Antes de mirar el calendario conviene meter la mano en la tierra. La fecha de plantación de los tulipanes no depende del día del mes, sino de la temperatura del suelo: mientras siga templado, el bulbo enraíza mal y se pudre con facilidad. Esa es la razón de que en Holanda se planten en octubre y en Sevilla haya que esperar a diciembre, y de que quien planta en septiembre «para adelantarse» acabe con menos flores, no con más.

Los tulipanes de jardín (Tulipa gesneriana y sus incontables híbridos) son geófitos de montaña de Asia Central. Su ciclo está diseñado para pasar el invierno bajo tierra, en frío, y salir disparados en cuanto sube la temperatura en primavera. Todo lo que hagamos tiene que respetar ese guion.

Jardín con tulipanes en flor de varios colores

La regla que de verdad manda: 12-15 °C en el suelo

El momento de plantar llega cuando el suelo, a unos 10 cm de profundidad, se mantiene por debajo de 15 °C de forma estable, e idealmente ronda los 12 °C. Con esa temperatura el bulbo emite raíces sin despertar la yema floral y sin que proliferen los hongos del suelo, sobre todo Fusarium oxysporum, que es el que convierte los bulbos en polvo marrón cuando se plantan en tierra caliente y húmeda.

Traducido al mapa peninsular:

  • Norte y zonas de montaña (Galicia interior, cornisa cantábrica, Pirineo, ambas mesetas por encima de los 900 m): de finales de septiembre a finales de octubre.
  • Meseta, Aragón, Cataluña interior, La Rioja, Navarra: octubre y primera quincena de noviembre.
  • Litoral mediterráneo, valle del Guadalquivir, Extremadura, Levante: de mediados de noviembre a mediados de diciembre. Aquí adelantarse es el error clásico.
  • Canarias y zonas costeras muy suaves: diciembre-enero, y solo con bulbos preenfriados (más abajo se explica).

La fecha límite razonable en la Península es finales de diciembre. Más tarde, el bulbo tiene poco recorrido de enraizamiento antes de que suban las temperaturas y florecerá bajo, con tallo corto y flor pequeña. Si te has quedado con bulbos en el cajón en enero, plántalos igualmente: florecerán peor que en su fecha, pero mucho mejor que si los dejas secarse hasta el otoño siguiente.

El frío no es opcional: por qué en el sur hay que usar la nevera

Dentro del bulbo ya existe una flor en miniatura formada desde el verano anterior. Para que esa flor se alargue y salga necesita acumular entre 12 y 16 semanas por debajo de 9 °C. Es lo que se llama vernalización. Sin ese frío el bulbo emite hojas y nada más: son los famosos «tulipanes ciegos».

En Burgos o en Soria el invierno hace ese trabajo solo. En Málaga, Alicante, Almería o Las Palmas, no. Ahí hay dos caminos:

Comprar bulbos preenfriados, que se venden así etiquetados y ya han pasado el tratamiento en cámara. Se plantan directamente en diciembre y florecen sin problema.

Enfriarlos tú: bulbos en una bolsa de papel o una malla, nunca en plástico cerrado, en el cajón de verduras de la nevera a 4-7 °C durante 8-10 semanas. Y aquí va el detalle que arruina más lotes de bulbos que ninguna plaga: ni una sola fruta en ese cajón. Manzanas, peras, plátanos y tomates desprenden etileno, y el etileno aborta la yema floral dentro del bulbo. El bulbo sale intacto de la nevera, se planta, brota... y solo da hojas. Si vas a enfriar, dedica un cajón entero o mete la bolsa en una zona de la nevera libre de fruta.

Sacado de la nevera, se planta de inmediato. No sirve enfriar en septiembre y plantar en marzo: el efecto se pierde.

Cómo plantarlos

Profundidad: entre dos y tres veces la altura del bulbo, lo que en la práctica son 12-15 cm para un bulbo grande de calibre 11/12 y unos 8-10 cm para bulbos pequeños o especies botánicas. Plantar hondo tiene dos ventajas reales: sujeta el tallo cuando sopla el viento de marzo y protege el bulbo del calor precoz.

Orientación: la punta hacia arriba, la base plana con el disco radicular hacia abajo. Si un bulbo queda de lado tampoco es un drama, el tallo corrige, pero pierde energía.

Distancia: 8-12 cm entre bulbos. Los tulipanes lucen en masa, no de uno en uno; grupos de 15 o 20 del mismo cultivar dan mucho mejor resultado que una línea de soldados de colores mezclados.

Suelo: lo único innegociable es el drenaje. En terreno arcilloso, planta sobre una capa de 3-4 cm de arena gruesa o grava fina, o levanta un caballón. El tulipán aguanta -15 °C sin inmutarse, pero no aguanta dos semanas con el bulbo en barro encharcado.

Abonado: nunca estiércol fresco en contacto con el bulbo, es una invitación directa a la podredumbre. Si el suelo es pobre, incorpora compost bien hecho al preparar el bancal, o un abono de bulbos rico en potasio y fósforo y bajo en nitrógeno.

Riego: un riego generoso al plantar, para asentar la tierra y arrancar el enraizamiento, y a partir de ahí lo que caiga del cielo. En un invierno peninsular normal no hace falta regar hasta que asoman los brotes. El exceso de agua en reposo es la primera causa de bulbos perdidos.

En maceta

Funciona muy bien y además permite controlar el frío. Usa un recipiente de 25 cm de profundidad como mínimo y con agujeros de verdad. Los bulbos pueden ir mucho más juntos que en tierra, casi tocándose, porque no van a competir por nutrientes: florecen y se acabó.

El truco de la «lasaña de bulbos» consiste en poner tres pisos en la misma maceta: los tulipanes tardíos abajo, a 15 cm; una capa de sustrato; narcisos en medio; otra capa; y crocus o muscari arriba a 5 cm. Todos brotan atravesando las capas superiores y la maceta florece escalonadamente de febrero a mayo.

La maceta se coloca en un sitio fresco y luminoso, y hay que vigilar el riego: el sustrato de una maceta se seca mucho antes que el suelo del jardín, incluso en invierno. Un dedo de sustrato seco es señal de regar; empapado, de esperar.

Cuándo florecen y cómo escalonar la floración

Entre marzo y mayo, según grupo y zona. Eligiendo cultivares de distintos grupos se pueden encadenar dos meses de flor:

  • Tempranos (grupos Kaufmanniana, Fosteriana, Greigii y simples tempranos): finales de febrero en el sur, marzo en el resto.
  • Media estación (Triumph e híbridos de Darwin): abril. Son los más fiables y los que mejor aguantan el viento.
  • Tardíos (simples tardíos, Lily-flowered, dobles tardíos, flecos y loros): finales de abril y mayo.

La duración de cada flor depende mucho del calor: con 15 °C puede durar dos semanas; con una ola de calor de 28 °C en abril, tres días. En el sur conviene plantarlos donde reciban sol de mañana y sombra a mediodía a partir de abril; alargarás la floración de forma notable.

Tulipanes rojos y amarillos plantados en grupo

Después de la flor: lo que decide el año siguiente

En cuanto la flor se marchita, corta solo el pedúnculo floral, por debajo del ovario. Si dejas que forme semilla, el bulbo gasta en ella la energía que debería estar acumulando.

Y a partir de ahí, la regla que más se incumple: no toques las hojas. Ni cortarlas, ni doblarlas, ni atarlas en un nudo. Esas hojas feas de mayo son las que están rellenando el bulbo para la floración del año que viene. Hay que esperar a que amarilleen solas, lo que ocurre unas seis semanas después de la floración, normalmente entre finales de mayo y junio.

Con las hojas ya secas, en climas de verano seco y suelo con buen drenaje puedes dejar los bulbos en tierra. Donde el verano trae tormentas o el riego del jardín moja esa zona, es mejor arrancarlos en junio, dejarlos orear a la sombra unos días, limpiar la tierra y la túnica suelta y guardarlos en una caja o malla, en oscuridad, seco y ventilado, a temperatura ambiente hasta la plantación de otoño. Descarta cualquier bulbo blando, mohoso o con manchas.

La creencia que conviene desmontar

«El tulipán es una planta perenne, se planta una vez y vuelve cada año». En su montaña de origen, sí. En un jardín español, casi nunca con los híbridos modernos. Lo habitual es que el primer año den una flor espectacular, el segundo una flor más pequeña, y el tercero solo hojas: el bulbo madre se agota y se fragmenta en bulbillos que tardarían años en alcanzar tamaño de floración, si es que lo alcanzan con nuestros veranos.

Sabiendo esto, hay dos estrategias honestas. Una es tratar los tulipanes híbridos como si fueran anuales y reponer bulbos cada otoño, que es lo que hacen los jardines públicos. La otra, si lo que quieres es que se naturalicen y se multipliquen solos, es plantar especies botánicas: Tulipa clusiana, Tulipa sylvestris, Tulipa saxatilis, Tulipa bakeri o Tulipa praestans. Son más pequeñas y menos escandalosas, pero aguantan el verano seco mediterráneo, se reparten por el jardín y vuelven año tras año sin que hagas nada.

Errores frecuentes

  • Plantar en septiembre en el sur. Suelo a 22 °C, bulbo podrido antes de Navidad.
  • Plantar en primavera. Los bulbos de tulipán no se plantan en marzo; sin invierno por delante no hay floración.
  • Guardar los bulbos con fruta, en la nevera o en cualquier despensa. El etileno los deja ciegos.
  • Regar durante el reposo estival los bulbos que se dejan en tierra. Márcalos y evita esa zona.
  • Cortar las hojas por estética antes de que sequen.
  • Comprar bulbos blandos o pequeños de saldo. El calibre importa: por debajo de 11 cm de perímetro, muchos híbridos no llegan a florecer el primer año.

En resumen

Los tulipanes se plantan en otoño, cuando el suelo baja de 15 °C: octubre en el norte y el interior, noviembre o diciembre en el sur y el litoral. Necesitan tres meses por debajo de 9 °C para florecer, así que en zonas cálidas hay que recurrir a bulbos preenfriados o a la nevera, siempre lejos de la fruta. Se entierran a 12-15 cm en suelo bien drenado, se riegan una vez al plantar y poco más hasta que brotan. Florecen de marzo a mayo, y después hay que dejar las hojas puestas hasta que sequen solas. Y conviene asumir que los híbridos de jardinería dan una gran floración y poco más: si quieres tulipanes que vuelvan solos cada año, el camino son las especies botánicas.


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