Ponlo a pleno sol de agosto, en sustrato de cactus y regándolo cada tres semanas, y en un verano lo habrás arruinado. El Aporocactus tiene espinas y aspecto de cactus, pero no vive en el desierto: vive colgado de la rama de un árbol, en bosque húmedo mexicano. Ese malentendido explica casi todos los ejemplares tristes, amarillentos y sin flores que se ven en balcones españoles.

Cuando se le da lo que pide, es de los cactus más agradecidos que existen: crece rápido, se multiplica solo con partir un tallo y da una floración larga, en flores que aguantan varios días cada una y que se van relevando durante semanas.

Qué es un Aporocactus y cómo se llama ahora

La especie de referencia es el Aporocactus flagelliformis, el cactus cola de rata o cola de ratón. La botánica actual lo ha trasladado al género Disocactus, de modo que su nombre aceptado hoy es Disocactus flagelliformis. En viveros y catálogos españoles se sigue vendiendo como Aporocactus, así que conviene saber que son la misma planta y no dos cosas distintas.

Es un cactus epífito originario del centro y sur de México, de los estados de Hidalgo y Oaxaca, donde crece agarrado a troncos, ramas y grietas de roca en zonas de bosque, no sobre suelo desnudo bajo sol pelado. Sus raíces son finas y superficiales, acostumbradas a un medio aireado, húmedo a ratos y que se seca deprisa: hojarasca acumulada en una horquilla, musgo, corteza.

Los tallos son cilíndricos y delgados, de 1 a 2 cm de grosor, con 8 a 13 costillas muy bajas y areolas provistas de espinas cortas, finas y rojizas o pardas que se vuelven grisáceas con la edad. Empiezan erguidos y, en cuanto ganan longitud, caen por el borde de la maceta y siguen creciendo hacia abajo. En un ejemplar bien cuidado, en cesta colgante, los tallos superan sin problema el metro, y con años llegan a metro y medio o dos.

Tallos colgantes del Aporocactus flagelliformis o cactus cola de rata

Las flores, que es a lo que se cultiva

Florece en primavera, típicamente entre marzo y mayo según la zona: antes en el litoral mediterráneo y en Canarias, algo más tarde en el interior. Las flores brotan directamente de las areolas a lo largo del tallo, no en las puntas, y son tubulares y asimétricas, de 6 a 8 cm de largo, en un rosa magenta intenso que tira a carmín. Como en el resto de cactus de flor tubular y color rojizo, la forma responde a la polinización por colibríes.

Lo llamativo es la duración. Muchos cactus abren de noche y se cierran para siempre a la mañana siguiente; las de Aporocactus se mantienen abiertas alrededor de tres a cinco días, y como no se abren todas a la vez, un ejemplar adulto puede estar en flor tres o cuatro semanas seguidas. De ahí su fama de cactus con flor que dura.

Aquí hay un detalle de manejo que casi nadie tiene en cuenta y que arruina floraciones enteras: los botones florales son sensibles al cambio de orientación. Si mueves o giras la maceta cuando los botones ya están formados pero aún cerrados, es frecuente que se sequen y caigan sin abrirse. Decide dónde va a estar la planta antes de que salgan los botones y no la toques hasta que haya terminado de florecer.

La clave de la floración: un invierno fresco y seco

Si tu planta está sana, crece bien y no florece nunca, el motivo es casi seguro este. El Aporocactus necesita un reposo invernal para inducir la formación de botones. Entre noviembre y febrero, mantenlo entre 8 y 12 °C y riega solo lo justo para que los tallos no lleguen a arrugarse: una vez cada tres o cuatro semanas, poca agua. Un galpón, un porche acristalado sin calefacción, una habitación fría o un invernadero frío valen perfectamente.

Un ejemplar que pasa el invierno en el salón a 21 grados y regado con normalidad seguirá haciendo tallo, y no dará una flor. Es exactamente el mismo error que impide florecer al cactus de Navidad, por la misma razón.

En cuanto veas los primeros botones —a menudo en febrero—, sube el riego progresivamente y devuélvelo a su sitio definitivo de primavera.

Luz: brillante, pero no sol de mediodía

Necesita mucha luz para florecer, pero no el sol directo de las horas centrales del verano español, que es mucho más duro que el que recibe en su hábitat bajo la copa de un árbol. La combinación ideal en la Península es sol directo de primeras horas de la mañana y sombra luminosa el resto del día: un balcón orientado a levante, o bajo un toldo o una parra en uno orientado a poniente.

Los síntomas de exceso de sol son inconfundibles: los tallos pierden el verde franco y se ponen amarillentos o cobrizos, y en casos fuertes aparecen manchas blanquecinas de quemadura. Si eso pasa, muévelo a más sombra; el color se recupera en el crecimiento nuevo, pero las quemaduras no. Por el otro extremo, con luz insuficiente los tallos salen de un verde oscuro apagado, más blandos, más finos y sin flores.

Sustrato y maceta

Es un epífito, así que olvídate del sustrato de cactus de desierto tal cual: es demasiado mineral y demasiado pobre para él. Quiere una mezcla que retenga algo de humedad pero que drene rápido y se mantenga aireada. Una fórmula sencilla y que funciona:

2 partes de turba rubia o fibra de coco, 1 parte de mantillo o compost tamizado, 1 parte de perlita o pómice y 1 parte de corteza de pino de granulometría fina. La corteza es la que marca la diferencia: mantiene el aire entre partículas y evita que el sustrato se apelmace, que es como mueren sus raíces finas.

Va en cesta colgante o en maceta sobre una repisa alta, porque los tallos tienen que poder caer. Prefiere macetas más bien justas: un tiesto enorme retiene demasiada agua alrededor de un cepellón pequeño. Trasplanta cada 2 o 3 años, justo después de la floración, nunca antes.

Riego y abonado

De marzo a octubre riega cuando los dos o tres primeros centímetros de sustrato estén secos, empapando hasta que salga agua por abajo y vaciando después el plato. En pleno verano y en cesta colgante, expuesto al aire por todos los lados, eso puede significar dos riegos por semana; no es un cactus de un riego al mes. Si los tallos se ven finos, con arrugas longitudinales, va corto de agua.

Agradece la humedad ambiental. En interiores secos con calefacción, o durante las olas de calor con viento seco del interior peninsular, pulverizar agua sobre los tallos al atardecer le sienta bien y además desanima a la araña roja. No pulverices las flores abiertas: se manchan.

Abona cada 15 días desde finales de invierno hasta el final de la floración con un fertilizante bajo en nitrógeno y rico en fósforo y potasio; sirven los de cactus y suculentas y también los de tomate, muy diluidos. Terminada la floración, pasa a una vez al mes hasta septiembre y suspende del todo en invierno. Con exceso de nitrógeno hará muchísimo tallo verde y tierno, muy vulnerable a la cochinilla, y pocas flores.

Frío: lo que no tolera

No es una planta rústica. Por debajo de 5 °C empieza a sufrir y una helada, aunque sea ligera, le pudre los tallos. En el litoral mediterráneo, en el sur y en Canarias puede pasar el invierno fuera en un lugar resguardado. En el resto de España hay que entrarlo, y el sitio ideal es precisamente uno fresco y luminoso, no el salón caldeado, porque ese frío moderado es lo que necesita para florecer.

Multiplicación y la variante injertada

Es de lo más fácil que hay. Corta con un cuchillo limpio un trozo de tallo de 15 a 20 cm, en primavera o principios de verano, déjalo secar a la sombra 3 o 5 días hasta que el corte forme costra y clávalo un par de centímetros en sustrato ligero apenas húmedo. Enraíza en tres o cuatro semanas. Para conseguir una mata densa desde el principio, mete cinco o seis esquejes en la misma maceta en vez de uno solo.

La semilla es viable pero lenta y sin ninguna ventaja práctica.

También se ve, sobre todo en viveros, la forma injertada sobre un pie erguidoSelenicereus, Hylocereus o un Cereus—, que produce una especie de sauce llorón de tallos colgantes desde lo alto de un tronco. Es vistosa, pero el punto de injerto es una zona frágil: hay que protegerla del frío y evitar que la cabellera pese tanto que acabe descolgando el injerto.

Flores rosa magenta del cactus cola de rata

Poda y mantenimiento

Los botones se forman sobre tallos del año anterior, así que podar en invierno o a principios de primavera equivale a cortar la floración. El momento de recortar es en cuanto termina de florecer: quita los tallos secos, los dañados y los que hayan crecido demasiado, y aprovecha los recortes sanos como esquejes.

Los tallos son quebradizos y se parten por su propio peso al manipularlos. Sujeta la mata con una mano al mover la cesta y, si vas a colgarla, usa un gancho firme: un ejemplar grande y recién regado pesa bastante.

Plagas y problemas

Cochinilla algodonosa. La plaga habitual. Se instala en las areolas y en el punto donde los tallos se cruzan y rozan. Se quita con un bastoncillo mojado en alcohol de 70° y se controla con jabón potásico, repitiendo a los 10 días.

Araña roja. Típica de ambientes secos y calurosos. Deja los tallos con un moteado pálido y polvoriento. Se combate subiendo la humedad ambiental y con acaricida si la colonia ya está establecida.

Caracoles y babosas. En terraza y a nivel del suelo muerden los botones florales por la noche. Si aparecen mordiscos limpios en los botones, revisa por la noche con una linterna.

Pudrición. Tallos blandos y translúcidos partiendo de la base: exceso de agua, sustrato apelmazado, plato con agua estancada o frío húmedo. Corta la parte sana bien por encima del daño, deja cicatrizar y reenraíza; el cepellón afectado no se recupera.

Caída de botones. Casi siempre por haber movido o girado la planta, por un golpe de calor o por dejar secar el sustrato del todo justo en ese momento.

Parientes que verás en venta

Disocactus martianus, antes Aporocactus martianus, es muy parecido pero con tallos algo más gruesos y flores más grandes y abiertas. Y con la etiqueta Aporophyllum se venden los híbridos entre Aporocactus y Epiphyllum: conservan el porte colgante y ganan flores mucho mayores, en naranjas, rojos, rosas y amarillos. Todos ellos se cultivan exactamente igual que el cola de rata.

En resumen

El Aporocactus flagelliformis —hoy Disocactus flagelliformis— es un cactus epífito mexicano de tallos colgantes cuya gracia son unas flores rosa magenta que duran varios días cada una y se relevan durante semanas en primavera. Trátalo como epífito y no como cactus de desierto: sustrato con materia orgánica y corteza, riegos regulares en la temporada de crecimiento, humedad ambiental y luz brillante sin sol de mediodía. La floración depende de darle un invierno fresco, entre 8 y 12 °C, y casi sin agua, y de no mover la maceta cuando ya tiene botones. Poda solo después de florecer, porque las flores salen sobre el tallo del año anterior, y multiplícalo partiendo un trozo de tallo: es de las plantas más fáciles de regalar a trozos.


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