Entre cuatro y cinco meses al año, un césped de grama tiene color de paja. Ese dato conviene digerirlo antes de sembrar nada, porque es la principal causa de arrepentimiento con esta especie y no tiene arreglo: la Cynodon dactylon es una gramínea de ciclo estival que entra en reposo en cuanto bajan las temperaturas y no vuelve a verdear hasta bien entrada la primavera. A cambio, aguanta sequía, calor y pisadas como pocas cosas que se puedan plantar en España.

Mata de grama, Cynodon dactylon, con sus espigas digitadas

Qué es la grama y por qué se comporta como se comporta

Cynodon dactylon (L.) Pers. es una gramínea perenne de la familia Poaceae, conocida aquí como grama, gramón o grama común, y en el mundo del césped por su nombre comercial, bermuda. El nombre inglés despista: no procede de las Bermudas, sino que llegó a América desde allí. Su origen real está en el este de África y el sur de Asia, aunque hoy está naturalizada en todas las zonas cálidas del planeta, la Península incluida, donde crece espontánea en cunetas, ribazos y bordes de cultivo.

Dos rasgos explican todo su comportamiento. El primero es que es una planta C4, con un metabolismo fotosintético adaptado al calor: rinde al máximo entre 27 y 35 °C de temperatura del aire, justo cuando una festuca o un raigrás lo pasan mal. Por debajo de unos 10 °C se para, y con las primeras heladas se agosta y toma ese tono pajizo característico. Rebrota cuando el suelo supera los 15 o 16 °C, lo que en la mitad sur suele ocurrir a mediados de abril y en la meseta norte o el interior de Aragón puede irse a mayo.

El segundo rasgo es su forma de crecer: emite estolones rastreros por encima del suelo y rizomas por debajo, que en suelos sueltos bajan tranquilamente a 30 o 40 centímetros. De ahí vienen su capacidad de recuperación, su densidad y también su fama de mala hierba difícil de erradicar. La hoja es fina, de un verde glauco, con una lígula de pelos característica; la inflorescencia son tres a siete espiguillas dispuestas en dedo, de donde viene el epíteto dactylon. El nombre del género, del griego kyon (perro) y odous (diente), alude a las escamas puntiagudas de los rizomas.

Cuándo elegirla y cuándo no

Tiene sentido en un jardín cuando se cumplen tres condiciones a la vez: sol directo abundante, verano caluroso y uso intensivo del césped. Es la elección correcta para una zona de juego de niños, para un chalet en la costa mediterránea, para un jardín en Andalucía, Murcia, Extremadura o el valle del Ebro, y para cualquier sitio donde el agua sea cara o esté restringida. Su consumo hídrico ronda el 60 o 70 % del de un césped de festuca alta en las mismas condiciones, y en apuros tolera un verdeo parcial sin morirse.

No tiene sentido en tres casos. En sombra: es de las gramíneas menos tolerantes que existen, necesita seis horas largas de sol directo y bajo un árbol denso se ralea hasta desaparecer, sin que haya cultivar que lo arregle. En el norte atlántico, donde el verano no da suficiente calor y el invierno alarga el periodo de latencia hasta hacerlo absurdo. Y cuando el objetivo es un césped verde todo el año sin trabajo adicional: eso no lo da la grama.

Conviene deshacer también el equívoco de "césped de bajo mantenimiento". Bajo consumo de agua, sí. Bajo mantenimiento, no: en pleno verano crece a un ritmo que obliga a segar cada cinco o siete días, acumula fieltro y pide escarificado anual. Se ahorra en riego, no en trabajo.

Suelo y preparación

Es poco exigente. Vive bien entre pH 5,5 y 7,5 y aguanta suelos algo básicos, hasta 8 o 8,5, algo frecuente en gran parte del país. Prefiere textura franca o franco-arenosa, tolera arcillas si no se encharcan de forma prolongada y soporta encharcamientos temporales mejor que casi cualquier otro césped. También destaca por su tolerancia a la salinidad, lo que la hace la opción lógica en primera línea de costa o donde el agua de riego venga con conductividad alta.

En la preparación importa una cosa por encima de las demás: eliminar bien las malas hierbas perennes antes de sembrar, sobre todo juncia (Cyperus rotundus), que es de lo poco capaz de competir con ella. Después, labrado a 20-25 centímetros, nivelado, aporte de arena si el suelo es pesado, un abonado de fondo con un complejo rico en fósforo, y rulado ligero para asentar.

Siembra o plantación

La grama se puede establecer por semilla o por material vegetativo, y la diferencia no es menor.

Por semilla. Solo sirve para las variedades de Cynodon dactylon puro: 'Sahara', 'Princess 77', 'Riviera', 'La Paloma' o 'Yukon' entre las de mejor comportamiento. La dosis está en 10 a 15 gramos por metro cuadrado de semilla descascarillada, que germina mucho mejor que la vestida. El momento es clave: hace falta que el suelo supere los 18-20 °C, es decir, de finales de mayo a julio en la mayor parte de la Península. Sembrar en marzo, como se hace con el raigrás, es tirar la semilla. Nace en siete a catorce días con riegos ligeros y frecuentes, dos o tres al día los primeros diez días, y a partir de ahí se van espaciando y aumentando el volumen.

Por tepe, estolones o tacos. Es la única vía para los híbridos, cruces de Cynodon dactylon con Cynodon transvaalensis como 'Tifway 419', 'Tifdwarf', 'TifGrand' o 'Celebration'. Son estériles y no producen semilla viable, y son los que se ven en campos de fútbol y en greens y calles de golf del sur: hoja más fina, mayor densidad y tolerancia a siegas muy bajas, a cambio de más exigencia. La plantación de estolones se hace también en pleno calor, extendiéndolos, cubriéndolos ligeramente con arena y manteniendo la superficie húmeda hasta el arraigo.

Riego

Una vez implantada, el principio es regar poco a menudo pero en profundidad. Riegos largos y espaciados obligan a la raíz a bajar, y una raíz profunda es lo que le permite después pasar apuros. Riegos cortos y diarios producen justo lo contrario: raíz superficial, más fieltro y más enfermedad.

Como orientación en verano peninsular, entre 3 y 5 litros por metro cuadrado y día de media, aplicados en dos o tres riegos semanales de 10 a 15 litros cada uno, no todos los días. En primavera y otoño basta con uno semanal o menos. En invierno, con la planta dormida, no hace falta regar salvo sequías extremas y prolongadas; es un ahorro que la gente suele desaprovechar por costumbre.

Si llega una restricción de agua, la grama entra en latencia estival: amarillea, se para y sobrevive a partir de los rizomas. Al volver el riego rebrota en una o dos semanas. Muy pocos céspedes admiten ese trato.

Siega

Crece en horizontal, así que tolera y agradece la siega baja. Para un jardín particular, entre 2 y 4 centímetros; los híbridos finos se llevan a 1 o 2 centímetros, pero eso exige cortacésped helicoidal y una frecuencia que pocos mantienen en casa.

La regla de no retirar más de un tercio de la altura de la hoja en cada pasada es aquí especialmente importante: si se deja crecer y luego se rebaja de golpe, aparecen calvas amarillentas de tallo desnudo que tardan semanas en cubrirse. En julio y agosto eso significa segar cada cinco o siete días. En cuanto entra el reposo invernal, se deja de segar por completo.

Un mantenimiento anual que marca la diferencia es el escarificado o verticorte a finales de primavera, con la planta ya activa. La grama produce fieltro con facilidad, y ese colchón de estolones muertos y restos secos impide que el agua entre y guarda inóculo de hongos. Escarificar en mayo o junio, cuando puede regenerarse deprisa, es fácil de asumir; hacerlo en octubre es un error, porque la planta ya no rebrota.

Abonado

Es una gran consumidora de nitrógeno durante su periodo activo y no lo necesita en absoluto fuera de él. Una pauta sensata son 15 a 25 gramos de nitrógeno por metro cuadrado y año, repartidos en aplicaciones mensuales de abril a septiembre, con fertilizantes de liberación lenta a razón de unos 3 o 4 gramos de N por metro cuadrado cada vez, y un aporte de potasio a finales de verano para endurecer la planta antes del reposo.

El error clásico es abonar con nitrógeno en octubre o noviembre, siguiendo el calendario de un césped de clima frío. En la grama, ese nitrógeno tardío la pilla ya parándose, retrasa el endurecimiento, la deja tierna frente a las heladas y favorece la muerte primaveral en manchas. Si el otoño lleva algo, que sea potasio.

Plagas y enfermedades

Dollar spot (Clarireedia spp., el antiguo Sclerotinia homoeocarpa). Manchas redondas del tamaño de una moneda, de color pajizo, que confluyen; con rocío se ve un micelio blanco algodonoso al amanecer. Aparece sobre todo en céspedes faltos de nitrógeno, con rocíos largos y riegos nocturnos. Se corrige regando de madrugada en lugar de por la noche, retirando el rocío y ajustando la fertilización antes de pensar en fungicidas.

Síntomas de dollar spot sobre césped

Muerte primaveral en manchas (Ophiosphaerella spp.). Rodales circulares que no rebrotan en primavera mientras el resto verdea. Es propia de zonas con inviernos fríos y se agrava con exceso de nitrógeno tardío y fieltro acumulado.

Helmintosporiosis (Bipolaris spp.), con manchas foliares oscuras y aclareo general, sobre todo en primaveras húmedas y frescas.

Entre las plagas, los gusanos blancos (larvas de escarabeidos) royendo raíces, que se detectan porque el césped se levanta como una alfombra sin sujeción, y las orugas de rosquilla negra (Spodoptera littoralis) y gusanos soldado, que en agosto pueden dejar una zona pelada en pocos días. Se localizan de noche con una linterna o vertiendo agua jabonosa en una superficie pequeña para hacerlas subir.

El lado incómodo: invasividad y alergia

La grama figura entre las malas hierbas más problemáticas del mundo, y lo que en el césped es una virtud, en el resto del jardín es un problema. Los rizomas se cuelan bajo cualquier borde de plástico o de madera y colonizan parterres, huertos y alcorques. Una barrera para contenerla tiene que bajar como mínimo 25-30 centímetros, y aun así conviene repasar el borde con una pala de media luna un par de veces al año. Un fragmento de rizoma de pocos centímetros basta para regenerar la planta, así que cavar y trocearla sin retirar los restos multiplica el problema en vez de resolverlo.

El otro asunto es el polen. Cynodon dactylon es una de las gramíneas más implicadas en la polinosis en España, especialmente en el sur y en el litoral mediterráneo, y su floración se prolonga buena parte del verano, más allá del pico general de gramíneas de mayo y junio. Segar con regularidad, antes de que emitan las espigas, reduce la emisión de forma apreciable. Es un motivo razonable para pensárselo si en casa hay alguien alérgico.

Rusticidad y resiembra de invierno

La parte aérea muere con las primeras heladas, pero los rizomas resisten temperaturas bajo cero y rebrotan sin problema en casi toda la Península. En zonas de invierno duro, con heladas fuertes y prolongadas, hay riesgo de pérdida de rodales, y allí conviene elegir cultivares seleccionados por resistencia al frío como 'Yukon' o 'Riviera' y evitar las siegas muy bajas al final del verano.

Para quien no soporte el color pajizo existe la resiembra otoñal con raigrás inglés (Lolium perenne), a razón de 25 a 35 gramos por metro cuadrado en octubre, segando bajo y escarificando antes para que la semilla llegue al suelo. Da un césped verde durante todo el invierno. La contrapartida llega en primavera: la transición, cuando el raigrás compite con la grama justo en el momento en que esta intenta rebrotar. Se gestiona segando cada vez más bajo y suprimiendo el riego al raigrás en cuanto suben las temperaturas, pero es trabajo extra y no siempre sale limpio.

En resumen

Cynodon dactylon es la gramínea de césped más lógica para el clima cálido y seco de buena parte de España: consume mucha menos agua que un césped de clima frío, tolera el pisoteo, se recupera sola gracias a estolones y rizomas y aguanta suelos salinos. A cambio exige sol pleno, siega frecuente en verano, escarificado anual, y acepta pasar el invierno en color paja.

Las claves prácticas son sembrar en pleno calor con el suelo por encima de 18-20 °C, regar de forma profunda y espaciada, concentrar el nitrógeno entre abril y septiembre y no darlo en otoño, segar bajo pero sin rebajar más de un tercio de golpe, y contenerla con una barrera profunda para que no se coma el resto del jardín. Si hay sombra, si el verano es fresco o si se quiere verde en enero sin trabajo añadido, la especie adecuada es otra.


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