El césped de gramíneas es el elemento más caro de mantener de casi cualquier jardín español. Un tapiz de ray grass o festuca en el interior peninsular consume del orden de 600 a 900 litros por metro cuadrado y año, lo que en julio se traduce en riegos diarios de 6 o 7 litros por metro cuadrado, y a eso hay que sumarle treinta siegas al año, abonados, escarificado, aireado y resiembras. Con restricciones de riego cada vez más frecuentes y precios del agua al alza, mucha gente se pregunta si existe otra cosa.

Existe. Y no es una sola cosa, sino un abanico de soluciones muy distintas entre sí, con distinta tolerancia al pisoteo, distinto aspecto y distinto mantenimiento. Este artículo repasa las que funcionan de verdad en España, con sus condiciones y sus límites.

Primero, una pregunta que hay que responder

Antes de elegir sustituto, conviene ser honesto sobre para qué se usa esa superficie. La respuesta condiciona todo lo demás, y es donde más gente se equivoca.

Si hay niños o perros que la pisan a diario, si se juega al balón, si se pone la mesa encima en verano, hace falta algo que aguante pisoteo real, y la lista de candidatos se acorta muchísimo. Si en cambio es una superficie que se mira más que se pisa —el frente de la casa, un talud, la zona bajo los árboles, los laterales— entonces se abre todo el catálogo de tapizantes, gravas y praderas.

El error más común al sustituir un césped es plantar tomillo rastrero en la zona por donde pasan los niños para llegar a la piscina. En dos meses queda un camino de tierra. No es que el tomillo sea mal sustituto: es que no es el sustituto de esa superficie.

Superficie ajardinada con plantas tapizantes en lugar de césped

Tapizantes que aguantan pisar

Son las alternativas más parecidas al césped en uso, aunque no en aspecto.

Trébol blanco enano (Trifolium repens, variedades microclover). Probablemente el mejor sustituto general para clima peninsular con riego moderado. Fija su propio nitrógeno gracias a la simbiosis con Rhizobium, así que no necesita abonado nitrogenado; se mantiene verde en veranos que dejarían amarillo a un ray grass; soporta pisoteo medio y se siega a 4-6 cm o se deja sin segar. Se siembra a 1-2 g/m² en las variedades microclover y a 2-4 g/m² en trébol blanco convencional, en primavera u otoño. Su punto débil: florece, y las flores atraen abejas, lo que no encaja bien con andar descalzo. Cortando cada tres semanas en verano se limita bastante la floración. También pierde algo de densidad en pleno invierno frío.

Lippia o verbena rastrera (Phyla nodiflora, antes Lippia nodiflora). Tapizante mediterránea excelente para el sur y el litoral: muy resistente a la sequía una vez arraigada, aguanta pisoteo frecuente, cierra deprisa por estolones y necesita una fracción del agua de un césped. En invierno con heladas pierde hoja y queda deslucida, lo que la descarta para el interior frío. Como el trébol, atrae abejas cuando florece.

Manzanilla romana (Chamaemelum nobile, especialmente la variedad 'Treneague', que no florece). Fragante al pisarla y de aspecto muy fino, pero solo tolera pisoteo ligero y ocasional y necesita suelo bien drenado y sol. Funciona bien en la mitad norte y en clima atlántico; sufre con los veranos secos del interior.

Dichondra repens. Hoja redondeada de un verde intenso, aspecto muy limpio, tolera sombra parcial mejor que casi cualquier gramínea y no necesita siega. A cambio, aguanta poco pisoteo, exige riego regular —no es una solución de bajo consumo, esto conviene decirlo claramente— y no soporta heladas fuertes. Su sitio natural son los jardines de litoral mediterráneo y las zonas de clima suave.

Tapizantes de bajo consumo para zonas de solo mirar

Si la superficie no se pisa, la lista se amplía enormemente y el ahorro de agua es radical.

Tomillo rastrero (Thymus serpyllum, Thymus praecox). Alfombra de 3-8 cm de altura, floración malva o rosa entre mayo y junio, aroma al rozarla y una tolerancia a la sequía que le permite pasar el verano en el interior con un par de riegos de apoyo. Exige pleno sol y suelo drenante: en tierra arcillosa que encharca en invierno se pudre. Densidad de plantación: 6-9 plantas por metro cuadrado.

Milenrama (Achillea millefolium y Achillea crithmifolia). Muy rústica, tolera siega ocasional a 5-8 cm, hoja finamente dividida de aspecto plumoso y raíces profundas que la hacen muy resistente a la sequía. Es de las pocas tapizantes que admite pisoteo ligero y sequía extrema a la vez.

Sedums (Sedum album, Sedum sexangulare, Sedum acre). Crasas rastreras de consumo mínimo, ideales para superficies pequeñas, cubiertas vegetales y bordes de grava. Cero tolerancia al pisoteo.

Vinca (Vinca minor, Vinca major) y hiedra (Hedera helix). Para sombra y taludes, donde ninguna gramínea prospera. Cubren muy bien y con muy poco mantenimiento, pero son vigorosas y hay que contenerlas con bordillo o recorte anual.

Ophiopogon japonicus 'Nanus'. Aspecto de hierba fina y oscura, perfecto para sombra seca y para zonas bajo arbolado. No se siega, no se pisa y tarda un par de años en cerrar.

Frankenia laevis. Poco conocida y muy útil en jardines de costa: tolera salinidad y viento marino, forma un tapiz apretado y florece en rosa.

Rastreras leñosas para taludes: Cotoneaster dammeri, Juniperus horizontalis, Rosmarinus officinalis 'Postratus', Lonicera pileata. No son alfombras al uso, pero resuelven grandes superficies inclinadas con un riego mínimo y sin siega.

Cambiar de especie de césped en vez de eliminarlo

Es la opción que menos se plantea y muchas veces la más sensata. Si lo que se quiere es seguir teniendo hierba pisable pero gastando la mitad, no hace falta renunciar al césped: hace falta cambiar la especie.

Bermuda (Cynodon dactylon y sus híbridos). Gramínea de estación cálida, metabolismo C4, que consume en torno a un 30-40 % menos de agua que una festuca alta y bastante menos que un ray grass. Aguanta pisoteo intenso, se recupera por estolones y prospera con los veranos del interior y del sur. Contrapartida: en invierno entra en latencia y se pone de color pajizo desde noviembre hasta abril, algo que hay que aceptar de antemano.

Zoysia (Zoysia japonica, Zoysia matrella). Todavía menos exigente en agua y en abonado que la bermuda, tapiz muy denso que apenas deja entrar malas hierbas y siega poco frecuente. Establece lentísimo —normalmente por tepe o por estolones, no por semilla— y también se agosta en invierno.

Paspalum vaginatum. La opción cuando hay agua salina o regenerada: tolera conductividades que matarían a cualquier otra gramínea. Muy usada en campos de golf del litoral.

Festuca alta de cultivar moderno (Festuca arundinacea). Si se quiere césped verde todo el año, es la gramínea de estación fría más razonable en España: raíz profunda, buena tolerancia a sequía relativa dentro de su grupo y siega alta, a 5-6 cm, que reduce la evaporación.

Mezclas rústicas con festucas finas (Festuca ovina, Festuca rubra subsp. commutata): aspecto más silvestre, siega escasa y consumo bajo, para segundas residencias y jardines de uso ocasional.

Praderas floridas y jardín seco

La corriente que más ha crecido en los últimos años consiste en dejar de pensar en superficies uniformes.

Una pradera florida es una mezcla de gramíneas rústicas y flores —amapola, aciano, caléndula, linaria, jara, gaura, achilea, salvias— que se siembra en otoño, florece de abril a junio y se siega una o dos veces al año, en verano tras el agostado. Consume agua de lluvia y poco más una vez establecida, y sostiene una cantidad de fauna polinizadora incomparable con la de un césped. No se pisa, sí se atraviesa por senderos.

El jardín seco o de grava es la versión mediterránea de la xerojardinería: una capa de árido de 5-8 cm sobre geotextil permeable, con plantación dispersa de Lavandula, Rosmarinus, Santolina, Teucrium, Cistus, Salvia, Perovskia, Stipa tenuissima y bulbos. El árido actúa como acolchado: reduce la evaporación, mantiene el suelo fresco y frena la germinación de malas hierbas. Bien diseñado necesita riego solo los dos primeros veranos.

Un matiz importante: grava no es lo mismo que jardín seco. Una superficie de árido sin plantas ni acolchado orgánico no es jardinería, es pavimento suelto. Se calienta enormemente en verano, refleja calor a la fachada, empobrece el suelo y termina llena de hierbas igualmente, solo que más difíciles de arrancar.

Ejemplo de sustitutos del césped en un jardín

Acolchados, cubresuelos y césped artificial

Acolchado de corteza o astilla de madera. Barato, natural y muy eficaz bajo arbolado y en macizos, donde el césped nunca funciona bien por la sombra y la competencia radicular. Capa de 5-8 cm, sin apoyarla contra los troncos, y reposición cada dos o tres años a medida que se descompone. Mientras se descompone mejora el suelo, cosa que la grava no hace.

Césped artificial. Resuelve el problema del agua y de la siega, y punto. A cambio conviene saber que la superficie de una fibra sintética expuesta al sol de verano en España supera con facilidad los 60 °C, lo que la vuelve inutilizable en las horas centrales; que no aporta nada a la biodiversidad ni al suelo, que queda sellado bajo el geotextil; que necesita cepillado, descompactado de la carga de arena de sílice y limpieza de hojas y excrementos; y que su vida útil ronda los 10-15 años, tras los cuales es un residuo plástico difícil de reciclar. Es una solución razonable en patios pequeños, terrazas y zonas de sombra permanente donde nada crece. No lo es como sustitución generalizada del jardín.

Cómo hacer la transición sin desastres

Eliminar el césped anterior. La forma más limpia es el acolchado opaco: cubrir la superficie con cartón sin tinta o con lona negra durante ocho a doce semanas de primavera-verano. Mata la hierba por falta de luz, no aporta químicos y deja el suelo con la materia orgánica incorporada. La alternativa mecánica es retirar el tepe con desbrozadora de tepes, más rápida pero más costosa en trabajo y en pérdida de suelo fértil.

Preparar el suelo. Casi todas las tapizantes mediterráneas fracasan por lo mismo: encharcamiento invernal. Si el suelo es arcilloso, incorpore arena gruesa y compost, y si hace falta levante ligeramente el nivel de la zona de plantación. Es más importante el drenaje que la fertilidad.

Plantar en la época correcta. Otoño, de octubre a noviembre, para casi todo en clima mediterráneo: las plantas aprovechan las lluvias de invierno para hacer raíz y llegan al verano preparadas. En zonas de heladas fuertes, principios de primavera.

Regar los dos primeros años. Aquí está el malentendido central de la xerojardinería. Una planta resistente a la sequía es resistente una vez establecida, no el primer verano. Riegue con regularidad la primera temporada, espacie la segunda y retire el apoyo a partir de la tercera.

Acolchar siempre. Entre las plantas jóvenes, con corteza, astilla o gravilla según el estilo. Sin acolchado, el suelo desnudo entre tapizantes se llena de malas hierbas antes de que estas lleguen a cerrar.

Lo que nadie cuenta de las alternativas

No son de cero mantenimiento. Son de otro mantenimiento. Se sustituye la siega semanal por escardas manuales, sobre todo durante los dos primeros años, mientras la cobertura no está cerrada. Un tapiz de tomillo invadido de grama es mucho más trabajo de arreglar que un césped con malas hierbas, porque no existe un herbicida selectivo cómodo.

No aguantan lo que aguanta un césped. Ninguna de las alternativas, salvo el trébol y la lippia, soporta un partido de fútbol. Aceptar eso desde el principio ahorra decepciones.

Tardan. Un césped se siembra en septiembre y se pisa en noviembre. Un tapiz de tomillo o una pradera florida tardan dos temporadas en tener buen aspecto. El primer año se ve un jardín con claros y hay que aguantar el tirón.

La mejor solución suele ser mixta. Reducir el césped a la zona que realmente se usa —a menudo un tercio de la superficie original— y resolver el resto con tapizantes, macizos, acolchado y grava plantada. Se conserva la superficie pisable donde hace falta y se recorta el consumo de agua entre un 50 y un 70 %.

En resumen

Hay alternativa al césped para casi cualquier situación, pero no hay una alternativa universal. La elección depende de si la superficie se pisa o se mira, de la insolación, del drenaje y de la zona climática.

Para zonas de paso: trébol blanco enano, lippia en el sur y el litoral, o un cambio de especie a bermuda, zoysia o paspalum si se quiere conservar hierba de verdad con la mitad de agua. Para zonas ornamentales: tomillo rastrero, milenrama, sedums al sol; vinca, hiedra u ophiopogon en sombra. Para superficies grandes y de uso ocasional: pradera florida o jardín de grava plantada. Bajo los árboles y en macizos: acolchado de corteza, que además mejora el suelo mientras se descompone.

En todos los casos, el éxito depende de tres cosas poco glamurosas: eliminar bien el césped anterior, asegurar el drenaje y regar durante los dos primeros años. Después de eso, el jardín se sostiene prácticamente solo, que era exactamente de lo que se trataba.


Contenidos relacionados