Multiplicar azucenas no es una técnica: son cinco, y equivocarse de método o de mes explica buena parte de los fracasos que se atribuyen a la mala suerte. De un solo bulbo sano se pueden obtener veinte plantas nuevas en un par de años, o ninguna, y la diferencia está casi siempre en detalles muy concretos: si el bulbo tenía raíces caulinares, si la cápsula se recogió antes de vaciarse, si las escamas llevaban un trozo de la base.

Antes de nada: de qué planta hablamos

El nombre azucena designa en sentido estricto a Lilium candidum, la azucena blanca o de San Antonio, una especie mediterránea cultivada desde hace milenios. En el uso corriente, sin embargo, se llama azucena a cualquier Lilium, y de ahí que este artículo hable de liliums en general y luego dedique un apartado propio a candidum, que se comporta de forma distinta a todos los demás.

Conviene además no confundirla con dos plantas que comparten nombre popular y no tienen nada que ver: la azucena de mar (Pancratium maritimum), amarilidácea de las dunas litorales, y el nardo (Agave amica, antes Polianthes tuberosa), llamado azucena en buena parte de América. Sus técnicas de multiplicación son otras.

Separar los bulbos hijos

Es la vía más simple y la que da plantas florecidas antes. Una mata adulta de lilium produce cada temporada bulbillos laterales alrededor del bulbo madre, y con los años forma un grupo apretado que compite consigo mismo: los tallos salen más finos y con menos flores. Ese decaimiento es la señal de que toca dividir, normalmente cada tres o cuatro años.

La época es el otoño, en septiembre u octubre, cuando el follaje ya se ha secado y el bulbo está cargado. Se excava en círculo amplio, a 25-30 cm del tallo, para no seccionar bulbos, y se levanta la mata entera. Los bulbillos se desprenden con la mano, sin cuchillo; si hay que forzar, es que aún no están listos. Los de más de 3 cm florecerán al año siguiente o al otro; los pequeños conviene cultivarlos aparte, en una zona de recría o en maceta, durante dos temporadas.

La regla de oro en este método es la rapidez. El bulbo del lilium es escamoso, sin túnica seca que lo proteja, y se deshidrata en pocos días al aire. Se replanta el mismo día, o como mucho se guarda unas jornadas en una bolsa con turba o vermiculita ligeramente húmeda, en fresco. Nunca en un cajón, al sol o en una bolsa cerrada de plástico sin sustrato: en el primer caso se secan, en el segundo se pudren.

El escamado, el método que multiplica de verdad

Si quieres pasar de un bulbo a treinta plantas, la técnica es el escamado. Aprovecha una propiedad notable del género: cada escama de un bulbo de lilium, separada con un trocito de la base donde se insertaba, es capaz de regenerar bulbillos completos por su zona de corte. Es la técnica que usan los productores profesionales y funciona igual de bien en casa.

El momento ideal es el otoño, al desenterrar los bulbos, aunque puede hacerse siempre que se disponga de un bulbo fresco y carnoso. El procedimiento:

1. Elige un bulbo grande y sano. Desprende hacia fuera y hacia abajo las escamas exteriores, presionando en la base para que salgan con un fragmento de la placa basal. Una escama arrancada por el medio, sin base, no producirá nada. Puedes retirar sin matarlo hasta un tercio de las escamas del bulbo, que después se replanta con normalidad y florecerá igual, quizá algo más flojo el primer año.

2. Lava las escamas con agua para eliminar restos de tierra y déjalas orear un par de horas. Un tratamiento con fungicida autorizado para bulbos reduce mucho las pérdidas por podredumbre, que es el único enemigo serio del proceso.

3. Métalas en una bolsa de plástico con vermiculita o perlita apenas húmeda. El punto de humedad correcto es aquel en el que, apretando un puñado, no cae ni una gota de agua. Insufla algo de aire, cierra y etiqueta con la variedad y la fecha.

4. Guarda la bolsa a oscuras, entre 20 y 22 °C, durante seis a ocho semanas. Un armario del interior de la casa sirve. Revisa cada dos semanas y retira cualquier escama con moho o reblandecida.

5. Al cabo de ese tiempo aparecen en la base de cada escama entre uno y cinco bulbillos de 5 a 10 mm, a veces con una raicilla. En la mayoría de híbridos, esos bulbillos necesitan ahora frío para brotar: seis u ocho semanas a unos 4 °C, es decir, en el cajón de las verduras de la nevera, dentro de la misma bolsa.

6. Después se plantan en bandejas o macetas con sustrato ligero, cubriendo apenas, sin separar el bulbillo de la escama madre, que seguirá alimentándolo hasta consumirse. Se cultivan en semisombra con riegos moderados. La primera flor llega, según el grupo, en dos o tres años.

Hecho en otoño y con un bulbo generoso, este método da fácilmente veinte o treinta plantas idénticas a la madre, algo que la semilla no garantiza.

Lilium híbrido asiático en flor

Bulbillos aéreos y bulbillos de tallo

Algunas especies te regalan la multiplicación sin pedirte nada. El lirio tigre (Lilium lancifolium, antes L. tigrinum), Lilium bulbiferum y unas pocas más forman bulbillos aéreos en las axilas de las hojas: pequeñas perlas oscuras que engordan a lo largo del verano y acaban cayendo solas. Se recogen en agosto o septiembre, cuando se desprenden con un roce, y se siembran de inmediato a 2-3 cm de profundidad en bandeja con sustrato arenoso. Florecen en dos o tres años.

Hay aquí una advertencia importante y poco conocida: el lirio tigre es un portador frecuente de virus sin mostrar síntomas. Puede vivir aparentemente sano y ser el foco desde el que los pulgones infectan al resto de tus liliums, que sí enfermarán. Si lo cultivas, mantenlo alejado de la colección y no propagues nunca desde un ejemplar con hojas jaspeadas.

El segundo caso son los bulbillos de tallo subterráneo. Muchos liliums (híbridos asiáticos, orientales, trompeta, L. regale, L. lancifolium) emiten raíces caulinares, es decir, raíces en la porción de tallo que queda enterrada por encima del bulbo. En esa zona pueden formarse bulbillos nuevos. Se estimula de dos maneras: plantando el bulbo profundo, a unas tres veces su altura (15-20 cm de tierra encima para un bulbo grande), o aporcando unos centímetros de tierra o mantillo alrededor del tallo en primavera, cuando ya ha crecido. En otoño, al retirar el tallo seco, se recogen los bulbillos formados.

Este truco no sirve con todas las especies, y ahí está la conexión con el apartado siguiente.

El caso aparte: Lilium candidum

La azucena blanca propiamente dicha rompe casi todas las reglas del género y merece instrucciones propias, porque tratarla como a un lilium asiático es la forma más rápida de perderla.

Primero, no tiene raíces caulinares, así que aporcar no sirve de nada y plantarla profunda solo consigue que se pudra o que no florezca. Se planta muy superficial, con apenas 2 o 3 centímetros de tierra sobre el bulbo, prácticamente asomando.

Segundo, su ciclo está desplazado. Florece a finales de primavera y principios de verano, el tallo se seca en julio y el bulbo tiene un reposo brevísimo de unas pocas semanas. En septiembre emite una roseta de hojas basales que permanece verde todo el otoño y el invierno, y de esa roseta sale el tallo floral en primavera. Esto significa que la ventana para desenterrarla, dividirla o escamarla es corta y va de mediados de julio a mediados de agosto, nunca en otoño como el resto de liliums: en octubre ya está enraizada y con hojas, y moverla entonces cuesta una temporada de floración o la planta entera.

Tercero, es una planta mediterránea y calcícola: quiere sol pleno, suelo calizo, muy drenado y veranos secos, condiciones que en buena parte de España se dan solas. Un exceso de riego estival, pensando en cuidarla, la pudre.

Y cuarto, es especialmente sensible a la botritis (Botrytis elliptica), que en primaveras húmedas quema las hojas de la roseta con manchas pardas. Evita el riego por aspersión sobre el follaje y planta con espacio para que corra el aire.

Con esas salvedades, se multiplica exactamente igual que las demás: separando bulbillos o escamando, siempre dentro de esa ventana de julio-agosto.

Multiplicación por semilla

La semilla es más lenta, no reproduce fielmente los híbridos y, precisamente por eso, es insustituible en un caso: es la única vía que produce plantas libres de virus. Cuando una colección lleva años arrastrando mosaicos y jaspeados, sembrar es la forma de empezar de cero.

Los frutos son cápsulas erguidas que maduran a finales de verano y otoño y contienen decenas de semillas planas, apiladas como monedas y con un ala membranosa. Se recogen cuando la cápsula pasa de verde a pardo y empieza a abrirse por el extremo, antes de que se vacíe. Al mirar una semilla al trasluz se ve si tiene embrión: las que están vacías, con el óvalo central transparente y sin nada dentro, no germinarán y son mayoría en muchos híbridos, que además suelen ser estériles o casi.

Cápsulas abiertas y semillas aladas de azucena

Lo decisivo es saber que no todos los liliums germinan igual, y esa es la causa de que tanta gente dé por muertas unas macetas que estaban trabajando perfectamente bajo tierra. Hay dos comportamientos:

Germinación epigea inmediata. La semilla saca en dos a cuatro semanas, a 18-20 °C, un cotiledón visible en forma de lazo verde. Es el caso de los híbridos asiáticos, Lilium regale, Lilium formosanum o Lilium candidum. Se siembra en bandeja con sustrato drenante, cubriendo con medio centímetro, en otoño o a finales de invierno bajo cubierta. L. formosanum es el más rápido del género: sembrado temprano puede florecer en su primer o segundo año.

Germinación hipogea retardada. La semilla forma bajo tierra un bulbillo diminuto durante un periodo cálido y no emite la primera hoja hasta después de pasar un invierno frío, es decir, en la segunda primavera. Es el caso de Lilium martagon y de los híbridos derivados de él. Aquí no hay nada que ver durante meses y la única técnica correcta es sembrar en otoño en maceta honda, dejarla a la intemperie en semisombra, mantenerla apenas húmeda y no tocarla en dos años.

De semilla a primera flor pasan entre dos y cuatro años en los grupos rápidos y hasta seis o siete en los martagón. Los plantones se trasplantan a maceta individual cuando tienen dos o tres hojas verdaderas y se cultivan en semisombra, sin dejarlos secar durante el periodo de crecimiento.

Errores que arruinan la propagación

Dejar secar los bulbos. Repetido a propósito, porque es el fallo más común. Un bulbo de lilium con las escamas arrugadas ya ha perdido la mitad de su potencial.

Cortar el follaje en verde tras la floración. Las hojas y el tallo están recargando el bulbo hasta que amarillean. Cortar antes deja bulbos flojos que producen pocos hijos y flores pobres al año siguiente. Sí conviene, en cambio, quitar las flores marchitas si no quieres semilla, para que no gaste energía en madurar cápsulas.

Propagar desde plantas enfermas. Un lilium con hojas moteadas de amarillo, tallos deformados o flores rayadas tiene una virosis incurable y transmitirá el problema a cada bulbillo y a cada escama. Se arranca y se destruye, no se composta. Controlar el pulgón, que es el vector, forma parte del trabajo de propagación.

Herramientas sin desinfectar y estiércol fresco. El cuchillo se desinfecta entre planta y planta; el estiércol sin compostar en contacto con las escamas es una invitación a la podredumbre bacteriana.

Perder de vista qué has plantado. Los bulbillos tardan años en florecer y sin etiqueta acabarás con una bandeja de plantas anónimas. Etiqueta variedad y fecha desde el primer día.

Calendario resumido

Julio y agosto: única ventana para desenterrar, dividir y escamar Lilium candidum. Recogida de bulbillos aéreos del lirio tigre a partir de agosto.

Septiembre y octubre: arranque y división de los demás liliums, escamado, recogida de cápsulas maduras y siembra de otoño. Replantación inmediata de todos los bulbos.

Noviembre a enero: las bolsas de escamas ya con bulbillos pasan su periodo de frío. Las siembras hipogeas esperan a la intemperie.

Febrero y marzo: plantación de los bulbillos escamados en bandeja. Siembras tardías bajo cubierta de las especies de germinación inmediata.

Abril a junio: aporcado del tallo en las especies con raíces caulinares y control de pulgón, criocero (Lilioceris lilii) y babosas sobre los brotes tiernos.

En resumen

Para multiplicar azucenas tienes cinco caminos y cada uno tiene su momento. La separación de bulbos hijos en otoño es la más rápida en dar flor y la que menos técnica exige. El escamado es la que más plantas produce, hasta veinte o treinta por bulbo, y solo pide escamas con un trozo de placa basal, vermiculita húmeda, calor y después frío. Los bulbillos aéreos son un regalo de unas pocas especies y los bulbillos de tallo se estimulan plantando profundo o aporcando, pero solo en liliums con raíces caulinares. La semilla es lenta y no reproduce los híbridos, aunque es la única forma de obtener plantas sanas cuando el virus ya está en la colección.

Retén dos cosas por encima del resto. Una: el bulbo de lilium no tiene piel protectora, así que se manipula fresco y se replanta el mismo día. Y dos: Lilium candidum juega con otras reglas, se planta casi en superficie y solo se toca entre julio y agosto, porque en otoño ya está echando su roseta de invierno. Con eso claro, un solo bulbo comprado puede convertirse en un arriate entero en tres o cuatro temporadas.


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