Cuando se habla de plantar bulbos, mucha gente piensa automáticamente en tulipanes y narcisos, y de ahí viene una confusión que cuesta bastantes plantaciones fallidas cada año. Esos se plantan en otoño, porque necesitan pasar frío para florecer. Lo que se planta en primavera es otro grupo distinto: los llamados bulbos de verano, especies de origen tropical o subtropical que no toleran la helada y que florecen desde junio hasta las primeras heladas de otoño. Dalias, gladiolos, begonias tuberosas, cannas, lirios, calas o nardos entran en este grupo, y la primavera es su momento exacto.
Qué se planta en primavera y qué no
La regla que ordena todo esto es simple: lo que florece en primavera se planta en otoño, y lo que florece en verano se planta en primavera. Los bulbos de floración primaveral (tulipán, narciso, jacinto, crocus, muscari) necesitan varias semanas por debajo de 9 °C para inducir la flor. Si te han sobrado bulbos de tulipán en marzo, no los guardes esperando plantarlos en primavera: o los plantas ya asumiendo que darán una floración pobre o nula, o los descartas, porque en el armario se deshidratan y no mejoran.
Los de floración estival funcionan al revés. No aguantan el frío del invierno bajo tierra en la mayor parte de España, y por eso se plantan cuando el suelo ya se ha templado. Los más habituales aquí:
Dalia (Dahlia spp.), la reina del verano tardío, de junio a las primeras heladas. Gladiolo (Gladiolus × hortulanus), unos 80-90 días desde la plantación hasta la espiga. Begonia tuberosa (Begonia × tuberhybrida), la mejor opción para zonas de sombra. Canna (Canna indica), de gran porte y hoja espectacular. Azucenas y lirios (Lilium spp.), que admiten plantación de otoño o de finales de invierno. Cala (Zantedeschia spp.), nardo (Polianthes tuberosa), agapanto (Agapanthus africanus), crocosmia (Crocosmia × crocosmiiflora) y amarilis de jardín (Hippeastrum).
Bulbo, cormo, tubérculo y rizoma no son lo mismo
Comercialmente se venden todos como "bulbos", pero son órganos distintos y eso tiene consecuencias prácticas muy concretas a la hora de plantarlos.
El bulbo verdadero (lirio, amarilis, narciso) es un conjunto de escamas carnosas alrededor de una yema, con un disco basal en la parte inferior de donde salen las raíces. Se planta con la punta hacia arriba, y esa parte de abajo, plana y con restos de raíz, indica la orientación.
El cormo (gladiolo, crocosmia, freesia) es un tallo engrosado y macizo, no laminado. Tiene una yema en el ápice y un disco basal, y se consume por completo cada temporada: la planta genera un cormo nuevo encima del viejo, además de pequeños bulbillos alrededor que sirven para multiplicar, aunque tarden dos o tres años en llegar a floración.
El tubérculo de la begonia es una masa aplanada con una cara cóncava en la que están las yemas. Se planta con la concavidad hacia arriba; plantada del revés, brota tarde y débil o se pudre.
Y la dalia no es ni bulbo ni tubérculo de tallo, sino un conjunto de raíces tuberosas unidas por un cuello. Ese cuello explica la mayoría de las divisiones que nunca llegan a brotar: las yemas de la dalia no están en la raíz engrosada, están en el cuello, en la base del tallo del año anterior. Si al dividir una mata separas raíces sueltas sin un trozo de cuello con yema, esas raíces no brotarán jamás por muy sanas y gordas que parezcan. Al comprar, comprueba que cada división lleve su porción de corona.
Cannas y calas, por su parte, son rizomas: tallos horizontales que se plantan tumbados, con las yemas hacia arriba.
Cuándo plantar según la zona
El calendario no lo marca la fecha, lo marcan dos condiciones: que haya pasado el riesgo de helada tardía y que el suelo esté a 10-12 °C como mínimo. En tierra fría y húmeda, el bulbo no arranca y se pudre.
En el litoral mediterráneo y el valle del Guadalquivir se puede plantar desde principios o mediados de marzo. En la cornisa cantábrica y el norte húmedo, desde finales de marzo, cuidando mucho el drenaje. En la meseta y zonas de interior de altitud, mejor esperar a mediados o finales de abril, e incluso a la primera quincena de mayo en las comarcas donde las heladas tardías llegan hasta los llamados santos de hielo, en torno al 12 de mayo. Una helada de -1 °C basta para arrasar el brote tierno de una dalia o de una canna.
Hay un truco para ganar semanas: arrancar en maceta bajo cubierto. Begonias tuberosas, dalias y cannas se pueden poner en marzo en macetas dentro de un invernadero, galería o alféizar luminoso a 15-18 °C, y trasplantarlas al exterior ya brotadas cuando pase el peligro. Con las begonias es casi obligatorio si quieres flor desde junio, porque son lentas de arranque.
Suelo, profundidad y colocación
El drenaje es el factor decisivo, por encima de la riqueza del suelo. Un órgano de reserva es, en el fondo, una despensa de almidón enterrada: si permanece en agua estancada, se pudre. En suelos arcillosos, incorpora arena gruesa y compost bien hecho al menos a 25-30 cm de profundidad, o planta sobre caballón, en un lomo elevado de 15 cm. Nunca uses estiércol fresco en contacto con el bulbo.
La regla general de profundidad es enterrar a dos o tres veces la altura del órgano, medida desde su parte superior. En la práctica: gladiolo a 10-12 cm (hasta 15 si la zona es ventosa, porque la propia tierra hace de tutor y evita que la espiga se venza); dalia a 10-15 cm, con el cuello hacia arriba y colocando el tutor en el momento de plantar, no después, para no atravesar las raíces; Lilium a 15-20 cm, más hondo de lo que parece necesario porque muchas especies emiten raíces también en el tallo, por encima del bulbo; begonia tuberosa apenas cubierta, con 1-2 cm de sustrato; canna y cala a 8-10 cm; amarilis a la inversa, dejando un tercio del bulbo fuera de la tierra.
En cuanto a la distancia, no apretujes: 15-20 cm entre gladiolos, 60-90 cm entre dalias de porte grande, 30-40 cm entre cannas. La circulación de aire entre plantas es la mejor prevención contra oídio y botritis en agosto.
El riego, la trampa principal
Aquí es donde se pierden más plantaciones. La costumbre es regar abundantemente nada más plantar, y con los bulbos de verano eso es contraproducente. Da un riego moderado de asiento para asentar la tierra y después espera a que asome el brote antes de volver a regar en serio. Mientras no hay hojas ni raíces activas, el órgano no consume agua: solo se moja y se pudre. Es particularmente crítico en dalias y begonias.
Una vez brotados y en pleno crecimiento, la cosa cambia por completo: en julio y agosto, con el calor peninsular, estas plantas son consumidoras exigentes. Riego abundante y regular, a ser posible por goteo y al pie, evitando mojar la hoja. Un acolchado de 5 cm de paja, corteza o restos de siega mantiene la humedad y la temperatura del suelo estables, que es exactamente lo que agradecen.
Abonado
El bulbo trae reservas para arrancar, así que no necesita abono en la plantación más allá de un fondo de compost maduro incorporado al preparar el terreno. Cuando la planta ya tiene desarrollo, interesa un abono bajo en nitrógeno y alto en potasio, del tipo 5-10-10 o similar. El exceso de nitrógeno produce mucha hoja tierna, tallos blandos que se vencen y menos flor, además de atraer pulgón.
Lo más rentable es abonar dos veces: una cuando la planta alcanza un palmo y otra al aparecer los primeros botones florales. En dalias y gladiolos, un aporte de potasio al final del verano ayuda además a que el órgano de reserva engorde para el año siguiente.
Escalonar plantaciones para alargar la floración
Los gladiolos florecen unos 85-90 días después de plantados, y todos a la vez si los plantas todos a la vez: dos semanas de espectáculo y se acabó. La solución que usan los cultivadores de flor cortada es plantar en tandas cada 12-15 días, desde marzo o abril hasta finales de junio. Así tienes espigas desde junio hasta octubre sin ampliar la superficie.
El mismo criterio sirve para nardos y calas. Con dalias no hace falta: florecen de forma continua desde junio hasta la helada si cortas sistemáticamente las flores marchitas, cosa que además multiplica la producción de botones.
Después de la floración, la parte que casi todos se saltan
Que la planta florezca este año depende del bulbo que compraste; que florezca el año que viene depende de lo que hagas ahora. La regla básica es no cortar las hojas mientras sigan verdes. Es en ese periodo cuando la planta recarga el órgano de reserva. Corta las flores pasadas para evitar que fructifique, pero deja el follaje hasta que amarillee por sí solo.
La primera helada oscurece el follaje de dalias y cannas. A partir de ahí, dos caminos. En el litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias, se pueden dejar en tierra cubiertas con un buen acolchado, siempre que el suelo drene bien. En el interior y el norte, lo prudente es desenterrar: se corta el tallo a un palmo, se sacan las matas con cuidado, se limpian de tierra sin lavar a chorro, se dejan secar unos días a la sombra y en un sitio ventilado, y se guardan en cajas con turba seca, serrín o arena, en oscuridad y a 5-10 °C, en un lugar seco donde no hiele. Un garaje o un trastero fresco sirve. Revísalas a mitad de invierno y descarta lo que esté blando o mohoso.
Los cormos de gladiolo se curan durante dos o tres semanas a unos 20 °C antes de guardarlos; al hacerlo, separa el cormo viejo y agotado que queda debajo del nuevo y descártalo.
Problemas frecuentes
Podredumbre del bulbo: casi siempre por exceso de agua o mal drenaje. Es la causa número uno de que "no salga nada".
Trips del gladiolo (Thrips simplex): deja las espigas plateadas y deformadas, y sobrevive en los cormos almacenados. Inspecciona antes de plantar y descarta los que tengan aspecto corchoso.
Babosas y caracoles: devoran los brotes tiernos de dalia recién emergidos, a veces en una sola noche. Vigila las primeras semanas tras la brotación.
Tallos vencidos: propio de dalias grandes y gladiolos altos. Se resuelve con tutor puesto en la plantación y con plantación algo más profunda, no con más abono.
Mucha hoja y poca flor: exceso de nitrógeno o falta de sol. Estas plantas quieren un mínimo de seis horas de sol directo, con la excepción de la begonia tuberosa y la cala, que prefieren sombra luminosa.
En resumen
La primavera es la época de los bulbos de floración estival, no de los tulipanes ni los narcisos, que van en otoño. Planta cuando haya pasado la helada tardía y el suelo supere los 10-12 °C: marzo en el sur y el litoral, abril o principios de mayo en el interior. Prioriza el drenaje sobre todo lo demás, entierra a dos o tres veces la altura del órgano, coloca el tutor de las dalias en el mismo momento de plantar y no riegues abundantemente hasta que asome el brote. Comprueba que cada división de dalia lleve un trozo de cuello con yema, escalona las plantaciones de gladiolo cada dos semanas para tener flor todo el verano y, al terminar la temporada, deja que las hojas amarilleen antes de arrancar y guardar en seco entre 5 y 10 °C. Con eso, los mismos bulbos te durarán años.