A primeros de marzo, con el jardín todavía en pausa y los arriates sin apenas hoja, del suelo asoman unos brotes gruesos, apretados y a menudo teñidos de granate. Son los Lilium. En dos meses habrán levantado un tallo de un metro y a finales de mayo empiezan a abrirse las primeras flores del género, cuando la mayor parte de los bulbos de verano ni siquiera ha roto la superficie.
Esa precocidad, unida a que el género abarca desde mayo hasta bien entrado septiembre según el grupo, convierte a los lirios en una herramienta poco aprovechada para encadenar floraciones en un jardín mediterráneo. Y explica por qué se venden tanto en maceta y en flor cortada: hay lilium abierto durante cuatro meses seguidos si se eligen bien.
Qué es exactamente un lilium
El género Lilium reúne alrededor de un centenar de especies del hemisferio norte, más varios miles de híbridos de jardín. Todas comparten un bulbo muy característico: escamoso y sin túnica protectora. No tiene esa piel seca de papel que envuelve al tulipán o a la cebolla; está formado por escamas carnosas superpuestas, como una alcachofa.
Ese detalle anatómico manda sobre casi todo el cultivo. Un bulbo sin túnica se deshidrata en pocos días fuera de la tierra y se pudre con la misma facilidad si el suelo se encharca. Por eso conviene comprarlos firmes, pesados, sin escamas arrugadas ni blandas, y plantarlos cuanto antes. Si hay que esperar, se guardan en una bolsa con turba o vermiculita apenas húmeda, en el cajón de la verdura de la nevera, nunca al aire.
Conviene además no confundirlos con plantas que llevan nombre de lirio y no lo son. El lirio de agua es un Zantedeschia, el lirio azul del jardín suele ser un Iris y la llamada azucena del Nilo es una Agapanthus. La azucena de toda la vida, esa sí, es un lilium: Lilium candidum.
Los grupos y su calendario
Comprar lilium por el color de la foto es la manera más rápida de acabar con todo abierto la misma semana. La clasificación hortícola divide el género en grupos que se comportan de forma muy distinta, y saber a cuál pertenece cada variedad da más información que cualquier etiqueta comercial.
Híbridos asiáticos. Los más tempranos y los más fáciles. Florecen de finales de mayo a junio, miden entre 60 y 100 cm, aguantan suelos poco ácidos y multiplican bien. La contrapartida: no huelen. Sus flores son abiertas, de colores muy saturados —naranjas, amarillos, rojos, albaricoques— y suelen mirar hacia arriba. Variedades como 'Gran Paradiso' o 'Citronella' entran aquí.
Híbridos LA. Cruce entre Lilium longiflorum y los asiáticos. Florecen a continuación, en junio, con flores más grandes y un perfume ligero. Son los caballos de batalla de la flor cortada porque tienen tallos rígidos y duran mucho en jarrón.
Híbridos de trompeta y aurelianos. Julio. Flores largas en forma de embudo, muy perfumadas al atardecer, sobre tallos que pasan del metro y medio. 'African Queen' o 'Regale Album' son ejemplos clásicos.
Híbridos orientales. El perfume grande del género y también los más exigentes. Julio y agosto, flores enormes, a menudo con estrías y motas, y una necesidad clara de suelo ácido. 'Stargazer', 'Casa Blanca' o 'Sorbonne' son los nombres más repetidos.
Híbridos OT u orienpet. Cruce de orientales con trompetas. Cierran la temporada en agosto, alcanzan dos metros en suelos buenos y toleran el calor y la cal bastante mejor que sus parientes orientales puros. En el interior peninsular son con diferencia la apuesta más segura si se quiere perfume.
Con un asiático, un LA, una trompeta y un orienpet plantados a la vez se cubre de mayo a agosto sin repetir floración. Es un truco viejo de jardinero y sigue funcionando.
Plantación: la profundidad importa más de lo que parece
Los lilium se plantan en otoño, de octubre a noviembre, o a finales de invierno, de febrero a primeros de marzo. La plantación otoñal da plantas más robustas porque el bulbo enraíza durante el invierno; la de febrero es la habitual con los bulbos que llegan a los centros de jardinería en esa época y funciona bien, aunque la floración se retrasa unas semanas el primer año.
La regla es cubrirlos con dos o tres veces su propia altura de tierra, lo que en la práctica significa entre 15 y 20 cm de profundidad para un bulbo de calibre medio. Es más de lo que la intuición pide, y hay una razón concreta: los híbridos de jardín emiten raíces de tallo, es decir, un segundo juego de raíces que nace del tallo por encima del bulbo. Si el bulbo queda somero, esas raíces no tienen tierra donde desarrollarse, la planta se alimenta peor y el tallo acaba tumbándose con el peso de las flores.
La excepción, y es una excepción importante porque contradice todo lo anterior, es Lilium candidum. La azucena se planta en agosto y casi en superficie, con apenas 2 o 3 cm de tierra sobre el bulbo, porque emite una roseta de hojas que pasa el invierno en verde. Plantarla honda y en noviembre, como el resto, es el error que hace que tantas azucenas compradas nunca lleguen a florecer.
Distancia entre bulbos: 20-25 cm en el jardín. En maceta, tres bulbos en un contenedor de 25-30 cm de diámetro, y sobre todo profundo: un tiesto ancho y bajo no sirve para lilium.
Suelo, riego y abonado
El drenaje es innegociable. En suelos pesados conviene plantar sobre un lecho de arena gruesa o, mejor, levantar el arriate unos centímetros. En maceta, una mezcla de sustrato universal con un tercio de perlita o arena de río resuelve el problema.
El pH separa los grupos. Los orientales quieren suelo ácido, en torno a 5,5-6,5, y en buena parte de España el terreno es calizo; ahí amarillean por clorosis férrica y se pierden en dos temporadas. La solución práctica es cultivarlos en maceta con sustrato para acidófilas y regar con agua de baja dureza, o al menos corregir con quelato de hierro. Los asiáticos y los orienpet toleran pH neutro sin problema, y Lilium candidum o Lilium martagon viven bien incluso en suelos francamente calizos.
La regla clásica de exposición es la cabeza al sol y el pie a la sombra: flor a pleno sol o media sombra, pero base del tallo y suelo cubiertos, ya sea con un acolchado o con plantas bajas delante. En el sur peninsular, con veranos de más de 38 ºC, el sol de tarde quema los pétalos de los orientales; media sombra a partir de las cinco es lo ideal.
Riego regular durante el crecimiento, sin llegar a encharcar nunca, y reducido en cuanto el follaje empieza a amarillear. El abonado que mejor les va es bajo en nitrógeno y alto en potasio —sirve perfectamente un abono para tomateras—, cada dos semanas desde que asoma el brote hasta un mes después de la floración. El exceso de nitrógeno da tallos blandos que se tumban y hojas más sensibles a la botritis.
Después de la flor: el error que mata más bulbos
Existe la idea de que el lilium es una planta de un solo año, que florece y se acaba. No lo es: en condiciones razonables un bulbo dura y crece durante años. Lo que sí acaba con él es lo que se hace después de la floración.
Cuando la flor se marchita, hay que cortar solo la flor seca, incluida la incipiente cápsula de semillas, para que el bulbo no gaste energía en producirlas. El tallo con sus hojas se deja entero hasta que amarillee del todo, normalmente en septiembre u octubre, porque es en esas semanas cuando el bulbo se recarga para el año siguiente. Cortar el tallo verde en julio, por estética, equivale a dejar el bulbo a media batería.
Lo mismo vale para la flor cortada: si el bulbo se quiere conservar, no se corta más de un tercio del tallo. Los lilium de floristería se cultivan como cultivo anual precisamente porque al cortarlos a ras el bulbo ya no se recupera.
Los bulbos no necesitan desenterrarse cada año. Se trasplantan cuando la mata se ve apretada y florece menos, cada tres o cuatro años, en otoño, separando los bulbos hijos que se hayan formado al lado.
Multiplicación por escamas
El bulbo escamoso permite un método de multiplicación que no tiene equivalente en otros bulbos: el escamado. Se desprenden con la mano varias escamas exteriores de un bulbo sano, arrancándolas desde la base para que lleven un trozo del disco basal, se espolvorean con fungicida y se meten en una bolsa con vermiculita ligeramente húmeda a unos 20-22 ºC.
En unas ocho a doce semanas aparecen bulbillos en la base de cada escama. Después necesitan un periodo de frío —la nevera durante seis u ocho semanas— antes de plantarlos. Tardan entre dos y tres años en alcanzar tamaño de floración, pero de un solo bulbo salen fácilmente quince o veinte plantas.
Algunas especies lo ponen aún más fácil. Lilium lancifolium, el lirio tigre, produce bulbillos aéreos en las axilas de las hojas que basta con recoger en verano y sembrar directamente.
Problemas frecuentes
El más llamativo es el criocero del lirio, Lilioceris lilii: un escarabajo rojo brillante de 6 a 8 mm cuyas larvas se cubren de sus propios excrementos y devoran las hojas a una velocidad notable. Está extendido sobre todo por el norte peninsular y las zonas frescas. En jardines pequeños, la revisión manual desde marzo, cuando los adultos aparecen sobre los primeros brotes, es la medida más eficaz.
La botritis (Botrytis elliptica) da manchas ovaladas pardas en las hojas durante primaveras húmedas; se controla dando aire entre plantas, regando al pie y no mojando el follaje. Los pulgones importan menos por el daño directo que por transmitir virus del mosaico, que se manifiesta como jaspeado amarillento y deformación de las hojas y para el que no hay tratamiento: la planta afectada se retira.
Y una advertencia que se repite poco y debería repetirse más: todo el género Lilium es gravemente tóxico para los gatos. Los pétalos, las hojas, el polen e incluso el agua del jarrón pueden provocar un fallo renal agudo. No es una intolerancia leve; es una urgencia veterinaria. En una casa con gatos, ni ramo ni maceta.
Como planta de regalo
Una maceta de lilium en botón es un regalo con mejor recorrido que un ramo, siempre que se acompañe de dos indicaciones. La primera, que conviene retirar las anteras en cuanto la flor abre: el polen anaranjado mancha la ropa y los pétalos de forma prácticamente indeleble, y de paso la flor dura algún día más. La segunda, que la planta no se tira cuando termina: el tiesto se lleva a un rincón luminoso, se sigue regando hasta que el follaje se seque y en otoño el bulbo se planta en el jardín o se cambia a una maceta mayor.
Para el jarrón, el corte se hace con el primer botón mostrando ya color pero sin abrir. Cambiando el agua cada dos días, un tallo de lilium abre sus flores de forma escalonada y aguanta entre diez días y dos semanas.
En resumen
Los lilium brotan pronto, en marzo, y con una selección de grupos bien repartida —asiáticos, LA, trompetas y orienpet— cubren de mayo a agosto sin interrupción. Piden bulbos frescos que no se hayan secado, plantación honda de 15 a 20 cm salvo en el caso de Lilium candidum, drenaje impecable y abono potásico. Los orientales exigen además suelo ácido, lo que en gran parte de España obliga a cultivarlos en maceta. Lo que decide si el bulbo repite al año siguiente no es la floración, sino lo que se hace después: dejar el follaje entero hasta que amarillee y quitar únicamente la flor marchita. Y en casa con gatos, mejor otra planta.