Plantar un cactus tiene dos dificultades que no aparecen en ninguna otra planta: manipular algo que pincha sin dañarlo ni dañarte, y resistir la tentación de regarlo inmediatamente después. Todo lo demás es más sencillo que trasplantar un rosal.

Lo que sigue cubre las dos situaciones habituales: pasar un cactus a maceta y plantarlo en suelo, con las particularidades de cada caso. También el detalle que decide el éxito en ambas, que es la fecha.

Cuándo se planta un cactus

La ventana buena es la primavera, entre finales de marzo y junio según la zona. La razón es fisiológica: al trasplantar siempre se rompen raíces finas, y esas heridas necesitan que la planta esté en crecimiento activo y con calor para cicatrizar y emitir raíces nuevas. Un cactus trasplantado en marzo tiene toda la temporada por delante para instalarse.

El final del verano y el principio del otoño son un segundo momento aceptable en zonas cálidas del sur y del Levante, siempre que queden seis u ocho semanas de temperaturas suaves por delante. Pasada esa fecha, no.

Trasplantar en pleno invierno es el error clásico, y ocurre casi siempre por el mismo motivo: se descubre que la planta está podrida en diciembre y se decide actuar. En esa situación sí hay que operar de urgencia, pero entendiendo que es una intervención de rescate y no un trasplante normal, y manteniendo la planta en seco y a cubierto hasta la primavera.

El otro momento a evitar es la ola de calor. Con 40 ºC y sol intenso, un cactus recién plantado con raíces dañadas se deshidrata más rápido de lo que puede reponer. Si te toca hacerlo en julio, hazlo y deja la planta en sombra luminosa dos o tres semanas.

En cuanto a la frecuencia, un cactus en maceta se replanta cada dos o tres años, o cuando salen raíces por los agujeros de drenaje, cuando la planta ocupa todo el diámetro del tiesto o cuando el sustrato se ha degradado y ya no drena. En suelo, una vez y para siempre.

Materiales

Para agarrar la planta. Los guantes de jardinería normales no sirven contra espinas rígidas ni, sobre todo, contra los gloquidios de las Opuntia, esos pelillos finísimos que atraviesan cualquier tejido y se clavan por decenas. Lo que funciona de verdad es una tira de periódico doblada varias veces o de papel de cocina grueso, enrollada alrededor del cactus a modo de cinturón, sujetando por los dos extremos. Para ejemplares grandes, una tira de moqueta vieja o una manguera cortada longitudinalmente. Para plantas pequeñas, unas pinzas de cocina forradas con espuma o simplemente una cuchara para hacer palanca desde abajo.

Guantes de nitrilo o de cuero grueso como complemento, nunca como única protección.

Maceta con drenaje. Barro cocido sin esmaltar si vives en zona húmeda o riegas de más, porque evapora por las paredes; plástico o esmaltada si vives en el interior seco y quieres espaciar riegos. Ancha y no muy profunda para la mayoría de globosos, más profunda para especies con raíz napiforme como muchos Ariocarpus o Lophophora.

Sustrato mineral. Puzolana, pómez, gravilla silícea de 2-5 mm, akadama o arlita machacada, más una fracción de sustrato universal o turba.

Gravilla decorativa para el acabado superficial.

Herramientas. Cuchillo o tijeras desinfectadas con alcohol, un palito o lápiz para asentar el sustrato, un pincel o brocha para limpiar espinas, y una criba si vas a lavar áridos.

El sustrato: la decisión que más pesa

Los sacos de «sustrato para cactus y suculentas» que se venden en grandes superficies son, en su mayoría, turba rubia con una pizca de arena. Retienen demasiada agua, se compactan y, cuando se secan del todo, se vuelven hidrófobos: el agua resbala por los laterales sin mojar el cepellón. Sirven como componente, no como sustrato completo.

Una mezcla que funciona para la inmensa mayoría de cactus de colección:

50-60 % de material mineral grueso (puzolana, pómez, gravilla silícea de 2-5 mm)

20-25 % de arena silícea gruesa lavada, de grano de 1-3 mm

20-25 % de sustrato universal, turba o compost bien maduro

Dos precisiones importantes. La arena tiene que ser gruesa y de río o silícea: la arena fina de playa aporta sales y, al mezclarse con la turba, sella los poros y empeora el drenaje en lugar de mejorarlo. Es exactamente lo contrario de lo que la gente espera. Y la clásica capa de bolas de arcilla en el fondo de la maceta no mejora el drenaje: por un efecto de tensión superficial en la interfaz entre dos materiales de granulometría distinta, la zona de sustrato justo encima de la capa drenante retiene más agua, no menos. Es mejor una mezcla homogénea en toda la maceta y un buen agujero de salida.

Para especies de suelos calizos, como muchos Melocactus, Astrophytum o Ariocarpus, se añade un 10 % de caliza machacada o dolomita.

Plantar en maceta, paso a paso

1. Deja de regar una semana antes. Un cepellón seco se desmenuza limpiamente y las raíces se separan sin romperse. Un cepellón húmedo se apelmaza, hay que tirar y las raíces se desgarran. Además, las heridas en tejido húmedo son puerta de entrada para hongos.

2. Prepara todo antes de tocar la planta. Maceta, sustrato, gravilla y herramientas a mano. No quieres estar sujetando un cactus con una mano mientras buscas el sustrato con la otra.

3. Saca la planta. Golpea el borde de la maceta contra una superficie dura para despegar el cepellón, y presiona los laterales si es de plástico. Sujeta con la tira de papel enrollada y tira con suavidad. Si no sale, pasa un cuchillo fino por el interior del borde. En macetas de barro con raíces adheridas, a veces sale más barato romper el tiesto que la planta.

4. Retira el sustrato viejo y revisa las raíces. Deshaz el cepellón con los dedos o con un palito. Este es el momento de detectar problemas: raíces negras, blandas o huecas se cortan hasta encontrar tejido blanco y firme; polvillo blanco algodonoso entre las raíces es cochinilla radicular y obliga a lavar el cepellón y tratar. Elimina todo el sustrato antiguo si tenía mala pinta o estaba degradado.

5. Deja secar si has cortado. Si has tenido que recortar raíces dañadas, deja la planta al aire, en sombra y sin sustrato, entre tres días y una semana para que las heridas cicatricen. Si las raíces estaban perfectas, puedes plantar directamente.

6. Llena y coloca. Pon una base de sustrato seco, sitúa la planta de forma que el cuello quede a la misma altura que estaba antes, ni más hundido ni más alto, y ve rellenando alrededor. Enterrar el cuello por encima de su nivel natural provoca podredumbre con una fiabilidad notable.

7. Asienta sin apretar. Golpea suavemente la maceta contra la mesa varias veces para que el sustrato baje y ocupe los huecos. No compactes con los dedos: en un sustrato mineral, apretar destruye la estructura porosa que es toda la gracia de la mezcla.

8. Cubre con gravilla. Un centímetro de árido decorativo alrededor del cuello mantiene seco el punto de contacto entre planta y sustrato, evita salpicaduras de tierra y reduce el crecimiento de algas y musgo.

9. No riegues. Espera entre siete y quince días. Es el paso que más gente se salta y el que más plantas cuesta. Las raíces han sufrido pequeñas roturas y necesitan cicatrizar; el agua sobre esas heridas es una invitación a Fusarium y a las podredumbres blandas. El cactus tiene agua almacenada de sobra para aguantar dos semanas.

10. Sombra luminosa durante dos o tres semanas. Después, reincorporación gradual al sol.

Cactus recién plantados en macetas con acabado de gravilla

Plantar cactus en el jardín

En buena parte de España se pueden tener cactus en suelo todo el año. Las especies rústicas —muchas Opuntia, Echinopsis, Trichocereus, Cylindropuntia, algunos Echinocereus— toleran heladas moderadas siempre que el suelo esté seco en invierno.

Elige bien el sitio. Máxima insolación, y sobre todo protección frente al agua invernal. Una ligera pendiente, un talud o un montículo elevado marcan la diferencia en zonas de lluvias otoñales. Los cactus mueren en el jardín español mucho más por agua estancada de invierno que por frío.

Corrige el suelo, no solo el hoyo. Excavar un agujero de 40 cm en un suelo arcilloso y rellenarlo de sustrato drenante crea una bañera: el agua entra y no puede salir por las paredes de arcilla. O bien se trabaja una superficie amplia mezclando grava y arena gruesa en los primeros 30-40 cm, o bien se construye un macizo elevado de 30-50 cm por encima del nivel del terreno, que es la solución más segura en suelos pesados.

Cava el hoyo del tamaño del cepellón más un margen razonable, coloca la planta a la misma profundidad a la que estaba y rellena con la mezcla local.

Marca la orientación. Antes de sacar de la maceta un ejemplar grande, señala con un poco de cinta la cara que miraba al sur. Colócalo en la misma orientación en el jardín. La cara acostumbrada a la sombra no tiene la epidermis endurecida y, si la giras hacia el sol de junio, se quema.

Sujeta los ejemplares altos. Un columnar recién plantado no tiene anclaje y el viento lo tumba, rompiendo las pocas raíces que estaba emitiendo. Tres tutores en trípode con cintas anchas durante la primera temporada.

Riego inicial. A diferencia del trasplante en maceta, aquí conviene un primer riego moderado a los siete o diez días para asentar el sustrato en contacto con las raíces, y después seguimiento espaciado durante el primer verano hasta que la planta se establezca.

Cómo se manipula un cactus grande sin drama

Para un columnar de metro y medio, la tira de periódico no basta. Lo que funciona es rodear el tronco con una manta vieja o un trozo de moqueta y atarlo con cuerda, dejando dos asas para levantar entre dos personas. Para ejemplares muy pesados, una carretilla y un tablón como rampa.

Si a pesar de todo te clavas gloquidios de Opuntia, no intentes sacarlos con pinzas uno a uno. Aplica cinta adhesiva de embalar sobre la zona y tira de golpe, o extiende cola blanca de manualidades, deja secar y retira la película. Es mucho más efectivo.

Errores que arruinan el trasplante

Regar el mismo día. El más frecuente y el más caro.

Maceta muy grande. «Así crece más» no funciona en cactus: el volumen de sustrato sin colonizar se mantiene húmedo demasiado tiempo. Sube solo dos o tres centímetros de diámetro cada vez.

Enterrar el cuello. Al asentarse el sustrato, la planta baja unos milímetros. Si ya la habías plantado hundida, acaba con la base bajo tierra y se pudre.

Sacarlo directamente al sol tras el trasplante. Una planta con raíces dañadas no puede reponer el agua que pierde por transpiración.

Reutilizar el sustrato de una planta que se pudrió. Contiene esporas del patógeno. A la basura, no al siguiente tiesto.

Usar el mismo cuchillo en varias plantas sin desinfectar. Es la vía más rápida de propagar hongos vasculares por toda la colección.

En resumen

Se plantan cactus en primavera, con el sustrato seco desde una semana antes y con la planta sujeta por una tira de periódico enrollada en vez de por guantes. La mezcla debe ser mayoritariamente mineral, con arena gruesa y no fina, sin capa drenante en el fondo, y en maceta apenas más ancha que la anterior. Se coloca el cuello exactamente a su altura original, se asienta el sustrato golpeando la maceta sin compactar, se cubre con gravilla y no se riega hasta pasados siete o quince días, con la planta a la sombra luminosa mientras cicatriza. En jardín, lo determinante es el drenaje y la protección frente a la lluvia invernal: un macizo elevado resuelve más problemas que cualquier otra medida, y conviene mantener la misma orientación que tenía la planta para evitar quemaduras en la cara no aclimatada.


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