El nombre engaña dos veces: ni es una planta de desierto ni florece necesariamente en Navidad. El llamado cactus de Navidad pertenece al género Schlumbergera, un grupo de cactáceas epifitas que en estado silvestre viven encaramadas a los troncos y a las rocas cubiertas de musgo de la Mata Atlántica brasileña, en la Serra do Mar, entre los 700 y los 1.500 metros de altitud. Allí no hay arena ni sequía prolongada: hay sombra de dosel, humedad ambiental alta y raíces prendidas a un puñado de materia orgánica en descomposición. Entender ese origen resuelve prácticamente todos los problemas que la planta da dentro de casa.

Cactus de Navidad en flor con sus tallos aplanados colgantes

Qué planta estás comprando en realidad

Bajo la etiqueta comercial de "cactus de Navidad" se venden en España al menos tres plantas distintas, y saber cuál tienes cambia cuándo debes esperar la floración.

Schlumbergera truncata es la que domina los puntos de venta. Sus tallos aplanados —que no son hojas, sino segmentos de tallo llamados cladodios o filocladios— tienen de dos a cuatro dientes puntiagudos y marcados en cada borde. Florece de forma natural entre finales de octubre y noviembre, con flores muy asimétricas, inclinadas, y polen amarillo. En el mundo anglosajón se la conoce como cactus de Acción de Gracias precisamente por adelantarse.

Schlumbergera × buckleyi es el híbrido antiguo, el auténtico cactus de Navidad. Sus segmentos tienen el borde festoneado y redondeado, sin pinchos, y los tallos cuelgan más. Sus flores son más simétricas, radiales, con polen rosado, y abren de diciembre a enero. Es menos frecuente en tienda y suele encontrarse en plantas viejas heredadas de la familia.

Rhipsalidopsis gaertneri (antes Hatiora gaertneri o Schlumbergera gaertneri) es el cactus de Pascua. Segmentos redondeados sin dientes y flores estrelladas, perfectamente radiales, que abren en primavera. Si compraste algo etiquetado como cactus de Navidad y florece en abril, no está estropeado: es otra especie.

En muchas zonas de España se conoce a estas plantas como santa teresa o zigocactus, herencia del nombre científico antiguo, Zygocactus truncatus, hoy en desuso.

Luz, temperatura y ubicación

Al ser epifita de sotobosque, la Schlumbergera quiere luz abundante pero filtrada. Una ventana orientada al este o al norte, o a un metro de una ventana al sur tras un visillo, es el sitio ideal. El sol directo de mediodía entre mayo y septiembre le quema los segmentos: aparecen manchas blanquecinas o rojizas que después se vuelven pardas y ya no se recuperan. Ese enrojecimiento de los bordes es la señal más temprana de exceso de radiación; si lo ves, mueve la planta antes de que la quemadura sea irreversible.

El rango de temperatura cómodo va de los 18 a los 24 °C. No resiste la helada, y por debajo de 7 °C empieza a sufrir daños en los tejidos. En el litoral mediterráneo, en Canarias y en el sur de Andalucía puede vivir todo el año en el exterior a la sombra, colgada de un porche o bajo un árbol; en el interior peninsular hay que meterla en casa antes de las primeras heladas de noviembre.

Dentro de casa, el enemigo real es la calefacción. Un radiador debajo de la maceta seca el aire, deshidrata los segmentos y provoca la caída de botones florales. Aléjala también de las corrientes de aire de puertas y de las ventanas que se abren para ventilar en invierno.

Riego y sustrato

Aquí es donde se pierden más plantas, y casi siempre por tratarlas como cactus de desierto. La Schlumbergera no aguanta la sequía prolongada: sus tallos son suculentos, pero mucho menos que los de un Ferocactus, y con dos meses sin agua se arruga y se descuelga.

La pauta que funciona es regar cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato estén secos al tacto. En primavera y verano eso puede suponer un riego cada cinco o siete días; en pleno invierno, cada dos o tres semanas. Riega de forma abundante hasta que salga agua por los agujeros de drenaje y vacía el plato a los diez minutos. La maceta permanentemente sobre agua encharcada es la causa número uno de podredumbre de cuello y raíz, provocada por hongos del suelo como Phytophthora y Fusarium. El síntoma es engañoso: la planta se ablanda y se descuelga igual que si le faltara agua, y el reflejo de regar más la remata.

El sustrato debe ser ligero, aireado y ligeramente ácido, con un pH entre 5,5 y 6,5. Un sustrato de cactus mineral puro no le sirve. Una mezcla que funciona bien: dos partes de turba rubia o fibra de coco, una parte de corteza de pino fina y una parte de perlita o pómice. Si solo tienes sustrato universal, añádele un tercio de perlita.

El agua muy calcárea, habitual en buena parte del interior peninsular y del Levante, va bloqueando la absorción de hierro y termina amarilleando los segmentos nuevos. Si tu agua del grifo pasa de unos 300 mg/l de carbonato cálcico, alterna con agua de lluvia o con agua descalcificada por ósmosis.

Cómo conseguir que florezca cada año

La Schlumbergera inicia los botones florales por dos estímulos que pueden actuar por separado o combinados: días cortos y frío moderado.

Con noches de 13 a 14 horas de oscuridad total e ininterrumpida durante unas seis semanas, la planta induce flor aunque la temperatura sea templada. Con temperaturas nocturnas de 10 a 13 °C, induce flor con independencia del fotoperiodo. Por encima de 21 °C por la noche, no induce nada: por eso una planta que pasa el otoño en un salón caldeado y con la lámpara encendida hasta las doce de la noche llega a diciembre completamente verde y sin un botón.

La receta práctica para el clima español es sencilla. De mediados de septiembre a principios de noviembre, coloca la planta en una habitación fresca y sin luz artificial por la noche —un dormitorio poco usado, una galería sin calefacción, un cuarto trastero con ventana—, y reduce el riego a la mitad, sin llegar a dejar que se arrugue. En cuanto veas los botones del tamaño de un grano de arroz, devuélvela a su sitio habitual y reanuda el riego normal.

Y aquí viene el detalle que arruina más floraciones: una vez formados los botones, no muevas la planta ni la gires. La caída masiva de botones se debe casi siempre a un cambio brusco de posición, de temperatura o de humedad. Las plantas que se compran ya cuajadas de botones en el garden suelen soltarlos a los pocos días en casa por ese mismo motivo. Si puedes elegir, compra un ejemplar con los botones aún pequeños y cerrados, no uno en plena flor.

Flor de zigocactus vista de cerca

Cada flor individual dura de cinco a siete días, pero como no abren todas a la vez, un ejemplar bien cargado mantiene el espectáculo entre tres y seis semanas.

Abonado

De abril a agosto, cuando la planta emite segmentos nuevos, un abono líquido equilibrado tipo 20-20-20 diluido a la mitad de la dosis de la etiqueta, cada quince días. A partir de finales de agosto conviene cambiar a un fertilizante rico en potasio y bajo en nitrógeno, del tipo que se usa para plantas de flor, para favorecer la inducción floral en lugar del crecimiento vegetativo.

Suspende el abonado durante el periodo de inducción y durante toda la floración, y no lo reanudes hasta que la planta haya terminado de florecer. Las Schlumbergera agradecen el magnesio: una cucharadita de sulfato de magnesio en cinco litros de agua, una vez al mes durante la primavera, mantiene el verde intenso de los segmentos. No lo apliques el mismo día que el abono, porque compite con el calcio en la absorción.

Poda, trasplante y multiplicación

Después de la floración, entre febrero y marzo, pellizca uno o dos segmentos del extremo de cada tallo, girándolos con los dedos. De cada corte brotarán dos o tres ramificaciones, y como las flores salen en los extremos de los tallos, multiplicar los extremos es multiplicar las flores del año siguiente. Es la única poda que necesita y la que separa una planta espigada y desgarbada de una compacta y densa.

Esos segmentos pellizcados son el material de propagación. Deja secar la herida uno o dos días a la sombra, clava el trozo un centímetro en un sustrato ligero y ligeramente húmedo, y mantenlo a media sombra a unos 20 °C sin encharcar. Enraíza en tres o cuatro semanas. Es una de las plantas de interior más agradecidas de reproducir, y por eso circula tanto de casa en casa.

En cuanto al trasplante, ten cuidado con la tentación de darle más maceta. La Schlumbergera florece mejor con el cepellón algo apretado, así que basta con cambiarla cada tres o cuatro años, siempre justo después de la floración y a una maceta solo dos o tres centímetros más ancha. Las macetas colgantes le van especialmente bien porque los tallos, al alargarse, tienden a caer.

Problemas frecuentes

Segmentos arrugados y blandos. Puede ser falta de agua o exceso. Saca la planta de la maceta y mira las raíces: si están blancas y firmes, riega; si están marrones, blandas y con olor, hay podredumbre y hay que cortar la parte afectada, dejar secar y replantar en sustrato nuevo, o salvar la planta a partir de esquejes sanos.

Manchas rojizas o púrpuras en los bordes. Exceso de sol directo, o bien falta de nutrientes si la planta lleva años en la misma tierra.

No florece. Casi siempre por luz artificial nocturna en otoño, temperaturas nocturnas altas, o exceso de abono nitrogenado.

Masas algodonosas blancas en las axilas de los segmentos. Cochinilla algodonosa (Planococcus citri), muy habitual en interior. Se retira con un bastoncillo mojado en alcohol de 96° y se trata con jabón potásico repetido cada semana durante tres semanas. Revisa también las raíces al trasplantar: la cochinilla de raíz, blanca y polvorienta, pasa desapercibida hasta que la planta se estanca sin motivo aparente.

Telarañas finas y punteado decolorado. Araña roja, favorecida por el aire seco de la calefacción. Aumenta la humedad ambiental colocando la maceta sobre un lecho de arcilla expandida húmeda, sin que el fondo toque el agua.

En resumen

El cactus de Navidad es una epifita tropical de montaña disfrazada de cactus, y hay que cultivarla como tal: luz clara sin sol directo, sustrato orgánico y aireado, riegos regulares con drenaje impecable y nada de calefacción cerca. La floración de diciembre no llega sola, sino que se provoca dando a la planta entre seis y ocho semanas de otoño fresco, noches largas y oscuridad ininterrumpida; después, cuando aparezcan los botones, hay que dejarla quieta. Una poda de pellizco tras la floración la mantiene compacta y le duplica los puntos de flor, y los esquejes que salen de esa poda enraízan casi solos. Bien tratada, no es una planta de temporada: aguanta décadas en la misma casa.


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