Sembrar césped de semilla es más barato que colocar tepe y da un resultado igual de bueno, pero solo si se acierta con dos cosas: la fecha y la preparación del terreno. La semilla en sí es la parte fácil. Lo que arruina la mayoría de las siembras es sembrar en el mes equivocado o hacerlo sobre un suelo mal nivelado y sin descompactar, y ninguno de esos dos errores se arregla después.

A continuación tienes el calendario según el tipo de césped que vayas a sembrar y el proceso completo, paso a paso, con las dosis y los tiempos reales de cada operación.

Césped recién sembrado y establecido en un jardín

Primero decide qué césped vas a sembrar, porque de eso depende la fecha

No existe una única época buena para sembrar césped. Existen dos, y cuál te toca a ti depende de si siembras una mezcla de gramíneas de temporada fría o de temporada cálida.

Los céspedes de temporada fría son los que se usan en casi toda España peninsular: Lolium perenne (ray-grass inglés), Festuca arundinacea (festuca alta), Poa pratensis y Agrostis stolonifera. Crecen con temperaturas de 15 a 24 °C, se paran con el calor fuerte y permanecen verdes todo el invierno. La festuca alta es hoy la reina en clima continental y mediterráneo por su raíz profunda y su tolerancia a la sequía; la mezcla clásica de jardín particular suele rondar el 70-80 % de festuca alta con un 20-30 % de ray-grass inglés, que nace rápido y protege al resto.

Los céspedes de temporada cálida son Cynodon dactylon (grama o bermuda), Zoysia japonica, Paspalum vaginatum y Stenotaphrum secundatum (gramón o San Agustín). Su óptimo está entre 25 y 35 °C, aguantan el verano del sur y del levante con la mitad de agua, y a cambio se ponen de color pajizo en invierno, lo que a mucha gente no le compensa. Además, de estos solo la bermuda y algunas zoysias se siembran de semilla con garantías; el gramón y la mayoría de paspalum se plantan por estolones o tepe.

¿Cuándo se siembra?

Para las gramíneas de temporada fría, la mejor ventana es el otoño: de mediados de septiembre a mediados de octubre en el interior y el norte, y hasta principios de noviembre en el litoral mediterráneo y el sur, donde el suelo tarda más en enfriarse. En ese momento el suelo todavía conserva calor del verano, la semilla germina en pocos días, las lluvias reducen el gasto de agua y las plántulas tienen por delante todo el otoño, el invierno y la primavera para enraizar antes de su primera prueba seria, que es el calor de julio.

Aquí conviene corregir una creencia muy extendida: la primavera no es la mejor época para sembrar césped, es la segunda mejor. Se puede sembrar de mediados de marzo a finales de abril, cuando el suelo supera los 10-12 °C de forma estable, y sale bien; pero una siembra de primavera llega al verano con solo dos o tres meses de raíz hecha, sufre mucho más y compite además con la germinación masiva de malas hierbas anuales. Si puedes elegir, elige el otoño.

Lo que no debes hacer nunca es sembrar en mayo tardío, junio, julio o agosto una mezcla de temporada fría. La semilla necesita mantener húmedos los 2-3 cm superficiales del suelo durante dos o tres semanas seguidas, y con 35 °C esa capa se seca en un par de horas. El resultado habitual es una nascencia irregular y un ataque de hongos de plántula (Pythium, mal llamado "damping off") que se lleva por delante los rodales más densos.

Para las gramíneas de temporada cálida ocurre justo lo contrario: se siembran de mayo a principios de julio, cuando el suelo ya está por encima de los 18-20 °C de media. La bermuda sembrada en abril simplemente no nace, se queda en el suelo esperando y buena parte se pierde. Sembrada a finales de mayo, en cambio, tiene todo el verano por delante para cerrar antes de la parada invernal.

Prepara el terreno: la parte que de verdad decide el resultado

Cuenta con dos o tres semanas entre que empiezas a preparar y el día que siembras. Intentar hacerlo todo en un fin de semana es el origen de la mayoría de los céspedes irregulares.

Elimina la vegetación existente. Si hay grama, juncia (Cyperus rotundus) o vivaces rizomatosas, no basta con pasar el motocultor: lo único que consigues es trocear los rizomas y multiplicarlos. Trátalas cuando estén en crecimiento activo y espera a que mueran del todo antes de labrar. En superficies pequeñas, la solarización con plástico transparente durante seis u ocho semanas de verano es una alternativa sin química que además reduce el banco de semillas.

Descompacta a 20-25 cm de profundidad. Es lo mínimo para que la raíz de una festuca alta pueda bajar y para que el agua no se quede encharcada arriba. Retira piedras, raíces y escombros de obra, que en jardines nuevos suelen estar por todas partes bajo unos centímetros de tierra.

Enmienda según el suelo que tengas. Si es arcilloso y compacto, incorpora arena de río lavada de granulometría gruesa y materia orgánica; si es muy arenoso, solo materia orgánica, que es lo que le va a dar retención de agua. Una dosis razonable de compost maduro o mantillo es de 3 a 5 litros por metro cuadrado, mezclados con los primeros 15 cm. Un aviso: echar arena fina sobre arcilla sin materia orgánica no esponja el suelo, lo convierte en algo parecido al cemento. El pH ideal está entre 6 y 7; por debajo de 5,5 conviene corregir con enmienda caliza.

Abonado de fondo. Antes de sembrar, aporta un fertilizante rico en fósforo, que es el nutriente del enraizamiento, tipo 8-15-15 o similar, a razón de unos 40-50 g/m² incorporados al rastrillar. Los abonos muy nitrogenados de "mantenimiento" en este momento no ayudan: hacen crecer hoja tierna y favorecen las malas hierbas.

Nivelar el suelo e instalar el riego

El riego se instala antes de sembrar y después de labrar. Abrir zanjas en un césped ya nacido es rehacer el trabajo. Para superficies de jardín, lo habitual son difusores emergentes con solape total (cada difusor debe llegar al de al lado, lo que se llama solape cabeza con cabeza); si dejas huecos entre alcances, esos huecos se verán amarillos el primer verano y no habrá manera de arreglarlo salvo cambiando las toberas. Comprueba la presión real de tu acometida antes de decidir el número de aspersores por sector: un sector con más emisores de los que la presión admite riega mal en todos ellos.

Sistema de riego automático regando un césped

Después viene el nivelado fino. Rastrilla hasta dejar una superficie uniforme, sin hoyos donde se acumule el agua y con una ligerísima pendiente que aleje el agua de la casa (un 1-2 % basta). Pasa un rulo semilleno de agua y vuelve a rastrillar los puntos que se hundan. Este paso hay que repetirlo: el suelo recién labrado se asienta, y los baches que no corrijas ahora los vas a ver cada vez que siegues, porque el cortacésped rapa las lomas y deja largas las depresiones.

Un truco que ahorra muchísimo trabajo posterior es la falsa siembra: una vez nivelado, riega el terreno y déjalo dos semanas sin sembrar. Germinarán las malas hierbas del banco de semillas superficial. Elimínalas con un pase muy superficial de azada o binadera, sin remover en profundidad para no subir semillas nuevas, y siembra entonces. Reduce de forma drástica la competencia durante la nascencia.

Siembra de semillas

Compra semilla con etiqueta: debe indicar la composición varietal, el porcentaje de pureza, el de germinación y la fecha de análisis. Las mezclas baratas de gran superficie suelen llevar mucho Lolium multiflorum (ray-grass anual), que nace muy rápido, engaña bien el primer mes y desaparece en un año. La semilla pierde poder germinativo con el tiempo: a partir de dos o tres años de la fecha de análisis, la nascencia empieza a caer.

Las dosis orientativas por metro cuadrado son estas:

Festuca arundinacea, de 35 a 45 g/m². Lolium perenne, de 30 a 40 g/m². Poa pratensis, de 15 a 20 g/m², porque su semilla es diminuta. Agrostis stolonifera, de 8 a 12 g/m². Cynodon dactylon en semilla pelada, de 8 a 12 g/m². Para una mezcla comercial de temporada fría, entre 30 y 40 g/m² es lo correcto.

Sembrar más no da un césped más denso: el exceso de semilla produce plántulas ahiladas que compiten entre sí, enraízan mal y son un caldo de cultivo para los hongos. Es uno de los errores más repetidos y de los más caros.

Elige un día sin viento. Divide la semilla en dos mitades y siembra en cruz: la primera mitad recorriendo el terreno en un sentido y la segunda en perpendicular. Así compensas los fallos de reparto. Con carretilla distribuidora, lo mismo pero con el regulador a la mitad del caudal en cada pasada.

A continuación, entierra la semilla muy poco: de 3 a 5 milímetros. Un rastrillado superficial de púas al revés o una capa finísima de mantillo cribado son suficientes. Enterrar a un centímetro o más es condenar buena parte de la siembra, sobre todo la de semillas pequeñas como la Poa pratensis, que necesita luz y apenas tiene reservas. Termina pasando el rulo para que la semilla quede en contacto firme con el suelo, que es lo que le permite absorber agua de forma constante.

Los primeros dos meses: riego, primer corte y primer abonado

Hasta que la semilla nazca, el objetivo es que los 2-3 cm superiores no se sequen ni una sola vez. Una semilla que empieza a germinar y se seca, muere; no espera a la siguiente lluvia. Eso significa riegos cortos y frecuentes: tres a cinco al día de pocos minutos en siembras de septiembre con calor, dos al día en octubre, prácticamente ninguno si llueve.

Los tiempos de nascencia son muy distintos según la especie, y por eso el césped nace a parches durante las primeras semanas sin que eso sea un problema: el ray-grass inglés asoma en 5-10 días, la festuca alta en 10-14, la agrostis en 7-10, la bermuda entre 7 y 21 días con calor, y la Poa pratensis tarda de 20 a 28 días. Si tu mezcla lleva poa, no des la siembra por fallida a los quince días.

En cuanto el césped esté nacido y de un par de centímetros, invierte el riego: pasa a riegos más largos y más espaciados, para forzar a la raíz a bajar. Mantener toda la vida los riegos cortos y diarios de la nascencia produce un césped de raíz superficial que colapsa en la primera ola de calor.

El primer corte se da cuando la hierba alcanza los 8-10 cm, normalmente entre cuatro y seis semanas después de sembrar. Cuchilla bien afilada, porque una cuchilla roma arranca las plántulas de raíz en lugar de cortarlas, y suelo algo seco ese día para no pisar barro. Baja solo hasta 5-6 cm y respeta a partir de ahí la regla de no quitar más de un tercio de la altura en cada siega. El corte, lejos de perjudicar, es lo que induce el ahijamiento y hace que el césped cierre.

El primer abonado nitrogenado llega después de esa primera siega, entre la cuarta y la sexta semana, con un abono de liberación lenta. Y no pises la zona más de lo imprescindible durante el primer mes y medio: las huellas sobre un suelo recién sembrado se convierten en calvas.

En resumen

En España, si siembras una mezcla de temporada fría a base de festuca alta y ray-grass, tu ventana es de mediados de septiembre a mediados o finales de octubre, con la primavera temprana como segunda opción. Si siembras bermuda u otra gramínea de temporada cálida, espera a que el suelo pase de 18-20 °C, es decir, de mayo a principios de julio.

El orden de trabajo no cambia: eliminar la vegetación previa, descompactar a 20-25 cm, enmendar, abonar con fósforo de fondo, instalar el riego, nivelar y rular, hacer una falsa siembra si tienes tiempo, sembrar en cruz a 30-40 g/m², enterrar solo 3-5 mm, rular otra vez y mantener la superficie húmeda hasta la nascencia.

Y los tres errores que más siembras arruinan: sembrar en verano, sembrar el doble de semilla de la necesaria y no nivelar bien antes. Los tres se evitan gratis, con paciencia y con un par de semanas más de preparación.


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