Un Astrophytum ornatum criado a partir de semilla tarda entre seis y ocho años en abrir su primera flor. Ese dato condiciona todo lo demás: quien quiera reproducir un cactus estrella tiene que decidir si va a partir de semilla comprada, si va a esperar a que sus propias plantas lleguen a la edad reproductiva, o si va a recurrir al injerto para acortar los plazos. Las tres vías son válidas y ninguna de ellas se parece a lo que se hace con un cactus de matas, porque el género Astrophytum casi nunca produce hijuelos.

Bajo el nombre de cactus estrella circulan varias especies del género: Astrophytum ornatum, el más vigoroso y el que aparece con más frecuencia en los viveros españoles; Astrophytum asterias, aplanado y sin espinas, que es el que más literalmente merece el nombre; Astrophytum myriostigma, la mitra de obispo; y Astrophytum capricorne, de espinas largas y retorcidas. Todos se multiplican de la misma manera y responden igual a las técnicas que siguen.

Ejemplar de Astrophytum ornatum, el cactus estrella más común en cultivo

La semilla es la vía principal, y por un motivo botánico

Los Astrophytum no emiten brotes laterales de forma espontánea. Un ejemplar sano crece como un cuerpo único, globoso o columnar según la especie, y puede pasar veinte años sin producir un solo hijuelo. No hay nada que separar y enraizar. Por eso la reproducción sexual, por semillas, no es una opción entre otras: es la vía normal.

Esto tiene una consecuencia práctica que conviene asumir desde el principio. Toda planta obtenida de semilla es genéticamente distinta de la madre. Si tienes un ejemplar con una mota blanca especialmente densa, o una forma variegada, o un cristado, la semilla no te lo va a devolver igual. Las variaciones se heredan de forma parcial y aleatoria. Para clonar una planta concreta solo sirve el injerto.

Floración y polinización: el error del ejemplar único

La creencia más extendida sobre estos cactus, y la que más frustración provoca, es que basta con tener una planta florecida para recoger semillas. No es así. Los Astrophytum son mayoritariamente autoincompatibles: el polen de una flor no fecunda a otra flor de la misma planta, ni siquiera a una flor distinta del mismo ejemplar. Necesitas dos plantas genéticamente diferentes, es decir, dos individuos que no sean esquejes ni injertos del mismo clon, florecidas a la vez.

En España, la floración de los Astrophytum se concentra entre junio y septiembre, con picos tras los riegos que siguen a una racha de calor. Las flores son amarillas, grandes en relación con el cuerpo de la planta, y en A. asterias y A. capricorne llevan la garganta teñida de rojo anaranjado. Duran dos o tres días y solo se abren del todo en las horas centrales, con sol.

La polinización manual se hace precisamente en esas horas, entre las doce y las cinco de la tarde, cuando el polen está seco y se desprende. Con un pincel fino de pelo suave o un bastoncillo de algodón se recoge el polen de las anteras de una planta y se deposita sobre los estigmas de la otra. Conviene hacerlo en ambas direcciones y repetir al día siguiente si la flor sigue abierta. Si tus dos plantas no coinciden en floración, el polen se puede guardar unos días en un recipiente hermético en la nevera, aunque pierde viabilidad deprisa.

Si la fecundación prospera, el ovario engorda en la base de la flor marchita. El fruto tarda entre uno y dos meses en madurar. Sabrás que está listo porque se seca, se abre por la base con una hendidura y deja ver las semillas; en A. myriostigma se abre en forma de estrella, muy característica. No hay que esperar más: en cuanto se abre, se recoge, porque las hormigas y los pájaros dan buena cuenta de él.

Cómo son las semillas y cuánto duran

Las semillas de Astrophytum se reconocen a simple vista y no se parecen a las de ningún otro cactus. Son grandes para la familia, de dos a tres milímetros, de color pardo a negruzco, y tienen forma de barquito o de casco: el hilo germinal ocupa una cavidad cóncava y amplia en la parte inferior. Esa forma acopada es la firma del género.

La frescura importa mucho más de lo que se suele decir. Sembradas en la primera temporada, las semillas de Astrophytum germinan con facilidad y de forma muy pareja. A partir del segundo o tercer año la germinación se vuelve irregular y escalonada, y las semillas viejas dan plántulas más débiles. Si compras semilla, mira la fecha de recolección; si la cosechas tú, siembra al año siguiente y no la guardes indefinidamente por si acaso.

La siembra paso a paso

Época. De marzo a junio si vas a sembrar sin calor artificial, aprovechando la subida de temperaturas. Con un cable o una manta térmica puedes sembrar en cualquier momento del año, y de hecho sembrar en enero bajo calor da plántulas con toda la primavera y el verano por delante para crecer.

Sustrato. Mineral y fino, tamizado. Sirve una mezcla de arena silícea lavada, akadama o zeolita de granulometría pequeña y una fracción menor de turba o fibra de coco, no más de un cuarto del volumen. Cuanta menos materia orgánica, menos riesgo de hongos. Muchos aficionados esterilizan el sustrato: se moja, se mete en el microondas cinco minutos o en el horno a 100 °C durante media hora, y se deja enfriar antes de sembrar.

Recipiente. Alveolos o macetas pequeñas con buen drenaje, dentro de una bandeja o de una caja transparente con tapa. El método de siembra en recipiente cerrado y estéril, que se popularizó como método Fleischer, funciona muy bien con este género: se siembra, se cierra, y no se abre hasta pasadas cuatro o seis semanas, ventilando después de forma progresiva.

Profundidad. En superficie. Este es el fallo más repetido. Las semillas de Astrophytum se colocan encima del sustrato, apoyadas, sin enterrar; como mucho se espolvorea una capa finísima de arena. Enterradas medio centímetro, buena parte no llega a emerger.

Riego. Por inmersión, poniendo la maceta en un dedo de agua hasta que la superficie se oscurece, y con agua de lluvia o de ósmosis. El agua dura de gran parte de España deja costras de cal que perjudican a las plántulas y alteran el pH.

Temperatura. Entre 22 y 28 °C durante el día, con una bajada nocturna de unos cinco grados. Esa oscilación térmica mejora el porcentaje de germinación. Por encima de 32 °C sostenidos la germinación cae.

Luz. Clara pero sin sol directo. La semilla germina mejor con luz, así que nada de tapar con papel de aluminio, pero el sol directo sobre un recipiente cerrado lo convierte en un horno en cuestión de minutos.

Con estas condiciones, las primeras plántulas asoman entre el cuarto y el décimo día. Verás una esferita verde de un par de milímetros coronada por los dos cotiledones, que en los Astrophytum son gruesos y apenas se distinguen del cuerpo. En un mes ya se aprecian las primeras aréolas con su punteado blanco.

Flores amarillas de Astrophytum ornatum abiertas en verano

Los primeros meses, que son los que matan

Germinar es fácil. Lo difícil es llegar al primer año con la mitad de las plántulas vivas. El enemigo casi único es el damping off, la podredumbre del cuello causada por hongos del suelo, que en un semillero cerrado y cálido puede llevarse una bandeja entera en dos días. Se reconoce porque las plántulas se estrangulan en la base, se vuelcan y aparecen manchas parduzcas que se extienden en mancha de aceite.

Se previene con sustrato mineral y esterilizado, con agua de calidad y, sobre todo, ventilando en cuanto ha germinado el grueso de la siembra. Un tratamiento preventivo con un fungicida sistémico a base de propamocarb o de fosetil-Al en el primer riego ayuda, pero no compensa un sustrato empapado y sin aire. Si aparece un foco, retira las plántulas afectadas con las pinzas y el sustrato que las rodea, y seca el conjunto.

La otra causa de bajas es la impaciencia con el sol. Las plántulas de Astrophytum se queman con una facilidad enorme: en un balcón orientado al sur, en junio, media hora de sol directo del mediodía deja marcas blanquecinas irreversibles. Durante el primer año, luz filtrada y nada más. La aclimatación al sol se hace de forma gradual a partir de la segunda primavera, empezando por el sol de primera hora.

El riego, pasada la fase de recipiente cerrado, se espacia. Las plántulas no toleran la sequía extrema de los adultos porque su reserva de agua es minúscula, así que se riega cuando el sustrato está seco en superficie pero todavía fresco por dentro, más o menos cada semana en verano. En invierno, con la planta parada, se reduce mucho; si las plántulas son de siembra reciente y están bajo calor, se mantiene un riego ligero.

El repicado se hace a los seis o doce meses, cuando las plantitas alcanzan el centímetro y se estorban. Se levantan con una cucharilla, con cuidado con la raíz principal, que es napiforme y frágil, y se plantan a la misma profundidad en alveolos individuales. No se riega hasta pasados tres o cuatro días.

El injerto: para clonar y para correr

El injerto cumple dos funciones distintas. La primera es multiplicar formas que no se pueden reproducir por semilla: variegados, cristados, cultivares japoneses de mota densa. La segunda es acelerar el crecimiento. Un Astrophytum injertado sobre un patrón vigoroso puede alcanzar en un año el tamaño que a pie franco le costaría cuatro.

Para plántulas muy pequeñas, de pocas semanas, el patrón habitual es Pereskiopsis spathulata, que enraíza con facilidad y empuja muchísimo. Se corta el patrón en horizontal, se corta la plántula por la base y se posa una sobre otro asegurando que los anillos vasculares se toquen; a ese tamaño basta con la propia adherencia y una campana de humedad durante unos días. Para plantas ya formadas se usan patrones más rústicos como Hylocereus undatus, Echinopsis o Myrtillocactus geometrizans, sujetando el injerto con gomas cruzadas por debajo de la maceta durante una o dos semanas.

Conviene saber que el injerto tiene un coste estético: la planta engorda deprisa pero pierde el porte compacto y la mota característica se afloja. Muchos cultivadores injertan para ganar tamaño y luego desinjertan, dejando enraizar el cuerpo por su cuenta sobre sustrato seco. El injerto se hace en plena actividad, de mayo a septiembre, nunca en invierno.

Esquejes: la excepción, no la regla

Un Astrophytum normal no da esquejes. Ahora bien, si un ejemplar sufre un daño en el ápice, si se le decapita a propósito o si tiene una lesión importante, reacciona emitiendo brotes laterales alrededor de la herida. Esos hijuelos, una vez tienen dos o tres centímetros, se pueden separar con un corte limpio, dejar secar la herida a la sombra entre dos y tres semanas hasta que forme callo, y apoyar sobre sustrato mineral apenas humedecido. Enraízan, pero con lentitud y con una tasa de éxito baja comparada con la de otros cactus. Es un recurso para salvar una planta comprometida o para propagar un clon valioso, no un método rutinario.

En resumen

El cactus estrella se reproduce por semilla, y en la práctica solo por semilla, porque no produce hijuelos por su cuenta. Para obtener esa semilla hacen falta dos ejemplares distintos florecidos a la vez, polinizados a mano en las horas centrales del día, porque el género es autoincompatible y un solo ejemplar no dará frutos fértiles por muchas flores que abra. La siembra se hace en superficie, sobre sustrato mineral fino y estéril, entre 22 y 28 °C, en recipiente cerrado y con agua sin cal; la germinación llega en menos de dos semanas. A partir de ahí, el trabajo consiste en evitar la podredumbre del cuello ventilando a tiempo y en mantener las plántulas fuera del sol directo durante todo el primer año. El injerto sobre Pereskiopsis u otros patrones queda reservado para clonar formas singulares o para ganar años de crecimiento, con la contrapartida de un porte menos fino. Y en cualquier caso, paciencia: de la semilla a la primera flor median entre seis y ocho años.


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