esperar a marzo, cuando el riesgo de heladas fuertes ha pasado.

La profundidad es el punto crítico y donde casi todo el mundo falla. El cuello del bulbo debe quedar a ras de superficie o incluso ligeramente asomando, igual que se hace con un Hippeastrum. No es un tulipán ni un narciso: si lo entierras diez centímetros, lo más probable es que tarde años en florecer o que se pudra en la primera racha de lluvias.

En maceta, elige un tiesto ajustado: dos o tres centímetros de margen alrededor del bulbo bastan. La Sprekelia florece mejor apretada, y una maceta grande retiene humedad que el bulbo no consume, lo que multiplica el riesgo de podredumbre. Un tiesto de barro de 12 a 14 cm es perfecto para un bulbo adulto, y admite bien tres bulbos juntos en uno de 20 cm, que además da más espectáculo.

El sustrato debe drenar deprisa. Una mezcla que funciona: dos partes de sustrato universal de calidad, una parte de perlita o arena de río gruesa lavada, y un puñado de compost maduro o mantillo. Evita las turbas muy finas que se apelmazan. Agujero de drenaje siempre, y nada de plato con agua estancada debajo.

Luz, riego y abonado durante el crecimiento

Luz: pleno sol o, en el sur y en el interior, sol de mañana con sombra en las horas centrales del verano. Con poca luz sale hoja larga y floja y no florece.

Riego: tras plantar, un riego de asentamiento y luego espera. No vuelvas a regar hasta que veas asomar el escapo floral o las primeras hojas. Este es el error más repetido: regar un bulbo recién plantado que todavía no tiene raíces activas es la vía rápida a la podredumbre.

Cuando la planta ya está en marcha, riega cuando los dos o tres primeros centímetros de sustrato estén secos. En pleno verano y en maceta pequeña eso puede significar cada dos o tres días; en tierra, mucho menos. Riega en la base, no sobre el cuello del bulbo.

Abonado: desde que salen las hojas hasta finales de agosto, un fertilizante líquido para plantas de flor o para bulbosas, rico en potasio y fósforo y moderado en nitrógeno, cada quince días a la dosis que indique el envase. El exceso de nitrógeno da hojas grandes y ninguna flor. A partir de septiembre, suspende el abono por completo.

La floración y cómo provocarla

La flor es solitaria, de unos 10-12 cm, de un rojo carmesí intenso y aterciopelado, sobre un escapo de 25 a 35 cm. Su simetría es bilateral, no radial como en la mayoría de las bulbosas: tres tépalos erguidos y tres inferiores que se curvan formando un canal por el que asoman los estambres. Dura entre cuatro y seis días, según el calor.

Lo normal es que florezca en primavera, muchas veces antes de que salgan las hojas, que emergen después o a la vez. Que las hojas lleguen tarde no es un problema, es su forma de funcionar.

Aquí está el truco que casi nadie usa: Sprekelia formosissima florece como respuesta a un riego abundante tras un periodo seco. Si en pleno verano la mantienes seis u ocho semanas sin regar, la planta entra en un reposo corto; al retomar el riego, es frecuente que emita un segundo escapo floral a finales de verano o en otoño. En un clima cálido de costa se pueden conseguir dos floraciones al año con este manejo. No lo hagas más de dos veces por temporada ni con bulbos jóvenes: agota la reserva.

Si tu bulbo no florece, las causas habituales son, por este orden: bulbo demasiado enterrado, bulbo aún inmaduro (un bulbo de menos de 3 cm de diámetro rara vez florece), falta de sol, exceso de nitrógeno o haber cortado las hojas en verde el año anterior.

El reposo invernal, la parte que decide el año siguiente

A partir de octubre las hojas amarillean y se secan. No las cortes mientras sigan verdes. Es en esas semanas cuando el bulbo recupera reservas y forma la flor del año siguiente dentro de sí. Corta solo cuando estén secas del todo, y a ras.

Con las hojas ya secas, retira el riego por completo. El bulbo pasa el invierno seco, en oscuridad o penumbra y entre 8 y 15 °C. Si está en maceta, basta con meter la maceta entera bajo cubierta, sin regar. Si lo tienes en tierra en zona fría, desentiérralo con cuidado en noviembre, deja secar los bulbos una semana en un lugar aireado, retira la tierra suelta y guárdalos en una caja con papel de periódico o serrín seco.

Regar durante el reposo es la principal causa de muerte de este bulbo. Si dudas, no riegues: aguanta meses sin una gota, pero no aguanta dos semanas encharcado en frío.

Trasplante y multiplicación

Trasplanta cada tres o cuatro años, a finales de invierno, cuando la mata ya llena la maceta. Molestarla todos los años penaliza la floración porque interrumpe el sistema radicular carnoso, que no se regenera rápido.

El método de multiplicación normal es por bulbillos. Alrededor del bulbo madre aparecen hijuelos que, al cabo de dos o tres años, tienen ya su propio sistema de raíces. Sepáralos en el trasplante, en reposo, tirando con suavidad; si no ceden, no fuerces, déjalos otro año. Un hijuelo separado tarda de dos a tres años en dar su primera flor.

Por semilla también es posible, aunque exige paciencia. La planta no siempre cuaja fruto por sí sola; ayuda pasar un pincel entre flores de bulbos distintos. Las semillas son negras, planas y de vida corta: siémbralas frescas, apenas cubiertas, en sustrato ligero y húmedo, a 20-22 °C. Germinan en dos o tres semanas. De semilla a primera flor pasan entre tres y cinco años, así que solo tiene sentido si quieres cantidad o buscas variación.

Plántulas de Sprekelia formosissima nacidas de semilla

Problemas y plagas

Podredumbre basal. El bulbo se ablanda, huele mal y las hojas se desprenden con un tirón suave. Casi siempre por riego en reposo o por drenaje malo. Si está poco avanzada, saca el bulbo, retira con un cuchillo limpio todo el tejido blando hasta llegar a tejido sano, deja secar al aire varios días y replanta en sustrato nuevo y seco. Si el disco basal está afectado, no hay nada que hacer.

Caracoles y babosas. Se ceban con el escapo floral tierno y pueden arruinar la flor en una noche de primavera húmeda. Revisa al anochecer.

Cochinilla algodonosa. Se esconde entre las túnicas y en la base de las hojas. Alcohol de 96° con un bastoncillo para focos pequeños, jabón potásico si está extendida.

Mosca del bulbo (Merodon equestris). Ataca a las amarilidáceas y a los narcisos. La larva vacía el bulbo por dentro. Se detecta porque la planta no brota o brota raquítica y el bulbo suena hueco. No hay tratamiento casero eficaz: descarta el bulbo afectado y no lo compostes.

Manchas rojizas en hojas y escapo. Pueden ser lesiones de hongos, favorecidas por mojar el follaje y por ambientes cerrados. Mejora la ventilación, riega en la base y retira las hojas más afectadas.

En resumen

La flor de lis, Sprekelia formosissima, es un bulbo mexicano de la familia de las amarilidáceas que florece en primavera con una flor roja de forma inconfundible. Plántalo entre febrero y abril con el cuello asomando por encima del sustrato, en maceta ajustada y sustrato muy drenante, a pleno sol. Riega solo cuando arranque el crecimiento, abona quincenalmente hasta finales de agosto y deja secar las hojas por sí solas en otoño.

El invierno lo pasa seco, fresco y sin agua: ahí se juega la floración del año siguiente. Trasplántalo cada tres o cuatro años y multiplícalo separando hijuelos en reposo. Y si quieres una segunda floración, prueba a darle seis semanas de sequía en verano y luego un riego abundante. Los dos errores que arruinan este cultivo son enterrar demasiado el bulbo y regarlo cuando duerme; evitados esos, es una de las bulbosas más agradecidas que puedes tener.


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