La caña de Indias resuelve un arriate entero en un solo verano. Brota de la nada en primavera, levanta hojas anchas de aspecto tropical y florece sin descanso desde junio hasta que llegan los primeros fríos. El problema habitual no es cultivarla, sino plantarla en el momento equivocado: enterrada demasiado pronto en suelo frío y húmedo, la planta no arranca y el rizoma se pudre sin haber llegado a brotar.

Este artículo va sobre eso: cuándo se plantan las cañas de Indias en España, cómo hacerlo y qué se hace con ellas cuando termina la temporada.

Qué es exactamente la caña de Indias

Bajo ese nombre se venden Canna indica y, sobre todo, los híbridos de jardín agrupados como Canna x generalis, de la familia Cannaceae. Son plantas herbáceas vivaces originarias de las regiones cálidas de América, entre 60 cm y más de 2,5 m según el cultivar. Las hojas son grandes, oblongas y de nervadura marcada, verdes, glaucas, bronceadas o rayadas en amarillo según la variedad. Las flores, agrupadas en espigas terminales, van del amarillo al rojo intenso pasando por el naranja y el rosa salmón.

Conviene aclarar una cosa desde el principio, porque condiciona todo lo demás: la caña de Indias no es un bulbo. Lo que se compra en bolsas de turba en primavera es un rizoma, un tallo subterráneo engrosado que crece en horizontal y emite yemas a lo largo de su superficie. Se comercializa junto a los bulbos de verano —dalias, gladiolos, begonias tuberosas— y por eso se le llama así, pero su comportamiento es distinto: no tiene una punta clara que deba mirar hacia arriba, se planta tumbado y se multiplica dividiéndolo con un cuchillo, no separando hijuelos.

Flores rojas y hojas anchas de Canna indica

Cuándo se planta: la temperatura del suelo manda

El rizoma de Canna no empieza a brotar hasta que el suelo se calienta. La referencia práctica son 15 °C de temperatura del sustrato de forma sostenida, y que haya pasado el riesgo de heladas. Por debajo de esa cifra el rizoma se queda quieto, absorbe agua sin gastarla y se convierte en un candidato perfecto para los hongos del suelo.

Traducido al calendario español:

Litoral mediterráneo, Andalucía baja, Canarias. Desde finales de febrero y durante marzo. En zonas sin heladas se pueden plantar prácticamente en cualquier momento del final del invierno, y de hecho lo normal es que las matas establecidas ni siquiera se levanten.

Interior peninsular, ambas mesetas, valle del Ebro. De mediados de abril a mediados de mayo. Aquí el error clásico es plantar en marzo aprovechando una semana buena y encontrarse una helada tardía a finales de abril. El rizoma enterrado suele salvarse, pero los brotes tiernos se pierden y la planta llega tarde a la floración.

Cornisa cantábrica y zonas de montaña. Mayo, incluso principios de junio por encima de los 800-900 m. La humedad atlántica no es un problema para esta planta, pero el suelo tarda más en calentarse.

Si quieres adelantar la floración tres o cuatro semanas, hay un truco que funciona bien: plantar los rizomas en macetas de 2-3 litros a cubierto —invernadero frío, galería, porche luminoso— en febrero o marzo, y trasplantarlos al jardín con el cepellón hecho y varios brotes ya crecidos cuando pase el riesgo de heladas. En el interior de España es casi la única forma de tener flor en junio en lugar de en julio.

Cómo plantar el rizoma

Elige un sitio a pleno sol. En Extremadura o en el valle del Guadalquivir agradece sombra a partir de media tarde, pero en el resto del país cuanta más luz, más floración y tallos más cortos y firmes. A media sombra crece igual pero florece bastante menos y se ahíla.

El suelo ideal es profundo, fértil y con capacidad de retener humedad. La Canna es una de las pocas plantas de arriate que tolera suelos pesados e incluso encharcamientos temporales; algunas variedades se cultivan directamente en el borde de estanques, con el rizoma bajo el agua. Antes de plantar, incorpora 3 o 4 litros de compost o estiércol bien hecho por metro cuadrado y cava a dos palas de profundidad si el terreno es arcilloso.

La operación en sí:

Profundidad: de 8 a 10 cm de tierra por encima del rizoma. Más hondo retrasa la brotación; más superficial deja las yemas expuestas al calor y a la sequedad.

Posición: tumbado en horizontal, con las yemas —los conos rosados o blanquecinos— hacia arriba. Si no distingues las yemas, colócalo de canto y él se orientará solo.

Marco de plantación: 40-50 cm entre plantas en variedades enanas y de porte medio, 60-70 cm en las que superan los dos metros. Es un error muy común apretarlas: en dos temporadas cada rizoma se ha convertido en una mata de diez tallos.

Riego inicial: un riego moderado al plantar y después, poco, hasta que asomen los brotes. Este es el punto donde se pierden más rizomas. Un rizoma sin hojas no transpira, no consume agua y se pudre con facilidad si el sustrato se mantiene empapado. Cuando salga la primera hoja, ya se puede regar en serio.

Qué hacer durante la temporada

A partir de junio la caña de Indias es una planta exigente en agua. En pleno verano peninsular, con la mata desarrollada, necesita riegos abundantes cada dos o tres días en suelo, y a diario en maceta grande. Las hojas te avisan antes de que sea grave: se enrollan longitudinalmente por los bordes. Si llega a ese punto de forma repetida, la floración se acorta.

Abona cada tres o cuatro semanas desde que arranca hasta mediados de septiembre con un fertilizante equilibrado o, mejor, uno más rico en potasio (tipo 12-12-17) para favorecer flor en lugar de puro follaje. Un exceso de nitrógeno da matas espectaculares de hoja con espigas escasas.

Corta las espigas marchitas por debajo de la última flor: la planta emite nuevas espigas laterales y así encadenas la floración hasta octubre. Si dejas cuajar los frutos —cápsulas espinosas con semillas negras y muy duras— la mata deja de producir flor.

De plagas, dos que verás seguro. La araña roja en veranos secos, que decolora el envés; se combate mojando el follaje por debajo en las horas frescas. Y orugas defoliadoras que pegan y enrollan las hojas nuevas; el Bacillus thuringiensis las resuelve. Más serios son los virus del jaspeado y del rayado amarillo de la Canna, muy extendidos en material de vivero: se manifiestan como estrías amarillas cloróticas y hojas deformes, no tienen tratamiento y se transmiten al dividir los rizomas. Una mata con esos síntomas hay que retirarla y no compartir su rizoma con nadie.

El final de temporada: ¿se desentierran o no?

Aquí circula un consejo copiado de la jardinería del norte de Europa que en la mayor parte de España es innecesario. La regla real es sencilla: el follaje se destruye con la primera helada, pero el rizoma enterrado aguanta bastante más, hasta unos -5 °C si el suelo está bien drenado y cubierto.

Así que, en la práctica:

En el litoral, el sur y todo el arco mediterráneo, las cañas se quedan en el suelo indefinidamente. Se cortan los tallos a un palmo cuando se ennegrezcan y se cubre la cepa con 8-10 cm de acolchado. Se dividen cada tres o cuatro años porque se apelmazan y florecen peor, y eso es todo.

En el interior con heladas fuertes y prolongadas, o en suelos arcillosos que se encharcan en invierno —tan peligroso como el frío—, sí compensa desenterrarlas. Se hace después de las primeras heladas, a finales de octubre o en noviembre: se cortan los tallos a 10 cm, se levanta la cepa con la horca, se sacude la tierra sin lavar el rizoma, se deja orear un par de días a la sombra y se guarda en cajas con turba seca, viruta o perlita, en un local oscuro y fresco, entre 7 y 12 °C. Ni en un piso con calefacción, donde se deshidratan o brotan en enero, ni en un garaje que baje de cero. Una revisión en enero para retirar lo que haya empezado a pudrirse evita perder la caja entera.

La división se hace en el momento de plantar, en primavera, no en otoño. Cada trozo debe llevar al menos dos o tres yemas visibles; los fragmentos pequeños de una sola yema arrancan, pero tardan un año en dar una mata decente. Deja secar los cortes 24-48 horas antes de enterrarlos.

En resumen

La caña de Indias se planta en primavera, cuando el suelo alcanza los 15 °C y ha pasado el riesgo de heladas: de finales de febrero a marzo en el litoral y el sur, de abril a mayo en el interior, y en mayo o junio en el norte y la montaña. El rizoma —que no es un bulbo— se coloca tumbado a 8-10 cm de profundidad, a pleno sol, en suelo fértil y con espacio suficiente, y se riega con moderación hasta que brota. Después, agua abundante, abonado regular y retirada de espigas pasadas hasta octubre. En la mayor parte de España se queda en el suelo todo el invierno con un buen acolchado; solo en zonas de heladas duras o suelos encharcadizos merece la pena desenterrar los rizomas y guardarlos secos entre 7 y 12 °C hasta la primavera siguiente.


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