Pocas plantas provocan tanta expectación como la dama de noche. Durante meses no es más que un manojo de tallos planos, verdes y algo desgarbados que cuelgan de una maceta. Y una noche de verano, casi siempre a última hora de la tarde, un capullo enorme empieza a abrirse en cámara lenta hasta convertirse en una flor blanca de treinta centímetros que perfuma toda la terraza. Al amanecer está marchita.

Esa planta es Epiphyllum oxypetalum, un cactus epifito originario de los bosques húmedos de México y Centroamérica. Y ahí está la clave de todo: es un cactus, pero no vive en el desierto. Tratarlo como si fuera un Echinocactus es la causa número uno de que la gente lo tenga años sin ver una sola flor.

Flor abierta de dama de noche, Epiphyllum oxypetalum

Cuidado con el nombre: hay tres plantas distintas

"Dama de noche" es un nombre popular que se reparte entre plantas que no tienen nada que ver entre sí, y confundirlas lleva a aplicar cuidados equivocados:

  • Epiphyllum oxypetalum: el cactus epifito de tallos planos y flor blanca gigante y nocturna. Es el de este artículo. También se le llama reina de la noche o flor de un día.
  • Cestrum nocturnum: un arbusto de la familia de las solanáceas, con hojas normales y racimos de florecillas tubulares amarillo verdosas que huelen muchísimo por la noche. Se planta en setos y en patios andaluces. No es un cactus ni se cuida igual.
  • Selenicereus grandiflorus: otro cactus nocturno, este de tallos delgados y cilíndricos con costillas, trepador. Es la "reina de la noche" en sentido estricto para muchos botánicos.

Si tu planta tiene tallos aplanados, como hojas gruesas y carnosas con el borde ondulado, y ni una espina apreciable, es Epiphyllum oxypetalum. Esos "hojas" no son hojas: son cladodios, tallos modificados que hacen la fotosíntesis.

Luz: brillante pero filtrada

En la naturaleza vive encaramado a las ramas de árboles de bosque húmedo, con la copa filtrándole la luz. Reproduce eso: mucha claridad, pero sin sol directo en las horas centrales del día. Sol de primera hora de la mañana o de última de la tarde, sí. Sol de mediodía de julio en Sevilla o en Zaragoza, no: los cladodios se ponen amarillentos, luego rojizos y acaban con manchas blanquecinas de quemadura que ya no se recuperan.

El extremo contrario también pasa factura. En una habitación en penumbra la planta sobrevive, emite cladodios finos y alargados en busca de luz, y no florece jamás. Una terraza orientada a este, un patio con sombra de media tarde o una galería luminosa con visillo son ubicaciones ideales.

Sustrato: el de cactus del súper no vale

Aquí está el segundo gran error. Los sustratos comerciales "para cactus y crasas" están pensados para plantas de desierto: mucha arena, poca materia orgánica, retención de agua mínima. Un epifito plantado ahí vive en sequía crónica.

Lo que necesita Epiphyllum oxypetalum es un sustrato aireado pero con materia orgánica, parecido al de las orquídeas terrestres o al de una Phalaenopsis en mezcla fina. Una fórmula que funciona bien:

  • 2 partes de fibra de coco o turba rubia de buena calidad
  • 1 parte de corteza de pino fina o cascarilla
  • 1 parte de perlita
  • Un puñado de humus de lombriz o compost maduro

El resultado debe drenar en segundos al regar y quedar húmedo, no empapado. El pH ideal es ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,5.

Riego: más que un cactus, menos que un helecho

En primavera y verano, riega cuando los dos o tres primeros centímetros de sustrato estén secos al tacto. En una terraza en agosto eso puede ser cada tres o cuatro días; en interior, cada semana. Riega abundantemente hasta que salga agua por el drenaje y vacía el plato: no debe quedar agua estancada bajo la maceta.

Si el agua del grifo de tu zona es dura, y en buena parte de España lo es, alterna con agua de lluvia o con agua embotellada de baja mineralización. La cal acumulada acaba provocando clorosis, un amarilleo entre los nervios de los cladodios.

Agradece la humedad ambiental. En verano, pulverizar los cladodios al atardecer, cuando ya no le da el sol, le sienta bien y ayuda a prevenir la araña roja. No pulverices las flores ni los capullos.

En invierno el riego se reduce drásticamente, y esto no es un detalle menor: es lo que decide si florecerá.

El invierno fresco: el secreto de la floración

Este es el punto que separa una planta que florece todos los veranos de una que nunca lo hace. Epiphyllum oxypetalum necesita un reposo invernal fresco y seco para inducir la formación de botones florales.

De noviembre a febrero, colócala en un sitio luminoso pero fresco, entre 10 y 15 °C, y riega solo lo justo para que los cladodios no se arruguen: una vez cada dos o tres semanas suele bastar. Nada de abono. Si la tienes todo el invierno junto a un radiador a 22 °C y regándola como en verano, la planta no distingue las estaciones y se limita a producir cladodios nuevos sin flores. Es exactamente lo que le pasa a la mayoría de los ejemplares de interior.

El límite inferior es importante: no tolera las heladas. Por debajo de 5 °C sufre daños en los tejidos y a 0 °C se pierde. En el litoral mediterráneo y en Canarias puede pasar el invierno fuera en un rincón resguardado; en el interior peninsular hay que entrarla, pero a una habitación fría, no al salón.

Abonado

De marzo a septiembre, abono líquido para cactus y crasas, o cualquier fertilizante de floración, bajo en nitrógeno y alto en fósforo y potasio, cada quince o veinte días a la dosis del envase o algo diluido.

El error habitual es usar abono universal para plantas verdes, muy nitrogenado. Da una planta enorme, exuberante, de un verde precioso... y sin una sola flor. Si tu ejemplar crece mucho y no florece, revisa primero el abono y después la temperatura invernal.

Cuándo y cómo florece

Florece en verano, entre junio y septiembre en España, a veces en dos o tres tandas separadas por semanas. Los botones aparecen en el borde ondulado de los cladodios, primero como un bultito rojizo, y tardan de tres a cuatro semanas en desarrollarse hasta abrir. Se curvan hacia arriba conforme maduran, señal de que van bien.

La apertura ocurre al anochecer, típicamente entre las nueve y las once de la noche, y el proceso completo dura una o dos horas. La flor mide entre 25 y 30 cm, es blanca con sépalos exteriores estrechos y rojizos, y desprende un perfume dulce muy potente pensado para atraer polillas nocturnas. Al amanecer se cierra y se marchita, y no hay forma de evitarlo: es su ciclo natural, no un problema de cultivo.

Para que llegue a florecer hacen falta dos condiciones más: madurez, unos cuatro o cinco años desde esqueje, y una maceta algo justa. Con las raíces apretadas florece mejor, así que no la cambies a un tiesto enorme pensando que la ayudas.

Los botones pueden abortar y caer secos antes de abrir. Las causas típicas son un cambio brusco de riego (dejarla secar del todo con botones formados), una corriente de aire frío o un traslado a un sitio con luz muy distinta. Mientras haya capullos, no cambies nada.

Cladodios y capullo de Epiphyllum oxypetalum

Trasplante, poda y soporte

Trasplante: cada tres o cuatro años, en primavera o justo después de la floración, subiendo un solo número de maceta. Sus raíces son finas y superficiales; maneja el cepellón con cuidado y no lo desmenuces.

Poda: no es imprescindible, pero con los años la planta se desmadra. Puedes acortar cladodios demasiado largos cortando por la unión entre segmentos, con hoja limpia, en primavera. Elimina cladodios secos, quemados o rotos. Ojo: cortar mucho justo antes del verano te quita las zonas donde iban a salir los botones.

Soporte: los cladodios pesan y acaban doblándose o partiéndose por su propio peso. O la cultivas en maceta colgante y la dejas caer, que es lo más natural, o le pones un par de tutores o un pequeño enrejado al que ir sujetando los tallos principales.

Multiplicación por esqueje

Es de las plantas más fáciles de reproducir, y regalar esquejes es la mejor forma de asegurarte de no perder la variedad.

En primavera o principio de verano, corta un cladodio sano de 20 a 30 cm por la unión con el tallo. Déjalo cicatrizar de cinco a siete días en un sitio seco, aireado y a la sombra, hasta que el corte forme una película seca; saltarse este paso es la causa habitual de que el esqueje se pudra.

Después, entiérralo unos 3 o 4 cm en una mezcla de perlita y fibra de coco a partes iguales, ligeramente húmeda, y mantenlo en semisombra a 20-25 °C. No riegues los primeros días; luego, humedad ligera y constante. Enraíza en tres a seis semanas. Un esqueje da flor a los dos o tres años.

Plagas y problemas frecuentes

Cochinilla algodonosa. La plaga más común. Se refugia en las uniones de los cladodios y en la base. Retírala con un bastoncillo mojado en alcohol y trata con jabón potásico o aceite de neem si está extendida.

Araña roja. Aparece con calor seco y aire poco ventilado. Deja los cladodios con un punteado mate y bronceado. Aumentar la humedad ambiental es la mejor prevención.

Caracoles y babosas. En terraza y jardín, muerden los bordes de los cladodios y, peor, los capullos.

Podredumbre de la base. Tallo blando y oscuro a ras de sustrato. Combinación de exceso de agua y frío. Corta por encima de la zona afectada y salva la planta como esqueje; el pie perdido rara vez se recupera.

Cladodios arrugados y flácidos. Puede ser falta de agua, pero también raíces muertas por exceso de riego, que producen el mismo síntoma. Saca el cepellón y míralo: si huele mal y las raíces están marrones y blandas, el problema era el agua, no la sed.

En resumen

La dama de noche, Epiphyllum oxypetalum, es un cactus epifito de bosque húmedo, no de desierto, y esa distinción gobierna todos sus cuidados. Dale luz brillante sin sol directo de mediodía, un sustrato aireado con materia orgánica en vez de tierra de cactus arenosa, y riegos regulares en primavera y verano dejando secar los primeros centímetros entre uno y otro.

Abónala cada quince días de marzo a septiembre con un fertilizante bajo en nitrógeno, y sobre todo dale un invierno fresco (10-15 °C) y casi seco: sin ese reposo no hay flores, por muy bien que la trates el resto del año. Protégela de las heladas, mantenla algo justa de maceta y no muevas nada cuando tenga capullos. Multiplícala por esquejes de cladodio dejando cicatrizar el corte una semana. Y asume que la flor dura una sola noche: esa es precisamente la razón por la que merece la pena esperarla.


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