Una Echeveria puede llevar tres semanas con cochinilla encima antes de que se le note nada raro a simple vista. Los tejidos carnosos amortiguan el daño, la planta sigue turgente y de pie, y para cuando el color se apaga o aparece un hundimiento en la base, la colonia lleva ya varias generaciones instalada. Esa es la particularidad de las plagas en crasas y cactus: no matan deprisa, pero se detectan tarde y dejan cicatrices que no se borran.
Conviene tener claro este segundo punto desde el principio. Una hoja de rosal picada por pulgón se cae en unas semanas y la planta la sustituye. Una costilla de Ferocactus mordida por una babosa, o el corcho que deja la cochinilla al secarse una zona de epidermis, se quedan ahí durante años, porque un cactus no renueva su cuerpo: lo va engordando. De modo que en este grupo de plantas la vigilancia importa mucho más que el tratamiento.
Cochinilla algodonosa, la plaga número uno
Planococcus citri y especies próximas son, con mucha diferencia, el problema más frecuente en una colección de suculentas. Se reconoce por las masas blancas de aspecto algodonoso, y bajo ese algodón hay un insecto ovalado, rosado, de dos a cuatro milímetros, que se mueve despacio pero se mueve.
El error clásico es buscarla en las hojas. La cochinilla algodonosa huye de la luz: se instala en las axilas de las hojas de Echeveria, Aeonium y Crassula, bajo las areolas y en el fondo de los surcos de Mammillaria y Astrophytum, entre las espinas apelmazadas del ápice y en la unión del tallo con el sustrato. Si al inspeccionar una planta solo miras lo que se ve de frente, la vas a pasar por alto.
Hay dos indicios indirectos muy fiables. Uno es la melaza: un brillo pegajoso sobre la epidermis o sobre las hojas de la planta que esté debajo, que después se coloniza de negrilla. El otro son las hormigas. Una fila de hormigas subiendo por una maceta de cactus no es casualidad; van a ordeñar cochinilla y, además, la transportan de planta a planta. Si aparecen hormigas, busca la plaga antes que nada.
Para un foco pequeño, un bastoncillo de algodón mojado en alcohol isopropílico al 70 % aplicado directamente sobre cada colonia es lo más eficaz y lo más rápido: disuelve la capa cérea y el insecto muere en el acto. El alcohol al 96 % evapora demasiado deprisa y penetra peor, así que el rebajado funciona mejor. Hazlo a la sombra y con la planta fresca, nunca al sol de mediodía. En cactus con lana en el ápice, no empapes esa zona: se mancha y tarda en recuperarse.
Cuando la infestación está repartida, toca pulverizar. El jabón potásico al 1-2 % moja bien y arrastra las formas jóvenes, pero no atraviesa el algodón de las hembras adultas; conviene repetir cada siete días durante tres o cuatro aplicaciones, que es lo que dura el ciclo. El aceite de neem y los aceites de parafina asfixian mejor, con dos advertencias serias: eliminan la pruina, esa capa cerosa azulada de Echeveria, Pachyphytum, Graptopetalum o Kalanchoe pumila, y no vuelve hasta que la planta saque hojas nuevas; y aplicados con sol o por encima de 28 °C queman. Trata siempre al atardecer.
Si tienes invernadero o galería, Cryptolaemus montrouzieri —una mariquita negra especializada en cochinilla algodonosa— resuelve infestaciones grandes sin tocar la pruina, siempre que la temperatura pase de 20 °C.
Cochinilla de raíz: la que nadie ve
Es la misma familia, pero vive bajo tierra: Rhizoecus y géneros afines. Chupa savia de las raíces finas y la planta responde con un cuadro engañosamente inespecífico: deja de crecer, pierde color, se ablanda ligeramente, no reacciona al riego. Muchos aficionados lo interpretan como falta de agua, riegan más, y aceleran la podredumbre.
El diagnóstico solo se hace de una manera: sacando el cepellón de la maceta. Si ves un polvillo blanco harinoso pegado a las paredes internas del tiesto y a las raíces, y unas motas blancas ovaladas del tamaño de la cabeza de un alfiler, es cochinilla de raíz. Es tan habitual en colecciones que merece la pena revisar el cepellón de toda planta nueva antes de colocarla junto a las demás, sin excepción.
El tratamiento serio pasa por desmontar el cepellón entero, eliminar todo el sustrato viejo —que va a la basura, no al compost—, lavar las raíces bajo el grifo, dejarlas secar dos o tres días y replantar en sustrato nuevo y maceta desinfectada. Un riego con jabón potásico o con aceite de neem emulsionado ayuda a rematar, pero por sí solo rara vez basta, porque el polvillo céreo impermeabiliza las colonias. Trata a la vez las macetas vecinas: viaja por los agujeros de drenaje y por la mesa de cultivo.
La cochinilla del carmín en chumberas
Merece apartado propio porque en España ha dejado de ser una curiosidad. Dactylopius opuntiae se detectó en Canarias y saltó después al levante y al sur peninsular, donde ha arrasado plantaciones y setos enteros de Opuntia ficus-indica. Se identifica sin dudas: masas algodonosas muy densas sobre las palas y, al aplastarlas, un líquido rojo carmín intenso que tiñe los dedos. Ninguna otra cochinilla hace eso.
En una chumbera de jardín, el manejo realista es cortar y destruir las palas muy afectadas —embolsadas, no arrastradas por el jardín, porque las ninfas se dispersan con el viento— y tratar el resto con jabón potásico o aceite a conciencia, insistiendo varias veces. En zonas donde la plaga está declarada, existen protocolos y obligaciones fitosanitarias autonómicas; si tienes una plantación, infórmate en tu oficina comarcal agraria antes de mover material vegetal.
Araña roja: el enemigo del verano seco
Tetranychus urticae no es un insecto sino un ácaro de medio milímetro, y prospera exactamente en las condiciones que gustan a las suculentas: calor por encima de 27 °C, aire seco y poca ventilación. Julio y agosto en una terraza cerrada o en un invernadero mal aireado son su escenario ideal, y en esas condiciones completa una generación en menos de una semana.
El daño típico es un punteado plateado o herrumbroso que empieza en la parte alta y joven de la planta y avanza hacia abajo. En Echeveria deja un aspecto como de polvo mate; en cactus globosos, como Echinopsis o Rebutia, produce un bronceado corchoso en el ápice que después queda fijado para siempre en el cuerpo de la planta. La telilla fina solo aparece cuando la población ya es enorme, así que esperar a verla es esperar demasiado. Con una lupa de diez aumentos y la planta a contraluz se ven perfectamente los puntitos móviles.
Aquí hay una creencia que conviene matizar. En plantas de hoja normal se recomienda pulverizar agua para subir la humedad y frenar el ácaro, y funciona. En crasas y cactus ese consejo se aplica mal: el agua estancada en las rosetas y en la lana del ápice es una vía directa a la podredumbre, y en especies con pruina deja manchas de cal permanentes. Mejor mejora la ventilación, da algo de sombreo en las horas centrales y trata con un acaricida específico o con azufre mojable, alternando materias activas, porque la araña roja desarrolla resistencias con una facilidad notable. El azufre no debe aplicarse por encima de 30 °C ni junto a tratamientos con aceite: la combinación quema.
En invernadero, la suelta de Phytoseiulus persimilis o Amblyseius californicus funciona bien y evita el ciclo de resistencias, siempre que no se hayan usado insecticidas de amplio espectro poco antes.
Pulgón y trips en la floración
El pulgón apenas ataca el cuerpo de un cactus adulto, pero se ceba con lo tierno: los botones florales de Mammillaria, Rebutia o Epiphyllum, los brotes nuevos de Sedum y Kalanchoe, y las inflorescencias de Aeonium y Aloe en primavera. Deforma la flor, la deja sin abrir y ensucia todo de melaza. Es la plaga más fácil de resolver: un chorro de agua a presión sobre la inflorescencia —solo sobre ella— o jabón potásico bastan, y en jardín las mariquitas suelen encargarse solas si no se ha fumigado de más.
Los trips son más discretos. Dejan las flores con manchas descoloridas y bordes pardos, y sobre los tejidos jóvenes un rayado plateado con puntitos negros de excrementos. Las trampas cromáticas azules los detectan bien —para la mosca del sustrato y la mosca blanca se usan amarillas— y sirven de aviso temprano en una colección.
Mosca del sustrato: el síntoma, no la enfermedad
Esos mosquitos negros diminutos que salen de la maceta al mover la planta son sciáridos, del género Bradysia. El adulto es inofensivo; las larvas, blancas y con cabeza negra, comen materia orgánica en descomposición y, cuando escasea, raíces finas. En plantas adultas hacen poco daño real, pero en semilleros y esquejes pueden liquidar una bandeja entera en pocos días.
Lo importante es entender lo que indican: la mosca del sustrato solo se instala donde hay turba permanentemente húmeda. Su presencia masiva en una colección de crasas es un diagnóstico de riego excesivo o de sustrato demasiado orgánico. Corrige eso —más componente mineral, dejar secar de verdad entre riegos, regar por la mañana— y el problema se apaga solo. Como apoyo, trampas amarillas para los adultos, una capa de dos centímetros de grava o arena gruesa en superficie que impide la puesta, y Bacillus thuringiensis var. israelensis o nematodos Steinernema feltiae en el agua de riego para las larvas.
Mordedores nocturnos
Si aparecen mordiscos limpios en el borde de las hojas de Sedum, Aeonium o Sempervivum, o raspaduras superficiales en la epidermis de un cactus, sal con una linterna dos horas después de anochecer. Caracoles y babosas trabajan de noche, se esconden de día bajo macetas, piedras y platos, y en las suculentas plantadas en suelo son una causa de daño muy subestimada. El rastro de baba seca confirma el autor.
Las trampas de cerveza funcionan, igual que revisar y retirar refugios. El fosfato férrico en gránulos es preferible al metaldehído por ser mucho menos tóxico para erizos, perros y gatos. En terrazas, los daños nocturnos también los causan a veces las orugas y, en zonas rurales, los ratones, que roen los cactus por la base buscando agua en verano.
Picudo de las agaváceas
Quien tenga Agave o Yucca en el jardín debe conocer a Scyphophorus acupunctatus, un curculiónido negro de un centímetro largo. La hembra pone en la base de las hojas centrales y las larvas excavan galerías en el corazón de la planta. El resultado es característico: las hojas del centro se ablandan, amarillean y se separan, y al tirar de ellas salen sin resistencia, dejando una masa fibrosa maloliente. Cuando llega ese punto, la planta rara vez se salva.
El insecto además introduce bacterias y hongos que aceleran la pudrición. La defensa es preventiva: evitar heridas grandes en la base, no dejar restos de agaves cortados en el jardín porque son criadero, revisar los ejemplares nuevos y tratar preventivamente los ejemplares valiosos al inicio de la primavera. Si una planta está perdida, hay que sacarla entera con las raíces y destruirla, no dejarla tirada.
Lo que parece plaga y no lo es
Buena parte de las consultas sobre "plagas" en crasas resultan ser otra cosa, y tratar con insecticida un problema fisiológico solo añade daño.
Una mancha blanda, marrón o negra que avanza desde la base es podredumbre, casi siempre por hongos del suelo tras un exceso de agua, y no hay insecticida que la toque: hay que cortar por tejido sano, dejar cicatrizar al aire y reenraizar la parte alta. Las manchas secas, hundidas y de bordes definidos que aparecen en la cara sur de un cactus en junio suelen ser quemaduras de sol por sacar al exterior una planta que ha pasado el invierno dentro sin aclimatarla. La corchificación parda en la base de ejemplares viejos de Opuntia, Cereus o Trichocereus es lignificación normal, propia de la edad. Y unos anillos concéntricos de tejido más estrecho no son un ataque, sino el registro de un invierno o una sequía en los que la planta creció menos.
Cómo tratar sin estropear la planta
Algunas reglas prácticas que ahorran disgustos:
Prueba siempre en una planta antes de tratar toda la colección. Las suculentas reaccionan de forma muy desigual a los aceites y a los jabones; las crasas de hoja fina y los Aeonium los toleran peor que un cactus con epidermis gruesa.
Nunca trates al sol ni con la planta seca de raíz. Atardecer, con el sustrato ligeramente húmedo y con temperatura por debajo de 28 °C. Una planta deshidratada absorbe mal y se quema con facilidad.
Repite según el ciclo, no según el aspecto. Los huevos no se ven afectados por jabones ni aceites. Una sola aplicación siempre deja superviviente; tres o cuatro cada siete días es lo mínimo para cerrar el ciclo.
Alterna materias activas. Sobre todo con araña roja, repetir el mismo producto durante meses selecciona poblaciones resistentes en una sola temporada.
Cuidado con los productos "para todo tipo de plantas". Muchos insecticidas domésticos van en aerosol con propelentes y disolventes que provocan manchas permanentes en epidermis suculentas. Si usas aerosol, pulveriza a más de 30 cm.
Conviene añadir que el panorama de productos ha cambiado: varios neonicotinoides que durante años se usaban en riego contra cochinilla están retirados o muy restringidos en la Unión Europea. Antes de comprar, comprueba que el producto figura en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio y que está autorizado para uso en jardinería doméstica.
Prevención: cuarentena y revisión
Las plagas entran en casa, casi siempre, dentro de una maceta nueva. Toda planta que llegue —de vivero, de feria o de intercambio— debería pasar tres o cuatro semanas apartada del resto, y ese periodo es el momento de sacarla del tiesto, mirar las raíces, cambiarle el sustrato y revisar axilas y areolas con lupa.
Después, la rutina que realmente funciona es sencilla: mirar de cerca al regar, con la planta girada, y hacer una revisión seria de toda la colección al final del invierno, justo antes de que arranque el crecimiento. Es el momento en que las poblaciones están en mínimos y en que un tratamiento hace más efecto. Añade a eso ventilación —el aire quieto favorece a cochinilla y ácaros por igual—, separación entre macetas para que no se toquen, y control de las hormigas, y la mitad de los problemas desaparecen antes de existir.
En resumen
En cactus y crasas el daño se ve tarde y no se borra, así que la vigilancia vale más que cualquier producto. Cochinilla algodonosa y cochinilla de raíz son las dos plagas que de verdad hacen estragos en una colección; la araña roja aparece en verano con calor y aire seco; pulgón y trips se limitan a flores y brotes; la mosca del sustrato es un síntoma de riego excesivo más que una plaga; y en jardín hay que sumar babosas, la cochinilla del carmín en chumberas y el picudo de las agaváceas.
Revisa axilas, areolas y raíces, no solo lo que se ve de frente. Sospecha en cuanto veas hormigas o brillo pegajoso. Trata al atardecer, prueba primero en una planta, repite cada siete días y alterna productos. Y pon en cuarentena todo lo que entre en casa: es la medida más barata y la que más plagas evita.