Todo lo bueno que pasa en un jardín en marzo se decide en octubre. Los tulipanes, los narcisos, los jacintos, los muscaris y los alliums que llenan de color el final del invierno y la primavera se plantan cuando el jardín está entrando en calma y no apetece nada salir a cavar. De ahí que a estas plantas se las llame bulbosas de otoño.
Y ahí está el primer malentendido que conviene deshacer.
«De otoño» significa cuándo se plantan, no cuándo florecen
Cuando en un vivero se habla de bulbosas de otoño se está hablando de bulbos que se plantan en otoño y florecen entre el final del invierno y la primavera. Son plantas de origen mediterráneo, de Asia Menor o de Asia central, que necesitan pasar los meses fríos bajo tierra echando raíces para poder florecer en cuanto suba la temperatura.
Es distinto de las bulbosas que florecen en otoño, que se plantan a finales de verano y dan flor en septiembre u octubre. Ahí entran el azafrán (Crocus sativus), los cólquicos (Colchicum autumnale), la Sternbergia lutea, las nerinas y la amarilis de campo (Amaryllis belladonna). Son un grupo aparte y con otro calendario.
Este artículo trata del primer grupo: lo que se planta ahora para verlo florecer luego.
Qué se planta en otoño
La lista es larga, pero estas son las que mejor funcionan en España:
Narcisos (Narcissus spp.). Los más fiables de todos y, con diferencia, los que mejor se naturalizan aquí. Los del grupo tazetta —los de racimo, tipo 'Paperwhite' o 'Grand Soleil d'Or'— florecen ya en diciembre y enero en el sur y el Levante, y no necesitan frío invernal apenas. Los grandes de trompeta piden climas algo más frescos. Además, los roedores no los tocan porque son tóxicos.
Tulipanes (Tulipa spp.). Los más espectaculares y los menos duraderos. Hablaremos de ellos aparte porque en España tienen truco.
Jacintos (Hyacinthus orientalis). Muy perfumados. Como los tulipanes, se comportan mejor cuanto más frío es el invierno; en clima cálido degeneran y con los años dan espigas más ralas, que a muchos jardineros nos gustan más que la espiga apretada del primer año.
Muscaris (Muscari armeniacum y otros). Baratos, indestructibles y multiplicadores. Si buscas algo que se plante una vez y siga ahí en diez años, es esto.
Crocus. Los primeros en abrir, a veces ya en enero. Prefieren zonas con invierno marcado.
Alliums ornamentales. Allium giganteum, A. aflatunense, A. sphaerocephalon. Aguantan muy bien el verano seco español y florecen en mayo, cuando el resto de bulbosas ya ha terminado.
Anémonas (Anemone coronaria) y ranúnculos (Ranunculus asiaticus). No son bulbos sino tubérculos y garras. Mediterráneos de origen, van estupendamente en toda la mitad sur.
Fresias, ixias y esparaxis. Sudafricanas de ciclo invernal, perfectas para clima costero mediterráneo.
Iris reticulata, escilas, chionodoxas, ipheion. Bulbosas menudas para rocalla, jardineras y primer plano de arriate.
Fritillarias. Desde la corona imperial hasta las especies pequeñas de rocalla.
Cuándo plantar exactamente
La regla práctica es plantar cuando la temperatura del suelo ha bajado, no por fecha de calendario. Si se plantan con el suelo todavía a 25 °C, los bulbos corren riesgo de pudrirse antes de enraizar.
Norte peninsular y zonas de montaña: de finales de septiembre a finales de octubre.
Meseta e interior: octubre y primera mitad de noviembre.
Litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias: de noviembre a mediados de diciembre. Aquí la prisa es mala consejera.
Hay una excepción: los narcisos se plantan antes que el resto, en septiembre u octubre, porque enraízan pronto y agradecen un periodo largo bajo tierra. Los tulipanes, los últimos.
Cómo se plantan
Profundidad. La regla clásica es enterrar el bulbo a tres veces su propia altura. Un tulipán de 5 cm va a unos 15 cm; un muscari de 2 cm, a 6; una corona imperial, a 20-25. En suelos arenosos conviene ir algo más hondo, y en suelos pesados algo menos.
Plantar demasiado superficial es un error común y tiene consecuencias claras: tallos que se tumban, bulbos que se recalientan en verano y matas que dejan de florecer al segundo año.
Orientación. La punta hacia arriba y el disco basal —la parte plana con los restos de raíces— hacia abajo. Si el bulbo no tiene una punta clara (anémonas, ranúnculos, algunas fritillarias), plántalo de lado: la planta corrige la orientación por sí misma. En los ranúnculos, las garras van con los «dedos» hacia abajo.
Distancia. De dos a tres veces el diámetro del bulbo. Pero, más allá del número, la regla estética importa: las bulbosas se plantan en grupo, nunca en fila. Diez tulipanes juntos en un corro se ven; diez tulipanes repartidos por el arriate, no.
Preparación del suelo. Cavar y mullir 25 o 30 cm, retirar piedras grandes y raíces, y si el terreno es arcilloso mezclar arena gruesa o grava fina y compost bien maduro. El drenaje es la condición número uno: la causa de muerte más frecuente de un bulbo no es el frío ni la sequía, sino el agua estancada en invierno.
Abono de fondo. Un puñado de harina de huesos o de un fertilizante para bulbosas rico en fósforo y potasio, mezclado con la tierra del fondo del hoyo. Nunca estiércol fresco en contacto con el bulbo: lo quema y favorece las pudriciones.
Riego de asentamiento. Después de plantar, un riego generoso para que la tierra haga contacto con el bulbo y arranque la emisión de raíces. Luego, en general, las lluvias de otoño se encargan del resto.
El caso del tulipán en clima cálido
Merece un apartado propio porque es la decepción más habitual. El tulipán de jardín es una planta de montaña de Asia central: necesita entre 12 y 16 semanas por debajo de los 9 °C para desarrollar el tallo floral. En Burgos o en Soria eso lo pone el invierno solo. En Málaga, Alicante o Sevilla, no.
Hay dos soluciones honestas:
Tratarlo como planta de temporada. Comprar bulbos nuevos cada otoño, disfrutarlos una primavera y aceptar que al año siguiente no volverán, o volverán muy debilitados. Es lo que hacen los jardines públicos.
Prefrigerar los bulbos. Meterlos en una bolsa de papel perforada en el cajón de las verduras de la nevera durante 6 a 10 semanas antes de plantarlos, a 4-7 °C, y plantarlos después en diciembre. Un detalle que casi nadie menciona y que arruina la operación: no puede haber fruta en la nevera, especialmente manzanas o peras, porque el etileno que desprenden aborta el embrión floral del bulbo.
Y una tercera vía, la mejor a largo plazo: plantar tulipanes botánicos en lugar de híbridos. Tulipa clusiana, T. saxatilis, T. sylvestris o T. bakeri son especies mediterráneas o de clima seco que sí perennizan en España, se multiplican y no piden nevera. Son más pequeñas, pero vuelven cada año.
Cuidados durante la temporada
Riego. Desde que asoman los brotes hasta que las flores se marchitan, el suelo tiene que estar fresco pero nunca encharcado. En un invierno lluvioso normal, en la mitad norte, puede no hacer falta regar en absoluto. En el sur y en macetas, sí: una maceta se seca mucho más rápido que el suelo y es donde más fallos se producen.
Abonado. Un aporte líquido rico en potasio cada dos o tres semanas desde que salen los brotes hasta un mes después de la floración. Ese último tramo, cuando la flor ya se ha ido y el follaje sigue verde, es el más importante de todos: es cuando el bulbo se está recargando.
Retirada de flores marchitas. En cuanto la flor se pasa se corta el pedúnculo. Si se deja formar la cápsula de semillas, el bulbo dedica a eso una energía que necesita para el año siguiente. Se corta la flor, no el tallo con las hojas.
El follaje. Esta es la regla de oro de las bulbosas y la que más se incumple: las hojas no se cortan, no se atan, no se doblan y no se trenzan. Se dejan hasta que amarillean y se secan por completo, normalmente entre mayo y junio. Atar las hojas de los narcisos en un nudo, una costumbre muy extendida, reduce la superficie que recibe luz y merma la floración del año siguiente. Si el aspecto molesta, la solución es plantar delante vivaces que crezcan a tiempo de taparlo: geranios de jardín, nepetas, hemerocallis, alquimila.
Qué hacer en verano
Aquí hay que decidir entre dos estrategias.
Dejarlos en el suelo. Es lo adecuado para narcisos, muscaris, alliums, escilas, ipheion, crocus, anémonas e ixias en clima mediterráneo. Solo hace falta asegurarse de que ese rincón no recibe riego durante el verano. Un arriate regado a diario en agosto pudre bulbos que estarían perfectos en tierra seca.
Arrancarlos. Tiene sentido para jacintos, tulipanes de calidad que quieras conservar, ranúnculos y fresias en zonas de verano húmedo, o si necesitas el espacio para plantas de temporada. Se levantan con el follaje ya seco, se limpian sin lavarlos, se dejan orear a la sombra una o dos semanas y se guardan en cajas de madera o mallas, en un lugar seco, oscuro y ventilado, entre 18 y 20 °C. Se revisan cada mes para descartar los blandos o con moho.
Bulbosas en maceta
Casi todo lo anterior sirve, con cuatro matices:
Usa macetas de al menos 20 cm de profundidad, con agujeros amplios y una capa de grava en el fondo. Sustrato universal aligerado con un 20-30 % de arena o perlita.
En maceta se puede plantar más apretado que en tierra, casi bulbo con bulbo, porque no se busca que perduren años sino un efecto denso.
La plantación en capas, o «lasaña», permite escalonar la floración en un solo recipiente: los bulbos grandes y tardíos abajo (tulipanes, narcisos), los medianos en el centro (jacintos), y los pequeños y tempranos arriba (crocus, muscaris). Cada capa separada por 4 o 5 cm de sustrato. Los de abajo suben esquivando a los de arriba sin problema.
Las macetas se hielan por los lados, cosa que no ocurre en el suelo. En zonas frías conviene arrimarlas a un muro o agruparlas durante los peores días.
Problemas frecuentes
Salen hojas pero no flores. Puede ser plantación demasiado superficial, falta de frío invernal, bulbos pequeños o de mala calidad, exceso de sombra o haber cortado el follaje el año anterior.
Los bulbos se pudren. Encharcamiento, suelo compactado o plantación con el suelo todavía caliente.
Tallos largos y tumbados. Falta de luz o exceso de nitrógeno.
Se los comen. Los topillos y las ratas de campo comen tulipanes, crocus y lirios; no tocan narcisos, alliums ni fritillarias. Una malla metálica enterrada alrededor del grupo es la solución mecánica.
Botritis (fuego del tulipán). Manchas pardas en hojas y pétalos en primaveras húmedas. Se previene con densidad razonable, evitando mojar el follaje, y no replantando bulbosas en el mismo sitio dos años seguidos.
Bulbos blandos al comprarlos. No los compres. Un bulbo sano pesa, está firme al apretarlo, no tiene moho azulado ni zonas hundidas ni brotes largos y blancos. Es la decisión más barata que puedes tomar para que todo lo demás salga bien.
En resumen
Las bulbosas de otoño son las que se plantan de septiembre a diciembre y florecen entre enero y mayo. Se plantan cuando el suelo se ha enfriado, a una profundidad de tres veces la altura del bulbo, en grupos densos y en terreno bien drenado, con abono de fondo rico en fósforo y potasio. Durante el crecimiento hay que mantener el suelo fresco; después de la flor, respetar el follaje hasta que se seque solo; y en verano, sequía. En el sur y el litoral, los tulipanes híbridos son plantas de un solo año salvo que se prefrigeren, mientras que narcisos, muscaris, alliums y tulipanes botánicos vuelven solos temporada tras temporada. Elige bien la especie según tu clima y las bulbosas pasan de ser un gasto anual a ser una parte permanente del jardín.