El olor llega antes que la planta. En un patio andaluz de agosto, a las diez de la noche, el nardo se anuncia a varios metros de distancia con un perfume denso, casi lácteo, que no se parece a ninguna otra flor de jardín. Esa es su razón de ser y también la explicación de por qué se sigue cultivando desde hace siglos una planta que, mirada de día y sin flores, no pasa de ser un manojo de hojas acintadas sin gracia.

Detrás de ese perfume hay un bulbo que funciona de una manera muy particular y que da bastantes disgustos a quien lo trata como si fuera un tulipán o un gladiolo. Vamos por partes.

Espiga floral de nardo, Polianthes tuberosa, con flores blancas tubulares

Qué es exactamente el nardo

El nardo de jardín es Polianthes tuberosa, una planta bulbosa originaria de México, donde los aztecas ya la cultivaban con el nombre de omixochitl, "flor de hueso". La botánica moderna la ha reubicado: los estudios moleculares metieron el género Polianthes dentro de Agave, de modo que su nombre aceptado hoy es Agave amica. En viveros y catálogos se sigue vendiendo como Polianthes tuberosa, así que conviene conocer los dos nombres. Pertenece a las Asparagáceas, subfamilia Agavoideae; sí, es pariente cercano del agave y del pitón, por raro que suene.

Conviene aclarar un lío de nombres bastante extendido. "Nardo" se ha usado históricamente para plantas muy distintas: el nardo de la Antigüedad, el de los textos bíblicos y el ungüento de nardo, es Nardostachys jatamansi, una valerianácea del Himalaya que no tiene nada que ver con esta. En algunas zonas de España también se llama nardo, o vara de San José, a otras plantas de flor blanca en espiga. La planta de la que hablamos aquí, la del perfume nocturno de los patios de verano, es la mexicana.

Forma un órgano subterráneo que técnicamente no es un bulbo verdadero de túnicas como el de la cebolla, sino una estructura tuberosa con escamas cortas y un cuello marcado. De él salen entre ocho y doce hojas acintadas, verde claro, de 30 a 45 cm, y en el centro se levanta un escapo floral de 70 a 120 cm que remata en una espiga de flores blancas, tubulares, cerúleas al tacto, dispuestas en pares.

El perfume tiene una particularidad química interesante: la flor del nardo sigue emitiendo aroma después de cortada, algo poco común, y por eso la perfumería la trabajó durante siglos por enfleurage, colocando los pétalos sobre grasa fría que iba absorbiendo el aroma. El absoluto de nardo sigue siendo uno de los materiales más caros de la perfumería.

Variedades que se encuentran en España

Hay menos donde elegir de lo que parece, porque el comercio se reduce prácticamente a tres tipos:

'Mexican Single' o nardo sencillo. Flores de una sola corola, blanco puro. Es el más perfumado con diferencia y el que se usa para extracción de esencia. También el que mejor cuaja semilla y el más vigoroso.

'The Pearl' o nardo doble. Flores llenas de tépalos superpuestos, aspecto de pequeña gardenia. Espiga más corta y compacta, planta algo más baja. Aroma bueno pero menos penetrante que el sencillo. Es el más vendido como flor cortada porque la flor doble aguanta más y se estropea menos en el transporte.

'Sensation' y 'Pink Sapphire'. Selecciones con los tépalos teñidos de rosa malva en el exterior. Vistosas, algo menos rústicas y de floración un punto más tardía.

Nardo variedad Sensation, con las flores teñidas de rosa

Lo que nadie te cuenta al venderte el bulbo

Aquí está el punto que explica el 90% de las decepciones con esta planta: el bulbo que florece no vuelve a florecer nunca. El nardo tiene un comportamiento monocárpico a nivel de bulbo. La yema apical se transforma en escapo floral, la planta gasta en esa espiga todas sus reservas y el bulbo madre se agota y muere. Lo que queda es una corona de bulbillos laterales alrededor de la base, y esos bulbillos necesitan de dos a tres temporadas de cultivo para engordar lo suficiente y dar flor a su vez.

De ahí que mucha gente diga que "el nardo florece un año y luego se pierde". No se pierde: se ha reproducido. Lo que falla es esperar que el mismo bulbo repita.

La consecuencia práctica es doble. Primero, el calibre importa muchísimo al comprar: un bulbo de menos de 2 cm de diámetro de cuello no va a florecer ese año haga uno lo que haga, por mucho abono que le eche. Se busca calibre 22/24 o superior, bulbos gordos, firmes, con el cuello seco pero no arrugado ni blando. Segundo, si se quiere floración todos los años hay que llevar el cultivo por tandas: cada temporada se plantan bulbos de flor y se dejan engordando los hijuelos del año anterior en un rincón aparte.

Clima y ubicación

Sol directo, cuanto más mejor. A media sombra el escapo se estira, se debilita y acaba tumbándose, y la floración se retrasa o no llega. Solo en el interior más caluroso, tipo valle del Guadalquivir o La Mancha en pleno julio, agradece que le dé sombra a partir de las cinco de la tarde, más por el suelo que por la planta.

Necesita calor de verdad. Es una planta tropical de tierras altas mexicanas y su desarrollo se activa por encima de los 18-20 °C de suelo; su óptimo está entre 25 y 30 °C. Por debajo de 15 °C simplemente se para. Esto tiene una traducción directa: en la costa mediterránea y en Andalucía crece sin problema, en el litoral cantábrico le cuesta llegar a floración por falta de calor acumulado, y en la meseta funciona bien en verano pero hay que resolver el invierno.

En rusticidad va justo. Aguanta heladas ligeras de -2 o -3 °C si el bulbo está bien enterrado y seco, pero por debajo de eso se pierde. En la práctica: en zonas de invierno suave (costa mediterránea, Canarias, sur y suroeste peninsular) se puede dejar plantado en el suelo todo el año, con un acolchado de paja o corteza de 5 cm; tierra adentro conviene arrancar los bulbos en otoño.

El viento es otro enemigo poco mencionado. Una espiga de metro y pico cargada de flores hace de vela; en sitios expuestos hay que entutorar con una caña discreta o plantar contra un muro.

Suelo y sustrato

Quiere lo mismo que casi cualquier bulbosa de origen tropical: suelo profundo, mullido, rico en materia orgánica y sobre todo con drenaje impecable. En suelo arcilloso y compacto el bulbo se pudre en cuanto llega una tormenta de verano. Si el jardín es pesado, la solución es plantar en caballón o en un bancal elevado y mejorar con arena gruesa de río y compost bien hecho.

El pH ideal está entre 6 y 7. Tolera suelos algo calizos, habituales en media España, pero en suelos muy básicos aparece clorosis férrica en las hojas jóvenes.

En maceta, una mezcla que funciona: dos partes de sustrato universal de calidad, una de compost o mantillo y una de perlita o arena gruesa. Maceta de 25 cm de diámetro mínimo y al menos 25-30 cm de profundidad, porque el sistema radicular es carnoso y abundante. En un tiesto pequeño la planta sale raquítica y no florece. Tres bulbos por maceta de 30 cm quedan bien; más apretados, compiten.

Cuándo y cómo plantar

La fecha depende de la temperatura del suelo, no del calendario. La referencia buena es plantar cuando el suelo pase de 15-18 °C de forma estable, lo que en el sur y el levante ocurre a finales de marzo, en el centro peninsular a mediados o finales de abril, y en el norte ya en mayo. Adelantarse no gana tiempo: el bulbo se queda parado en tierra fría y húmeda y es cuando se pudre.

Profundidad: el cuello del bulbo debe quedar justo a ras de suelo o apenas cubierto por 2-3 cm de tierra. Este es el segundo error clásico. Enterrar el nardo a diez centímetros como se hace con un tulipán retrasa mucho la brotación y favorece las podredumbres. Distancia entre bulbos, 15-20 cm.

Desde la plantación hasta la primera flor pasan entre 90 y 120 días. Traducido: plantando en abril, floración de julio a septiembre, y en el litoral cálido puede alargarse hasta octubre. Escalonando las plantaciones cada tres semanas entre marzo y mayo se consigue flor durante todo el verano.

Un detalle útil: no riegues después de plantar. Riega una vez, ligeramente, para asentar la tierra, y espera a ver los primeros brotes verdes para empezar el riego regular. El bulbo tiene reservas de sobra para arrancar y el exceso de humedad antes de que emita raíces es la causa número uno de fallos.

Riego

Durante el crecimiento activo, de mayo a septiembre, el nardo bebe. Es una planta de hoja abundante y espiga larga en pleno verano español, y el estrés hídrico en el momento en que se está formando el escapo se traduce en espigas cortas con pocas flores. En suelo, riego profundo dos veces por semana en verano; en maceta, casi a diario en julio y agosto, cuando el sustrato empiece a secarse en los primeros 2-3 cm.

La regla es constancia sin encharcamiento. Alternar sequías con inundaciones provoca que las flores abran mal y que la espiga se detenga.

A partir de octubre, cuando la floración ha terminado, se reduce el riego progresivamente hasta suprimirlo. Las hojas amarillean y se secan: eso es normal y necesario, es cuando el bulbo termina de traspasar reservas a los hijuelos. No cortes las hojas verdes ni sigas regando para "mantenerla bonita"; retrasa la maduración de los bulbillos.

Riego por goteo o a pie de planta, siempre. Mojar las hojas y sobre todo el cogollo con el aspersor invita a la botritis.

Abonado

La preparación del terreno hace la mitad del trabajo: 3-4 kg/m² de estiércol maduro o compost incorporados un mes antes de plantar. A partir de ahí, abonado de fondo con un complejo equilibrado y, desde que aparece el escapo, un abono rico en potasio cada quince días, del tipo de los indicados para plantas de flor o para tomate.

El exceso de nitrógeno es contraproducente y muy habitual. Da mucha hoja verde, tallos blandos que se tumban y bulbos que no engordan. Si vas a usar un solo producto, que la K sea igual o mayor que la N.

En maceta el abonado importa aún más, porque el volumen de sustrato es limitado y el riego frecuente lava los nutrientes. Abono líquido semanal a la dosis indicada en la etiqueta, sin pasarse, desde mayo hasta que la espiga esté abierta.

Poda y flor cortada

Poda propiamente dicha no tiene. Lo que se hace es cortar el escapo floral cuando ha terminado, a ras de las hojas, para que la planta no gaste en formar semilla. Las hojas se dejan hasta que se secan solas.

Como flor cortada el nardo es excelente y tiene su técnica. Se corta la vara cuando se han abierto las dos o tres primeras flores de la base, no antes; las varas cortadas demasiado en verde no llegan a abrir el resto. Corte a bisel con cuchilla limpia, agua limpia, cambio cada dos días y quitar las flores marchitas del pie a medida que se pasan. Así la espiga va abriendo de abajo arriba durante ocho a doce días.

Un aviso doméstico: el aroma es de una intensidad considerable y en una habitación cerrada y pequeña llega a resultar mareante. Es flor de salón amplio, de entrada o de terraza.

Multiplicación

Por división de bulbillos, que es lo natural y lo práctico. La operación se hace en otoño-invierno, con la planta ya seca: se desentierra la mata, se sacude la tierra y aparece un racimo de bulbillos de distintos tamaños alrededor del resto del bulbo madre agotado.

Se separan a mano, tirando con suavidad, y se clasifican por calibre. Los mayores de 2 cm van a la zona de floración; los pequeños, a un bancal o una jardinera de engorde, plantados más juntos, donde pasarán una o dos temporadas hasta alcanzar tamaño. El bulbo madre reseco se descarta.

Conservación durante el invierno: se dejan orear a la sombra unos días, se limpian de raíces secas y se guardan en cajas con serrín, turba seca o simplemente en malla, en un sitio oscuro, seco y entre 10 y 15 °C. Por debajo de 5 °C se dañan y por encima de 20 °C brotan antes de tiempo. Un garaje o un trastero sin calefacción suele valer. Revísalos cada mes y retira cualquiera que se ablande.

Por semilla se puede, con las variedades sencillas, pero tarda tres o cuatro años en llegar a flor y las variedades dobles apenas fructifican. Solo tiene sentido si se quieren obtener plantas nuevas por afición.

Plagas

Trips. La plaga que de verdad estropea el nardo. Son insectos diminutos que se meten entre los tépalos aún cerrados y raspan los tejidos: la flor abre con manchas pardas, deformada, y a veces ni abre. Como daña la flor y no la hoja, se detecta cuando ya es tarde. Vigila desde que asoma el escapo, usa trampas cromáticas azules para monitorizar y trata preventivamente con jabón potásico o extracto de neem si aparecen los primeros. Los ambientes calurosos y secos los disparan.

Araña roja. Ácaro de veranos secos. Se ve por el punteado amarillento en el haz de las hojas y las telarañas finísimas en el envés y las axilas. Sube con el calor y la falta de humedad ambiental. Pulverizar agua sobre el envés al atardecer los días muy secos y, si hay ataque, jabón potásico o azufre mojable, repitiendo a los siete días.

Pulgones. En los brotes tiernos y en el escapo en formación, sobre todo en primavera. Poco graves en sí, pero ensucian con melaza y transmiten virus. Se controlan fácil con jabón potásico.

Caracoles y babosas. Atacan los brotes recién emergidos y pueden decapitar una planta en una noche. Riesgo alto justo en el momento de la brotación de primavera.

Nematodos. En suelos donde se cultiva nardo año tras año aparecen nematodos que provocan plantas raquíticas y bulbos deformes. Se combaten rotando el cultivo y no replantando en la misma parcela más de dos o tres años seguidos.

Enfermedades

Podredumbre del cuello y del bulbo, causada por hongos del género Fusarium, por Sclerotium rolfsii o por bacterias del tipo Erwinia. Es, con diferencia, lo que más nardos mata. El síntoma es una planta que amarillea de golpe y sale de la tierra con solo tirar, con la base convertida en una masa blanda y maloliente. No hay tratamiento curativo doméstico que valga la pena: se retira la planta y la tierra de alrededor. La prevención es todo: drenaje, no enterrar el cuello, no regar antes de la brotación y no plantar bulbos con heridas o zonas blandas.

Botritis (Botrytis spp.). Moho gris sobre flores y hojas en periodos húmedos, típico de septiembre en la costa cuando bajan las noches. Aparecen manchas acuosas en los tépalos. Se previene con aireación entre plantas, riego a pie y retirando las flores pasadas.

Manchas foliares. Puntos pardos rodeados de halo amarillo en las hojas, más estéticos que graves. Retirar hoja afectada y no mojar el follaje.

Si desconfías de un lote de bulbos, un remojo de treinta minutos en un fungicida autorizado para bulbos antes de plantar, seguido de un secado completo a la sombra, reduce mucho el riesgo.

Usos

Jardín y patio. Su sitio natural es el borde de un paseo, junto a una puerta o alrededor de una terraza donde se esté por la tarde, porque el perfume se libera al caer el sol. Como la mata de hojas es poco decorativa, funciona mejor plantado en grupos de cinco o siete detrás de plantas de porte bajo que le tapen la base.

Flor cortada. Es un cultivo comercial de peso en India, México y buena parte del sudeste asiático, y en España se usa mucho en floristería para ramos de novia y arreglos de iglesia. La vara aguanta bien y sigue perfumando.

Perfumería. El absoluto de nardo, obtenido hoy por extracción con disolventes, es un material de altísimo valor. Hacen falta cantidades enormes de flor para obtener un kilo de absoluto, de ahí el precio. Aparece en composiciones clásicas y contemporáneas como nota blanca cremosa y narcótica.

Simbolismo. En México forma parte de las ofrendas de Día de Muertos; en la India se usa en guirnaldas rituales y en bodas; en España quedó ligado al verano de los patios y a la tradición popular andaluza. Ese arraigo cultural es parte del atractivo de tenerlo.

Una advertencia final: como toda la familia, contiene saponinas y no es comestible. Ni la flor ni el bulbo deben ingerirse.

En resumen

El nardo se cultiva por su perfume nocturno, no por su porte. Necesita sol pleno, calor por encima de 18-20 °C, suelo suelto y drenado, y una plantación superficial en primavera con el cuello a ras de tierra. Riega en abundancia mientras crece, abona con potasio en cuanto asome la vara y deja que las hojas se sequen solas en otoño.

Y ten presente lo esencial: el bulbo que florece se agota y no repite. Lo que se hereda son los bulbillos que deja alrededor, que tardarán dos o tres temporadas en tener calibre suficiente. Comprar bulbos gordos y organizar el cultivo por tandas es la diferencia entre tener nardos todos los veranos o tenerlos uno solo.


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