Sembrar césped fuera de temporada es la forma más rápida de gastarse el dinero dos veces. La semilla germina o no germina según la temperatura del suelo, no según las ganas que tengas, y esa temperatura solo es la adecuada durante dos ventanas al año.

Césped recién sembrado germinando

La mejor época: principios de otoño

Entre mediados de septiembre y finales de octubre en la mayor parte de España, algo antes en el norte y algo después en el sur. Es, con diferencia, el mejor momento y por varias razones a la vez.

El suelo conserva el calor acumulado del verano, así que la semilla germina rápido, mientras que el aire ya está fresco y la evaporación es baja, de modo que no tienes que regar cinco veces al día. Llueve más. Y sobre todo, las malas hierbas anuales de verano ya han terminado su ciclo y no compiten.

Además le das al césped todo el otoño y todo el invierno para enraizar antes del primer verano, que es la prueba de fuego.

La segunda opción: primavera

De mediados de marzo a mediados de mayo, cuando el suelo se haya templado y haya pasado el riesgo de heladas. Funciona, pero con dos desventajas claras.

La primera es que compites con todas las malas hierbas, que arrancan a la vez y más rápido. La segunda es que el césped llega al verano con las raíces sin desarrollar, y ese primer julio le cuesta mucho: tendrás que regar bastante más y aun así es fácil perder rodales.

Si siembras en primavera, hazlo pronto. Sembrar en mayo o junio es casi tirar la semilla.

La temperatura, que es lo que de verdad manda

Olvida el calendario y mira el termómetro del suelo, que puedes medir con una sonda de cocina a cinco centímetros de profundidad.

Las mezclas frías, que son las que se usan en casi toda España —Lolium perenne, festucas, Poa pratensis—, germinan bien con el suelo entre 10 y 18 grados. Por debajo de 8 la semilla se queda quieta y se pudre; por encima de 25 germina mal y lo que nace se seca enseguida.

Las mezclas cálidas, tipo Cynodon dactylon o grama, son otra historia: piden el suelo por encima de 18 grados, así que su época es finales de primavera y principios de verano. Son las adecuadas en el sur y en zonas de costa con veranos duros.

Cuándo no sembrar

Pleno verano. La semilla necesita el suelo húmedo de forma constante hasta que germina, y con 35 grados eso significa regar tres o cuatro veces al día durante dos semanas. Es carísimo y aun así fracasa a menudo.

Pleno invierno. Con el suelo por debajo de 8 grados la semilla no arranca; se queda ahí, se pudre o se la comen los pájaros.

Justo antes de tormentas fuertes. Un aguacero se lleva la semilla y te deja el césped a franjas.

Los quince días que deciden el resultado

Sea cual sea la fecha, lo que determina el éxito es lo que ocurre entre la siembra y la germinación. La regla es una sola: el primer centímetro de suelo no se puede secar nunca. Ni un solo día.

Eso significa riegos cortos y frecuentes, dos o tres veces al día, mojando poco pero sin fallar. En cuanto la semilla se hincha y se seca, muere; no hay segunda oportunidad para esa semilla.

Cuando el césped haya nacido y tenga unos cinco centímetros, cambia el patrón: riegos más largos y más espaciados, para que la raíz baje a buscar el agua en vez de quedarse en superficie.

Cuánto tarda en nacer

Depende de la especie. El Lolium perenne es el más rápido y asoma en cinco o siete días. Las festucas tardan entre diez y catorce. La Poa pratensis es la lenta de la familia y puede irse a tres semanas.

Como casi todas las mezclas comerciales combinan varias, verás nacer el césped por tandas durante dos o tres semanas. Es normal y no significa que haya zonas fallidas: dale tiempo antes de resembrar huecos.

En resumen

Septiembre y octubre es la mejor época en casi toda España; primavera temprana es la alternativa aceptable. Guíate por el suelo entre 10 y 18 grados para mezclas frías, y por encima de 18 para las cálidas. Y una vez sembrado, no dejes que la superficie se seque durante las dos primeras semanas: eso pesa más que la fecha.


Contenidos relacionados