Agosto, el arriate medio quemado, las vivaces de junio ya pasadas y las de otoño todavía sin arrancar. En ese hueco es donde la galtonia levanta escapos de más de un metro con veinte o treinta campanillas blancas colgando, y por eso vale la pena tenerla, aunque casi ningún catálogo la ponga en portada.
Origen y botánica
La especie que se cultiva es Galtonia candicans, aunque los botánicos la trasladaron hace años al género Ornithogalum y su nombre aceptado hoy es Ornithogalum candicans. El comercio sigue vendiéndola como galtonia, y así se la llama en la práctica. Pertenece a las asparagáceas, dentro del grupo de los jacintos y las escilas, y el nombre del género honra a Francis Galton.
Procede del sur de África, pero —y este es el dato que lo explica todo— no de las zonas secas y mediterráneas del Cabo, sino de las praderas húmedas de montaña del Drakensberg, en KwaZulu-Natal, el Estado Libre y Lesoto, entre 1.500 y 2.500 metros de altitud. Allí llueve en verano y el invierno es frío y seco. La planta funciona en consecuencia: crece y florece en verano con agua abundante, y pasa el invierno dormida bajo tierra seca y helada.
Se la conoce como jacinto de verano o jacinto del Cabo, nombres que despistan bastante: no es un jacinto y las flores no tienen nada que ver con la espiga apretada de Hyacinthus. Lo que sale es un escapo alto y limpio, con las campanillas repartidas a lo largo del tercio superior, todas colgando, blancas y con un fino borde verdoso en la base de los tépalos. El aroma existe pero es discreto, dulce y sobre todo perceptible al atardecer.
El bulbo es verdadero, de escamas, y grande: de seis a ocho centímetros de diámetro en ejemplares adultos, con aspecto de cebolla clara. Las hojas son acintadas, gruesas, algo glaucas y arqueadas, de sesenta a noventa centímetros, y forman un penacho basal antes de que salga el escapo.
Especies y variedades
Además de Galtonia candicans, que es la que se encuentra en cualquier catálogo, hay dos que aparecen de vez en cuando en viveros especializados:
- Galtonia viridiflora. Más baja, entre sesenta y noventa centímetros, con flores de un verde pálido muy elegante y campanillas algo más anchas. Florece algo más tarde. Es notablemente menos rústica que la anterior y en jardín frío conviene levantarla o cultivarla en maceta.
- Galtonia princeps. Flores verdosas también, más cortas y más agrupadas, y floración más temprana, hacia final de junio o julio. Poco frecuente.
De G. candicans apenas hay cultivares seleccionados: se vende la especie tal cual, con variación de altura según el calibre del bulbo y la fertilidad del suelo. Un bulbo grande en tierra rica pasa del metro veinte; el mismo bulbo en suelo pobre y seco se queda en setenta centímetros.
El error que hunde a esta planta
Merece un apartado propio porque es el motivo por el que mucha gente la prueba una vez y no repite. La galtonia no es un bulbo mediterráneo. No se comporta como un narciso, un tulipán o una freesia, que crecen con las lluvias de otoño e invierno y se secan en verano.
Aquí es al revés: el bulbo brota en primavera, crece durante todo el verano y necesita agua constante justo en los meses en que el jardín español está más seco. Plantarla en un arriate de secano, dejarla sin riego en julio y esperar flores es garantizar una decepción: las hojas se agostan, el escapo sale corto o no sale, y el bulbo se queda del mismo tamaño que se plantó.
La consecuencia práctica es que la galtonia debe ir en las zonas regadas del jardín, con las hostas, las dalias, las hemerocalis o las gramíneas de verano, y no en la parte seca con las lavandas y los santolinas. En el norte húmedo esto se resuelve casi solo; en Madrid, Zaragoza o Sevilla, hay que ponerla donde llegue el riego de verdad.
Cuándo y cómo plantar
Los bulbos se venden en primavera. Se plantan cuando ha pasado el riesgo de heladas fuertes: de febrero a marzo en el litoral y en el sur, de marzo a abril en el interior y en el norte. Si te retrasas hasta mayo, florecerá igual pero más tarde y más bajo.
- Profundidad: de 15 a 20 cm hasta la parte superior del bulbo. Es más de lo que la gente suele poner, y es importante: el escapo mide más de un metro y necesita anclaje. Plantada superficial, la mata se vuelca con la primera tormenta de agosto.
- Distancia: de 30 a 40 cm entre bulbos. Es una planta grande y las hojas ocupan.
- Cantidad: un bulbo suelto se pierde en el arriate. Planta grupos de tres, cinco o siete; el efecto de las campanillas repetidas a distinta altura es la mitad de la gracia.
- Orientación: con la punta hacia arriba y la base plana de raíces abajo, como cualquier bulbo escamoso.
En el fondo del hoyo, un puñado de compost bien hecho mezclado con la tierra. Si el suelo es muy arcilloso, añade también arena gruesa: la galtonia quiere humedad, no barro estancado, y esa distinción es la que decide si el bulbo sobrevive al invierno.
Suelo, luz y exposición
Suelo. Profundo, fértil, rico en materia orgánica y capaz de retener agua sin encharcarse. El pH le da bastante igual mientras no sea extremo; se adapta bien a los suelos neutros y ligeramente calizos de gran parte de España.
Luz. Pleno sol en el norte y en el centro. En Andalucía, Extremadura y el Levante interior, donde el sol de agosto pega a cuarenta grados, agradece sombra de mediodía: las flores duran más días y las hojas no se queman por los bordes. La sombra ligera de un árbol de copa alta o el costado este de un seto es el sitio perfecto.
Viento. Es su punto débil. Un escapo de metro y pico con el peso en la parte alta se dobla o se troncha en un sitio expuesto. La solución elegante no es la caña: es plantarla entre vecinas de porte medio —dalias, salvias arbustivas, Miscanthus, hemerocalis— que le sirvan de sostén sin que se note.
Riego y abonado
Desde que asoman las hojas en primavera hasta que la floración termina, riego abundante y regular. El sustrato debe mantenerse fresco de forma continua; los altibajos de sequía y encharcado producen escapos cortos y botones que se secan sin abrir. En verano peninsular, eso puede significar regar dos o tres veces por semana en jardín y a diario en maceta.
Un acolchado de cinco centímetros de compost, corteza o paja alrededor de la mata reduce mucho el riego necesario y mantiene la raíz fresca. Es de las plantas que más se benefician del mulch.
En septiembre y octubre, con la floración acabada, se va reduciendo. Durante el invierno, seco: no se riega en absoluto. En zonas de lluvia invernal intensa y suelo pesado, la humedad de esos meses es el principal riesgo de pudrición.
Para el abonado, basta con enmendar el suelo con compost en la plantación y aplicar un fertilizante rico en potasio cada dos o tres semanas desde que la planta tiene un palmo de hoja hasta el final de la floración. El nitrógeno en exceso produce hojas enormes, blandas y tumbadas, y escapos que se doblan.
Floración y qué hacer después
Florece en julio y agosto, y cada escapo aguanta abierto tres o cuatro semanas, abriendo campanillas de abajo hacia arriba. Un bulbo adulto y bien alimentado puede emitir dos escapos.
Cuando termina, tienes dos opciones. Cortar el escapo por la base evita que la planta gaste energía en semilla y engorda el bulbo. O dejarlo: las cápsulas verdes que se forman maduran a marrón y se sostienen erguidas hasta bien entrado el otoño, con un aire escultórico que combina muy bien con las gramíneas secas.
Lo que no se toca es el follaje. Las hojas se dejan hasta que amarillean y se secan solas, en octubre o noviembre; es en esas semanas cuando el bulbo reconstituye sus reservas para el año siguiente. Cortar las hojas verdes en septiembre porque han quedado feas es la forma habitual de tener una galtonia que florece cada vez peor.
Invernada: dejar en tierra o levantar
Galtonia candicans es razonablemente rústica: viene de montaña y aguanta en tierra hasta unos -10 o -12 °C si el bulbo está bien enterrado y el suelo drena. Corresponde a zonas 6-7. El frío por sí solo rara vez la mata en España.
Lo que la mata es el agua invernal en suelo pesado. Un bulbo dormido dentro de arcilla saturada durante tres meses se pudre aunque no hiele nunca. De ahí la regla práctica:
- Suelo drenante y clima de invierno moderado (litoral mediterráneo, sur, valles del interior con buen suelo): se deja en tierra, con un acolchado de diez centímetros de hojarasca o corteza sobre la mata, que se retira en marzo.
- Suelo arcilloso o inviernos de heladas prolongadas (meseta norte, Aragón interior, zonas de montaña): se levantan los bulbos en octubre-noviembre, cuando el follaje se ha secado. Se limpian, se dejan orear unos días a la sombra y se guardan en cajas con turba seca, viruta o serrín, en un lugar fresco, oscuro y sin humedad, entre 5 y 10 °C. Se revisan una vez a mitad de invierno y se retira cualquiera que esté blando.
- En maceta: lo más simple es dejar la maceta entera, sin regar, resguardada de la lluvia bajo un porche o contra una pared, y volver a sacarla y regarla en marzo.
Cultivo en maceta
Funciona bien y es la vía razonable en terraza. Necesita recipiente grande: mínimo 30 cm de diámetro y otro tanto de profundidad, con tres bulbos, o una maceta de 25 cm con uno solo. Poner una galtonia en un tiesto de 18 cm es condenarla a un escapo raquítico.
Sustrato de calidad con un tercio de compost y algo de perlita para el drenaje. En maceta el riego es diario en pleno verano y el abonado quincenal es imprescindible, porque el volumen de tierra se agota rápido. Y ojo con el vuelco: una maceta ligera con un metro veinte de planta encima se cae con cualquier racha. Mejor barro o cemento que plástico.
Multiplicación
Por bulbillos. Con los años, el bulbo madre produce hijuelos laterales. Al levantar la mata en otoño, o al final del reposo justo antes de plantar en primavera, se separan a mano —salen solos si están maduros— y se plantan aparte. Los mayores florecen a los dos años; los pequeños tardan tres. Conviene dividir las matas cada cuatro o cinco años, porque cuando se apiñan demasiado florecen menos.
Por semilla. Es fácil y la especie se resiembra sola en jardines que le van bien. Recoge las cápsulas cuando estén marrones y abriéndose, siembra en primavera en bandeja con sustrato de semillero, cubre con medio centímetro y mantén a 15-20 °C y húmedo. Germinan en tres o cuatro semanas. A partir de ahí hay que tener paciencia: de la semilla a la primera flor pasan tres o cuatro años. A cambio, al ser especie pura y no híbrido, las plantas salen fieles a la madre.
Plagas y problemas
Babosas y caracoles. Son el enemigo número uno, y con diferencia. Los brotes tiernos que emergen en primavera, gruesos y jugosos, son exactamente lo que buscan; una noche húmeda de abril puede dejar la mata reducida a muñones. Vigila desde que asoma la primera punta y usa barreras, trampas de cerveza o fosfato férrico si hace falta.
Pulgón. Aparece en el escapo y en los botones. Molesta más que daña; agua a presión o jabón potásico lo resuelven.
Podredumbre del bulbo. Por encharcamiento, sobre todo invernal. Se manifiesta como brotación irregular en primavera, o directamente ninguna brotación. No tiene arreglo una vez ocurrido; se previene con drenaje y con no regar en reposo.
No florece. Las tres causas habituales, por orden: bulbo demasiado pequeño o todavía joven, falta de agua en pleno verano, y mata vieja demasiado apiñada que necesita división.
Cómo usarla en el jardín
Su papel natural es el fondo o segundo plano de arriate, aportando verticales blancas en el momento del año en que casi todo el color es amarillo, naranja y granate. Combina especialmente bien con dalias de flor oscura, Crocosmia, Rudbeckia, salvias azules y gramíneas ornamentales, que además le sirven de apoyo físico.
En jardín de noche funciona muy bien: el blanco puro destaca a la luz baja y el perfume se nota más al atardecer, así que tiene sentido plantarla cerca de una terraza que se use en verano.
Como flor cortada es una desconocida que merece más uso. Los escapos duran de ocho a doce días en jarrón si se cortan cuando las tres o cuatro campanillas inferiores están abiertas y las demás todavía en botón. Al ser tan altos, piden jarrón alto y pesado, o recortarlos y usarlos en composiciones más bajas.
En resumen
La galtonia (Galtonia candicans, hoy Ornithogalum candicans) es una bulbosa sudafricana de montaña que crece y florece en verano, justo al contrario que los bulbos mediterráneos. Se planta de febrero a abril, a 15-20 cm de profundidad y 30-40 cm de separación, en suelo profundo, fértil y drenante, y en grupos de tres o más. Riego abundante y continuado durante todo el verano —ese es el punto crítico en clima español—, abonado potásico quincenal y acolchado. Florece en julio y agosto con escapos de más de un metro y campanillas blancas colgantes. El follaje se deja secar entero. En invierno, seco y en reposo: se puede dejar en tierra con acolchado si el suelo drena bien, o levantar y guardar a 5-10 °C donde la arcilla y la lluvia sean un riesgo. Se multiplica por bulbillos y hay que dividir las matas cada cuatro o cinco años. Y vigila las babosas en abril, que se comen los brotes antes de que te des cuenta.