La flor de un día (Tigridia pavonia) tiene el nombre más desafortunado del catálogo de bulbosas. Suena a mala compra: pagar por una planta cuya flor dura una jornada. Y sí, es cierto: cada flor abre por la mañana y está marchita al caer la tarde. Pero eso es solo la mitad del dato. La otra mitad es que una mata bien plantada abre flores nuevas casi todos los días durante seis u ocho semanas, entre julio y septiembre, justo cuando el resto del jardín está agotado por el calor.

Bien entendida, es una de las bulbosas de verano más rentables que se pueden plantar en España.

Origen e historia

Tigridia pavonia pertenece a la familia Iridaceae, la de los lirios, los gladiolos y los crocus, y es originaria de México y Guatemala, donde crece en laderas y pastizales de montaña entre los 1.000 y los 3.000 metros de altitud. Ese detalle explica su comportamiento: soporta bien el calor del día, pero agradece noches frescas y no está adaptada a la sequía extrema.

Los mexicas la llamaban oceloxóchitl, «flor de jaguar», por el moteado del centro de la flor, y no la cultivaban solo por bonita: el cormo, asado, se consumía como alimento y aparece descrito en las fuentes del siglo XVI junto a sus usos medicinales. Fue una de las primeras plantas americanas que llegaron a los jardines europeos.

En español se la conoce como flor de un día, flor de tigre, tigridia o cacomite. En inglés, tiger flower o peacock flower, de donde viene el epíteto pavonia.

Cómo es la planta

Igual que sus parientes los gladiolos, no forma un bulbo verdadero sino un cormo: un tallo subterráneo engrosado y macizo, cubierto por túnicas fibrosas de color pardo, de 3 a 5 cm de diámetro. Se renueva entero cada temporada, lo que tiene una consecuencia práctica: los cormos que se guardan en invierno son cormos nuevos, no los mismos que se plantaron.

De él brotan hojas ensiformes, plegadas en abanico como las de un gladiolo, de 30 a 50 cm de largo. Entre ellas se levantan varios escapos florales que alcanzan de 40 a 70 cm.

La flor es lo que justifica la planta. Mide de 10 a 15 cm de diámetro y tiene una estructura peculiar: tres tépalos externos grandes, extendidos y de color liso —rojo, naranja, amarillo, rosa, blanco o lila según la variedad— y tres tépalos internos mucho más pequeños que forman una copa central intensamente moteada de manchas contrastadas, casi siempre en tonos granate o pardo sobre fondo crema. En el centro emerge la columna estaminal.

Se abre a primera hora de la mañana, alcanza su mejor momento hacia el mediodía y por la tarde ya se está cerrando y enrollando sobre sí misma. Al día siguiente, el mismo tallo abre otra. Cada escapo lleva entre cuatro y seis capullos.

Flor de Tigridia pavonia abierta con el centro moteado

La consecuencia práctica de que la flor dure un día

Este es el punto que decide si la planta te va a gustar o a decepcionar, y casi ninguna guía lo dice claro: hay que plantar muchos cormos juntos.

Con tres cormos tendrás una flor abierta unos días sí y otros no. Con veinte o treinta cormos en un grupo, tendrás cinco, ocho o diez flores abiertas cada mañana durante dos meses, y el conjunto se ve continuamente florido. Los cormos son baratos, así que la diferencia de coste entre una plantación mezquina y una que funciona es de unos pocos euros.

El segundo recurso es escalonar la plantación: en lugar de plantar todo el lote de golpe, se planta un tercio cada dos semanas durante mes y medio. Así se alarga la floración desde principios de julio hasta bien entrado septiembre.

Y el tercero: como flor de corte no sirve. Cortada, se marchita ese mismo día. Es una planta para verla en el jardín, no para el jarrón.

Cuándo y cómo se planta

Al contrario que las bulbosas de otoño, la tigridia es una bulbosa de verano: se planta en primavera y florece pasado el solsticio.

Fechas. En el litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias, desde mediados de marzo. En el interior y en el norte, de abril a mediados de mayo, siempre cuando haya pasado el riesgo de heladas y el suelo esté a 13-15 °C. Plantada en tierra fría, el cormo se queda parado y se pudre.

Profundidad. De 8 a 10 cm hasta la parte alta del cormo. En suelos ligeros, hacia los 10; en pesados, 8.

Distancia. De 10 a 15 cm entre cormos.

Orientación. La punta hacia arriba y la cicatriz basal, más plana, hacia abajo. Si dudas, tumbado de lado.

Suelo. Fértil y bien drenado, con materia orgánica. Aquí se diferencia de las bulbosas mediterráneas de secano: la tigridia sí quiere un suelo con sustancia. Un aporte de compost maduro o de estiércol muy hecho antes de plantar, mezclado con la tierra, es la mejor inversión. En suelo arcilloso, añadir arena gruesa.

Ubicación. Pleno sol. Necesita al menos seis horas de sol directo para que las flores abran bien y los tallos no se ahílen. En el sur, en zonas de calor extremo, un poco de sombra a partir de las cuatro de la tarde no le viene mal, pero nunca sombra durante la mañana, que es cuando la flor está abierta.

Cuidados durante el crecimiento

Riego. Este es el cuidado clave y donde más se falla. Desde que brota hasta que termina la floración necesita riegos regulares y abundantes: el suelo debe mantenerse fresco, sin llegar a encharcarse. En pleno julio, en el interior peninsular, eso puede significar regar cada dos días si está en tierra, o a diario si está en maceta. Un estrés hídrico durante la formación de los capullos hace que los botones se sequen sin abrir.

Es un error frecuente aplicarle el manual de las bulbosas mediterráneas —«poca agua, que si no se pudre»— cuando aquí estamos ante una planta de crecimiento estival que bebe.

Abonado. Cada quince días, desde que aparece el primer botón, con un abono líquido rico en potasio (los de tomate o de plantas de flor sirven perfectamente) a la dosis del fabricante. El potasio da flores más grandes y engorda el cormo de reserva.

Tutorado. Los escapos son delgados y en variedades altas o en sitios ventosos pueden doblarse. Plantar denso ayuda; si no, unas cañas finas discretas o un aro de sujeción resuelven el problema.

Flores marchitas. Conviene retirarlas para que no formen cápsulas de semilla, salvo que quieras cosechar simiente. Se pellizcan con los dedos; se van de un tirón limpio.

Acolchado. Una capa de 3 o 4 cm de paja, corteza o restos de siega en la base reduce mucho la frecuencia de riego en verano y mantiene la temperatura del suelo más estable.

Detalle de la flor de la tigridia con sus tépalos moteados

Qué hacer al terminar la temporada

Cuando acaba la floración, a finales de septiembre o en octubre, se va reduciendo el riego progresivamente y se deja que el follaje amarillee y se seque solo. Igual que con cualquier bulbosa, esas hojas feas son las que están cargando el cormo del año siguiente: no se cortan en verde.

A partir de ahí hay dos caminos según el clima:

Dejarlos en tierra. Viable en el litoral mediterráneo, Andalucía, Canarias y zonas sin heladas fuertes. La tigridia aguanta heladas ligeras y puntuales de hasta unos -3 o -4 °C si el suelo está seco. Se cubre la zona con un acolchado grueso de hojarasca o paja en noviembre y se retira en marzo. Lo importante no es tanto el frío como que el suelo no esté empapado durante el invierno: en tierra fría y mojada el cormo se pudre.

Arrancarlos. Obligatorio en la meseta, el norte y cualquier zona con heladas continuadas. Se levantan con horca en octubre o noviembre, con el follaje ya seco, se sacude la tierra sin lavarlos, se cortan raíces y restos de tallo, se dejan orear a la sombra una o dos semanas y se guardan en cajas con turba seca, serrín o vermiculita, en un sitio oscuro, seco y ventilado, entre 8 y 15 °C. Conviene revisarlos a mitad de invierno y descartar los blandos o enmohecidos.

Un aviso: los cormos de tigridia son más propensos a deshidratarse que los de gladiolo. Si al sacarlos en primavera están arrugados y ligeros, es que el lugar de conservación era demasiado seco o cálido.

Multiplicación

Por cormillos. Es la vía natural y muy generosa: cada cormo plantado produce en una temporada un cormo nuevo y varios hijuelos. Al arrancarlos en otoño se separan y se clasifican por tamaño. Los grandes florecen a la temporada siguiente; los pequeños necesitan un año más de cultivo. En pocos años, de un lote de veinte cormos salen cien.

Por semilla. Menos habitual, pero sorprendentemente rápida para tratarse de una bulbosa: se siembra en primavera, en bandeja con sustrato ligero, a 18-20 °C, cubriendo con medio centímetro. Germina en dos o tres semanas y florece en la segunda temporada, a veces incluso al final de la primera si se siembra muy temprano. El inconveniente es que las plantas obtenidas no son idénticas a la madre: los colores salen variados.

Plagas, enfermedades y otros problemas

Araña roja. La más habitual en el verano español. Aparece con calor y sequedad ambiental, punteando las hojas de amarillo. Se combate aumentando la humedad ambiental, aplicando jabón potásico al atardecer y evitando que la planta pase sed.

Trips. Rayan y deforman los pétalos y estropean flores que solo duran un día. Trampas cromáticas azules y tratamientos con jabón potásico.

Pulgón. Sobre los escapos tiernos, en primavera.

Babosas y caracoles. Devoran los brotes recién emergidos, que son muy tiernos. El daño se concentra en las primeras semanas.

Pudrición del cormo. Por encharcamiento en tierra o por almacenamiento en un sitio húmedo. Se previene, no se cura.

Botones que se secan sin abrir. Casi siempre falta de agua durante la formación de los capullos, o golpe de calor con la planta seca.

Dónde queda bien

Su momento es pleno verano, y eso la hace muy útil. Combina bien con vivaces de floración estival que compartan sus necesidades de riego —hemerocallis, agapantos, crocosmias, salvias— y funciona especialmente en macizos donde las bulbosas de primavera ya han desaparecido: las tigridias plantadas en abril salen a ocupar exactamente ese hueco.

En maceta va bien siempre que el recipiente sea de al menos 25 cm de profundidad y se planten cinco o seis cormos por maceta. Requiere más disciplina de riego que en tierra, pero permite ponerla en una terraza donde se vea de cerca, que es como mejor se aprecia el moteado del centro de la flor.

En resumen

La flor de un día (Tigridia pavonia) es un cormo mexicano de ciclo estival: se planta en primavera, entre marzo y mayo, a 8-10 cm de profundidad, a pleno sol y en suelo fértil y drenado. Cada flor dura efectivamente una jornada, pero la planta abre flores nuevas durante seis u ocho semanas de julio a septiembre, así que la clave está en plantar muchos cormos juntos y escalonar la plantación. Necesita riego regular y abundante mientras crece —no es una bulbosa de secano— y abono potásico cada quince días. Al acabar, se deja secar el follaje y se arrancan los cormos si vives donde hiela con frecuencia. Se multiplica sola y rápido: de un puñado de cormos salen decenas en pocos años.


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