Cinco días. Ese es el tiempo que tarda en asomar una semilla de Lolium perenne sembrada sobre suelo húmedo a 20 °C, frente a los diez o catorce que necesitan una festuca o una Poa. Esa velocidad explica casi todo lo demás: por qué está en todas las mezclas de «césped rápido», por qué se usa para resembrar los campos de fútbol en cuatro días de parón liguero y también por qué acaba dando disgustos a quien siembra una pradera hecha sólo con ella en el centro de España.

Origen y rasgos que lo identifican

El ray-grass inglés, también llamado vallico o ballico perenne, es una gramínea perenne originaria de Europa, el norte de África y Asia templada, naturalizada hoy en medio planeta. En la Península crece de forma espontánea en prados húmedos, cunetas y bordes de camino de toda la mitad norte.

Reconocerlo no es difícil si se sabe dónde mirar. El envés de la hoja es brillante, casi lacado, un rasgo que ninguna otra gramínea de césped comparte con esa intensidad. La hoja joven sale plegada dentro de la vaina, no enrollada —detalle que lo distingue de Lolium multiflorum, el ray-grass italiano, que sale enrollada—. La base de los tallos suele tener un tono rojizo. Y la inflorescencia es una espiga dística, con las espiguillas insertadas de canto y alternas a ambos lados del raquis, sin aristas.

Hojas de Lolium perenne con el envés brillante característico

Botánicamente es una planta cespitosa: crece en mata, ahijando desde la corona, y no produce rizomas ni estolones. Este dato, que parece técnico, es el que gobierna su comportamiento en un jardín: cuando se pierde una planta, queda un hueco que nadie rellena. El césped de ray-grass no se autorrepara; se resiembra.

Es una especie de estación fría (metabolismo C3), con su óptimo de crecimiento entre 18 y 24 °C. Verdea antes que ninguna en febrero y sigue creciendo en noviembre.

Clima y ubicación en España

Su territorio natural aquí es la España húmeda: Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra, Pirineo y zonas de montaña. Allí es una planta perenne de verdad, que dura años sin apenas ayuda.

Hacia el sur y hacia el interior seco, la realidad es otra. El ray-grass tiene raíz superficial y ninguna estrategia de latencia: cuando el suelo se seca y el termómetro pasa de 32-35 °C sostenidos, no amarillea para rebrotar en otoño como hace la festuca roja, sino que se muere. En Madrid, Zaragoza o Sevilla, una pradera pura de Lolium perenne pierde una parte importante de las plantas cada verano y en dos o tres años está clareada.

Quiere pleno sol o sombra muy ligera. Es de las especies de césped que peor toleran la sombra, así que para el lado norte de una casa o bajo arbolado hay opciones mejores.

Suelo y agua

Prefiere suelos fértiles, profundos y frescos, de textura franca a franco-arcillosa, con pH entre 6 y 7. Tolera la arcilla mejor que las festucas finas y soporta encharcamientos breves, pero es exigente en fertilidad: en suelo pobre y arenoso rinde bastante peor que casi cualquier alternativa.

En riego es de las gramíneas más consumidoras. En clima mediterráneo con verano seco, un césped de ray-grass necesita del orden de 5-7 litros por m² y día en julio para mantenerse verde, y siempre es mejor administrarlos en dos o tres riegos abundantes por semana que a diario. El riego diario y ligero mantiene la raíz en los tres primeros centímetros de suelo y multiplica la sensibilidad a cualquier fallo del sistema.

Siembra

Las dos ventanas buenas son septiembre-octubre y marzo-abril, y de las dos, el otoño es claramente superior: la plántula dispone de todo el invierno y toda la primavera para enraizar antes de enfrentarse al verano. La germinación necesita suelo por encima de 10 °C; por debajo se detiene.

Dosis: 30-40 g/m² en siembra pura. La semilla es grande —unas 500 semillas por gramo, frente a las más de 1.000 de una festuca fina—, y por eso las dosis en peso parecen altas comparadas con otras especies.

En mezclas, aquí va la advertencia más útil de todo el artículo: el ray-grass debe quedarse en un 20-30 % del peso total, y ni un punto más. Nace en cinco días, mientras la Poa pratensis tarda tres semanas, y en ese tiempo la tapa y la elimina por competencia lumínica. Muchas mezclas baratas de supermercado llevan un 70-90 % de ray-grass precisamente porque la semilla es barata y el resultado inicial es espectacular: a las tres semanas hay un césped verde impecable. El problema llega el segundo verano, cuando ese césped se abre y no hay ninguna especie rizomatosa debajo para cerrarlo. Leer la etiqueta con la composición antes de comprar ahorra rehacer la pradera.

Siega

Altura de corte recomendada para jardín: 3,5 a 5 cm. Los cultivares deportivos modernos admiten bajar a 2-2,5 cm, pero en un jardín particular la siega alta compensa siempre: más superficie foliar, raíz más profunda y menos malas hierbas.

La regla del tercio es especialmente estricta con esta especie: no retirar nunca más de un tercio de la altura de la hoja en un solo corte. En primavera eso puede significar segar dos veces por semana; es el precio de su crecimiento rápido.

Y un detalle mecánico que provoca muchas consultas: la hoja del ray-grass tiene haces fibrosos muy resistentes. Con una cuchilla mellada no se corta, se desgarra, y el extremo de la hoja queda deshilachado y blanquea en 48 horas. Ese césped que amanece «grisáceo» después de segar no tiene un hongo ni le falta agua: tiene la cuchilla sin afilar. Conviene afilarla al menos dos veces por temporada.

Abonado

Es una planta exigente en nitrógeno, más que la mayor parte de las gramíneas de césped: entre 20 y 30 g de N por m² y año, repartidos en cuatro o cinco aplicaciones a lo largo de la temporada de crecimiento. Un reparto razonable en clima peninsular sería finales de febrero, abril, junio, septiembre y una última a principios de noviembre con fórmula rica en potasio.

Conviene evitar dosis fuertes de nitrógeno en pleno julio: fuerzan un crecimiento tierno justo cuando la planta está sufriendo por calor y la dejan indefensa frente a hongos. En cambio, la aportación de potasio de otoño mejora de forma clara la resistencia al frío y a las enfermedades invernales.

Plagas y enfermedades

La más frecuente en España es la roya (Puccinia coronata, roya coronada). Aparece a finales de verano y en otoño, con noches frescas y rocíos largos, en forma de pústulas anaranjadas que manchan de polvo el calzado al pisar. Su causa habitual es un crecimiento lento por falta de nitrógeno: la hoja permanece demasiado tiempo en la planta y el hongo tiene margen para completar su ciclo. La solución rara vez pasa por un fungicida; pasa por abonar y segar con normalidad para ir retirando el inóculo.

El hilo rojo (Laetisaria fuciformis) responde también a suelo pobre. La fusariosis fría (Microdochium nivale) se ve en invierno con humedad prolongada. Y en el litoral cálido y húmedo aparece a veces la mancha gris (Pyricularia grisea), que en veranos bochornosos puede arrasar una pradera de ray-grass en pocos días.

Entre los animales, los gusanos blancos (larvas de escarabeidos) y las orugas de Agrotis atacan corona y raíz. Existen cultivares con endófito (Epichloë festucae var. lolii), un hongo simbionte que vive dentro de la planta y produce alcaloides repelentes para muchos de estos insectos. Son excelentes para césped, pero no deben usarse como pasto: esos mismos alcaloides provocan en el ganado el cuadro conocido como temblor del ray-grass.

Rusticidad y duración

Al frío responde bien: aguanta heladas de -15 °C sin problema y sigue algo verde en invierno, lo que lo hace muy apreciado en la meseta y en zonas de montaña. Su punto débil es siempre el calor seco.

Su resistencia al pisoteo es la mejor de todas las gramíneas de clima frío, y de ahí su presencia dominante en campos de fútbol, rugby y golf del norte de Europa. Ahora bien, resistir el desgaste y recuperarse de él son cosas distintas: al no tener rizomas, un ray-grass castigado se repone lentamente y depende de la resiembra.

Sobre su longevidad conviene ser realista. En clima atlántico, una pradera de ray-grass dura muchos años. En clima mediterráneo, cuente con tres a cinco temporadas antes de que se clarée lo bastante como para necesitar una resiembra general.

Usos: césped, resiembra invernal y forraje

Como césped ornamental y deportivo es la primera opción en el tercio norte peninsular, y un componente minoritario pero útil en las mezclas del resto, donde aporta nascencia rápida y sujeción del suelo mientras las otras especies se instalan.

Un uso muy español merece capítulo propio: la resiembra invernal de céspedes de Cynodon dactylon. La grama es una gramínea de estación cálida que se para y agosta de noviembre a marzo. Sembrando ray-grass encima en octubre, cuando el suelo baja de unos 24 °C, se obtiene una cubierta verde todo el invierno que desaparece por sí sola con el calor de mayo, justo cuando la grama rebrota. Dosis habituales, 30-50 g/m², con siega previa muy baja y escarificado ligero para que la semilla llegue al suelo.

Y como forraje, el ray-grass inglés es la base de los prados de siega y diente de la cornisa cantábrica, casi siempre asociado a Trifolium repens. Ofrece alta digestibilidad, elevado contenido en azúcares solubles y muy buena palatabilidad, y rebrota con rapidez tras el pastoreo. Su limitación es la misma: necesita humedad estival, así que en secanos del interior se sustituye por Lolium multiflorum como cultivo anual de invierno o por especies más rústicas.

En resumen

Lolium perenne germina en cinco días, aguanta el pisoteo mejor que ninguna otra gramínea de clima frío y verdea antes que nadie al final del invierno. A cambio no tiene rizomas —los huecos no se cierran solos—, pide bastante nitrógeno y agua, tolera mal la sombra y en el interior seco de España no sobrevive a los veranos. Siémbrelo en septiembre a 30-40 g/m² si vive en clima fresco; si vive en clima cálido, úselo como parte menor de una mezcla o para resembrar en invierno una pradera de grama. Y no compre nunca una mezcla que lleve más del 30 % de ray-grass: nacerá antes y mejor que ninguna, y en dos veranos no quedará nada.


Contenidos relacionados