Comprar bulbos secos de campanilla de invierno en octubre es la forma más habitual de fracasar con ellas. El bulbo llega deshidratado del almacén, se planta con toda la ilusión y a la primavera siguiente brota la mitad, florece la cuarta parte y al segundo año no queda nada. No es mala suerte ni mal clima: es que el Galanthus tiene un bulbo que no soporta secarse, y el circuito comercial del bulbo en bolsa está pensado para tulipanes y narcisos, que sí lo soportan.
Aclarado eso desde el principio, las campanillas de invierno son una de las pocas cosas que florecen de verdad en enero y febrero en el jardín peninsular de interior, y una vez asentadas se multiplican solas durante décadas sin pedir nada.
Qué planta es exactamente
La campanilla de invierno es Galanthus nivalis, una bulbosa de la familia de las amarilidáceas, la misma de narcisos, nerines y amarilis. El género Galanthus reúne una veintena de especies repartidas por Europa y el Cáucaso, y en la Península hay poblaciones silvestres en el Pirineo, la Cordillera Cantábrica y algunos puntos del Sistema Ibérico, siempre en hayedos, robledales y bosques de ribera de montaña.
La planta es diminuta: dos hojas acintadas de color verde glauco y un escapo floral de 10 a 15 centímetros del que cuelga una sola flor. Esa flor tiene una estructura que conviene mirar de cerca porque es la clave para identificarla: tres tépalos externos largos, blancos y curvados hacia fuera, y tres internos mucho más cortos que forman una campanita interior marcada con una mancha verde en forma de V. La posición de esa mancha —solo en el ápice, también en la base, más ancha o más estrecha— es lo que distingue buena parte de los cultivares.
Dos detalles de su biología explican por qué florece cuando florece. Las hojas tienen el ápice endurecido, casi córneo, y actúan como una cuña para atravesar suelo helado y hojarasca compactada. Y la flor es termonástica: permanece cerrada mientras hace frío y abre los tépalos externos cuando la temperatura pasa de unos 10 °C, de modo que solo se expone al polinizador —normalmente alguna reina de abejorro despistada— en los ratos templados de mediodía. El resto del tiempo, la flor colgante hace de paraguas y mantiene seco el polen.
Galanthus no es Leucojum
La confusión está muy extendida y afecta a lo que uno compra. En vivero y en mercadillo se venden como "campanillas" tanto Galanthus nivalis como Leucojum vernum y Leucojum aestivum, y no son lo mismo ni quieren lo mismo.
La regla práctica es contar y comparar los tépalos. En Galanthus los seis tépalos son claramente desiguales: tres largos y tres cortos. En Leucojum los seis son iguales entre sí, formando una campana regular, y cada uno lleva su propia manchita verde o amarillenta en la punta. Además, el Leucojum aestivum es bastante mayor —hasta 50 o 60 centímetros— y lleva varias flores por tallo, mientras que el Galanthus lleva siempre una sola.
La diferencia importa a la hora de elegir: Leucojum aestivum aguanta suelos pesados, encharcamiento invernal y veranos calurosos mucho mejor que cualquier Galanthus. En un jardín de Sevilla o de Murcia, el Leucojum prospera y la campanilla de invierno se pierde.
Dónde funcionan en España y dónde no
Conviene ser honesto con esto porque ahorra dinero. Galanthus nivalis es una planta de bosque caducifolio templado y húmedo. Necesita frío invernal real para completar su ciclo y, sobre todo, necesita que el verano no cueza el bulbo. Su latencia estival no es la de un tulipán: no quiere un horneado seco, quiere un suelo fresco y sombreado bajo la copa de los árboles.
Eso las sitúa cómodas en la cornisa cantábrica, Galicia, Pirineo y prepirineo, Sistema Central, zonas de montaña de León, Burgos o Soria, y en general en jardines de interior con inviernos fríos siempre que se les dé sombra de árbol caduco y suelo con materia orgánica. En el litoral mediterráneo, en el valle del Guadalquivir y en Canarias, la campanilla de invierno común no es una apuesta razonable: florecerá el primer año con las reservas del bulbo y desaparecerá.
Si el jardín es cálido y aun así se quiere probar, la especie a buscar es Galanthus elwesii, de origen turco y griego, con hojas más anchas y glaucas y bastante más tolerancia al calor y a la sequía estival. Es la que mejor se comporta en climas mediterráneos suaves. Galanthus reginae-olgae, que florece en otoño antes de sacar las hojas, también soporta veranos secos y es una curiosidad que merece la pena en zonas templadas.
Plantación: el bulbo seco y el trasplante "en verde"
El bulbo de Galanthus carece de túnicas protectoras gruesas y pierde agua deprisa. Un bulbo que ha pasado tres meses en una bolsa de malla en una tienda calefactada llega con el tejido deshidratado y las raíces basales muertas, y muchos ya no rebrotan.
De ahí la práctica clásica del trasplante "en verde" (in the green en la bibliografía inglesa): mover, dividir y plantar las matas justo después de la floración, entre finales de febrero y abril, con las hojas todavía verdes y el cepellón húmedo. El arraigo es prácticamente del cien por cien. Si alguien del vecindario tiene una mata establecida, ese es el momento de pedirle un puñado; y si se compra, hay proveedores que envían precisamente así, en manojos con tierra, en lugar de bulbo seco.
Cuando no queda más remedio que partir de bulbo seco, hay que comprarlo lo antes posible —septiembre, en cuanto sale a la venta—, elegir los ejemplares firmes y carnosos, descartar los blandos o acartonados, y plantarlos el mismo día. Un remojo de unas horas en agua templada antes de plantar ayuda a rehidratarlos. Y conviene comprar de más contando con bajas.
Las cifras de plantación: profundidad de 7 a 8 centímetros hasta la base del bulbo, o dicho de otra forma unas tres veces la altura del bulbo; separación de 5 a 8 centímetros; grupos de veinte o treinta unidades como mínimo, porque de dos en dos no se ven. El suelo ideal es fresco, con humus, drenado pero que retenga humedad, y de pH neutro a ligeramente alcalino: el Galanthus agradece la caliza y no es planta de suelos ácidos y turbosos.
Cuidados a lo largo del año
Durante la floración y las semanas siguientes la planta está trabajando: las hojas fabrican las reservas del bulbo del año que viene. Por eso la norma más importante después de plantar es no cortar el follaje hasta que amarillee y se seque solo, lo que ocurre entre mayo y junio. Si están naturalizadas en césped, la primera siega no se da hasta que las hojas hayan desaparecido; segar en abril "para que quede limpio" es condenar la colonia.
Tampoco hay que quitar las flores marchitas por motivos estéticos si se quiere que la mata se extienda por semilla, aunque en clima peninsular la producción de semilla viable es irregular y el grueso de la expansión es vegetativo.
Riego: en el jardín, con las lluvias de invierno y primavera suele bastar. Lo que no conviene es que el suelo se convierta en polvo seco en pleno agosto; un acolchado de hojarasca o compost de dos o tres centímetros aplicado en otoño mantiene la humedad, imita el suelo de bosque y aporta nutrientes de sobra. Abonado mineral, poco o ninguno; si acaso, un abono de bulbos bajo en nitrógeno tras la floración. El exceso de nitrógeno produce hoja blanda y favorece la botritis.
Cultivo en maceta
Se pueden tener en maceta, pero con una condición: la maceta no puede secarse del todo en verano ni cocerse al sol. Un tiesto de barro de 20 centímetros al sol de julio en Madrid alcanza temperaturas que matan el bulbo.
La receta que funciona es maceta profunda —15 centímetros de altura útil como mínimo—, sustrato a base de tierra franca con un tercio de compost maduro y un poco de arena gruesa o grava fina para el drenaje, plantación en grupo apretado a 5-6 centímetros de profundidad, y la maceta enterrada o colocada en un rincón sombreado y fresco durante todo el verano, con un riego ligero de vez en cuando. En invierno, a la intemperie: necesitan el frío, y meterlas en casa para "protegerlas" hace que aborten las flores.
Las macetas se agotan antes que el suelo: cada dos o tres años hay que sacar el bloque, dividirlo y renovar el sustrato, siempre en verde tras la floración.
Multiplicación
Una mata sana se multiplica por bulbillos laterales y forma una macolla cada vez más densa. Al cabo de cuatro o cinco años empieza a florecer menos porque los bulbos compiten entre sí: ese es el aviso para dividir. Se levanta la mata con horca después de la floración, se separan los bulbos con la mano sin cortar raíces si se puede evitar, y se replantan de inmediato a la misma profundidad. No se dejan secar ni un día.
Por semilla también se propaga, y de hecho es como se extienden en el bosque: la semilla lleva un eleosoma, un apéndice carnoso que atrae a las hormigas, que la transportan y la abandonan a cierta distancia. Sembrada en cuanto madura, en verde, germina a la primavera siguiente, pero tarda de cuatro a cinco años en dar la primera flor. Solo tiene sentido si se busca variabilidad o se está seleccionando.
Existe una técnica de multiplicación rápida llamada twin-scaling, que consiste en cortar el bulbo en porciones verticales con un trozo de placa basal cada una e incubarlas en vermiculita húmeda. Da muchas plantas de un solo bulbo, pero exige higiene quirúrgica y paciencia; es cosa de coleccionistas.
Especies y variedades
Hay una afición organizada alrededor de este género —los galanthophiles— y cultivares que se pagan a precios difíciles de justificar. Sin llegar a eso, hay unos cuantos que aportan algo real:
Galanthus nivalis, la especie tipo, la más barata, la que mejor naturaliza en clima fresco. 'Flore Pleno', la forma doble, con los tépalos internos multiplicados en una roseta; es estéril, se multiplica solo por bulbillos y aguanta bien. 'Viridapice', con mancha verde también en los tépalos externos. 'S. Arnott', de flor grande, porte robusto y perfume claro a miel, probablemente el cultivar más recomendable si solo se va a comprar uno.
De otras especies: Galanthus elwesii para climas cálidos y suelos más secos, con floración temprana, a veces ya en diciembre; Galanthus plicatus, de hoja con el borde plegado hacia atrás, muy vigoroso; y Galanthus woronowii, de hoja verde brillante y ancha, que da buen contraste.
Un apunte que no suele aparecer en las etiquetas: todas las especies de Galanthus están incluidas en el Apéndice II del CITES. El comercio internacional está regulado precisamente porque durante años se recolectaron millones de bulbos silvestres en Turquía y el Cáucaso. Comprar a proveedores que declaran propagación en cultivo no es un detalle sentimental.
Problemas, plagas y toxicidad
El problema sanitario serio es la botritis del galanto (Botrytis galanthina): aparece en primaveras húmedas y frías como un moho gris sobre las hojas emergentes, que se pudren y colapsan; en el suelo deja esclerocios negros que rebrotan al año siguiente. Se combate arrancando y quemando las matas afectadas con la tierra circundante, no replantando galantos en ese punto durante unos años y evitando plantar demasiado apretado en rincones sin ventilación.
La mosca del narciso (Merodon equestris) pone huevos junto al cuello del bulbo a finales de primavera y la larva lo vacía por dentro; el síntoma es una mata que no brota o que saca hojas raquíticas y deformes. Se detecta al levantar el bulbo, blando y hueco. Los nematodos del género Ditylenchus producen manchas y estrías en la hoja y obligan a eliminar el material. Y en suelos encharcados en verano, la podredumbre basal se lleva la colonia sin más aviso.
Sobre la toxicidad: todo el bulbo contiene alcaloides —licorina y galantamina, entre otros— y es tóxico por ingestión, con vómitos y diarrea. Ha habido intoxicaciones por confundir bulbos de amarilidáceas con cebolletas o ajos en la huerta, así que conviene no plantarlos cerca ni guardarlos junto a bulbos comestibles. La misma galantamina, extraída y purificada, es un principio activo empleado en el tratamiento sintomático del alzhéimer, lo cual explica el interés farmacéutico por el género y parte de la presión recolectora sobre las poblaciones silvestres.
Errores frecuentes
Plantar demasiado superficial. A tres centímetros el bulbo sufre el calor estival y se agota; a siete u ocho está estable.
Cortar las hojas tras la floración o segar el césped en abril. Es la causa número uno de colonias que se van apagando año tras año.
Ponerlas al sol pleno de un patio mediterráneo. Su sitio es bajo un árbol caduco, un seto o la cara norte de un muro: sol de invierno, sombra de verano.
Tratarlas como tulipanes y sacar los bulbos en verano para guardarlos secos. Con Galanthus eso equivale a tirarlos.
Plantar unos pocos. Es una flor de diez centímetros; el efecto solo aparece con manchas amplias, y ese efecto se consigue barato dejando que la mata se multiplique sola durante cinco años.
En resumen
Galanthus nivalis es una bulbosa de bosque templado que florece en pleno invierno, entre enero y marzo según la altitud, y que en España da su mejor versión en el norte, en zonas de montaña y en jardines de interior con sombra de árbol caduco y suelo fresco con materia orgánica. Se planta a 7-8 centímetros de profundidad, en grupos densos, y se deja tranquila.
La decisión que más condiciona el resultado se toma en el momento de la compra: bulbo seco de bolsa, comprado tarde y plantado tarde, da colonias que se apagan; material trasplantado en verde tras la floración, con las hojas todavía activas, arraiga casi sin bajas y en cinco años forma una mancha que se mantiene sola durante décadas. Para climas cálidos, Galanthus elwesii en lugar de nivalis, o directamente Leucojum aestivum, que resuelve el mismo efecto sin pelear contra el verano.