Un metro de profundidad de raíz. Esa es la cifra que explica por qué la festuca alta aguanta agostos que dejan amarillo a cualquier ray-grass, y por qué se ha convertido en la base de buena parte de las siembras de césped que se hacen hoy en el interior de la Península. Todo lo demás (el corte, el riego, el abonado) se entiende mejor si se tiene esa raíz en la cabeza.

Qué planta es exactamente

La conocemos como Festuca arundinacea Schreb., aunque la taxonomía actual la ha llevado al género Schedonorus (Schedonorus arundinaceus) y algunos autores la sitúan incluso en Lolium arundinaceum. En vivero y en los sacos de semilla seguirá poniendo festuca arundinácea o festuca alta, y en textos agronómicos cañuela alta. Es una gramínea perenne de clima templado-frío (metabolismo C3), lo que significa que su temperatura óptima de crecimiento está entre los 15 y los 25 °C y que, a diferencia de la grama o el Cynodon, permanece verde todo el invierno en la mayor parte de España.

Crece en mata: forma macollas que se ensanchan lentamente mediante rizomas muy cortos, casi testimoniales. No tiene estolones. Este detalle, que parece de manual de botánica, condiciona el mantenimiento entero del césped y volveré sobre él más de una vez.

Césped de festuca arundinácea establecido

Variedades de pasto y variedades de césped: no son lo mismo

Aquí está el primer error caro. La festuca arundinácea se cultiva desde hace décadas como forrajera, y las variedades forrajeras tradicionales (el caso clásico es Kentucky 31) tienen la hoja ancha, basta, de un verde apagado y con nervios muy marcados. Sembrar eso en un jardín da un tapiz que raspa al tacto y que visualmente parece un prado de siega, no un césped.

Las variedades de césped propiamente dichas, las que en catálogo aparecen como turf-type o de hoja fina, se han seleccionado durante cuarenta años para reducir la anchura del limbo, aumentar el número de macollas por metro cuadrado y oscurecer el color. La diferencia de aspecto entre una y otra es enorme y el precio del saco es la pista: si un kilo de "festuca" cuesta tres veces menos que la media, casi seguro es una forrajera. Merece la pena mirar el nombre de la variedad en la etiqueta, no solo la especie.

Un apunte que casi nunca se cuenta: la festuca alta convive de forma natural con un hongo endófito (Epichloë coenophiala) que vive dentro de sus tejidos y le aporta resistencia a insectos y a la sequía. En variedades forrajeras ese endófito produce alcaloides que causan la llamada festucosis en el ganado que la pasta de continuo. Para un césped ornamental es irrelevante, pero si el terreno lo pastan caballos u ovejas conviene buscar semilla declarada libre de endófito o con endófito seleccionado no tóxico.

Por qué se ha impuesto en el clima español

El clima peninsular castiga a los céspedes de estación fría con veranos largos y secos, y a los de estación cálida con inviernos en los que se quedan pajizos durante cuatro o cinco meses. La festuca alta es el compromiso: mantiene el verde los doce meses y sobrevive al verano mucho mejor que el resto de gramíneas C3.

La ventaja es puramente física. Mientras el ray-grass inglés y la Poa pratensis concentran el 80 % de sus raíces en los primeros 15 cm de suelo, la festuca alta explora 60 cm sin dificultad y supera el metro en suelos profundos y sueltos. Accede a agua que las otras no ven. En términos prácticos, un tapiz de festuca bien establecido consume entre un 25 y un 35 % menos de riego que uno de ray-grass para mantener la misma calidad visual.

Conviene desmontar aquí una idea muy repetida: la festuca arundinácea no es un césped de secano. Es un césped que resiste la sequía sin morirse, que es otra cosa. En un julio manchego, sin riego, entra en semilatencia, pierde color y adelgaza; rebrota en septiembre, pero deja huecos. Si lo que se busca es un tapiz verde y denso en agosto en Madrid, Zaragoza o Sevilla, hay que regarlo. Lo que ahorra es agua, no todo el agua.

Suelo, siembra y establecimiento

Se adapta a un rango de suelos muy amplio, desde arenosos hasta arcillosos, y tolera bien los suelos calizos y de pH alto tan comunes en la mitad este y sur peninsular: funciona entre pH 5,5 y 8. También aguanta salinidad moderada, por encima de lo que soportan la Poa pratensis o el ray-grass, aunque por debajo de Cynodon o Paspalum vaginatum. Lo que no perdona es la compactación y la falta de profundidad: si por debajo hay una solera de zahorra compactada a 20 cm, la raíz no baja y se pierde justamente la única ventaja por la que se eligió la especie. Antes de sembrar, el trabajo importante es descompactar y dejar al menos 25-30 cm de tierra suelta, mucho más que la elección de la variedad.

Época. La siembra buena es la de finales de verano y principios de otoño: de la primera semana de septiembre a mediados de octubre en el interior y el norte, y hasta primeros de noviembre en el litoral mediterráneo y el sur. El suelo está caliente, germina rápido y la plántula tiene el otoño y el invierno para enraizar antes del primer verano. La segunda ventana es la primavera, de marzo a mediados de abril, con un inconveniente serio: el césped llega a junio con la raíz a medio hacer y sufre. Sembrar en mayo o junio es tirar la semilla.

Dosis. De 30 a 40 g/m². Parece mucho comparado con otras especies y lo es en peso, pero no en número de semillas: la de festuca es grande, unas 500 semillas por gramo, frente a las cerca de 4.500 de la Poa pratensis. Quedarse corto en la dosis con una especie que crece en mata se paga en huecos que nunca se cierran solos. Pasarse de 45-50 g/m² tampoco es buena idea: la competencia entre plántulas da un césped de macollas débiles.

Germinación. Entre 7 y 14 días con el suelo por encima de 12-15 °C, y hasta tres semanas si está frío. Durante ese periodo hay que mantener el primer centímetro de tierra húmedo, lo que en septiembre significa dos o tres riegos cortos al día, no uno largo. En cuanto la hierba levanta cuatro dedos se pasa a riegos más espaciados y profundos, y ahí empieza la educación de la raíz.

Mezclas. Lo habitual y sensato es sembrar festuca alta con un 5-10 % de Lolium perenne, que nace en cuatro o cinco días y sujeta el suelo mientras la festuca arranca. Con un 20 % o más de ray-grass el resultado se estropea: el ray-grass es más rápido, domina el primer año y luego se muere en verano dejando calvas de textura distinta. Si la etiqueta de la mezcla lleva mucho Lolium, es que abarata el saco, no que mejore el césped.

Riego: pocas veces y a fondo

La regla que más rendimiento da con esta especie es regar poco a menudo y mucho cada vez. Un riego diario y superficial mantiene la raíz en los primeros centímetros y convierte la festuca alta en un césped tan dependiente y tan frágil como cualquier otro. Dos o tres riegos por semana que mojen 20-25 cm de perfil obligan a la raíz a bajar y ese es todo el secreto.

En números orientativos para el interior peninsular: en julio y agosto un césped de festuca en buen estado necesita del orden de 4 a 6 mm de agua al día (4-6 litros por metro cuadrado), que agrupados en tres riegos semanales salen unos 10-14 litros por metro cuadrado en cada uno. En abril y octubre baja a 1,5-2,5 mm/día, y de diciembre a febrero normalmente no hace falta regar. En la costa cantábrica la cifra de verano se queda por debajo de 3 mm/día.

Si toca ahorrar agua de verdad, es mejor bajar la calidad de forma controlada (aportar el 60 % de la evapotranspiración, aceptar un verde más apagado) que espaciar los riegos hasta que aparezcan manchas secas irregulares, porque esas manchas ya no se recuperan solas.

Siega: el error más frecuente

Aquí se estropean más praderas de festuca que por cualquier otra causa. Al no tener estolones, la festuca alta no rellena: cada planta ocupa lo que ocupa y, si la debilitas, deja un hueco que solo se cierra resembrando. Segarla baja, al estilo de un campo de golf o de una grama, la agota, le hace perder raíz y la deja abierta a las malas hierbas.

Alturas razonables: 4-5 cm en primavera y otoño, y de 6 a 7 cm en verano. Subir la cuchilla en junio es la medida más barata y eficaz para que un césped de festuca pase bien el verano: más hoja significa más sombra sobre el suelo, menos evaporación y más reservas. Y en todos los casos, la regla del tercio: no cortar de una vez más de un tercio de la altura de la hoja. Si se ha ido a 12 cm, se baja en dos siegas, no en una.

La frecuencia va con el crecimiento: cada 7-10 días en abril y mayo, cada 10-15 en verano si se riega, y cada dos o tres semanas en pleno invierno. Cuchilla afilada, siempre: la festuca tiene la hoja fibrosa y una cuchilla roma la desgarra en vez de cortarla, dejando las puntas blanquecinas que tanta gente confunde con una enfermedad o con falta de riego.

Detalle de la hoja de festuca arundinácea

Abonado

Es una especie de exigencia media, bastante menor que la de la Poa pratensis. Con 15-25 g de nitrógeno por metro cuadrado y año repartidos en tres o cuatro aplicaciones se mantiene perfectamente. El reparto importa más que la cantidad total:

Marzo, con la salida del invierno, un abono equilibrado de liberación lenta. Mayo, antes del calor, otra aplicación moderada con potasio, que mejora la resistencia al estrés hídrico. Septiembre, la aplicación más importante del año, cuando la planta rehace raíz y macollas. Noviembre, opcional, un abono bajo en nitrógeno y alto en potasio para el invierno.

Lo que hay que evitar es abonar con nitrógeno en julio y agosto. Fuerza un crecimiento tierno justo cuando la planta debería estar ahorrando, y sobre todo dispara la Rhizoctonia solani, la enfermedad que de verdad amenaza a esta especie en España.

Plagas, enfermedades y problemas reales

La rizoctonia o pudrición parda (Rhizoctonia solani) aparece en verano cuando coinciden noches por encima de 20 °C, humedad prolongada en la hoja y exceso de nitrógeno. Se ve como rodales circulares de color pajizo, de medio metro a un par de metros, a veces con un borde ahumado a primera hora de la mañana. La prevención vale más que cualquier fungicida: regar de madrugada (nunca al atardecer, para que la hoja no pase la noche mojada), no abonar con nitrógeno en pleno verano, segar alto y airear el suelo.

Menos frecuentes pero posibles son la Pyricularia grisea en veranos húmedos del litoral y las royas (Puccinia spp.) al final del verano en céspedes hambrientos, que se corrigen simplemente abonando.

De plagas, en la Península lo habitual son las larvas de escarabajo (gusano blanco) y la rosquilla o gardama (Spodoptera), que suelen dar más guerra en céspedes de verano. El endófito de las variedades modernas reduce bastante el daño de insectos que se alimentan de la hoja.

Y hay un problema que no es una enfermedad y se confunde con ellas: la pérdida de densidad por desgaste. La festuca alta resiste bien el pisoteo (sus hojas son duras y fibrosas), pero se recupera mal porque no tiene órganos de propagación horizontal. Una zona de paso continuo, la portería del jardín o el camino que hacen los niños hacia la piscina se abren y se quedan abiertos.

La resiembra anual, casi obligatoria

Por eso mismo, el mantenimiento de un césped de festuca en España incluye una operación que en otras especies es opcional: resembrar cada otoño. En septiembre, después de escarificar suavemente y airear, se esparcen 10-15 g/m² de la misma variedad, se cubre con una fina capa de arena o mantillo (medio centímetro, no más) y se riega ligero varias veces al día durante dos semanas. Con esa rutina, un tapiz de festuca se mantiene denso indefinidamente; sin ella, se va abriendo año a año hasta que hay que rehacerlo entero.

La escarificación, por cierto, debe ser suave. Con las especies estoloníferas se puede rascar a fondo porque rebrotan desde los estolones; con la festuca, un escarificado agresivo arranca macollas enteras que no vuelven. Cuchillas rozando el suelo, no clavadas dos centímetros.

Sombra, tolerancias y dónde no ponerla

Tolera la sombra parcial razonablemente bien, mejor que el ray-grass y bastante mejor que cualquier césped de verano: vive con unas cuatro horas de sol directo o con sombra tamizada de día completo. Bajo un pino denso o en un patio orientado a norte, no. Para esas situaciones son mejores Festuca rubra subsp. rubra o Poa supina.

En frío no tiene problema en ningún punto de la España habitada: aguanta heladas fuertes, aunque en zonas de montaña con temperaturas por debajo de -15 °C sostenidas y sin nieve puede sufrir daño de invierno, y ahí la Poa pratensis es más segura.

Donde no la pondría: en tapices que se quieran segar por debajo de 3 cm (greens, tees, campos de fútbol de siega rasa), en suelos permanentemente encharcados, y en jardines de la costa mediterránea donde se busque un césped estival de máxima resistencia al pisoteo y no importe el color de invierno; allí Cynodon dactylon o Paspalum vaginatum hacen mejor papel con menos agua todavía.

En resumen

La festuca alta es la especie de césped más sensata para la mayor parte de España porque combina verde durante todo el año con un consumo de agua entre un cuarto y un tercio inferior al de las alternativas de estación fría, y esa ventaja procede de un sistema radicular que puede superar el metro. A cambio exige tres cosas concretas: un suelo profundo y descompactado antes de sembrar, riegos espaciados y abundantes que obliguen a la raíz a bajar, y una siega alta (6-7 cm en verano) porque al crecer en mata y sin estolones no rellena los huecos que se le hagan. Elige variedades de tipo césped y no forrajeras, siembra a 30-40 g/m² preferentemente en septiembre, abona en primavera y en otoño pero nunca con nitrógeno en pleno agosto, y resiembra cada año 10-15 g/m² para compensar lo que el desgaste va abriendo. Con eso se sostiene un tapiz denso durante décadas; sin la resiembra y con la cuchilla baja, el mismo césped se abre en tres o cuatro veranos.


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