La azucena, Lilium candidum, es la planta de jardín más antigua que seguimos cultivando igual que hace tres mil años. Aparece pintada en los frescos minoicos de Creta, la citan los autores griegos y romanos, ha sido el atributo de la pureza en el arte cristiano durante siglos y todavía hoy se planta en patios andaluces y huertos de pueblo exactamente donde la plantaban las abuelas.

Y sin embargo es el lirio que más gente mata, porque casi todo lo que se sabe sobre cómo cultivar un Lilium no vale para este. Es la excepción del género y hay que tratarla como tal.

Origen, nombre y significado

Lilium candidum pertenece a la familia Liliaceae y es originaria del Mediterráneo oriental: los Balcanes, Grecia, las islas del Egeo, Turquía y el Levante mediterráneo. En la Península Ibérica lleva cultivada y asilvestrada tanto tiempo que en muchos sitios se la considera de aquí de toda la vida.

El nombre español azucena viene del árabe hispánico assusána, y este del persa susan, «lirio». El científico, candidum, significa «blanco brillante» en latín. En inglés se la llama Madonna lily, y ese nombre resume su historia simbólica: en la iconografía cristiana la azucena en manos del arcángel Gabriel, en las escenas de la Anunciación, representa la pureza y la virginidad. Antes fue emblema de Hera y de Juno, y en el mundo antiguo se le atribuían usos medicinales; el bulbo macerado en aceite se empleaba en emplastos para quemaduras y forúnculos.

Conviene aclarar una confusión frecuente de vocabulario: en España se llama «lirio» a muchas cosas distintas. Los lirios verdaderos son los Lilium; los lirios de agua son Zantedeschia; el lirio azul o lirio de los jardines suele ser un Iris; y la flor de lis heráldica se inspira más en un iris que en una azucena. La azucena es Lilium candidum, sin más.

Azucena Lilium candidum con sus flores blancas abiertas

Cómo es la planta

El bulbo es escamoso, sin túnica protectora, de color blanco amarillento y de 8 a 12 cm de diámetro. Las escamas son carnosas y frágiles, y se desprenden con facilidad: esto es importante al manipularlo y también es la base de su forma de multiplicación.

El tallo es erecto, sin ramificar, y alcanza entre 1 y 1,8 metros según el vigor de la mata.

Las hojas son de dos tipos, y aquí está una de sus rarezas. Forma una roseta de hojas basales lanceoladas, de hasta 20 o 25 cm, que aparece en otoño y permanece verde todo el invierno. En primavera el tallo se alza desde el centro de esa roseta, cubierto de hojas más pequeñas y dispersas.

Las flores son trompetas de un blanco puro, de 5 a 8 cm de largo, con los tépalos ligeramente recurvados en la punta y anteras de un amarillo intenso. Se agrupan de cinco a veinte por tallo en un racimo terminal y desprenden un perfume potentísimo, dulce y penetrante, que se dispara al atardecer. En un patio cerrado, una sola mata perfuma toda la casa; a algunas personas les resulta excesivo en interiores.

Floración: de finales de mayo a principios de julio según la zona, con el grueso en junio. De ahí su vínculo tradicional con las fiestas de comienzos del verano.

Las cuatro reglas que la diferencian del resto de lirios

Si te quedas con algo de este artículo, que sea esto.

1. Se planta muy superficial. Todos los manuales dicen que los Lilium se plantan a 15 o 20 cm de profundidad. Lilium candidum, no: se planta con la parte alta del bulbo a apenas 2 o 3 cm bajo la superficie, casi asomando. La razón es anatómica: a diferencia de la mayoría de los lirios, esta especie no emite raíces en el tallo por encima del bulbo, solo en la base. Enterrarla hondo no le aporta nada y sí la expone a pudrirse. Es, con diferencia, el error más común y el que explica la mayoría de los fracasos.

2. Se planta antes que los demás. Su ciclo empieza en verano. El reposo es corto —apenas unas semanas en agosto— y en septiembre ya quiere estar enraizando para formar la roseta otoñal. La época de plantación es de agosto a septiembre, como muy tarde a comienzos de octubre. Comprar bulbos de azucena en enero, junto a los demás lilium, es llegar tarde.

3. Quiere cal. La mayoría de los Lilium de jardín piden suelo ácido o al menos neutro. La azucena es calcícola: prospera en suelos calizos, alcalinos, con pH de 7 a 8. Esto la convierte en el lirio ideal para buena parte de España, donde los suelos son básicos y donde los lilium asiáticos y orientales se pasan la vida cloróticos.

4. No quiere que la muevan. Es una planta que tarda un par de temporadas en asentarse y que luego puede estar quince o veinte años en el mismo sitio floreciendo cada vez mejor. Cambiarla de lugar cada dos años es garantizar que nunca dé lo mejor de sí.

Ubicación y suelo

Ubicación. Sol directo durante buena parte del día. En el norte y en el interior, pleno sol. En Andalucía, Murcia o el Levante, lo ideal es sol de mañana y algo de sombra en las horas centrales de junio, que es cuando está en flor y el calor puede acortarla. Un rincón resguardado del viento fuerte también ayuda: los tallos altos y cargados de flores se vencen.

Suelo. Suelto, profundo y muy bien drenado, con contenido moderado de materia orgánica y preferiblemente calizo. En terreno arcilloso hay que enmendarlo con arena gruesa y compost, o plantar en un caballón elevado de 20 cm.

Lo que no tolera: el agua estancada, el estiércol fresco en contacto con el bulbo y los acolchados gruesos apoyados sobre el cuello de la planta. Los tres provocan pudrición.

Plantación paso a paso

Se cava el hoyo a 25 o 30 cm de profundidad, más de lo que va a ir el bulbo, para mullir bien la tierra por debajo. Se mezcla la tierra extraída con compost bien maduro y, si es pesada, con arena gruesa.

Se rellena hasta dejar un lecho, se pone en el fondo un par de centímetros de arena gruesa —un colchón drenante bajo el bulbo evita problemas— y se asienta el bulbo con la punta hacia arriba.

Se cubre dejando solo 2 o 3 cm de tierra sobre la punta del bulbo. Se separan las azucenas de 25 a 30 cm entre sí, en grupos de tres o cinco.

Se riega para asentar la tierra y, a partir de ahí, riegos moderados hasta que aparezca la roseta.

Riego

El calendario de riego sigue el ciclo de la planta:

Otoño e invierno: con la roseta formada, poco riego. En la mayor parte de la Península, la lluvia basta. Solo se riega si encadena varias semanas de sequía.

Primavera: desde que sube el tallo hasta la floración, el suelo debe mantenerse fresco. Es el momento de más consumo. Un riego semanal generoso suele ser suficiente en tierra; en macetas, más frecuente.

Verano: tras la floración se reduce, y en agosto se suprime prácticamente del todo. El reposo estival seco es parte del ciclo, no un descuido.

Siempre al pie, sin mojar las hojas. Es una precaución esencial en esta especie por lo que veremos en el apartado de enfermedades.

Abonado

Es una planta agradecida pero no glotona. Un buen esquema es:

Compost maduro o humus de lombriz en superficie, a finales de invierno, sin llegar a tapar el cuello de la roseta.

Abono líquido rico en potasio y fósforo, cada quince días, desde que el tallo empieza a subir hasta que se abre la primera flor.

Nada de nitrógeno abundante. Produce tallos largos, blandos y quebradizos, y sobre todo hojas tiernas mucho más vulnerables a los hongos.

Si tu suelo es ácido —norte de España, Galicia, zonas de sierra sobre granito— un aporte de ceniza de madera tamizada o de cal agrícola en pequeña cantidad al año le sienta bien. Es la única bulbosa de jardín en la que este consejo tiene sentido.

Racimo de flores blancas de Lilium candidum

Poda y mantenimiento tras la floración

Cuando cada flor se marchita, se corta solo la flor, para evitar que forme cápsula de semillas. El tallo con sus hojas se deja íntegro hasta que amarillee y se seque por completo, normalmente en agosto. Entonces se corta a ras de suelo.

Es la misma regla de siempre en bulbosas, pero aquí hay un matiz importante: al poco de secarse el tallo empieza a brotar la roseta de otoño. Es decir, la azucena pasa muy poco tiempo desnuda. No la des por muerta en agosto ni la arranques pensando que se ha perdido.

Si vas a usarla como flor cortada, córtala por la mañana con el primer capullo abriendo y deja al menos un tercio del tallo con hojas en la planta. Un consejo doméstico: retira las anteras con unas pinzas antes de que suelten polen, porque el polen de las azucenas mancha la ropa y los manteles y no sale con agua.

Multiplicación

Por división de bulbos. La forma más sencilla. Cada tres o cuatro años, en agosto, con la planta en reposo, se levanta la mata con cuidado y se separan los bulbos hijos que se han formado alrededor del principal. Se replantan de inmediato: el bulbo no tiene túnica y se deshidrata en cuestión de días fuera de la tierra.

Por escamado. Es el método clásico de propagación de lirios y funciona muy bien. En agosto se desprenden escamas externas sanas del bulbo, tirando hacia abajo para que salgan con un trozo de disco basal. Se espolvorean con azufre o con un fungicida, se meten en una bolsa con vermiculita o turba ligeramente húmeda y se guardan a unos 20 °C en oscuridad. En seis u ocho semanas forman bulbillos en la base. Se plantan entonces en macetas y florecerán en dos o tres años.

Por semilla. Se siembra fresca, en otoño, en bandeja con sustrato calizo y drenante. Germina bien, pero desde la siembra hasta la primera flor pasan de tres a cuatro años. Su ventaja: las plantas de semilla nacen libres de los virus que se acumulan en los clones propagados vegetativamente durante décadas.

Plagas y enfermedades

Botritis (Botrytis elliptica). Es su gran enemigo y la razón de la mitad de los disgustos. Aparece en primaveras húmedas y templadas como manchas ovaladas pardo-rojizas en las hojas, que se extienden, se cubren de un fieltro gris y pueden llegar a arruinar los capullos. La azucena es especialmente sensible.

La prevención es más eficaz que cualquier tratamiento: no mojar el follaje al regar, plantar con espacio suficiente para que corra el aire, retirar y quemar las hojas afectadas y no dejar restos vegetales secos alrededor de la mata en invierno, porque el hongo inverna ahí. En zonas donde es recurrente, un tratamiento preventivo con caldo bordelés o con oxicloruro de cobre a la salida del invierno, antes de que empiece la humedad de abril, reduce mucho la incidencia.

Criocero del lirio (Lilioceris lilii). Escarabajo rojo brillante de un centímetro. Sus larvas, cubiertas de excrementos, defolian la planta en pocos días. La revisión manual desde marzo, recogiendo adultos y larvas por la mañana, es el control más eficaz en un jardín doméstico.

Pulgón. Molesto por sí mismo y, sobre todo, porque transmite virus (mosaico del lirio). Una mata con hojas jaspeadas de amarillo, flores deformadas y pérdida progresiva de vigor probablemente esté virosada, y eso no tiene cura: hay que arrancarla y no replantar lirios ahí.

Babosas y caracoles. Atacan la roseta de invierno y los brotes tiernos de primavera.

Pudrición basal (Fusarium). Ligada al exceso de humedad y a suelos mal drenados.

Rusticidad

Es una planta rústica: el bulbo aguanta sin problemas heladas de -15 °C y necesita frío invernal para florecer bien. Lo que puede sufrir es la roseta de hojas verdes que mantiene todo el invierno, que se estropea con heladas fuertes y prolongadas. No es grave —la planta rebrota en primavera— pero en zonas de invierno duro conviene protegerla con un acolchado ligero de paja alrededor de la roseta, sin taparla.

En clima cálido de litoral, el problema es el contrario: inviernos demasiado suaves que no le dan las horas de frío que necesita, con lo que la floración resulta más pobre. En esas zonas se comporta bien igualmente, pero rinde menos que en el interior.

Un aviso importante si tienes gato

Todas las especies del género Lilium, incluida la azucena, son gravemente tóxicas para los gatos. No solo el bulbo: las hojas, los pétalos, el polen y hasta el agua del jarrón pueden provocar un fallo renal agudo, con frecuencia mortal, incluso en cantidades mínimas. Si convives con gatos, no metas azucenas cortadas en casa y valora si merece la pena tenerlas en un patio al que tengan acceso. En perros la toxicidad es mucho menor, pero la ingestión del bulbo causa igualmente trastornos digestivos.

Cómo elegir los bulbos al comprarlos

Se venden en verano y a comienzos de otoño, que es su temporada, en viveros y garden centers, y también por catálogo especializado. Al elegirlos, fíjate en que:

Estén firmes y pesados, sin zonas blandas ni hundidas.

Las escamas no estén arrugadas ni resecas. Un bulbo deshidratado de azucena rara vez se recupera.

No presenten moho azulado ni verdoso en la base.

Tengan un calibre decente, de 16 cm de perímetro para arriba: los bulbos pequeños tardan dos o tres años en dar una floración digna.

Y plántalos el mismo día que llegan a casa. Si no puedes, guárdalos unos pocos días en una bolsa con turba apenas húmeda, nunca al aire libre en una repisa.

En resumen

Lilium candidum, la azucena, es un lirio mediterráneo que rompe casi todas las reglas del género. Se planta en agosto o septiembre, no en invierno; a solo 2 o 3 cm de profundidad, no a veinte; en suelo calizo y alcalino, no ácido; y forma una roseta de hojas que pasa el invierno verde. Quiere sol, suelo muy drenado, riego moderado al pie sin mojar las hojas, abono potásico en primavera y verano seco. Su principal enemigo es la botritis, que se combate con ventilación y follaje seco mucho mejor que con productos. Es tóxica para los gatos. Y si aciertas con el sitio y la dejas tranquila, es una planta para toda la vida: mejora año tras año y no pide casi nada a cambio.


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