La tuna, que en España se conoce sobre todo como higo chumbo o chumbo, es el fruto de la chumbera, Opuntia ficus-indica. Es un cactus originario de México que llegó a la península en el siglo XVI y que hoy forma parte del paisaje de media Andalucía, Murcia, Alicante, Canarias y las Baleares, muchas veces asilvestrado en taludes y ramblas.

Cultivarlo es fácil, pero hay una decisión inicial que condiciona todo lo demás: puedes partir de semilla o partir de una pala. Y aunque casi todo el mundo que abre una tuna se queda mirando el puñado de pepitas y piensa en sembrarlas, esa no es la vía que da fruta. Empecemos por ahí, porque es donde se decide si comerás higos chumbos en dos años o en siete.

Chumbera Opuntia ficus-indica con frutos maduros

Semilla o pala: qué te conviene de verdad

Sembrar las pepitas de una tuna funciona, es entretenido y sale gratis. Pero tiene dos inconvenientes serios que conviene conocer antes de empezar.

El primero es el tiempo. Una chumbera nacida de semilla tarda del orden de cinco a siete años en dar su primera cosecha, y los dos primeros años el crecimiento es casi ridículo: plantitas globosas de dos o tres centímetros que apenas parecen un cactus.

El segundo es la variabilidad. La chumbera se propaga tradicionalmente por clon, y las variedades cultivadas (de fruto blanco, amarillo o rojo, con pocas espinas) no se transmiten fielmente por semilla. De las pepitas de un higo chumbo excelente salen plantas mediocres, más espinosas y con fruta de peor calidad. Es genética elemental, no mala suerte.

Frente a eso, la propagación por pala o cladodio —la "hoja" plana, que en realidad es un tallo— da una planta idéntica a la madre, empieza a producir en dos o tres años y enraíza con una facilidad casi absurda. Si el objetivo es comer tunas, esta es la vía. La semilla tiene sentido si lo que buscas es la experiencia de germinar cactus, si quieres seleccionar plantas nuevas o si simplemente te apetece.

Lo bueno es que ambas cosas se pueden hacer a la vez, y las dos empiezan en la misma época.

Cuándo se siembra

La chumbera germina con calor. La ventana buena en clima peninsular va de marzo a junio, cuando el semillero puede mantenerse de forma natural entre 20 y 30 ºC, con el óptimo alrededor de los 25 ºC. Por debajo de 18 ºC la germinación se para prácticamente del todo.

En el sur y en el litoral mediterráneo se puede adelantar a marzo al aire libre en un sitio resguardado. En el interior y en el norte conviene esperar a abril o mayo, o sembrar antes en un invernadero de balcón o dentro de casa junto a una ventana muy luminosa. También sirve sembrar a finales de agosto o en septiembre en zonas cálidas, aprovechando el calor residual, siempre que las plantitas puedan invernar protegidas.

Para la plantación de palas, la mejor época es de abril a junio, y también funciona septiembre en el sur. Lo importante es que enraícen con temperaturas cálidas y con el suelo seco, y que estén bien asentadas antes de las lluvias del otoño.

Cómo se siembra la semilla

Lo primero es limpiar bien las pepitas. La pulpa que las envuelve contiene inhibidores de la germinación y, además, fermenta y enmohece el semillero. Aplasta la pulpa en un colador bajo el grifo, frota con los dedos hasta que las semillas queden completamente limpias y déjalas secar sobre papel un par de días.

La semilla de Opuntia tiene una cubierta dura y una germinación lenta e irregular por naturaleza: es una estrategia de supervivencia en clima árido. Para mejorarla hay dos trucos sencillos:

Remojo en agua templada durante 24 horas justo antes de sembrar, cambiando el agua a las 12 horas. Y una escarificación suave, frotando las semillas entre dos trozos de papel de lija fino durante unos segundos, lo justo para desgastar la cubierta sin llegar al interior. Con esto, la germinación se adelanta y se concentra bastante.

El sustrato debe ser muy mineral y muy drenante: una mezcla de mitad sustrato para cactus (o turba tamizada) y mitad arena de río lavada de grano medio o perlita. Llena bandejas o macetitas de unos 8 cm con agujeros de drenaje, humedece bien el sustrato antes de sembrar y déjalo escurrir.

Coloca las semillas en superficie, separadas un centímetro, y cúbrelas con una capa finísima de arena, de 3 a 5 mm como mucho. Enterrarlas más es uno de los fallos más comunes: la semilla es pequeña, tiene pocas reservas y no llega a emerger si se entierra a un centímetro.

Tapa la bandeja con un plástico transparente o una tapa de propagador para mantener la humedad, y colócala en un sitio muy luminoso pero sin sol directo, que cocería las plántulas bajo el plástico. Airea unos minutos al día para evitar hongos.

Riega siempre por abajo, poniendo la bandeja en un plato con agua durante diez minutos y retirándola después. El riego desde arriba desentierra las semillas y favorece el damping-off, ese colapso del cuello que se lleva un semillero entero en dos días.

La emergencia empieza entre las 2 y las 8 semanas, y puede seguir apareciendo alguna plántula durante meses. No tires el semillero antes de tiempo. Las primeras plántulas son unas bolitas verdes con dos cotiledones diminutos; las palas planas características no aparecen hasta pasados varios meses.

Cuando midan 2-3 cm, retira el plástico progresivamente y acostúmbralas al sol poco a poco, primero a sol de mañana. Un cactus joven que pasa de golpe de un propagador cubierto al sol de julio se quema en una tarde y queda con cicatrices blancas permanentes. El trasplante a maceta individual se hace al año, con el sustrato seco y con la planta sujeta con unas pinzas.

Cómo se planta una pala

Es la vía rápida y merece la pena explicarla en detalle, porque el único paso donde la gente falla es el que parece opcional.

Elige una pala de uno o dos años, bien madura, firme y sin manchas ni arrugas. Las palas del año, tiernas y brillantes, se pudren con mucha más facilidad. Sepárala de la planta madre girándola por la articulación, o córtala limpiamente con un cuchillo desinfectado.

Ahora el paso clave: deja cicatrizar el corte. La pala debe secarse en vertical, a la sombra y con buena ventilación, entre 10 y 20 días, hasta que la herida forme una costra seca y dura. Plantar una pala recién cortada es casi garantía de podredumbre bacteriana desde la base.

Después, entiérrala un tercio de su altura, no más, en un suelo o sustrato arenoso, y colócala de canto, con las caras planas mirando al este y al oeste. Así recibe sol de mañana y de tarde y no se abrasa a mediodía. Si hace falta, sujétala con dos piedras o una caña.

Y no la riegues. Nada de agua durante las tres o cuatro primeras semanas. La pala tiene agua de sobra en su interior y el estrés hídrico es justamente lo que la empuja a emitir raíces. El primer riego, ligero, se da al mes. A partir de ahí, muy espaciado.

Dónde se cultiva bien y qué frío aguanta

La chumbera necesita sol pleno, cuanto más mejor, y un suelo que drene rápido. Tolera suelos pobres, pedregosos, calizos y con pH entre 6 y 8,5, que es el rango de casi toda la península. Lo único que no perdona es el encharcamiento: en suelo arcilloso y compacto se pudre por el cuello, sobre todo en invierno.

En cuanto al frío, una planta adulta y seca aguanta bien heladas breves de hasta unos -5 ºC, y ejemplares bien establecidos soportan algo más en episodios cortos. El problema no es el número, es la combinación: frío más humedad es letal. Por eso prospera en Almería o Alicante y sufre en zonas de interior con inviernos húmedos y heladas persistentes. En Castilla, Aragón o el norte peninsular es cultivable en maceta si se resguarda en invierno, manteniéndola completamente seca desde noviembre hasta marzo.

En maceta, usa contenedor ancho y no demasiado hondo, de barro mejor que de plástico, con sustrato de cactus con un 50 % de arena gruesa o grava fina, y buenos agujeros de drenaje. Nunca dejes plato con agua.

Riego y abonado para que dé fruta

Aquí hay que corregir un tópico: la chumbera no muere si la riegas, muere si la ahogas. En secano da fruta, pero pequeña y escasa. Si lo que buscas es cosecha, unos riegos de apoyo en primavera y principios de verano, coincidiendo con la floración y el engorde del fruto, aumentan mucho el calibre y la jugosidad.

La pauta razonable en clima mediterráneo es regar a fondo cada dos o tres semanas de abril a agosto, dejando secar el suelo por completo entre riego y riego, y cortar el riego del todo de octubre a marzo. En maceta, cada 10-15 días en verano y nada en invierno.

De abono, poco y en el momento justo. Un aporte de compost o estiércol maduro alrededor de la planta a finales de invierno, y si acaso un abono con poco nitrógeno y bastante potasio en primavera. El exceso de nitrógeno da palas grandes, blandas, muy atractivas para las plagas y con menos fruta.

Floración, cosecha y la segunda tanda de otoño

Las flores, amarillas o anaranjadas y muy vistosas, salen en el borde superior de las palas entre abril y junio. El fruto engorda durante el verano y se recolecta de julio a septiembre, según zona y variedad.

El higo chumbo está maduro cuando cambia de color por completo —de verde a amarillo, naranja o rojo según la variedad—, se ablanda ligeramente al tacto y los gloquidios se desprenden con facilidad. Se coge a primera hora de la mañana, con el rocío: los gloquidios, esos pelillos finísimos de las areolas, están pegados y vuelan mucho menos. A mediodía y con viento, recolectar es una mala idea.

Se recoge con guantes gruesos de cuero y unas pinzas o tenazas largas, girando el fruto en lugar de tirar. Después se frota con un cepillo o un puñado de hierba seca, o se deja diez minutos en un cubo de agua, para quitar los gloquidios antes de pelarlo. Los gloquidios son el verdadero problema de esta planta: son casi invisibles, se clavan en la piel y en las mucosas y salen con mucha dificultad. Precaución especial con los ojos.

Hay una técnica interesante que en Sicilia llaman scozzolatura y que también se practica en algunas zonas de España: eliminar la primera floración de mayo, junto con las palas jóvenes que salen con ella. La planta responde emitiendo una segunda floración en junio, y esa da fruta en octubre y noviembre, más grande, más dulce y fuera de temporada. Se pierde la cosecha de verano a cambio de una mejor en otoño.

Plagas y problemas: la cochinilla del carmín

Durante siglos la chumbera se cultivó también para criar cochinilla del carmín y extraer el tinte rojo, especialmente en Canarias. El problema actual es una especie distinta y muy agresiva, Dactylopius opuntiae, detectada en la península en la primera década de los 2000 y que se ha extendido después por el sur peninsular y por Canarias, arrasando chumberales enteros.

Se reconoce por unas masas algodonosas blancas sobre las palas que, al aplastarlas, sueltan un líquido rojo intenso. La planta amarillea, las palas se deshidratan, se ablandan y acaba muriendo.

En una planta de jardín se controla razonablemente bien si se detecta pronto: cortar y destruir las palas afectadas (embolsadas, nunca al compost ni tiradas en el campo) y tratar el resto con jabón potásico o aceite de parafina, insistiendo cada 7-10 días durante varias semanas, porque las hembras están protegidas por la cera. Si tienes muchos ejemplares afectados o vives en zona declarada, consulta con la oficina agraria de tu comunidad: en varias regiones existen protocolos oficiales.

El resto de problemas son menores y casi siempre de manejo: podredumbre basal por exceso de agua o suelo compacto, manchas necróticas por hongos en inviernos muy húmedos y quemaduras blanquecinas por exposición brusca al sol tras un cambio de ubicación.

Un apunte antes de plantarla en el campo

La chumbera se naturaliza con enorme facilidad: cualquier pala caída al suelo enraíza sola. Varias especies del género Opuntia figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, y algunas comunidades autónomas tienen restricciones propias sobre su plantación en el medio natural. Antes de poner chumberas fuera de una parcela cerrada, infórmate de la normativa de tu comunidad. En jardín, huerto o maceta no hay problema, pero conviene recoger las palas que caen y no abandonarlas en descampados ni en el monte.

Chumbera adulta con palas y frutos

En resumen

Si quieres comer tunas, planta una pala: córtala de una planta con buena fruta, déjala cicatrizar 10-20 días a la sombra, entiérrala un tercio de canto entre abril y junio y no la riegues durante el primer mes. Producirá en dos o tres años.

Si prefieres sembrar semilla, hazlo de marzo a junio con 20-30 ºC, en sustrato mineral muy drenante, limpiando bien las pepitas, cubriéndolas apenas 3-5 mm y regando por inmersión. Germinarán entre las 2 y las 8 semanas, de forma irregular, y tardarán cinco o seis años en dar fruta que además no será igual que la de la planta madre.

En cultivo, sol pleno, suelo que drene, riegos espaciados de abril a agosto y ninguno en invierno. Cosecha los higos chumbos de madrugada, con guantes y pinzas, cuando hayan cambiado de color por completo. Y revisa las palas cada cierto tiempo en busca de las masas algodonosas de la cochinilla del carmín: cuanto antes se detecte, más fácil es salvar la planta.


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