El epíteto peruviana es un error de etiquetado del siglo XVIII que nunca se ha corregido. La planta que llamamos flor de la piña, Scilla peruviana, no procede de Perú ni de América: crece de forma silvestre en el suroeste de la península ibérica, en el norte de África, en Cerdeña y en Sicilia. La confusión viene de que los bulbos llegaron a Inglaterra en un barco llamado Peru y Linneo dio por hecho el origen. Conviene saberlo desde el principio, porque explica casi todo lo que hay que hacer con ella: es una bulbosa mediterránea y quiere el ciclo de vida mediterráneo, no el trato de una planta tropical.
Qué es exactamente la flor de la piña
Es una bulbosa perenne de la familia Asparagáceas (antes se clasificaba en Liliáceas, y en algunos tratamientos figura como Oncostema peruviana). Forma un bulbo grande, tunicado, de 6 a 8 cm de diámetro, del que salen entre seis y quince hojas acintadas de color verde intenso, algo carnosas, dispuestas en roseta abierta y de hasta 30 cm de largo.
La inflorescencia es lo que le ha dado el nombre popular. Sobre un escapo grueso de 20 a 35 cm se levanta un racimo cónico muy denso, con entre 50 y más de 100 flores estrelladas de seis tépalos. Al principio el conjunto es compacto y apuntado —de ahí la comparación con una piña—, pero a medida que las flores se van abriendo de fuera hacia dentro, los pedicelos se alargan y el racimo se aplana hasta quedar casi hemisférico, como una cúpula. Ese cambio de forma dura dos o tres semanas y es parte del atractivo.
El color habitual es un azul violáceo que vira a lila conforme la flor envejece. Existe también una forma de flor blanca, que se vende como Scilla peruviana 'Alba', algo menos vigorosa pero igual de resistente. La floración se produce en abril y mayo en la mayor parte de la Península, adelantándose a marzo en el litoral atlántico andaluz y retrasándose a junio en zonas frescas de interior.
El ciclo que hay que respetar
Aquí está la clave de todo el cultivo, y donde se pierden la mayoría de los bulbos que fracasan. Scilla peruviana es un geófito de invierno: se comporta al revés que un bulbo de jardín centroeuropeo.
- Septiembre-octubre. Con las primeras lluvias serias, el bulbo rompe el reposo y empieza a emitir hojas. En muchos ejemplares las hojas ya están fuera antes de que caiga la primera gota, alimentadas por las reservas.
- Noviembre a marzo. Periodo de crecimiento activo. Las hojas trabajan durante todo el invierno; es cuando el bulbo engorda y decide si va a florecer o no la primavera siguiente.
- Abril-mayo. Floración.
- Junio. Las hojas amarillean y se secan. No hay que tocarlas hasta que se desprendan solas.
- Julio y agosto. Reposo estival completo. El bulbo está seco bajo tierra y así debe seguir.
De esto se deducen dos reglas que valen más que cualquier otro consejo: se riega en invierno y se deja seca en verano. Regar en julio un bulbo dormido es la forma más rápida de pudrirlo, y es un error frecuentísimo en quien la trata como una planta de temporada estival.
Plantación
El momento es finales de agosto a octubre, antes de que arranque la vegetación. Los bulbos se comercializan secos en esas fechas; si los encuentra en primavera ya en hoja o en flor, plántelos con su cepellón sin deshacerlo.
La profundidad es más superficial de lo que la gente supone: basta con cubrir el bulbo con 3 o 4 cm de tierra, dejando a veces el cuello asomando. Enterrarlo a 15 cm, como se hace con los tulipanes, retrasa la emergencia y reduce la floración. Deje unos 20 cm entre bulbos si planta un grupo; queda mucho mejor en grupos de cinco o siete que aislada.
El suelo debe drenar bien. Tolera terrenos calizos, pedregosos y pobres —en la naturaleza vive en pastizales secos y bordes de arroyos que se secan en verano—, pero no soporta encharcamiento invernal prolongado. En tierras arcillosas, plante en un caballón elevado o mezcle un tercio de arena gruesa o grava fina. La exposición ideal es sol pleno o media sombra clara; bajo la sombra densa de un árbol perenne vegeta pero no florece.
Riego y abonado
Plantada en el jardín y en zonas con lluvia invernal normal, no necesita riego prácticamente nunca. En un otoño e invierno secos, un riego cada dos semanas basta para mantener las hojas turgentes. En maceta el sustrato se seca antes: riegue cuando los dos primeros centímetros estén secos, sin dejar plato con agua debajo.
En cuanto las hojas empiezan a amarillear en mayo o junio, corte el riego de golpe. No lo reduzca poco a poco: la señal de sequía es lo que induce el reposo correcto y prepara la floración del año siguiente.
El abonado es opcional. Si el bulbo está en maceta o el suelo es muy pobre, aplique un fertilizante bajo en nitrógeno y rico en potasio (del tipo de los de tomate o los específicos de bulbosas) cada tres semanas entre enero y la floración. El exceso de nitrógeno da hojas grandes y flojas y menos flores.
Frío, calor y dónde ponerla
Resiste heladas moderadas, del orden de -8 °C con el bulbo bien enterrado, aunque las hojas se dañan antes, hacia -4 o -5 °C, y quedan con manchas translúcidas que luego se secan. Eso no mata la planta, pero afea la temporada. En la meseta norte o en zonas de heladas fuertes conviene cultivarla en maceta y guardarla en un porche frío o un invernadero sin calefacción durante los episodios más duros, o cubrir el suelo con un acolchado de paja de 5 cm.
En el litoral mediterráneo, Andalucía, Levante, Baleares y Canarias vive perfectamente en el suelo sin ninguna protección. De hecho, es una excelente planta para jardines de bajo consumo de agua: florece justo cuando el jardín mediterráneo empieza a apagarse y desaparece por completo en la época en que no hay agua para nada.
¿Es realmente una planta de interior?
Se vende a menudo como planta de interior y conviene matizarlo, porque el matiz decide si el bulbo sobrevive un segundo año. Puede estar dentro de casa mientras está en flor, y aguanta bien esas dos o tres semanas junto a una ventana luminosa. Lo que no funciona es tenerla el año entero en un salón caldeado a 22 °C: necesita frío invernal para desarrollarse y luz muy intensa para florecer, y sin esas dos cosas produce hojas cada vez más largas y débiles y deja de florecer al segundo año.
La solución práctica: cultívela en maceta en el exterior —balcón, terraza, patio— y entre la maceta en casa durante la floración. Después, devuélvala fuera. Un ventanal orientado al sur, muy luminoso y en una habitación fresca, es la única situación de interior en la que se comporta bien de forma permanente.
Cultivo en maceta
Va notablemente bien en tiesto y es como más se disfruta la inflorescencia. Use una maceta ancha y no muy profunda, de 20 a 25 cm de diámetro para tres bulbos, con agujeros de drenaje amplios. El sustrato: dos partes de sustrato universal por una de arena de río gruesa o perlita gruesa, o directamente un sustrato de cactus con algo de mantillo.
El detalle que más cambia el resultado es no trasplantar cada año. Esta escila florece mejor cuando el cepellón está apretado y la maceta llena de bulbos. Déjela tres o cuatro temporadas sin tocar, limitándose a renovar los dos centímetros superiores de sustrato cada otoño. Durante el reposo estival, guarde la maceta entera —con el bulbo dentro y la tierra seca— en un rincón sombreado y protegido de la lluvia.
Multiplicación
Lo habitual es por bulbillos. El bulbo madre produce hijuelos alrededor que en tres años alcanzan tamaño de floración. Sepárelos en pleno reposo, en julio o agosto, desenterrando la mata, desprendiendo los bulbillos con la mano y replantándolos de inmediato o guardándolos en seco, en un lugar aireado, hasta septiembre. No haga esta operación todos los años: una división cada cuatro o cinco temporadas es suficiente, y una mata sin dividir florece más.
Por semilla también se consigue, sembrando en otoño en bandeja con sustrato arenoso a la intemperie, pero hay que armarse de paciencia: de tres a cinco años hasta la primera flor. Merece la pena solo si busca variabilidad de color.
Problemas y errores frecuentes
Bulbo blando y podrido. Casi siempre por riego estival o por suelo que retiene agua. No tiene arreglo una vez que el tejido está fermentado; deseche el bulbo y corrija el drenaje.
Hojas abundantes y ninguna flor. Tres causas posibles: poca luz, exceso de nitrógeno o bulbo aún inmaduro (los hijuelos tardan años). Una cuarta, menos evidente, es haberla dividido o trasplantado la temporada anterior.
Caracoles y babosas. Atacan el escapo tierno justo cuando emerge, en marzo, y pueden segar la inflorescencia entera en una noche. Es el daño más doloroso porque llega tras meses de espera. Revise por la noche o coloque una barrera.
Mosca del narciso (Merodon equestris). Sus larvas vacían el bulbo por dentro. Se detecta porque la planta brota débil o no brota; al desenterrar, el bulbo está hueco y con serrín. Evite dejar el cuello del bulbo destapado y con la tierra agrietada en verano.
Cortar las hojas nada más florecer. Tentador, porque quedan feas al secarse, pero las hojas de mayo son las que cargan el bulbo. Espere a que se desprendan solas.
Una advertencia legal y ecológica
Al ser una especie autóctona ibérica, sus poblaciones silvestres están sujetas a normativa de protección en varias comunidades autónomas y su recolección en el campo está restringida o prohibida. Compre siempre bulbos de vivero. Las poblaciones naturales, además, han retrocedido por la roturación de pastizales, así que arrancarlas del monte no es solo ilegal en muchos sitios: es contraproducente para una planta que se propaga sin dificultad en cultivo.
Añada un dato de seguridad doméstica: los bulbos de las escilas contienen glucósidos y no son comestibles. Manténgalos fuera del alcance de niños y animales, sobre todo durante el almacenaje en verano, cuando quedan a la vista en un cajón.
En resumen
La flor de la piña es fácil, pero solo si se entiende su calendario. Plante los bulbos en septiembre a poca profundidad, en suelo con buen drenaje y a pleno sol; riegue durante el otoño y el invierno; disfrute del racimo azul en abril; y a partir de junio, olvídese de ella por completo hasta el otoño siguiente. No la divida cada año, no la abone con nitrógeno, no corte las hojas verdes y, sobre todo, no la riegue en verano. Es ibérica, no peruana, y cuanto más se parezca su cultivo al clima de un pastizal andaluz, mejor le irá.