Un cactus injertado puede hacer en un solo verano el volumen que sobre sus propias raíces le habría llevado cuatro o cinco años. Esa es toda la lógica del injerto en cactáceas: se toma una planta con un sistema radicular vigoroso y rápido, y se le pega encima otra que crece despacio, que no tiene clorofila suficiente, o que ha perdido las raíces y se está pudriendo. El resultado no es una planta más bonita por sí misma, sino una planta que gana tiempo.
Conviene decirlo desde el principio porque el injerto tiene mala fama entre coleccionistas, y en parte con razón: una planta injertada crece deprisa, se hincha, pierde parte de la espinación cerrada y del porte compacto que tendría en cultivo lento, y depende de por vida de un patrón que puede fallar. Es una herramienta, no una mejora automática.
Para qué sirve realmente injertar
Hay cuatro situaciones en las que el injerto resuelve un problema que no se resuelve de otra forma.
Plantas sin clorofila. Los famosos cactus de bola roja, naranja o amarilla que se venden en cualquier supermercado son Gymnocalycium mihanovichii en formas mutantes que carecen de clorofila. No pueden fotosintetizar, así que no pueden vivir por sí mismas: solo existen porque están pegadas encima de un patrón verde que las alimenta. Lo mismo ocurre con algunas formas variegadas extremas de Astrophytum o Gymnocalycium.
Formas crestadas y monstruosas. Las crestas suelen tener un crecimiento desordenado y un sistema radicular débil, y en cultivo normal se pudren con facilidad. Injertadas sobre un patrón robusto se desarrollan con seguridad y alcanzan tamaños de exposición.
Especies de crecimiento muy lento o de raíz delicada. Aquí entran Ariocarpus, Aztekium, Blossfeldia liliputana, Strombocactus o Pelecyphora. Un Ariocarpus de semilla puede tardar diez años en tener el tamaño de una moneda de dos euros; injertado sobre Pereskiopsis a las pocas semanas de germinar, ese mismo plazo se reduce a dos o tres años.
Rescate de una planta que se pudre. Si la podredumbre sube desde el cuello y aún queda tejido sano arriba, cortar por encima de la zona afectada e injertar ese trozo suele ser la única salida realista. Es una operación de urgencia y no espera al calendario.
Elegir el patrón
El patrón —la planta de abajo, que pone las raíces— condiciona el resultado más que la técnica. Estos son los que funcionan en España:
Hylocereus undatus y otros Hylocereus. Es el patrón de todos los cactus de colores de vivero. Crece muy rápido, es fácil de enraizar y admite injertos gruesos. Su gran defecto: es tropical. Por debajo de 8-10 ºC empieza a sufrir y con heladas muere sin remedio. Es el motivo real de que esas bolitas de colores «duren un par de años y se mueran»: no es que la planta injertada tenga fecha de caducidad, es que el patrón se ha ido consumiendo o se ha helado en un balcón. En interior cálido puede aguantar bien varios años.
Myrtillocactus geometrizans. Patrón azulado, muy usado, más resistente al frío que el anterior (tolera algún grado bajo cero puntual en seco) y compatible con muchos géneros. Tiende a formar brotes laterales que hay que ir eliminando.
Echinopsis pachanoi (el antiguo Trichocereus pachanoi) y Echinopsis spachiana. Los mejores patrones de largo plazo para cultivo exterior en clima mediterráneo: aguantan bien el frío seco, viven décadas y sostienen injertos grandes. Crecen algo menos deprisa que Hylocereus.
Pereskiopsis spathulata. Patrón de plántulas, no de plantas adultas. Se injertan sobre él plantitas de semanas de vida, del tamaño de la cabeza de un alfiler, y aceleran el crecimiento de forma espectacular. Exige calor constante y mucha luz; en invierno peninsular necesita invernadero o interior cálido.
Opuntia y Selenicereus. Los Opuntia rústicos sirven para injertos de emergencia al aire libre; Selenicereus funciona parecido a Hylocereus.
Una regla que ahorra disgustos: el injerto solo funciona entre cactáceas. No se puede injertar un cactus sobre una euforbia, ni al revés, aunque se parezcan. Dentro de la familia la compatibilidad es amplia, pero no total, y las combinaciones raras a veces se sueltan al cabo de meses.
Cuándo hacerlo
De finales de abril a septiembre, con las plantas en plena actividad vegetativa y temperaturas de 20 a 30 ºC. Con frío o con las plantas en reposo invernal la soldadura no se produce y el injerto se seca o se pudre. El día ideal es cálido pero no de canícula: en una ola de calor de 40 ºC conviene esperar.
Además, patrón e injerto deben estar bien hidratados y turgentes en el momento del corte. Una planta seca no tiene savia que aporte a la unión. Riega los dos ejemplares dos o tres días antes.
El injerto plano, paso a paso
Es el método básico y el que resuelve el 90 % de los casos. Sirve para bolas sobre columnares.
1. Material. Una cuchilla bien afilada —de bisturí, de cúter nueva o una hoja de afeitar—, alcohol de 96º para desinfectarla y pinzas o gomas elásticas finas. La cuchilla se desinfecta antes de empezar y entre planta y planta.
2. Cortar el patrón. Se decapita el columnar horizontalmente, con un corte limpio de un solo pase, a la altura que quieras (unos 10-20 cm sobre el sustrato en un patrón de tamaño medio). Después se rebajan en bisel las aristas del borde superior: al deshidratarse, ese borde se retrae hacia dentro y podría empujar el injerto hacia arriba.
3. Cortar el injerto. Se rebana por su base, también con un corte limpio y horizontal. Si el corte queda irregular, se corrige con una rodaja fina más.
4. Localizar el anillo vascular. Este es el punto crítico y el que más gente pasa por alto. En la superficie del corte se ve un círculo de tejido de aspecto distinto, más translúcido o ligeramente más oscuro: es el haz vascular. Para que el injerto prospere, los anillos de las dos piezas tienen que coincidir al menos parcialmente. Si el injerto es mucho más pequeño que el patrón, no lo pongas centrado: colócalo descentrado, de modo que su anillo cruce el del patrón. Un injerto perfectamente centrado sobre un patrón mucho más ancho, con los anillos sin tocarse, falla.
5. Unir. Se juntan las dos superficies enseguida, sin dejar que se sequen —cuestión de segundos, no de minutos—, y se gira un poco la pieza superior para expulsar burbujas de aire.
6. Sujetar. Con dos gomas elásticas cruzadas pasando por encima del injerto y por debajo de la maceta, o con una pinza suave. La presión debe ser firme pero no aplastante: si la goma hunde la carne, sobra tensión. En injertos muy pequeños basta con la propia adherencia de la savia.
7. Después. Sombra luminosa, sin sol directo, ambiente algo húmedo y, sobre todo, nada de agua sobre la unión. Nada de pulverizar la planta. Se riega solo el sustrato, y con moderación. Las gomas se quitan a los 7-14 días; si al retirarlas el injerto se mueve, es que no ha soldado.
Otras técnicas útiles
Injerto de cuña o de hendidura. Para injertos alargados o de sección estrecha, como Schlumbergera sobre Pereskiopsis o sobre Selenicereus. Se practica una hendidura en el patrón, se afila el injerto en forma de cuña, se encaja y se fija con una espina del propio cactus atravesando la unión, o con cinta.
Injerto lateral o al sesgo. Se cortan patrón e injerto en diagonal y se casan las superficies. Da más superficie de contacto y se usa cuando el injerto tiene el ápice inclinado o cuando se quiere conservar la punta del patrón.
Injerto de plántula sobre Pereskiopsis. Se hace con lupa y pulso, con plántulas de dos a seis semanas. Se decapita el Pereskiopsis por debajo del ápice, se corta la plántula por su base y se posa encima; la tensión superficial del jugo la mantiene en su sitio sin necesidad de sujeción. Requiere humedad ambiental alta durante los primeros días, y por eso suele hacerse dentro de una caja transparente.
Cuidados de una planta ya injertada
La planta injertada crece más y come más: agradecerá un abonado bajo en nitrógeno y rico en potasio (los específicos de cactáceas, o uno de tomate muy diluido) cada tres semanas en primavera y verano. Recibe agua a través del patrón, así que su ritmo de riego es el del patrón, no el de la especie injertada: un Ariocarpus injertado sobre Myrtillocactus se riega como un Myrtillocactus.
El patrón emitirá brotes por debajo de la unión. Hay que eliminarlos en cuanto asomen, porque compiten con el injerto y acaban robándole todo el vigor.
Cuando el injerto es una especie cuyo aspecto natural te interesa conservar, existe la opción de desinjertar: pasado un tiempo se corta la planta con un trozo del patrón, se deja secar el corte una o dos semanas en sombra y se planta para que emita raíces propias. Funciona bien con Ariocarpus, Astrophytum o Turbinicarpus, y es la práctica habitual de quien injerta solo para ganar los primeros años.
Errores frecuentes
No hacer coincidir los anillos vasculares. Causa número uno del fracaso, y la más silenciosa: la unión parece pegada durante semanas y luego el injerto se seca.
Cortar con cuchilla sin filo o serrar. Un corte con desgarro no cicatriza; hay que cortar de un pase, como con un jamón.
Dejar que las superficies se sequen. Entre corte y unión no debe pasar apenas tiempo. Si has cortado el patrón y luego te has puesto a preparar el injerto, refresca el corte del patrón con una rodaja fina antes de unir.
Mojar la unión. Pulverizar la planta recién injertada es la vía directa a que se pudra el corte.
Injertar en octubre. Fuera de temporada la soldadura no se produce, por buena que sea la técnica.
Dejar el patrón tropical a la intemperie en invierno. Si tu injerto está sobre Hylocereus, en la Meseta o en cualquier zona con heladas hay que entrarlo. En la costa mediterránea o en Canarias puede pasar el invierno fuera, resguardado.
En resumen
Injertar cactus es una técnica sencilla de ejecutar y exigente en los detalles: hoja afilada, plantas turgentes, temporada cálida, corte limpio de un solo pase, anillos vasculares en contacto, presión moderada y la unión completamente seca durante las dos primeras semanas. Se hace por razones concretas —salvar una planta que se pudre, sostener una crestada o una forma sin clorofila, acelerar años de crecimiento en especies lentísimas—, y el patrón elegido decide cuánto va a durar el conjunto: Hylocereus para rapidez en interior, Echinopsis pachanoi o Myrtillocactus para plantas que vayan a vivir muchos años al aire libre en clima mediterráneo. Cuando la especie injertada merece verse en su forma auténtica, lo razonable es aprovechar el empujón inicial y desinjertarla después para que viva sobre sus propias raíces.