Hay bulbosas bonitas y hay bulbosas que parecen inventadas. Las Fritillaria pertenecen al segundo grupo. Una tiene las flores cuadriculadas como un tablero de ajedrez en morado y blanco; otra levanta un metro de tallo rematado por una corona de campanas naranjas y un penacho de hojas encima; otra produce espigas de campanillas color ciruela con la flor cubierta de una pruina azulada. Ninguna se parece a nada más del jardín.
Son también, hay que decirlo, unas bulbosas con carácter. No es que sean difíciles, pero sí tienen manías muy concretas, y quien las trata como si fueran tulipanes suele perderlas al segundo año.
Qué es una Fritillaria
Fritillaria es un género de la familia Liliaceae, emparentado directamente con los tulipanes y los lirios verdaderos, con unas 130 o 140 especies repartidas por las zonas templadas del hemisferio norte: la cuenca mediterránea, Turquía, Irán, Asia central, el Himalaya y la costa oeste de Norteamérica. El nombre viene del latín fritillus, el cubilete de los dados, por el dibujo ajedrezado de la especie más conocida.
Su bulbo tiene una particularidad importantísima para el cultivo: está formado por dos o pocas escamas carnosas y frágiles, sin túnica protectora. A diferencia de un narciso o un tulipán, que van envueltos en una piel seca, el bulbo de Fritillaria está desnudo. Eso significa dos cosas: se deshidrata muy rápido fuera de la tierra y se magulla con facilidad. Un bulbo que lleva tres meses en un expositor de supermercado, arrugado y ligero, probablemente ya no sea viable. Hay que comprarlos en cuanto llegan a la tienda, en septiembre u octubre, y plantarlos sin esperar.
Las especies que de verdad interesan
No todas las Fritillaria se comportan igual, así que conviene saber cuál se compra.
Fritillaria imperialis, la corona imperial. La más espectacular y la más vendida. De 80 a 120 cm de altura, con un tallo robusto que sostiene un verticilo de campanas colgantes en naranja, amarillo o rojo ladrillo, coronado por un mechón de hojas verdes. Es originaria de la franja que va de Turquía a Cachemira, donde vive en laderas pedregosas con inviernos fríos y veranos secos. Su bulbo es enorme, de 10 a 15 cm, y huele fuerte, a zorro. De ahí viene la creencia popular de que ahuyenta topos y topillos, algo que se repite mucho y que no está demostrado: si acaso, el olor los disuade en el entorno inmediato del bulbo, pero no protege el jardín.
Fritillaria meleagris, el tablero de damas. Pequeña, de 20 a 35 cm, con una o dos flores acampanadas de un morado apagado con retícula ajedrezada, o blancas en la forma alba. Es europea, propia de praderas húmedas y suelos que no se secan. Es la gran excepción del género: mientras las demás piden drenaje y sequía estival, esta quiere frescor todo el año. En el norte peninsular y en jardines de media montaña se naturaliza sola en el césped; en el Levante o en el interior seco lo pasa mal.
Fritillaria persica. Espigas de 60 a 90 cm con veinte o treinta campanitas color berenjena, cubiertas de una capa cerosa azulada. Es originaria de Oriente Próximo y por eso es la que mejor se adapta al clima español de interior: aguanta el verano seco sin inmutarse y vuelve año tras año. Si vas a probar una sola, empieza por esta.
Fritillaria michailovskyi. Turca, de solo 15 o 20 cm, con campanas granate oscuro rematadas por un ancho borde amarillo dorado. Perfecta para maceta, jardinera y rocalla.
Fritillaria uva-vulpis y Fritillaria acmopetala. Dos especies de tamaño medio, discretas pero fiables, que se multiplican bien y son mucho más baratas de lo que su rareza aparente sugiere.
Las ibéricas. Merece la pena saber que tenemos especies propias: Fritillaria pyrenaica en los Pirineos y la cordillera Cantábrica, Fritillaria lusitanica en buena parte de la mitad occidental y Fritillaria nervosa en el nordeste, entre otras. Son plantas protegidas o de poblaciones localizadas; no se recolectan del campo, se compran a viveros que las propagan de semilla.
Cuándo y cómo se plantan
La época es el otoño: de finales de septiembre a mediados de noviembre, cuanto antes mejor por lo ya dicho de la deshidratación. Necesitan pasar frío invernal para florecer bien, así que plantarlas tarde, en enero, da resultados pobres.
Profundidad. La regla general de las bulbosas —tres veces la altura del bulbo— aquí se queda corta para las especies grandes. La Fritillaria imperialis se planta a 20-25 cm de profundidad, y no es un capricho: a menos profundidad el bulbo se calienta demasiado en verano, se agota y deja de florecer. Las especies pequeñas, como michailovskyi o meleagris, van a 8-10 cm.
El truco de la corona imperial. El bulbo de imperialis tiene en el centro un agujero, la cicatriz del tallo del año anterior. Si se planta perfectamente vertical, ese hueco recoge agua y el bulbo se pudre desde dentro. La solución de toda la vida es plantarlo tumbado de lado, inclinado unos 45 grados, para que el agua escurra. Es un gesto de dos segundos que evita la mayoría de las pérdidas.
Drenaje. Salvo meleagris, todas quieren suelo que no encharque. En terrenos pesados, poner en el fondo del hoyo un puñado de arena gruesa o grava, o plantar en un caballón elevado.
Distancia. Entre 25 y 30 cm para las coronas imperiales; de 8 a 12 cm para las pequeñas, que solo lucen agrupadas.
Manejo. Guantes recomendables. Los bulbos de imperialis dejan un olor persistente en las manos y, además, todas las Fritillaria son tóxicas por ingestión: contienen alcaloides esteroídicos. No es una planta para plantar donde un perro escarbe.
Cuidados una vez plantadas
Ubicación. Sol pleno en el norte y en el interior; en el sur y en el Levante agradecen sol de mañana y sombra en las horas centrales del final de la primavera. Fritillaria meleagris va bien a media sombra, bajo caducifolios.
Riego. Durante el crecimiento, de febrero a mayo, el suelo debe estar fresco. Después de la floración se va reduciendo, y en verano se suprime del todo (excepto en meleagris, que solo pide no secarse por completo). Ese verano seco y cálido es lo que «cuece» el bulbo y induce la floración del año siguiente.
Abonado. Son plantas que gastan mucho, sobre todo las grandes. Un puñado de harina de huesos o de un abono de bulbosas rico en fósforo y potasio en el hoyo de plantación, y un aporte de compost maduro en superficie a la salida del invierno. Nada de nitrógeno en exceso: alarga los tallos y los vuelve blandos.
Después de la floración. Se corta el tallo por debajo de las flores marchitas, para que no forme semillas, pero se deja el tallo con sus hojas hasta que amarillee y se seque solo, normalmente a comienzos del verano. Igual que en el resto de bulbosas, esa fase fea es la que carga el bulbo para el año siguiente.
¿Arrancarlas? No hace falta y no conviene. Se dejan en el suelo. Solo se levantan para dividirlas, cada cuatro o cinco años, cuando la mata se ha espesado y florece menos.
El problema del segundo año
La queja más habitual con la corona imperial es que el primer año da un floración magnífica y el segundo solo saca hojas. Ocurre porque el bulbo llega del vivero cargado de reservas y en el jardín no consigue reponerlas. Las causas suelen ser:
Plantación poco profunda. Es la más frecuente. Con 10 o 12 cm de tierra encima, el bulbo no prospera.
Suelo pobre o competencia de raíces. Plantada al pie de un seto o de un árbol grande, no tiene nada que comer.
Riego estival. Si está en un arriate que se riega en julio y agosto, el bulbo no descansa y se agota o se pudre.
Follaje retirado antes de tiempo. Ya se ha dicho, pero es el error que más se repite en todo el jardín.
Y una advertencia realista: incluso bien cultivada, Fritillaria imperialis tiene tendencia a dividirse en bulbos más pequeños que tardan un par de años en volver a alcanzar tamaño de floración. Un año de descanso no significa que la hayas matado.
Multiplicación
Por bulbillos. El método normal. Al levantar la mata en verano, con el follaje ya seco, se separan los bulbos hijos y se replantan de inmediato en tierra o en macetas con sustrato arenoso. Nunca se dejan secar al aire más de lo imprescindible.
Por escamas. En las especies de bulbo grande se pueden desprender escamas enteras y ponerlas en una bolsa con vermiculita ligeramente húmeda, a unos 20 °C. Con paciencia forman bulbillos en la base.
Por semilla. Se siembra en otoño, en bandeja al aire libre, y se deja pasar el invierno a la intemperie: necesitan frío para germinar. La germinación llega en la primavera siguiente, a veces en la segunda. Desde ahí hasta la primera flor pasan de cuatro a siete años según la especie. Es un ejercicio de paciencia, pero es la única forma sensata de obtener las especies raras y las ibéricas.
Plagas y enfermedades
Criocero del lirio (Lilioceris lilii). Es la plaga principal, sin ninguna duda. Un escarabajo rojo brillante de un centímetro que ataca lirios y también Fritillaria. Los adultos comen hojas y flores; las larvas, que se cubren de sus propios excrementos formando una masa parda repugnante, defolian la planta en pocos días. La revisión manual desde marzo es el mejor control: se recogen adultos y larvas a mano por las mañanas. Si se deja avanzar, no queda planta.
Pudrición del bulbo. Por encharcamiento o por el agujero de la corona imperial mal orientado. Prevención, no cura.
Babosas y caracoles. Sobre los brotes recién emergidos a finales del invierno.
Roedores. Aunque el olor de imperialis los disuade, los topillos sí comen bulbos de otras especies. Una cesta de malla metálica enterrada resuelve el problema donde son un problema real.
Dónde quedan bien
La corona imperial es una planta arquitectónica: funciona como punto focal, plantada en grupos de tres o cinco al fondo de un arriate, donde algo que crezca después tape su hueco cuando desaparezca en junio —hostas, geranios de jardín, hemerocallis o gauras cumplen esa función a la perfección.
Las especies pequeñas piden lo contrario: primer plano y proximidad. Sus flores hay que verlas de cerca para apreciar el ajedrezado o el ribete dorado, así que van en rocalla, en jardineras, en el borde de un camino o en una maceta que se pueda acercar a la vista cuando florezca.
Fritillaria meleagris tiene un uso propio: naturalizada en césped que no se siegue hasta junio, en zonas frescas. Plantada a voleo, en grupos de cincuenta o cien bulbos, da uno de los efectos más bonitos que se pueden conseguir en un jardín de primavera.
En resumen
Las Fritillaria son bulbosas de la familia de los lirios con bulbos frágiles y sin túnica que hay que comprar frescos en otoño y plantar de inmediato. La corona imperial (F. imperialis) va a 20-25 cm de profundidad y ligeramente tumbada para que el hueco central no acumule agua; las pequeñas, a 8-10 cm y en grupo. Todas quieren suelo drenado, floración de primavera, follaje respetado hasta que se seque solo y verano seco, con la única excepción de F. meleagris, que pide frescor constante. Vigila el criocero del lirio desde marzo y, si vives en el interior seco de España, empieza por Fritillaria persica: es la que menos te va a decepcionar.