En pleno julio, un Aeonium sano cierra sus rosetas hasta parecer una alcachofa medio seca y deja caer las hojas exteriores, que quedan colgando como papel de fumar alrededor del tallo. No se está muriendo ni le falta agua: está haciendo exactamente lo que hace en su tierra de origen. Entender esto cambia por completo la forma de cultivarlos, porque casi todo lo que se hace mal con este género se hace precisamente en verano y por exceso de celo.

De dónde vienen y por qué eso importa

Los Aeonium son crasuláceas, parientes de las Sempervivum y las Echeveria, y su centro de diversidad está en las islas Canarias, con algunas especies en Madeira, Marruecos y el este de África. La treintena larga de especies canarias ocupa desde el nivel del mar hasta la media montaña, en un clima de inviernos templados y húmedos y veranos secos.

De ahí viene su rasgo fundamental: crecen en invierno y descansan en verano. Su temporada de crecimiento va aproximadamente de octubre a mayo, con el máximo en primavera; en cuanto el calor aprieta entran en estivación, cierran la roseta para reducir la superficie expuesta, sacrifican las hojas viejas y paran. Para quien viene de cultivar cactus o crasas americanas, el calendario está invertido.

Aeonium arboreum con sus rosetas terminales sobre tallos leñosos

Las especies que se ven en España

Aeonium arboreum. La más extendida con diferencia, casi naturalizada en la costa mediterránea y en el sur peninsular. Tallos leñosos ramificados de hasta un metro y medio y rosetas verdes planas de 15-20 cm. Su cultivar 'Zwartkop' (o 'Schwarzkopf'), de hojas casi negras, es el más vendido: el color solo se manifiesta a pleno sol, en sombra vuelve al verde.

Aeonium haworthii. Arbustito muy ramificado, rosetas pequeñas gris-azuladas con el borde rojizo. De las más generosas floreciendo y de las más fáciles.

Aeonium tabuliforme. Una roseta única, casi plana, apoyada contra la roca como un plato de hojas superpuestas. Sin tallo. Es la más espectacular y la más delicada: no soporta que le entre agua en el centro y necesita sombra en verano.

Aeonium undulatum y Aeonium urbicum. Especies de un solo tronco alto rematado por una roseta grande. Ambas son estrictamente monocárpicas.

Aeonium canariense. Rosetas anchas, planas y aterciopeladas al tacto, sin apenas tallo.

Aeonium castello-paivae 'Variegatum' y Aeonium decorum 'Sunburst', de hojas variegadas en crema y rosa, muy usadas en jardinería. Las formas variegadas siempre son más sensibles al sol directo y al frío que las verdes.

Luz y ubicación

Quieren mucha luz, pero sol directo de mediodía en verano solo lo aguantan bien en zonas de litoral con brisa. En Madrid, Zaragoza, Córdoba o Sevilla, un Aeonium a pleno sol en agosto se quema: aparecen manchas blanquecinas o marrones irreversibles en las hojas. La ubicación ideal en el interior peninsular es sol de mañana y sombra a partir del mediodía, o sombra luminosa bajo una malla o un árbol de copa clara.

En invierno, en cambio, cuanta más luz mejor, porque es cuando están creciendo. Falta de luz en la temporada de crecimiento equivale a rosetas laxas, tallos alargados con las hojas muy separadas y ejemplares que acaban doblándose por su propio peso.

Riego: la clave está en el calendario

Los Aeonium son suculentas de hoja, pero menos suculentas de lo que parecen: sus hojas almacenan bastante menos agua que las de una Echeveria o un Sedum, y sus raíces son finas y superficiales. Toleran mal la sequía prolongada durante el crecimiento y toleran fatal el agua durante el reposo.

De octubre a mayo: riego regular. En maceta, cuando los tres o cuatro centímetros superiores del sustrato estén secos, normalmente cada 7-12 días según temperatura y ventilación. Es cuando se hacen grandes.

De junio a septiembre: reducir mucho. Un riego ligero cada dos o tres semanas basta para que las raíces no se sequen del todo; en plantas en tierra, a menudo nada. Regar un Aeonium dormido en un sustrato caliente es la receta clásica de la podredumbre de cuello, que se manifiesta cuando la planta se desploma de golpe con el tallo blando y hueco.

El agua siempre va al sustrato, nunca al centro de la roseta, y menos aún en A. tabuliforme, donde el agua estancada entre las hojas centrales provoca podredumbre en pocos días.

El malentendido del verano

Merece un apartado propio porque es el error que arruina más ejemplares. Cuando el Aeonium cierra la roseta y las hojas de fuera se ponen finas, blandas y amarillentas, la reacción instintiva es regar más y ponerlo al sol para que «se recupere». Las dos cosas son lo contrario de lo que necesita.

Un Aeonium en estivación se ve encogido, con la roseta contraída y un anillo de hojas secas colgando; eso es normal y reversible. Un Aeonium que se está pudriendo se ve distinto: el tallo se ablanda y ennegrece cerca del sustrato, la roseta se desprende entera con un tirón mínimo y huele mal. La primera imagen no requiere ninguna intervención más que sombra y paciencia hasta septiembre; la segunda exige cortar por encima de la zona afectada y salvar lo sano como esqueje.

Sustrato y maceta

Un sustrato de cactáceas comercial aligerado funciona bien: aproximadamente mitad materia orgánica (turba, fibra de coco, mantillo) y mitad material drenante (arena gruesa de río lavada, picón, perlita gruesa o arena volcánica). Toleran algo más de materia orgánica que los cactus, pero necesitan que el agua atraviese el tiesto sin encharcarse.

Como sus raíces son superficiales, prefieren macetas anchas y poco profundas antes que hondas. El barro sin esmaltar ayuda a que el cepellón se seque más deprisa, que es justo lo que interesa. El plato bajo la maceta se vacía siempre después de regar.

Trasplante cada dos años, y en otoño —al arrancar su crecimiento—, no en primavera como se hace con la mayoría de las plantas de jardín.

Frío

Aquí está la otra creencia extendida que conviene matizar: se dice de ellos que son plantas «duras», y lo son ante el descuido, la sequía puntual, el viento y el suelo pobre. Pero no ante el hielo. El grueso de las especies aguanta hasta unos −2 ºC de forma puntual y en seco; A. arboreum resiste algo más si el suelo está seco y la helada es de pocas horas. Por debajo de −4 ºC o con heladas repetidas, las hojas se vuelven translúcidas y la planta se pierde.

Traducido a mapa: en toda la franja costera mediterránea, el litoral atlántico andaluz, Canarias y el norte templado viven perfectamente en el jardín todo el año. En el interior peninsular hay que cultivarlos en maceta y recogerlos en un porche, un invernadero frío o junto a una pared orientada al sur durante los meses fríos. No sirve meterlos en un salón con calefacción a 22 ºC: es su época de crecimiento y necesitan luz abundante y frescor.

Floración: lo que hay que saber antes de que ocurra

Los Aeonium son monocárpicos por roseta. Cuando una roseta florece, emite una panícula piramidal de flores pequeñas, casi siempre amarillas, que puede durar semanas, y después esa roseta muere. No la planta entera: solo la roseta que ha florecido.

La consecuencia práctica es importante. En especies muy ramificadas como A. arboreum o A. haworthii, la floración de una rama es un episodio menor y el ejemplar sigue adelante. En las de tronco único como A. undulatum, A. urbicum o A. tabuliforme, florecer significa el final del ejemplar. Por eso conviene tener esquejes enraizados antes: en cuanto aparece la inflorescencia en una planta de roseta única, lo sensato es asumir que se va, y si se quiere semilla, dejarla fructificar.

Cortar el tallo floral cuando ya ha emergido no salva la roseta, aunque sí puede alargarle unos meses de vida y evita que gaste todo en la semilla.

Multiplicación: la parte fácil

Por esqueje de roseta, y sale prácticamente siempre.

Se corta una roseta con 5-10 cm de tallo, con un cuchillo limpio y un corte franco. Se deja secar la herida a la sombra durante tres o cuatro días, hasta que el corte se cierre —saltarse este paso es la causa habitual de que el esqueje se pudra—. Después se planta en sustrato drenante apenas humedecido, en sombra luminosa, y se riega poco hasta que agarre.

El mejor momento es septiembre-octubre o marzo-abril. En pleno verano los esquejes se quedan parados y se deshidratan; enraízan mucho mejor con el fresco. Suelen tardar de dos a cuatro semanas en emitir raíces.

Ese mismo esqueje resuelve dos problemas más: rejuvenecer una planta que se ha alargado y quedado con tallos desnudos, y salvar la parte sana de una que se está pudriendo por abajo.

Plagas y problemas

Cochinilla algodonosa. El enemigo número uno. Se instala en el corazón de la roseta y entre las bases de las hojas, donde es difícil de ver hasta que hay colonia. Con pocos individuos, un bastoncillo mojado en alcohol de 96º y retirada manual; con infestación, jabón potásico o aceite de neem, repitiendo cada 7-10 días, siempre al atardecer y nunca con la planta a pleno sol.

Cochinilla de raíz. Sospéchala cuando la planta no crece en plena temporada sin causa aparente: al desenmacetar se ven grumos blancos algodonosos entre las raíces. Se limpia el cepellón, se cambia todo el sustrato y la maceta.

Pulgón. Ataca casi en exclusiva a los tallos florales tiernos en primavera. Se controla con jabón potásico y no compromete a la planta.

Rosetas alargadas y hojas separadas. Falta de luz durante el invierno. Se corrige podando y reenraizando la punta.

Manchas blancas o marrones secas en las hojas. Quemaduras de sol, típicas de una planta que ha pasado el invierno resguardada y sale de golpe al sol de mayo. Hay que aclimatarlas gradualmente, dos semanas dándoles cada día un poco más de exposición.

Abonado

Poco y en su temporada. Un fertilizante para cactus y crasas, bajo en nitrógeno, a media dosis, una vez al mes de octubre a abril. Abonar en verano no sirve de nada porque la planta está parada, y el exceso de nitrógeno da rosetas grandes de hoja blanda, más apetecibles para la cochinilla y más sensibles al frío.

En resumen

Los Aeonium son plantas agradecidas siempre que se respete su calendario canario: crecen y se riegan en invierno y primavera, y descansan casi secos y a la sombra en verano. Necesitan mucha luz sin sol abrasador de mediodía, sustrato drenante en maceta ancha y poco profunda, y protección frente a heladas por debajo de unos dos grados bajo cero. Cada roseta muere después de florecer, así que en las especies de tronco único conviene tener esquejes preparados, algo trivial porque enraízan casi solos si se deja cicatrizar el corte unos días antes de plantarlos. Y ante una planta que en agosto se encoge y suelta hojas, la respuesta correcta casi nunca es regar más.


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