Ninguna cica es una palmera, por mucho que compartan estante en el vivero y por mucho que el nombre comercial diga «palma sagú». Las cicas son gimnospermas, parientes lejanas de los pinos y los cipreses, con un linaje que lleva sobre la tierra desde hace más de 250 millones de años. Esa diferencia no es una curiosidad de manual: explica por qué crecen despacio, por qué sacan las hojas de golpe una vez al año y por qué se comportan de forma tan distinta a cualquier palmera cuando llega el frío.
Bajo la etiqueta «cica» se venden en España plantas de géneros muy distintos, y solo unas pocas son realmente del género Cycas. Conviene saber qué se está comprando, porque entre una especie y otra hay diferencias de veinte grados de resistencia al frío y de varios metros de tamaño final.
Qué es exactamente una Cycas
El género Cycas agrupa alrededor de 115 especies repartidas por el este de África, Madagascar, la India, el sudeste asiático, el archipiélago malayo, China, Japón y Australia. Es el único género de cicadácea presente en el Viejo Mundo, y tiene un rasgo que lo separa de todos los demás: las hembras no forman un cono cerrado. En su lugar producen una roseta laxa de megasporofilos peludos, con los óvulos colgando de los bordes, que recuerda vagamente a un nido. Todas las demás cicadáceas —Zamia, Encephalartos, Dioon, Macrozamia— forman conos femeninos compactos.
Otro detalle práctico para identificar el género: los folíolos de Cycas tienen un único nervio central marcado y nada de nervios laterales. Si mira una hoja a contraluz y ve muchas venas paralelas sin nervio medio, no está ante una Cycas, sino ante una Zamia o un Encephalartos.
Además, todas son dioicas: hay pies macho y pies hembra, y no se sabe de qué sexo es un ejemplar hasta que conifica, cosa que en Cycas revoluta no suele ocurrir antes de los diez o quince años. Y todas son tóxicas: contienen cicasina y otros glucósidos que dañan hígado y sistema nervioso. La semilla es la parte más peligrosa y la que más atrae a los perros. Un solo hueso masticado puede provocar un cuadro grave, así que en jardines con animales conviene retirar las semillas caídas.
Cycas revoluta, la que se vende en cualquier sitio
Originaria del sur de Japón y las islas Ryukyu, Cycas revoluta es la especie que sostiene prácticamente todo el mercado europeo. Forma un tronco columnar cubierto por las bases de las hojas viejas que engorda antes de crecer en altura: puede tardar veinte años en levantar el primer metro y termina alcanzando dos o tres metros en climas favorables. Las hojas miden entre 50 y 150 cm, son rígidas, de un verde oscuro brillante, con los folíolos punzantes y los márgenes claramente revolutos, es decir, doblados hacia abajo. De ahí el nombre.
Es la más resistente al frío de las Cycas que se encuentran con facilidad. En planta adulta y con el suelo seco aguanta puntualmente cerca de −9 o −10 ºC, aunque el follaje empieza a quemarse hacia los −5 ºC y a partir de ahí puede perder la corona entera y rebrotar en primavera. Eso la hace viable en casi toda la mitad sur peninsular, en el litoral mediterráneo y cantábrico, y en zonas interiores con inviernos moderados. En la meseta norte o en zonas de heladas largas sobrevive, pero se pasa media vida reconstruyendo hojas.
Su punto débil no es el frío, sino el exceso de agua. Plantada en suelo pesado y regada como un arbusto de flor, el tronco se pudre desde la base sin dar aviso. Riego espaciado y drenaje real.
Cycas taitungensis y Cycas panzhihuaensis: las alternativas de frío
Si el jardín está en una zona con inviernos serios, hay dos especies que superan a revoluta y que ya empiezan a verse en viveros especializados.
Cycas taitungensis, endémica de Taiwán, tiene una corona más abierta y unas hojas algo más largas y menos rígidas, de un verde más claro. Resiste un frío parecido al de revoluta o ligeramente superior y, sobre todo, crece bastante más deprisa, algo que se agradece en un grupo de plantas tan lento.
Cycas panzhihuaensis, del valle del río Jinsha entre Sichuan y Yunnan, es la campeona del género en resistencia: procede de zonas donde nieva y tolera en torno a −12 ºC en ejemplares establecidos. Sus hojas son más cortas, de tono glauco azulado, y forma una corona compacta muy decorativa. Es la elección lógica para quien quiere una cica en climas continentales suaves.
Cycas circinalis y el lío de nombres
Cycas circinalis es propia del sur de la India, sobre todo de los Ghats occidentales. Es una planta grande: tronco de tres a cinco metros y hojas arqueadas de dos a tres metros, con folíolos anchos, planos y blandos, muy separados entre sí. El aspecto es mucho más «tropical» y menos erizado que el de revoluta, casi de helecho arborescente.
Aquí viene la advertencia. Buena parte de lo que se etiqueta como Cycas circinalis no lo es. Durante décadas el nombre se aplicó como cajón de sastre a casi cualquier cica de hoja larga y blanda procedente de Asia tropical, y todavía hoy muchos ejemplares vendidos así son en realidad Cycas rumphii, Cycas thouarsii o híbridos de vivero. La verdadera circinalis es escasa en cultivo europeo y está amenazada en su hábitat. Si el vendedor no puede decir de dónde procede la planta, asuma que la identificación es aproximada.
En cuanto a clima, no admite heladas. Por debajo de 0 ºC sufre daños serios, y su cultivo al aire libre en la Península solo tiene sentido en microclimas muy protegidos del litoral sur o en Canarias. En el resto, maceta grande e invernadero o interior luminoso por encima de 10-12 ºC en invierno.
Cycas rumphii, la cica de la costa
Distribuida por el archipiélago malayo, Nueva Guinea y las islas del Índico oriental, Cycas rumphii es una especie litoral. Sus semillas tienen una capa esponjosa flotante y viajan por el mar, lo que explica su enorme área de distribución. Puede formar troncos de ocho a diez metros, con hojas de dos metros y medio o más, de folíolos coriáceos y brillantes.
Su rasgo más útil en jardinería es la tolerancia a la salinidad y al viento marino, superior a la del resto del género. Es una planta de jardín tropical húmedo: agradece calor, riego regular en verano y ambiente no demasiado seco. En España solo prospera al aire libre en Canarias y en enclaves costeros muy suaves. Confundirla con circinalis es el error más frecuente del grupo; rumphii tiene los folíolos más rígidos y con la punta menos afilada.
Cycas thouarsii, la cica africana
Es la única Cycas nativa del África continental, presente en la franja costera de Kenia, Tanzania y Mozambique, además de Madagascar y las Comores. Emparentada de cerca con rumphii, comparte con ella el porte grande —tronco de hasta seis u ocho metros— y las hojas largas y arqueadas, de un verde intenso.
Tiene dos ventajas para el cultivador: es de las Cycas que más rápido crecen, capaz de sacar dos brotes de hojas al año en condiciones cálidas, y tolera mejor que sus parientes la humedad ambiental alta y los suelos que no se secan del todo. A cambio, es la que peor lleva el frío: por debajo de 2 o 3 ºC ya hay daño foliar. Fuera de Canarias, planta de invernadero o de patio muy resguardado.
Cycas armstrongii, la que se queda desnuda
Del Territorio del Norte australiano, en los alrededores de Darwin, Cycas armstrongii es una rareza dentro del género: es prácticamente caducifolia. Vive en sabanas que se queman todos los años y que pasan por una estación seca larga; durante esos meses pierde las hojas y queda reducida a un tronco delgado y ennegrecido, para rebrotar de golpe con las primeras lluvias. Su tronco es esbelto, de pocos centímetros de diámetro, y las hojas son cortas y de folíolos finos.
Es una planta de coleccionista más que de jardín. Necesita calor constante, una estación seca marcada y no tolera el frío. En el clima peninsular, con inviernos húmedos y frescos, el ciclo se le descoloca y acaba pudriéndose. Si alguien la cultiva aquí, es en invernadero cálido y con riego estacional imitando el monzón.
Lo que se vende como cica y no es una Cycas
En los centros de jardinería aparecen bajo el mismo rótulo varios géneros que merece la pena distinguir:
Zamia furfuracea, la llamada palma de cartón, mexicana, con folíolos anchos, rígidos y ásperos, sin nervio central. Muy vendida como planta de interior y bastante más pequeña que cualquier Cycas.
Dioon edule, también mexicana, de hoja gris azulada y crecimiento lentísimo, sorprendentemente resistente a la sequía y a heladas ligeras. Es una buena candidata para jardín seco mediterráneo.
Encephalartos, género africano de folíolos anchos, a menudo dentados y espinosos, con especies muy azuladas y muy caras. Todo el género está incluido en CITES y su comercio está regulado.
Macrozamia, australianas, de tronco a menudo subterráneo y corona de hojas largas y flexibles.
Ninguna de ellas se cuida exactamente igual que una Cycas revoluta, así que la etiqueta genérica «cica» hace un flaco favor al comprador.
La plaga que hoy condiciona el cultivo
Cualquier conversación seria sobre cicas en España pasa por Aulacaspis yasumatsui, la cochinilla blanca de la cica, detectada en la Península en los últimos años y ya presente en buena parte del litoral mediterráneo y en Canarias. Se reconoce por un polvillo blanco denso que cubre el envés de los folíolos, el tronco e incluso las raíces. No es un problema estético: mata ejemplares adultos en dos o tres temporadas.
El control exige constancia: retirar y destruir las hojas más afectadas, tratar con aceite de parafina o jabón potásico mojando muy bien el envés, repetir cada diez o quince días durante la campaña y revisar el cuello y la base del tronco, donde la cochinilla se refugia y desde donde reinfesta. Los tratamientos únicos no sirven. A esto se suma la mariposa Chilades pandava, cuyas orugas devoran el brote tierno justo cuando se despliega; el daño se concentra en las pocas semanas del brote anual, y ese es el momento de vigilar.
Comprar plantas de procedencia dudosa es la vía habitual de entrada de ambas plagas en un jardín limpio. Merece la pena inspeccionar el envés de las hojas antes de pagar.
Cómo elegir especie según dónde se cultive
Resumido en decisiones prácticas: en el interior peninsular con heladas frecuentes, Cycas panzhihuaensis y, con protección, Cycas revoluta o Dioon edule. En el litoral mediterráneo y el sur, revoluta y taitungensis sin reservas, y thouarsii en rincones abrigados. En Canarias y microclimas subtropicales, se abre el abanico entero: rumphii, thouarsii, circinalis. En maceta e interior, revoluta joven o Zamia furfuracea, siempre junto a una ventana muy luminosa, porque en penumbra la hoja sale larga, floja y colgante.
Un consejo que vale para todas: la cica saca un único brote de hojas al año, normalmente entre mayo y julio. Durante las semanas que tarda en endurecerse es cuando decide su aspecto para los doce meses siguientes. No la mueva de sitio, no la deje a la sombra y no le falte agua en ese periodo. Y no corte las hojas viejas antes de que el brote nuevo esté maduro: son el almacén de reservas que alimenta ese brote, y podarlas de más es la razón más común de que una cica termine con una corona ridícula.
En resumen
El género Cycas ofrece mucho más que la ubicua revoluta. Para climas fríos están panzhihuaensis y taitungensis; para jardines subtropicales, rumphii, thouarsii y la esquiva circinalis; y para coleccionistas con invernadero, la caducifolia armstrongii. Todas comparten crecimiento lento, un solo brote anual, aversión al encharcamiento y toxicidad para personas y animales. Antes de comprar, compruebe dos cosas: que el nombre de la etiqueta encaja con la planta —los nombres mal aplicados son la norma en este grupo— y que el envés de las hojas está libre de cochinilla blanca. Con eso resuelto, una cica es una planta de por vida, capaz de sobrevivir al jardinero que la plantó.