Un segmento desprendido con los dedos, sin herramientas ni hormonas, basta para tener otra planta. El cactus de Navidad se multiplica con una facilidad que sorprende a quien viene de esquejar rosales o cítricos, y esa es exactamente la razón por la que tantas de estas plantas llevan décadas pasando de una casa a otra sin haber vuelto a pasar por un vivero.
Ahora bien, "fácil" no significa "sale siempre". Los esquejes que se pierden se pierden casi todos por lo mismo: se plantan en el momento equivocado del año, se entierran demasiado o se riegan como si ya tuvieran raíces. Vamos por partes.
Antes de nada: comprueba qué planta tienes
Bajo el nombre de "cactus de Navidad" se venden en España al menos tres plantas distintas, y aunque se reproducen de forma parecida, no florecen en la misma fecha ni se comportan igual.
Schlumbergera truncata es la que más se encuentra en los garden centers. Sus segmentos tienen los bordes con dientes puntiagudos, bien marcados, y la flor sale con el tubo claramente asimétrico. En su origen florece antes que las demás; en el hemisferio norte suele abrir entre finales de octubre y noviembre. En países anglosajones la llaman cactus de Acción de Gracias precisamente por eso.
Schlumbergera × buckleyi es el cactus de Navidad clásico, un híbrido antiguo entre S. truncata y S. russelliana. Sus segmentos tienen los márgenes redondeados, ondulados, sin dientes agresivos, y las flores cuelgan con simetría radial. Florece más tarde, en diciembre. Es la planta que muchas abuelas tienen desde hace treinta años en un patio interior.
Rhipsalidopsis gaertneri (que también verás como Hatiora gaertneri) es el cactus de Pascua. Florece en primavera, sus flores son estrelladas y abren de golpe. Este enraíza igual de bien, pero es algo más lento y bastante más quisquilloso con el exceso de agua.
Mirar los bordes del segmento lleva tres segundos y te ahorra pensar que tu planta "florece tarde" cuando en realidad está floreciendo cuando le toca.
Qué necesita la planta madre para dar buenos esquejes
Un esqueje no puede ser mejor que la planta de la que sale. Si vas a multiplicar, dedica unas semanas a que la madre esté en condiciones y tendrás el doble de éxito.
Estas plantas no son cactus de desierto. Son epífitas de la Mata Atlántica brasileña, de bosques nubosos en las montañas del estado de Río de Janeiro, donde crecen sobre las ramas de los árboles y sobre roca cubierta de musgo, a la sombra y con humedad ambiental alta. Todo lo que hagas debe partir de ese dato.
Luz. Claridad abundante pero sin sol directo del mediodía. Una ventana orientada al este, o al norte en verano, va bien. El sol directo de junio a través del cristal enrojece y amarillea los segmentos en cuestión de días, y esos segmentos quemados enraízan mal.
Riego. Cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato estén secos, se riega a fondo y se vacía el plato. Ni se deja secar hasta que los segmentos se arruguen ni se mantiene húmedo de forma permanente. Si tu agua del grifo es muy dura, algo habitual en buena parte de la Península, alterna con agua de lluvia o agua embotellada de mineralización débil: la Schlumbergera prefiere un sustrato ligeramente ácido y la cal lo va alcalinizando.
Temperatura. Entre 18 y 22 °C está cómoda. Aguanta bajadas puntuales, pero por debajo de 7-10 °C empieza a sufrir y una helada la mata. En el litoral mediterráneo y en Canarias vive perfectamente fuera todo el año a la sombra; en el interior peninsular hay que entrarla en octubre.
Abonado. De marzo a septiembre, un abono equilibrado para plantas verdes diluido a la mitad, cada dos o tres semanas. Al final del verano conviene cambiar a uno con más potasio y menos nitrógeno, que favorece la formación de botones florales en lugar de más brotes tiernos.
Multiplicación por esquejes
Es el método bueno: rápido, gratis y, sobre todo, fiel. El esqueje da una planta genéticamente idéntica a la madre, con el mismo color de flor. Con semillas eso no pasa.
Cuándo hacer los esquejes
La ventana ideal va desde que termina la floración hasta principios del verano, es decir, de finales de febrero o marzo hasta junio, según cuándo haya florecido tu planta. En ese momento la Schlumbergera arranca su fase de crecimiento activo, tiene reservas y las heridas cicatrizan deprisa.
Septiembre es una segunda ventana aceptable, aprovechando el rebrote de final de verano, pero con menos margen: el esqueje debe tener raíces antes de que llegue el frío.
Los dos momentos que hay que evitar son el pleno agosto, porque en gran parte de España el calor pasa de los 35 °C y la planta se para, y el otoño con botones formados. En otoño la planta está volcando toda su energía en florecer; cortar entonces te da esquejes flojos y además arruina la floración.
Cómo tomarlos
Elige brotes del año, firmes y de color verde uniforme, nunca segmentos arrugados, blandos o con manchas. Toma de dos a cuatro segmentos por esqueje. Con uno solo también enraíza, pero tarda más y la planta resultante tarda dos o tres años en dar flor; con cuatro segmentos la planta se hace antes.
La forma más limpia de separarlos no es cortar, sino girar el segmento sobre la articulación sujetando el de abajo con la otra mano. La unión entre segmentos es un punto natural de rotura y se desprende con un chasquido seco dejando una herida pequeña y regular, que cicatriza mejor que un corte hecho a mitad de segmento.
Si prefieres usar tijera o cuchilla, córtala justo por la articulación y desinfecta la hoja con alcohol entre planta y planta. Los virus de estas plantas, como el Cactus virus X, se transmiten precisamente por la savia en herramientas sucias.
El paso que casi nadie respeta: dejar cicatrizar
Los esquejes no se plantan recién arrancados. Se colocan en una bandeja, en un sitio seco, aireado y a la sombra, y se dejan de dos a cuatro días hasta que la herida forme una película seca y algo endurecida.
Este secado es el seguro contra la podredumbre. Una herida fresca y jugosa metida en sustrato húmedo es una entrada abierta para Fusarium y otros hongos del suelo, y ese es el motivo número uno por el que un esqueje se vuelve blando y marrón a los diez días. No hace falta ninguna hormona de enraizamiento: la Schlumbergera enraíza sola sin ayuda, y en muchos casos el polvo hormonal aplicado sobre una herida sin cicatrizar empeora las cosas.
Sustrato y plantado
Aquí se comete el otro gran error: usar sustrato para cactus tal cual, que es prácticamente arena. Una epífita necesita materia orgánica, aireación y retención media. Una mezcla que funciona bien es:
Dos partes de turba rubia o fibra de coco, una parte de perlita y una parte de corteza de pino fina (o, si no la tienes, más perlita). El resultado debe ser esponjoso, drenar en segundos y no compactarse al apretarlo.
Planta los esquejes enterrando solo el primer centímetro o centímetro y medio, lo justo para que se sostengan de pie. Si entierras el segmento entero, se pudre. Puedes poner tres o cuatro esquejes en una maceta de 10-12 cm; salen matas más compactas y bonitas que con uno solo.
Riega ligeramente para asentar el sustrato y no vuelvas a regar hasta que la superficie se haya secado. La humedad ambiental ayuda más que la del sustrato: una bolsa transparente por encima sin tocar los esquejes, o una bandeja con guijarros húmedos, hacen más que un riego de más.
Los dos primeros meses
Mantén la maceta a 20-24 °C, con luz clara indirecta y sin sol directo. A esa temperatura las primeras raíces aparecen entre las tres y las seis semanas; por debajo de 18 °C el proceso se alarga bastante.
La prueba de que ha enraizado no es tirar del esqueje, que es la mejor forma de romper las raíces nuevas. Es más fiable fijarse en dos señales: el esqueje ofrece resistencia al empujarlo suavemente con un dedo, y sobre todo empieza a sacar un segmento nuevo por la punta. Ese brote nuevo es la confirmación definitiva.
A partir de ahí, riegos normales y el primer abonado diluido al cuarto cuando lleve dos meses. Las plantas obtenidas de esquejes de tres o cuatro segmentos suelen dar su primera floración al segundo otoño.
Enraizar en agua: se puede, pero no es lo mejor
Poner los esquejes en un vaso con el extremo apenas tocando el agua funciona, y tiene el atractivo de que ves las raíces salir. El problema viene después.
Las raíces formadas en agua son blancas, quebradizas y están adaptadas a un medio sin oxígeno; al trasplantarlas a sustrato, buena parte muere y la planta se para varias semanas mientras genera raíces nuevas. Si aun así quieres hacerlo, deja cicatrizar el esqueje igualmente, cambia el agua cada dos días y trasplanta en cuanto las raíces midan un centímetro, no cuando ya sean una maraña.
Injerto: para formas colgantes y ejemplares de porte
Los cactus de Navidad "de copa", esos que llevan un tronco recto y la mata colgando desde arriba, no crecen así de forma natural: están injertados. El portainjerto habitual es Selenicereus, Hylocereus (la pitahaya) o Opuntia subulata.
La técnica es un injerto de púa sencillo: se corta el portainjerto en horizontal, se hace una hendidura vertical en el centro, se afila en cuña el extremo de un esqueje de dos segmentos y se encaja, sujetándolo con una espina larga de cactus o un alfiler fino. Se hace en primavera avanzada, con calor, y se mantiene a la sombra y sin mojar la unión durante tres semanas.
Es un método para quien ya se maneja, más laborioso que el esqueje y sin ninguna ventaja salvo la estética y algo más de vigor. Si solo quieres más plantas, el esqueje es superior en todo.
Semillas: lento y con sorpresa
La Schlumbergera es en gran medida autoincompatible, así que para obtener semilla necesitas dos plantas de variedades distintas y polinizar a mano con un pincel pasando el polen de una flor a otra. Si prospera, se forma un fruto carnoso rosado que tarda seis o más meses en madurar. Dentro hay unas decenas de semillas negras diminutas.
Se siembran en superficie sobre sustrato fino y húmedo, sin cubrir, a 22-25 °C. Germinan en dos o tres semanas y las plántulas son ridículamente pequeñas: pasa un año hasta que se distinguen los primeros segmentos reconocibles y tres o cuatro hasta la primera flor.
La contrapartida interesante es que la descendencia no es idéntica a los padres, así que puedes obtener colores nuevos. La contrapartida menos interesante es que también puedes obtener colores peores que los que ya tenías. Es un juego de aficionado paciente, no un método de multiplicación práctico.
Los fallos que más se repiten
Plantar el esqueje recién cortado. Ya está explicado arriba: sin cicatrizar, se pudre. Dos días de espera cambian el resultado.
Regar demasiado "porque no tiene raíces y se va a secar". Es exactamente al revés. Un esqueje sin raíces no absorbe agua, y el sustrato encharcado solo alimenta hongos. Los segmentos tienen reservas de sobra para aguantar semanas.
Enterrar de más. Un centímetro. Si el esqueje se cae, apuntálalo con un palillo, no con más sustrato.
Usar sustrato de cactus puro. Drena bien, pero no retiene nada y carece de estructura orgánica. Las raíces finas de una epífita no prosperan en arena.
Esquejar en octubre o noviembre. La planta está en floración o preparándola, y el frío llega antes de que haya raíz. Espera a marzo.
Poner el esqueje al sol para "darle energía". Sin raíces no puede reponer el agua que pierde por transpiración. Sombra luminosa, siempre.
Meterlo todo en un invernadero cerrado y hermético. Algo de humedad ayuda, pero sin ventilación se genera condensación sobre los segmentos y aparece Botrytis. Airea unos minutos cada día.
Y ya que multiplicas: consigue que florezcan
De poco sirve tener seis plantas nuevas si ninguna abre. La Schlumbergera es una planta de día corto: forma botones cuando las noches se alargan por encima de las 13 o 14 horas de oscuridad continua, y con temperaturas frescas, entre 12 y 15 °C, durante unas seis semanas seguidas.
En la práctica, en España eso se consigue solo con dejarla en una galería fresca, en un porche cubierto o junto a una ventana de una habitación que no se caliente, desde finales de septiembre. Lo que arruina la operación es la luz artificial nocturna: una lámpara de salón encendida hasta medianoche todos los días es suficiente para que la planta no reciba nunca la señal.
Una vez formados los botones, no muevas la maceta ni le cambies la orientación. La caída masiva de botones antes de abrir se debe casi siempre a eso, a una corriente de aire frío o a un golpe de riego después de haberla tenido seca.
En resumen
Reproducir un cactus de Navidad se reduce a cinco decisiones bien tomadas. Hazlo de marzo a junio, cuando la planta ya ha terminado de florecer. Desprende de dos a cuatro segmentos girándolos por la articulación en lugar de cortarlos. Deja la herida secando dos o cuatro días a la sombra antes de plantar. Entierra un centímetro en una mezcla aireada con turba o coco, perlita y corteza, nunca en sustrato de cactus puro. Y mantén el conjunto a 20-24 °C con luz indirecta y riego escaso hasta que salga un segmento nuevo, la señal de que ya hay raíces.
El agua como medio de enraizamiento es una alternativa aceptable si trasplantas pronto; el injerto tiene sentido solo si buscas la forma de árbol; y la semilla es un experimento de años que reserva su interés a quien quiera cruzar variedades. Para todo lo demás, un puñado de segmentos y algo de paciencia bastan para llenar la casa de plantas que dentro de veinte años seguirán floreciendo.