En los viveros se siguen vendiendo con la etiqueta Notocactus, pero ese género dejó de considerarse válido hace ya bastantes años: los botánicos lo absorbieron dentro de Parodia. El nombre antiguo sobrevive porque es el que usan los coleccionistas y el que aparece en las guías, así que conviene conocer los dos. Lo que no cambia es la planta: un grupo de cactus globosos sudamericanos que florecen jóvenes, con flores grandes y amarillas, y que se cultivan con una regla que sorprende a quien viene de los cactus mexicanos, porque necesitan bastante más agua de la que se suele dar.
De dónde vienen y por qué importa
Los notocactus proceden del sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y el noreste de Argentina. No son plantas de desierto. Crecen en praderas y afloramientos rocosos de los campos, zonas con lluvias repartidas durante buena parte del año, veranos húmedos y calurosos e inviernos frescos y secos. Muchos ejemplares viven entre matas de hierba que les filtran el sol de mediodía y les mantienen algo de humedad en la base.
Ese origen explica casi todo su cultivo. Un Ferocactus de Sonora aguanta meses sin una gota; un Notocactus tratado igual se detiene, se arruga y deja de florecer. Aquí se riega en serio durante la estación de crecimiento. La sequía extrema que se les aplica «porque son cactus» es el error más habitual con este género y la causa de que tantos ejemplares lleven años sin abrir una flor.
Cómo son
El cuerpo es globoso o ligeramente cilíndrico con la edad, de entre 5 y 30 cm según la especie, con costillas bien marcadas y a menudo divididas en tubérculos poco pronunciados. Las areolas son lanosas y llevan espinas finas, a veces cerdosas, en tonos que van del blanco al dorado o al pardo rojizo.
Las flores salen del ápice, son diurnas, de 3 a 7 cm, casi siempre amarillas —hay excepciones de color rojo o púrpura— y duran varios días abriendo por la mañana y cerrando al atardecer. Tienen un detalle que sirve para identificar el grupo a simple vista: los lóbulos del estigma son de un rojo o magenta intenso, muy contrastados sobre el amarillo de los pétalos. Si abres la flor de un cactus globoso amarillo y ves ese centro rojo, tienes un notocactus con muchas probabilidades.
Otra ventaja práctica: florecen pronto. Varias especies abren su primera flor a los tres o cuatro años de semilla, y algunas incluso antes. No hay que esperar una década como con otros géneros.
Las especies que se encuentran aquí
Notocactus ottonis (Parodia ottonis) es el más extendido y el más agradecido. Globoso, verde oscuro y brillante, flores amarillas grandes, y con la costumbre de emitir hijuelos desde la base por estolones cortos, lo que permite multiplicarlo sin esfuerzo.
Notocactus scopa (Parodia scopa) queda cubierto por un vello de espinas radiales blancas muy finas, entre las que asoman centrales rojizas. Con los años se alarga y se vuelve columnar. Es de los más decorativos incluso sin flor.
Notocactus leninghausii (Parodia leninghausii) es el cactus columnar de espinas doradas, un clásico de vivero y de alféizar. Crece erguido hasta el metro en ejemplares muy viejos, se inclina un poco hacia el sol, y no florece hasta que no supera los 15-20 cm de altura.
Notocactus magnificus (Parodia magnifica) tiene un cuerpo azulado con costillas afiladísimas y espinas doradas cortas. Forma grupos con el tiempo y es de los más vistosos del género.
Notocactus haselbergii (Parodia haselbergii) rompe el molde: sus flores son rojo anaranjado y aparecen a finales de invierno o principios de primavera, mucho antes que las del resto.
Notocactus uebelmannianus, N. minimus, N. mammulosus, N. concinnus, N. rutilans y N. eugeniae completan la lista de lo que se ve con frecuencia en colecciones españolas. Los de pequeño tamaño, como minimus, son ideales si tienes poco espacio y quieres varias especies.
Luz y ubicación
Quieren mucha luz, pero no necesariamente sol directo todo el día. En el litoral mediterráneo y en el norte pueden estar a pleno sol sin problema. En el interior peninsular, donde en julio y agosto se superan con holgura los 38 °C y la radiación es brutal, agradecen una malla de sombreo del 30-40 % o el sol filtrado de las horas centrales. Un notocactus quemado se marca con manchas amarillentas o corchosas que no desaparecen nunca: la epidermis del cactus no se regenera.
El error clásico llega en marzo. La planta ha pasado el invierno en un interior o bajo cubierta, con poca luz, y se saca de golpe al sol de primavera. En una semana aparecen las quemaduras. La aclimatación se hace en dos o tres semanas, dándole cada vez un poco más de exposición.
Dentro de casa raramente prosperan a largo plazo. Detrás de un cristal orientado al sur pueden mantenerse, pero se etiolan —crecen estirados y pálidos— y no florecen. Son plantas de terraza, balcón, patio o invernadero frío.
Sustrato: aquí el agua de riego decide
Necesitan un sustrato muy drenante pero con algo más de materia orgánica que un cactus mexicano. Una mezcla que funciona bien: 60 % de material mineral (puzolana o picón de grano 3-6 mm, arena silícea gruesa de río, pómice o akadama) y 40 % de turba rubia o fibra de coco. La turba aporta la retención y la ligera acidez que este grupo prefiere.
Y aquí viene el punto que arruina más colecciones de lo que parece: los notocactus son sensibles a la cal. En buena parte de España el agua del grifo es muy dura, y regar durante años con ella alcaliniza el sustrato, bloquea la absorción de hierro y manganeso y produce clorosis: el cuerpo pierde el verde intenso y se vuelve amarillento, el crecimiento se para y aparecen costras blanquecinas en el sustrato y en la base de la planta. Si tu agua pasa de unos 25-30 grados franceses de dureza, riega con agua de lluvia, con agua descalcificada por ósmosis o mezcla el agua del grifo al 50 % con agua destilada. Es la diferencia entre un ejemplar sano y uno que va languideciendo sin causa aparente.
La maceta, de barro o de plástico indistintamente, siempre con agujeros y ancha más que profunda, salvo en las especies columnares. Nada de platos con agua estancada debajo.
Riego a lo largo del año
El método es el de empapar y dejar secar. Cuando riegues, moja todo el cepellón hasta que salga agua por los agujeros; después no vuelvas a regar hasta que el sustrato esté seco por completo, no solo en la superficie. Comprobarlo con un palillo de madera hundido hasta el fondo es más fiable que mirar o tocar por arriba.
Con calendario español aproximado:
Marzo y abril. Primer riego cuando las temperaturas nocturnas se estabilicen por encima de 8-10 °C. Empieza con un riego ligero y espacia bien; la planta todavía tiene las raíces poco activas.
De mayo a septiembre. Plena actividad. Riego cada 5 a 10 días según el calor, el tamaño de la maceta y el viento. En una terraza de Sevilla en agosto puede tocar cada cuatro o cinco días; en una de Bilbao, cada dos semanas. Ojo con los días de más de 38 °C: muchos cactus entran en parada estival y absorben poco, así que conviene aflojar en las olas de calor y regar al atardecer, nunca al sol de mediodía.
Octubre. Se van espaciando los riegos hasta cortarlos.
De noviembre a febrero. Sequía total. Ni un riego, salvo en ejemplares muy pequeños en macetas diminutas, que pueden recibir un chorrito muy ligero cada seis u ocho semanas en un día templado para que no se deshidraten las raíces finas.
Ese reposo seco de invierno no es una crueldad: es lo que induce la floración. Un notocactus regado todo el año en un salón caliente crece de forma blanda, se deforma y no da una sola flor. Si quieres flores en mayo, tienen que pasar frío y sed en enero.
Frío: qué aguantan de verdad
Su resistencia al frío depende por completo de que el sustrato esté seco. Con el cepellón seco, especies como N. ottonis, N. scopa o N. mammulosus soportan heladas breves de hasta −4 o −5 °C sin daño. Con el sustrato húmedo, cero grados basta para que revienten las células y la planta se pudra en cuestión de días.
En la práctica: en el litoral mediterráneo y en Canarias pueden pasar el invierno fuera, siempre bajo un techado que impida que les lluevan encima las precipitaciones invernales. En el interior y en zonas de montaña, invernadero frío o galería sin calefacción, con temperaturas entre 5 y 12 °C. En la cornisa cantábrica y Galicia el problema no es el frío sino la lluvia continua: allí el cultivo bajo cubierta es obligatorio.
Lo que hay que evitar es el invierno cálido y luminoso de un salón con calefacción. Ni descansan ni crecen bien, y en primavera están más débiles que si hubieran pasado frío.
Abonado
Abona solo durante la estación de crecimiento, de abril a septiembre, una vez al mes con un fertilizante específico para cactus, bajo en nitrógeno y alto en potasio y fósforo (del tipo NPK 5-10-10 u 8-15-15), diluido a la mitad de la dosis que indique el envase. El exceso de nitrógeno produce un crecimiento hinchado, de epidermis fina, propenso a hongos y a cochinillas, y con espinación pobre. Nunca abones una planta seca ni recién trasplantada.
Trasplante
Cada dos o tres años, en primavera, subiendo un solo número de maceta. Saca el cepellón, retira el sustrato viejo con cuidado y revisa las raíces: es el momento de descubrir una cochinilla de raíz antes de que arrase la planta. Corta lo que esté seco o podrido, deja secar la planta al aire un par de días si has hecho cortes, planta en sustrato seco y espera entre siete y diez días antes del primer riego. Regar de inmediato sobre raíces heridas es la vía rápida a la podredumbre.
Multiplicación
Por hijuelos en las especies que los producen, como N. ottonis o N. mammulosus. Se separan en primavera o verano, se dejan cicatrizar tres o cuatro días a la sombra y se plantan en sustrato ligeramente húmedo. Enraízan en pocas semanas.
Por semilla, que es como se obtienen las especies que no ramifican, como leninghausii. Las semillas son diminutas: se siembran en superficie sobre sustrato tamizado y esterilizado, se cubre el semillero con plástico o cristal y se mantiene a 20-25 °C con luz indirecta. Germinan en una o dos semanas. Marzo y abril son las mejores fechas en la península. La ventilación progresiva a partir del mes de vida evita el damping-off, que es lo que se lleva por delante los semilleros mal ventilados.
Muchas especies son autoestériles, así que para conseguir semilla propia hacen falta dos ejemplares de origen distinto, no dos hijuelos de la misma planta.
Plagas y problemas frecuentes
Araña roja. El enemigo número uno de este género en el verano español. Prospera con calor y aire seco. Deja el ápice y la zona joven con un moteado herrumbroso que después se vuelve corcho gris permanente. Cuando se ve el daño, el ácaro lleva semanas. Prevención: pulverizar el entorno de las plantas con agua para subir la humedad ambiental en los días secos y ventosos, y revisar el ápice con lupa cada pocas semanas. Se trata con acaricida específico, repitiendo a los diez días.
Cochinilla algodonosa. Bolitas blancas algodonosas entre las costillas y en las areolas. En focos pequeños se retiran con un bastoncillo mojado en alcohol de 70°. En infestaciones amplias, insecticida sistémico. Revisa también las raíces al trasplantar: la cochinilla de raíz es la misma plaga escondida y mata sin que se vea nada por fuera.
Podredumbre basal. Empieza con un reblandecimiento oscuro en la base. Casi siempre es riego en exceso, riego en frío o sustrato compactado. Si se coge a tiempo, se corta por encima del tejido dañado, se deja secar y se reenraíza la parte sana.
Falta de floración. Suele deberse a tres cosas por este orden: invierno demasiado cálido y con riego, poca luz, y ejemplar todavía joven. Corregir el invierno resuelve la mayoría de los casos.
En resumen
El Notocactus, hoy Parodia, es un cactus de praderas sudamericanas, no de desierto, y ese matiz gobierna su cultivo: agua generosa y regular de mayo a septiembre, sequía absoluta de noviembre a febrero, mucha luz con algo de sombra en los veranos más duros del interior, sustrato drenante ligeramente ácido y, muy importante, agua de riego con poca cal. A cambio da flores grandes, amarillas y con el estigma rojo, desde muy joven y cada año. Los dos fallos que más ejemplares estropean son regarlos como si fueran cactus del desierto y guardarlos calentitos en casa durante el invierno; evitando esos dos, es de los géneros más fáciles y agradecidos con los que empezar una colección.