Las Ixia se plantan en otoño. Ese dato, que parece menor, explica la mayor parte de los fracasos con este género: se venden en muchos catálogos junto a los gladiolos y las dalias, en la sección de "bulbos de primavera", y quien las entierra en marzo obtiene tallos raquíticos, dos flores mustias y un cormo que no llega al año siguiente. No es culpa de la planta ni del clima: es un calendario equivocado.

Qué son las Ixia

Ixia es un género de la familia de las iridáceas, la misma de lirios, gladiolos, freesias y crocus, con unas cincuenta especies, todas ellas del suroeste de Sudáfrica, concretamente de la región del Cabo. Y ahí está la clave de todo: el Cabo tiene clima mediterráneo, con lluvias de invierno y verano seco. Las Ixia han evolucionado para brotar con las primeras lluvias del otoño, crecer durante el invierno, florecer al final de la primavera y desaparecer bajo tierra durante el verano seco.

Aunque se hable de ellas como bulbosas, lo que tienen bajo tierra no es un bulbo sino un cormo: un tallo subterráneo macizo, redondeado y aplanado, de 1,5 a 3 cm, envuelto en túnicas fibrosas de color pajizo. A diferencia del bulbo, el cormo no está formado por capas carnosas y se consume por completo cada temporada, generando uno nuevo encima del viejo. Por eso el manejo del final de temporada importa tanto: si el follaje se elimina antes de tiempo, el cormo de repuesto se queda pequeño.

Nuestro clima peninsular mediterráneo es prácticamente el mismo que el de su casa, con las lluvias en la misma época y la sequía en la misma. Bien plantadas, las Ixia son de las bulbosas más agradecidas que se pueden tener en España, y en muchas zonas del sur y del levante se naturalizan y vuelven solas año tras año.

Espiga de Ixia con flores estrelladas de centro oscuro

Cómo son la planta y la flor

Del cormo sale un manojo de hojas estrechas, rígidas y lineares, dispuestas en abanico, como las de una freesia pequeña, de 20 a 40 cm. Entre ellas se levanta un escapo muy fino y flexible, casi de alambre, de 40 a 60 cm según la especie, rematado por una espiga con entre 6 y 15 flores.

La flor tiene seis tépalos que se abren en estrella desde un tubo basal estrecho, con un diámetro de 3 a 5 cm. En la mayor parte de las variedades comerciales el centro es de un color oscuro contrastado -granate, púrpura casi negro- que dibuja un ojo muy marcado sobre fondo blanco, rosa, rojo, amarillo o naranja. Ese ojo es la firma visual del género.

Hay una particularidad que conviene conocer antes de decidir dónde plantarlas: las flores solo se abren con sol directo. En días nublados, a primera hora de la mañana y a partir del atardecer, permanecen cerradas en forma de huso. Una Ixia a media sombra puede estar en flor durante semanas sin que llegues a verla abierta nunca. No es un defecto de cultivo, es su fisiología.

Especies que merece la pena buscar:

Ixia viridiflora es la joya del género y una rareza botánica: flores de un verde turquesa improbable con centro púrpura oscuro, un color casi inexistente entre las flores. Es más exigente y menos vigorosa que las demás, pero merece el intento en maceta.

Ixia maculata, de flores amarillas o anaranjadas con centro pardo, es la base de buena parte de los híbridos de jardín. Ixia paniculata tiene flores cremosas de tubo muy largo y espigas altas, elegantes para corte. Ixia dubia aporta naranjas intensos, e Ixia monadelpha, tonos malvas y azulados poco frecuentes.

Lo que se vende habitualmente en bolsa mezclada como "Ixia híbrida" procede del cruce de varias de estas especies. Son las más resistentes y las más recomendables para empezar; los cultivares botánicos puros conviene abordarlos después.

Flores verde turquesa de Ixia viridiflora con el centro oscuro

Cuándo y cómo plantar los cormos

La época: de octubre a noviembre en la mitad sur, el levante y el litoral atlántico templado; a finales de septiembre o principios de octubre en zonas frescas donde interese que arraiguen antes de los primeros fríos. Nunca en primavera.

La profundidad: entre 5 y 8 cm, con la parte apuntada hacia arriba. Si dudas de la orientación, plántalo de lado: el brote se orienta solo. En terreno arenoso y en zonas de heladas puedes ir a 10 cm, porque unos centímetros más de tierra funcionan como aislante.

El marco: de 8 a 10 cm entre cormos. Estas plantas ocupan poquísimo y, aisladas, quedan pobres. El efecto se consigue con grupos de veinte, treinta o cincuenta unidades juntas, no con hileras espaciadas. En maceta, siete u ocho cormos en un tiesto de 20 cm de diámetro.

El primer riego justo tras plantar, para asentar la tierra y disparar el enraizamiento. A partir de ahí, en el clima peninsular normal, las lluvias de otoño e invierno suelen bastar.

Un apunte sobre la floración: en zonas cálidas del sur florecen desde finales de marzo, y en el centro y norte peninsular, entre abril y junio. La espiga dura abierta unas tres semanas, y escalonando la plantación en dos o tres tandas separadas por quince días se estira el conjunto hasta un mes y medio largo.

Ubicación, suelo y riego

Sol directo, cuanto más mejor. Ya está dicho el motivo: sin sol no abren. Además, a la sombra el escapo se ahíla, se dobla y acaba tumbado. Busca la orientación sur o suroeste y, si puedes, un lugar resguardado del viento fuerte, porque esos tallos finos se quiebran.

Suelo suelto y muy drenante. Arenoso o franco-arenoso, con pH de ligeramente ácido a neutro. En suelos arcillosos y compactos el cormo se pudre durante el reposo estival, cuando llegan las tormentas de agosto. Si tu tierra es pesada, la solución no es enmendarla con materia orgánica -eso retiene todavía más humedad-, sino plantar en un caballón elevado, en rocalla o directamente en maceta, con una mezcla de dos partes de sustrato universal y una de arena gruesa o perlita, y drenaje generoso en el fondo.

El riego tiene dos fases muy distintas. Desde la brotación otoñal hasta que termina la floración, la tierra debe estar fresca sin llegar a encharcarse: con lluvias normales no hará falta regar salvo en inviernos secos o en maceta. Cuando la flor se marchita y las hojas empiezan a amarillear, se reduce el riego progresivamente y luego se corta del todo. En verano, sequía absoluta.

Este último punto es el que se salta más gente y el que más cormos mata. Regar un arriate en julio y agosto porque hay otras plantas alrededor equivale a pudrir las Ixia. Si no puedes evitar el riego estival de la zona, levanta los cormos en cuanto el follaje esté seco, límpialos, sécalos a la sombra y guárdalos en una bolsa de papel o una caja con serrín, en un sitio seco y ventilado hasta octubre. En el norte húmedo, con veranos lluviosos, esto no es una opción: es lo normal.

Y no cortes las hojas verdes en cuanto pase la flor. Ese follaje amarilleando, que resulta feo, está cargando el cormo nuevo para el año siguiente. Se retira cuando está completamente seco y sale solo al tirar de él.

Abonado

No son plantas exigentes, pero agradecen un aporte bien orientado. Al plantar, mezcla en el fondo del hoyo un puñado de abono de liberación lenta para bulbosas o algo de harina de huesos. Después, desde que asoman los botones florales hasta que la última flor se marchita, un fertilizante líquido rico en potasio y bajo en nitrógeno -sirve el de tomateras- cada dos semanas.

El exceso de nitrógeno es contraproducente: da hoja abundante, tallos blandos que se tumban y cormos flojos. Y nada de estiércol fresco, que además favorece la podredumbre.

Multiplicación

Por cormillos. Es la vía práctica. Cada cormo produce a su alrededor varios hijuelos pequeños durante la temporada. Al levantarlos en verano, sepáralos con la mano -se desprenden solos si están maduros- y plántalos en otoño en un semillero o rincón aparte, algo menos profundos. Florecen al cabo de una o dos temporadas, cuando alcanzan calibre suficiente.

Por semilla. Interesa sobre todo para las especies botánicas. Se recogen las cápsulas maduras en verano y se siembran en otoño, en bandeja con sustrato arenoso, cubriendo apenas con un par de milímetros, a la intemperie protegida y con temperaturas frescas de 12 a 15 °C. Germinan en unas semanas y hay que armarse de paciencia: la primera floración llega a los dos o tres años. En los híbridos comerciales, además, la descendencia no reproduce fielmente el color de la madre.

Una advertencia sobre sanidad: las iridáceas de este grupo son sensibles a virosis transmitidas por pulgón, que se manifiestan como estrías o jaspeados descoloridos en hojas y flores. No tienen cura. Si aparece una mata así, se retira entera con su cormo y no se propaga de ella. Controlar el pulgón durante la subida del escapo es la mejor prevención. Por lo demás, sus problemas se reducen a los caracoles en los brotes tiernos de invierno y a los roedores, que aprecian los cormos almacenados.

Rusticidad y frío

Las Ixia aguantan heladas ligeras, pero no son plantas de clima continental frío. En cifras aproximadas: el cormo enterrado tolera bien hasta unos -5 °C si el suelo está seco y bien drenado, mientras que el follaje se daña por debajo de -3 o -4 °C, y ese follaje está fuera precisamente durante el invierno. En una helada seria, la mata pierde las hojas y con ellas la floración de ese año, aunque el cormo sobreviva.

Traducido al mapa peninsular: en Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, litoral catalán, Baleares, Canarias y buena parte de la costa atlántica, se plantan y se olvidan. En el interior de Castilla, Aragón, Navarra o zonas de montaña conviene plantarlas más profundas, acolchar con 5-8 cm de paja, corteza u hojarasca desde diciembre, y elegir una posición junto a un muro orientado al sur. Si las heladas de -6 o -7 °C son habituales, la solución razonable es la maceta, resguardada en un porche fresco o un invernadero frío durante las noches más duras, sin meterla nunca en interior caldeado, porque el calor las desmadeja.

Dónde quedan bien

En macizos y bordes de arriate, en manchas densas de color entre plantas de porte bajo que les hagan de compañía y no les den sombra. Combinan de forma natural con otras bulbosas sudafricanas del mismo ciclo, que quieren exactamente el mismo trato: Sparaxis, Babiana, Tritonia, Freesia y Watsonia. Plantadas juntas, comparten calendario de riego y de reposo, lo que simplifica muchísimo el mantenimiento.

En rocalla y jardín seco, donde el drenaje ya viene dado y donde el verano sin riego es la norma. Es su hábitat ideal en un jardín español.

En maceta y jardinera, sobre todo si vives donde llueve en verano o hiela con dureza, porque te da control total sobre el agua y la temperatura. Una jardinera de Ixia en flor sobre una barandilla soleada rinde muchísimo por lo poco que ocupa.

Como flor cortada, que es un uso infravalorado. El tallo es fino pero firme, y en jarrón dura entre siete y diez días. Se corta a primera hora de la mañana cuando hay dos o tres flores abiertas en la espiga y el resto aún en botón; las que quedan se irán abriendo dentro de casa. Eso sí, se cierran de noche también en el florero.

Naturalizadas en pradera o bajo arbolado caduco de sombra ligera, en climas suaves. Con los años, y sin riego de verano, forman colonias que van a más solas.

En resumen

Las Ixia son cormos sudafricanos de ciclo mediterráneo invernal: se plantan en otoño a 5-8 cm de profundidad y en grupos apretados, crecen con las lluvias, florecen entre marzo y junio en espigas de flores estrelladas con el centro oscuro, y pasan el verano dormidas y secas bajo tierra.

Necesitan sol directo -sin él, las flores ni se abren-, suelo muy drenante y una regla de riego que se resume en dos palabras: agua en invierno, sequía total en verano. El resto es sencillo: potasio durante la floración, dejar que el follaje se seque solo antes de retirarlo, separar los cormillos al levantarlos y, en zonas de heladas fuertes, acolchado o maceta. Si el sitio es adecuado, vuelven cada año y se multiplican por su cuenta.


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