El césped es el cultivo más exigente de un jardín y casi nadie lo trata como tal. Le cortas un tercio de su masa foliar cada semana y esperas que siga verde: eso solo se sostiene devolviéndole nutrientes. Pero abonar de más es peor que no abonar, así que conviene entender el calendario y las cifras.
Qué significan los tres números del saco
Un abono marcado 20-5-10 lleva 20% de nitrógeno, 5% de fósforo y 10% de potasio. Cada uno hace algo distinto y por eso la proporción cambia según la época:
Nitrógeno (N). Crecimiento y color verde. Es el que más consume el césped y el que primero se agota.
Fósforo (P). Desarrollo de raíz. Importante en la siembra y poco más; en un césped establecido casi nunca falta.
Potasio (K). Resistencia: al frío, a la sequía, a los hongos y al pisoteo. Es el gran olvidado y el que salva el césped en verano y en invierno.
El calendario
Para un césped de mezcla fría, que es lo normal en casi toda España, tres abonados al año bastan y cuatro es lo óptimo.
Marzo o abril: el de arranque. Rico en nitrógeno, tipo 20-5-10, para que salga del invierno y cierre. Espera a que el césped esté creciendo de verdad, no lo hagas con el primer día de sol.
Mayo o junio: el de mantenimiento. Equilibrado, con nitrógeno de liberación lenta, y ya subiendo el potasio para preparar el verano.
Verano: en principio, ninguno. Si tu césped pasa el verano estresado, abonarlo es empujarlo a crecer cuando no puede. Si riegas bien y quieres mantenerlo activo, como mucho un abono de liberación muy lenta y bajo en nitrógeno.
Septiembre u octubre: el más importante del año. Este es el que casi todo el mundo se salta y el que más se nota. Alto en potasio, tipo 10-5-20. No busca hacer crecer la hoja sino engordar la raíz y acumular reservas, y es lo que hace que en marzo tu césped arranque verde en lugar de amarillo.
Cuánto poner
La referencia profesional es entre 20 y 25 gramos de nitrógeno puro por metro cuadrado y año, repartidos en esas aplicaciones. Con un abono al 20% de N, eso son unos 100-125 gramos de producto por metro cuadrado al año, o sea unos 30 gramos por metro y aplicación.
Ante la duda, quédate corto. Un césped algo justo de abono se ve un poco más claro; uno pasado se quema, y eso tarda meses en repararse.
Cómo aplicarlo sin hacer rayas
Usa abonadora. A voleo con la mano es imposible repartir uniforme, y el resultado son franjas verde oscuro junto a franjas amarillas que duran todo el año. Una abonadora de mano cuesta poco.
Pasa en dos direcciones cruzadas, con la mitad de la dosis en cada pasada. Es la manera de que un fallo de calibración no se note.
Con el césped seco, para que el gránulo caiga al suelo en vez de quedarse pegado a la hoja y quemarla.
Riega inmediatamente después, con unos 10 o 15 minutos. Esto no es opcional: disuelve el gránulo, lo lleva a la raíz y lava lo que haya quedado sobre la hoja. Abonar y no regar es la causa número uno de césped quemado.
Nunca con calor fuerte ni a pleno sol. Primera hora de la mañana o final de la tarde.
Granulado o líquido
El granulado de liberación lenta es lo recomendable para el mantenimiento: dosifica solo durante seis u ocho semanas y es muy difícil quemar con él.
El líquido actúa en días pero dura poco. Sirve para corregir una carencia puntual o para dar color antes de un evento, no como base.
Los abonos con herbicida incorporado tienen su momento —primavera, con malas hierbas de hoja ancha—, pero no los uses de rutina ni sobre césped recién sembrado.
Señales de que algo falla
Amarilleo general y crecimiento lento: falta nitrógeno.
Amarillo entre los nervios quedando estos verdes: suele ser falta de hierro, muy común en suelos calizos. Se corrige con quelato de hierro, no con más abono.
Puntas quemadas y rodales marrones tras abonar: dosis excesiva o falta de riego posterior. Riega abundantemente varios días para lavar.
Crece muchísimo pero se llena de hongos: demasiado nitrógeno y poco potasio.
En resumen
Tres o cuatro aplicaciones al año: nitrogenado en primavera, equilibrado a comienzos de verano y sobre todo uno rico en potasio en otoño, que es el que marca la diferencia. Con abonadora, en dos pasadas cruzadas, sobre césped seco y regando justo después.