Trece semanas de frío por debajo de 9 ºC. Ese es el número que decide si un jacinto sacará una espiga compacta y apretada o cuatro florecillas sueltas colgando de un tallo endeble. Todo lo demás —el riego, el sustrato, la exposición— importa, pero ninguna de esas cosas compensa un bulbo que no ha pasado suficiente invierno.

El jacinto de jardín es Hyacinthus orientalis, un bulbo originario del Mediterráneo oriental y de Anatolia, de donde llegó a los Países Bajos en el siglo XVI y donde se seleccionaron las variedades densas que conocemos hoy. Conviene no confundirlo con dos plantas que comparten nombre vulgar: el Muscari (jacinto de penacho o nazareno), mucho más pequeño y con flores en forma de urna, y Hyacinthoides (jacinto de los bosques), de espiga laxa y colgante. Los cuidados que siguen son los del jacinto de verdad.

Jacintos en flor en un jardín

Cuándo y cómo plantar los bulbos

La ventana de plantación en la Península va de mediados de octubre a finales de noviembre. En la mitad norte y en zonas de interior se puede empezar antes, en cuanto refresque de verdad; en el litoral mediterráneo y en Andalucía es mejor esperar a que el suelo se enfríe, porque un bulbo plantado en tierra todavía templada arranca raíz de forma irregular y se pudre con facilidad.

Se entierran a una profundidad de dos a tres veces su altura, lo que en la práctica significa entre 10 y 15 cm, con la punta hacia arriba y la base plana (el disco donde salen las raíces) hacia abajo. La separación entre bulbos ronda los 10-15 cm. Si se plantan más juntos se estorban al engrosar y el segundo año la floración cae en picado.

El calibre del bulbo, que se mide en centímetros de perímetro, es un dato que rara vez se mira y que explica muchas decepciones. Los bulbos de 15/16 cm dan espigas de jardín, proporcionadas y resistentes al viento. Los de 18/19 cm son los llamados «preparados», tratados en cámara frigorífica por el productor, y son los que dan esas inflorescencias enormes de escaparate. Un bulbo de 12 cm que se vende barato a granel no va a dar nunca la foto del envase.

El suelo: drenaje antes que riqueza

El jacinto quiere tierra suelta, profunda y que no encharque, con un pH entre 6 y 7. Los suelos arcillosos y compactos del centro peninsular son su peor escenario: retienen agua en invierno y el bulbo se pudre por la base antes de florecer. La solución no es echar arena de playa —que con la arcilla forma algo parecido al cemento— sino incorporar arena silícea gruesa o grava fina y compost bien maduro en los primeros 25-30 cm, y plantar sobre caballón elevado si el terreno tiende a embalsarse.

En maceta, mezcla de sustrato universal con un 30 % de perlita o arena gruesa, en recipientes de al menos 15 cm de profundidad y siempre con agujeros de drenaje. El platillo con agua permanente debajo es la causa más habitual de fracaso en balcón.

Un detalle práctico al manipularlos: la túnica del bulbo contiene oxalato de calcio en forma de cristales aciculares, que provocan picor y dermatitis en manos sensibles. Con plantar unos pocos no suele pasar nada, pero si se manejan decenas conviene usar guantes. La planta entera es tóxica por ingestión para perros y gatos, así que ojo con las macetas al alcance.

Exposición y temperaturas

Sol directo o, como mínimo, media jornada de sol. En zonas donde marzo y abril ya calientan, una posición con sol de mañana y sombra de tarde alarga bastante la duración de las flores: la espiga abierta a pleno sol de mediodía en el sur puede pasar de dos semanas a cinco días.

En cuanto al frío, resisten bien hasta unos -15 ºC una vez enraizados, así que en ninguna zona de la Península hay que protegerlos. El problema aquí es el contrario: en el litoral mediterráneo y en el sur, muchos inviernos no acumulan las horas de frío necesarias. El resultado es un tallo corto que apenas asoma entre las hojas, con las flores casi a ras de suelo. Si esto ocurre, la solución es refrigerar los bulbos antes de plantar: entre 8 y 10 semanas en la parte baja de la nevera, dentro de una bolsa de papel perforada, y plantarlos en diciembre. Nunca junto a manzanas, peras o plátanos: el etileno que desprenden estas frutas aborta el primordio floral que ya está formado dentro del bulbo.

Riego: mucho en primavera, nada en verano

El ciclo del jacinto es el de un geófito mediterráneo, y su riego tiene que seguirlo:

De la plantación a la emergencia (otoño-invierno). Un riego generoso al plantar, para asentar la tierra y activar las raíces, y después poco más: en la mayor parte de España la lluvia de otoño e invierno basta. Solo se riega si pasan tres o cuatro semanas sin precipitación.

Del brote a la floración (febrero-abril). Es la fase de mayor consumo. El suelo debe mantenerse fresco pero nunca empapado; en maceta, riego cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos. Regar por la base y evitar mojar la espiga, porque el agua estancada entre las flores favorece la botritis.

Tras la floración (mayo-junio). Se sigue regando mientras las hojas estén verdes, porque es entonces cuando el bulbo se recarga para el año siguiente. En cuanto el follaje amarillea, se corta el riego por completo.

Verano. Sequía total. El bulbo está en reposo y cualquier humedad prolongada a 30 ºC es una invitación a Fusarium y a la podredumbre blanda por Erwinia. Este es el motivo por el que los jacintos plantados en medio de un césped con riego automático desaparecen en dos temporadas.

Qué hacer cuando se marchitan las flores

Aquí se comete el error más extendido y también el más caro. Cuando la espiga se marchita, lo que hay que cortar es solo el tallo floral, por su base, para que el bulbo no gaste energía en formar semillas. Las hojas se dejan intactas hasta que se secan solas, seis u ocho semanas después. Son las que fabrican, mediante fotosíntesis, las reservas que producirán la flor del año que viene. Cortarlas en verde porque «quedan feas», o atarlas en un nudo, equivale a decidir que el año próximo no habrá flor.

Es el momento de aportar un abono rico en potasio y bajo en nitrógeno, del tipo de los de tomate o de bulbosas, un par de aplicaciones separadas quince días. El nitrógeno en exceso produce hojas grandes y blandas, y bulbos más propensos a pudrirse.

Jacinto rosa con la espiga completamente abierta

¿Dejarlos en tierra o arrancarlos?

Depende del suelo y del verano de cada sitio. En terrenos sueltos, con veranos secos y sin riego estival —buena parte del interior peninsular—, los jacintos se pueden dejar plantados y aguantan varios años. En suelos pesados, en zonas de verano húmedo o en parterres que se riegan, sale mejor arrancarlos cuando el follaje se ha secado, dejarlos orear unos días a la sombra, limpiarlos de tierra y guardarlos en una caja con serrín o en una malla, en un sitio oscuro, seco y ventilado, entre 17 y 20 ºC hasta octubre.

Conviene saber de antemano lo que va a pasar: la espiga del segundo año casi nunca es igual de densa que la del primero. No es un fallo de cultivo. El bulbo que se compra ha sido producido en el norte de Europa durante tres o cuatro años bajo condiciones controladas y viene cargado hasta el límite. En el jardín pierde ese impulso y la inflorescencia se vuelve más suelta y natural, con menos flores por tallo. A muchos jardineros les gusta más así. Si lo que se busca es el bloque compacto, hay que renovar bulbos cada dos o tres años.

Con el tiempo, el bulbo madre produce bulbillos laterales alrededor del disco basal. Se separan al arrancar y, plantados aparte, tardan dos o tres años en alcanzar tamaño de floración.

Jacintos en agua y en maceta forzada

El cultivo en jarrón de jacintos —ese vaso con la cintura estrecha— es sencillo si se respetan dos reglas. La primera: la base del bulbo no debe tocar el agua, debe quedar uno o dos milímetros por encima; son las raíces las que bajan a buscarla, y un bulbo sumergido se pudre. La segunda: necesita el mismo frío que en el jardín, entre 8 y 10 semanas en oscuridad total a 5-9 ºC, en un trastero fresco o en la nevera. Solo cuando el brote mide 4-5 cm se pasa a la luz, primero tamizada y luego plena, en una habitación fresca. El agua se cambia o se rellena cada semana.

Los jacintos comprados ya florecidos en maceta han pasado por ese mismo proceso de forzado, hecho en invernadero. Duran más en casa cuanto más fresca y luminosa sea la habitación: a 20 ºC junto a un radiador, se derrumban en cuatro días. Después se pueden replantar en el jardín, pero hay que asumir que el forzado agota el bulbo y que tardará dos o tres años en volver a dar algo decente, si es que lo hace.

Problemas frecuentes

Flores a ras de suelo, sin tallo. Falta de frío acumulado, o plantación demasiado tardía. Se corrige refrigerando los bulbos antes de plantar.

El bulbo no brota. Podredumbre por exceso de humedad o bulbo dañado. Al desenterrarlo se nota blando y con mal olor: se descarta y no se replanta nada en ese punto durante un par de años.

Espiga que se tumba. Suele ser exceso de nitrógeno o poca luz, que alarga y ablanda el tallo. También pasa con los bulbos de calibre grande, cuya espiga pesa demasiado: un tutorcillo discreto resuelve.

Hojas pegajosas y deformadas. Pulgón, habitual en primaveras templadas. Jabón potásico al atardecer, repitiendo a los cinco días.

Manchas pardas en flores con tiempo húmedo. Botritis. Ventilación, no mojar la inflorescencia y retirar los restos afectados.

En resumen

Los jacintos se plantan en otoño, a 10-15 cm de profundidad, en tierra suelta y drenante y a pleno sol o con sombra de tarde. Necesitan un invierno frío de verdad —unas trece semanas por debajo de 9 ºC— y en el sur y el litoral mediterráneo eso obliga a pasarlos antes por la nevera. Se riegan de febrero a mayo mientras crecen y florecen, se abonan con potasio al acabar la floración, se les corta solo el tallo floral y se les respetan las hojas hasta que se sequen. En verano, sequía absoluta, en tierra o guardados en seco. Y con la expectativa ajustada: el segundo año la espiga será más suelta que la del primero, y eso es normal, no un error.


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