Conviene deshacer primero un enredo de etiquetas: la mata azulada que en los centros de jardinería aparece rotulada como «Festuca ovina glauca» suele ser Festuca glauca, una especie distinta. Y la festuca ovina de verdad, Festuca ovina L., tampoco es un césped en el sentido en que se entiende la palabra: no forma tapiz, forma matas. Aclarados esos dos puntos, es una planta magnífica para jardines secos, y este artículo trata de cómo usarla bien.
Qué es la festuca ovina
Festuca ovina L. es una gramínea perenne europea, presente de forma natural en los pastos de montaña de la Península, desde el Sistema Central hasta los Pirineos. En castellano se la llama cañuela de oveja o cañuela ovina, traducción directa del inglés sheep's fescue: es una hierba de los pastos que pastan las ovejas en terrenos pobres y pedregosos, y ese origen dice ya casi todo sobre lo que necesita.
Forma macollas densas y redondeadas de 15 a 30 cm de altura, con hojas extremadamente finas, enrolladas sobre sí mismas hasta parecer agujas o cerdas, de menos de un milímetro de grosor. El color va del verde grisáceo al glauco según la procedencia. En mayo y junio saca espigas laxas, en panícula estrecha, que se elevan otros 10 o 20 cm por encima de la mata y se secan en un tono trigo que muchos jardineros aprovechan como elemento decorativo.
Lo determinante es que no tiene rizomas ni estolones. Cada planta ocupa su círculo y no se extiende lateralmente. Por eso jamás cerrará una superficie como lo hace una Festuca rubra subsp. rubra o un ray-grass: si se plantan matas separadas, entre ellas siempre habrá suelo desnudo, y ese suelo es el que hay que resolver con grava o corteza, no esperando que la festuca lo tape.
Las cuatro festucas finas y para qué sirve cada una
El grupo de las «festucas finas» reúne varias especies que se confunden constantemente en catálogos y en tiendas. Distinguirlas ahorra disgustos:
Festuca rubra subsp. rubra (cañuela roja rastrera). Es la única del grupo con rizomas de verdad, la única que forma tapiz continuo y la que se usa en las mezclas de césped de sombra y de bajo mantenimiento. Si se busca un césped fino que se pueda pisar y segar, esta es la especie.
Festuca rubra subsp. commutata (Chewings). En mata, muy densa, admite siegas bajas y es la festuca fina de los céspedes de calidad, pero tampoco rellena huecos.
Festuca brevipila (sinónimo F. trachyphylla, vendida a menudo como «Festuca ovina duriuscula» o cañuela dura). Es la reina de los taludes, medianas de carretera y praderas rústicas sin riego: muy resistente a la sequía, poco exigente y con crecimiento lento.
Festuca ovina propiamente dicha. La más fina y la más pequeña, de crecimiento lento, pensada para uso ornamental en mata o para mezclas de pradera rústica en suelos pobres y ácidos.
Y aparte, la ornamental por excelencia: Festuca glauca Vill., de origen francés, con el follaje de un azul metálico mucho más marcado. Sus cultivares —'Elijah Blue', 'Blaufuchs', 'Azurit', 'Blauglut'— son los que se venden en maceta de nueve centímetros para bordes y jardines de grava, casi siempre bajo la etiqueta equivocada. Los cuidados son prácticamente idénticos a los de Festuca ovina, de modo que el error no suele tener consecuencias prácticas; simplemente conviene saber qué se está comprando cuando se busca un azul intenso, porque una ovina típica es más verde.
Un césped que no se pisa
La expresión «césped en matas» describe bien el resultado, pero puede llevar a engaño si alguien espera algo por lo que caminar. La festuca ovina no tolera el pisoteo: las macollas se abren, el centro se pela y la planta tarda temporadas en rehacerse, si es que lo hace. Tampoco admite la siega baja y frecuente; segarla a tres centímetros cada semana la mata en una temporada.
Su terreno es otro:
Masas ornamentales. Plantada en grupos amplios sobre un mulch de grava o gravilla, con las matas a 25-30 cm entre sí (unas seis a nueve plantas por metro cuadrado), forma un manto ondulado de textura fina que se lee de lejos como un césped y de cerca como un conjunto de bolas erizadas.
Bordes y primeros planos. Su tamaño contenido la hace ideal para delantera de arriate, borde de camino o alcorque de árbol.
Taludes y desmontes. Raíces finas y abundantes que sujetan la capa superficial de suelo en pendientes donde no llega el riego.
Xerojardinería y jardines de grava. Aquí es donde más brilla, junto a lavandas, santolinas, tomillos, sedums y Stipa tenuissima.
Cubiertas vegetales y jardineras secas. Su sistema radicular superficial y su bajísimo consumo la convierten en una de las pocas gramíneas viables en sustratos de poco espesor.
Mezclas de pradera rústica. Combinada con Festuca brevipila y Festuca rubra, forma praderas de bajo mantenimiento que se siegan dos o tres veces al año, no cada semana.
Suelo: el drenaje por encima de todo
Si un ejemplar de festuca ovina se muere en un jardín español, la causa es el exceso de agua en la raíz nueve veces de cada diez. Viene de suelos esqueléticos, arenosos o pedregosos, de montaña, donde el agua atraviesa el perfil en minutos. Plantada en una arcilla compacta que se encharca cada vez que llueve, el centro de la mata se pudre y la planta desaparece durante el invierno.
Lo que pide es un suelo suelto, arenoso o franco-arenoso, pobre en materia orgánica y con drenaje rápido. Tolera pH de 5 a 7,5 y prefiere el lado ácido, aunque se comporta bien en terrenos calizos. En suelo pesado hay dos soluciones que funcionan: plantar sobre un caballón elevado de 15-20 cm, o enmendar la zona de plantación con arena de río gruesa y grava fina —arena silícea de granulometría media, no arena de playa ni arena fina de albañilería, que con la arcilla forma un cemento—.
Y una recomendación que va contra el instinto de mucha gente: no le eches compost ni mantillo. Un suelo rico produce matas grandes, blandas, de color apagado, que se abren por el centro y aguantan peor tanto el calor como el invierno. La festuca ovina se ve mejor cuanto peor está el suelo.
Luz y temperatura
Quiere sol directo. Con menos de cinco o seis horas se ahíla, pierde compacidad, se tumba y el color azulado se apaga hacia un verde deslucido. Admite sombra ligera de tarde en el sur peninsular, pero la sombra densa de un muro orientado a norte o la de un árbol de copa cerrada no le sirven.
En frío no da ningún problema en España: soporta sin daño temperaturas de -20 °C y menos, y en zonas de montaña se mantiene perfectamente. El límite está en el otro extremo. Su crecimiento activo se da entre 10 y 22 °C, y por encima de 28-30 °C se detiene. En veranos secos del interior entra en una semilatencia de la que sale con las lluvias de septiembre, y ese pardeo estacional es normal, no una enfermedad.
Lo que peor lleva es la combinación de calor y humedad ambiental alta. En el litoral mediterráneo y en el sur, con noches de agosto por encima de 22 °C y humedad alta, las matas tienden a pudrirse por el centro. Ahí conviene plantarlas con más separación para que corra el aire, sobre grava clara y sin riego por aspersión que las moje por encima.
Plantación y siembra
Con planta de maceta, que es lo habitual para uso ornamental, la mejor época es el otoño: de octubre a noviembre en el centro y sur, algo antes en el norte. Con el suelo aún templado y las lluvias por delante, la planta enraíza durante el invierno y llega al verano asentada. La primavera temprana (febrero-marzo) es la segunda opción válida. Plantar en mayo o junio obliga a regar todo el verano precisamente a una planta que odia el exceso de agua.
Se planta al mismo nivel al que venía en la maceta, sin enterrar el cuello, y se acaba con una capa de 3-5 cm de grava o gravilla alrededor: mantiene la humedad del suelo, evita que las hojas bajas toquen tierra húmeda y frena las malas hierbas, que en un jardín de matas separadas son el problema de mantenimiento principal.
Por semilla, la dosis ronda los 20-25 g/m² cuando forma parte de una mezcla de pradera rústica. La germinación es lenta comparada con otras gramíneas: de 14 a 21 días con el suelo entre 12 y 20 °C, y con frío puede irse a un mes. Las épocas son las mismas que para el resto de céspedes de estación fría: septiembre-octubre preferentemente, marzo-abril como alternativa. Durante el establecimiento sí hay que regar con frecuencia, aunque después la planta pase años prácticamente sin agua.
Riego: mucho menos del que se cree
El primer verano hay que acompañarla: un riego semanal profundo, sin encharcar, hasta que la raíz explore su volumen de suelo. A partir del segundo año, en la mitad norte y en el interior con precipitación media, puede prescindirse del riego casi por completo, con dos o tres aportes de socorro en los picos de julio y agosto para que no se pare del todo.
En el sur y en zonas litorales secas, un riego cada diez o quince días en verano basta para mantener el color. Siempre por goteo o a pie de mata; el aspersor que empapa el follaje cada noche es el camino más rápido a la podredumbre del centro de la macolla.
Una mata de festuca ovina se recupera de la sequía; de un encharcamiento de tres semanas, no. Ante la duda, regar de menos.
Abonado, peinado y mantenimiento anual
Abonado. Muy poco y rara vez. De 5 a 10 g de nitrógeno por metro cuadrado y año, o directamente nada en suelos que no sean arena pura. El exceso de nitrógeno estropea el porte, apaga el color glauco y hace la planta más sensible al calor. Hay un matiz que conviene conocer: la carencia extrema de nitrógeno favorece el hilo rojo (Laetisaria fuciformis), un hongo que salpica el follaje de filamentos rosados y que es típico de las festucas finas mal alimentadas. Si aparece, la solución no es el fungicida, sino una aplicación ligera de abono nitrogenado en primavera.
Peinado de final de invierno. La operación de mantenimiento más útil y la que más se descuida. A finales de febrero o principios de marzo, con guantes o con un rastrillo pequeño, se peina cada mata para arrancar las hojas secas acumuladas en el interior. En diez segundos por planta se retira todo el fieltro muerto y la mata rebrota limpia y compacta. Si además se han quedado espigas del año anterior, se cortan por la base.
Recorte. Si prefieres una silueta más redonda, se puede recortar la mata a un tercio o la mitad de su altura al final del invierno, nunca en pleno verano ni en otoño. Las que están en mezcla de pradera se siegan dos o tres veces al año, y no por debajo de 6 cm.
Espigas. Si no interesa que se resiembre por el jardín —lo hace con facilidad en suelos de grava—, hay que cortar las espigas antes de que maduren, en junio. Si se quiere el efecto de las inflorescencias secas, se dejan hasta el peinado de invierno.
Renovar las matas: la clave de que duren
Como todas las gramíneas cespitosas, la festuca ovina crece hacia fuera y va muriendo por dentro. A los tres o cuatro años, muchas matas presentan un agujero central de hojas secas rodeado de un anillo verde. Es fisiología normal, no una plaga.
La solución es la división, a comienzos de primavera o en septiembre. Se levanta la mata entera con la horca, se descarta el centro leñoso y se separan tres o cuatro trozos del anillo exterior, cada uno con raíz suficiente, que se replantan de inmediato regando bien. La planta rejuvenece y de paso se multiplica gratis. Un macizo de festuca dividido cada tres o cuatro años se mantiene impecable indefinidamente; uno que no se divide nunca se degrada y hay que rehacerlo comprando planta.
Problemas frecuentes
La mata se abre y se tumba. Falta de sol, exceso de nitrógeno o exceso de riego. Casi nunca es un problema de la planta, sino de emplazamiento.
Se pardea entera en julio. Semilatencia por calor. Si al escarbar la corona sigue firme y verdosa por dentro, rebrotará en otoño.
Se pudre el centro con olor a tierra mojada. Encharcamiento. Ahí no hay tratamiento: hay que replantar en un punto con drenaje o sobre caballón.
Manchas rosadas y filamentos. Hilo rojo, por falta de nitrógeno.
Pierde el azul con los años. Suelo enriquecido, sombra creciente por el desarrollo de plantas vecinas, o simplemente que la mata pide división.
Con qué combinarla
Su textura fina y su tono frío piden compañeras con hoja de otro carácter. Funciona muy bien con lavanda, Santolina chamaecyparissus, tomillos rastreros, Sedum de porte alto tipo 'Herbstfreude', Stipa tenuissima y Perovskia. Sobre grava clara, plantada en grupos impares de cinco, siete o nueve matas y no en fila india, es una de las formas más económicas de dar estructura a un jardín mediterráneo sin riego.
También encaja como sustitución parcial de césped en zonas donde nadie camina: taludes de acceso, franjas junto a un muro o el hueco entre el pavimento y el seto. En esos sitios se comporta como la alternativa razonable al tapiz clásico, con un consumo de agua que ronda la décima parte.
En resumen
Festuca ovina es una gramínea de mata, no un césped de pisar: crece en macollas densas de 15 a 30 cm sin rizomas ni estolones, así que nunca cerrará el suelo por sí sola y el hueco entre plantas hay que cubrirlo con grava. Su valor está en el bajísimo mantenimiento —sol directo, suelo pobre y muy drenante, riego casi nulo a partir del segundo año, nada de compost y apenas abono— y su enemigo real es el agua estancada, no la sequía ni el frío. Plántala en otoño a 25-30 cm entre matas, péinala a final de invierno para retirar la hoja seca del interior y divide las macollas cada tres o cuatro años cuando empiecen a vaciarse por el centro. Y si lo que buscas es ese azul metálico de catálogo, ten claro que lo da Festuca glauca aunque la etiqueta ponga otra cosa.