Hay dos formas de coleccionar suculentas. Una es buscar volumen: plantas que llenen un rincón, que crezcan rápido, que impresionen desde lejos. La otra es buscar detalle, y ahí es donde entran los Adromischus. Son plantas pequeñas, de crecimiento lento, que rara vez pasan de los 10 o 15 centímetros, y cuyo interés está por completo en la hoja: en su forma, su textura y su moteado. Se miran de cerca, en la mesa, con la maceta en la mano.

El género pertenece a las Crassulaceae, la misma familia de Echeveria, Crassula y Sedum. Reúne alrededor de 30 especies, todas ellas originarias de Sudáfrica y Namibia, con la mayor concentración en la Provincia Occidental del Cabo y en el Karoo. El nombre viene del griego adros (grueso) y mischos (tallo o pedúnculo), en referencia al pedúnculo carnoso de la inflorescencia.

Adromischus cooperi con sus hojas moteadas

Cómo son

Son arbustillos suculentos de tallo corto, a menudo casi inexistente, con las hojas dispuestas de forma alterna o en roseta laxa. Con los años el tallo se lignifica y se cubre de raíces aéreas pardo rojizas, un rasgo muy característico de algunas especies que aporta buena parte de su encanto.

La hoja es donde está toda la variedad del género, y esa variedad es enorme. Las hay ovaladas y aplanadas, cilíndricas como dedos, triangulares, con el margen superior ondulado como un volante o tan globosas que parecen guijarros. Los colores van del verde claro al gris azulado, al pardo oscuro y al blanco casi puro, y muchísimas especies llevan manchas y salpicaduras púrpura o marrón distribuidas de forma irregular, que se intensifican con la luz fuerte. Algunas desarrollan un borde córneo endurecido en el ápice de la hoja.

Las flores, en cambio, son discretas. Salen en una espiga alargada y delgada que puede alcanzar los 20-30 cm, muy por encima de la planta, con florecillas tubulares de apenas un centímetro, blancas, verdosas o rosadas, con los lóbulos ligeramente recurvados. No es una planta que se cultive por su floración, y muchos coleccionistas cortan la vara para que la planta no gaste energía.

Especies que merece la pena conocer

Adromischus cooperi. Probablemente la más difundida. Hojas ovales, aplanadas por arriba, de borde ondulado en la punta, verde grisáceo con manchas púrpura densas. Es de las más tolerantes y una excelente puerta de entrada al género.

Adromischus cristatus. Inconfundible por el margen superior de la hoja fuertemente ondulado, como el borde de una concha, y por el tallo cubierto de raíces aéreas rojizas que forman una especie de felpa. Verde uniforme, sin moteado.

Adromischus maculatus. Hojas anchas, muy aplanadas, casi circulares, de color verde grisáceo con manchas pardo oscuras muy marcadas. En inglés la llaman huevos de chorlito, y la descripción es exacta.

Adromischus marianiae. Especie extraordinariamente variable, con multitud de variedades reconocidas. Las hay de hojas rugosas y pardas, otras casi negras, otras verrugosas. La forma conocida como herrei tiene hojas cortas, gruesas y arrugadas de color chocolate, y es una de las suculentas más buscadas por coleccionistas.

Adromischus leucophyllus. Hojas gruesas cubiertas de una capa blanca pulverulenta muy densa. Es la más delicada de las citadas: esa capa se borra al mínimo roce y no se regenera hasta que la hoja se renueva, así que no se toca y no se moja nunca por encima.

Adromischus mammillaris. Hojas cilíndricas y erguidas, de superficie algo rugosa, formando matas compactas.

Adromischus trigynus y Adromischus hemisphaericus son también frecuentes en colecciones, la primera con hojas planas y moteadas, la segunda con hojas casi esféricas.

Adromischus leucophyllus con sus hojas cubiertas de pruina blanca

Cuidados

Luz. Mucha, y esto no es negociable. Necesitan sol directo durante buena parte del día, con la excepción de las horas centrales del verano peninsular, que en julio y agosto pueden quemar. En interior solo prosperan pegadas a una ventana orientada al sur; a un metro de la ventana se ahílan, alargan el tallo, separan las hojas y pierden por completo el moteado, que es exactamente lo que hace atractiva a la planta. Si tu Adromischus ha pasado de compacto y manchado a verde claro y estirado, tiene falta de luz.

Sustrato. Muy drenante y predominantemente mineral. Una mezcla que funciona bien es 50-70 % de material mineral (pómice, arena de sílice gruesa, gravilla volcánica, akadama) y el resto sustrato para cactus o fibra de coco. Nunca tierra de jardín ni sustrato universal solo: retienen agua junto al cuello y matan la planta por pudrición. Prefieren macetas pequeñas y algo ajustadas, mejor de barro que de plástico, porque el barro poroso evapora la humedad sobrante.

Riego. Poco, y siempre con el sustrato completamente seco. El método correcto es empapar a fondo y no volver a tocar hasta que la tierra esté seca del todo en profundidad, lo que en primavera puede ser cada 10-15 días y en pleno verano bastante menos. Riega al pie, nunca sobre las hojas: el agua que queda entre las hojas gruesas se estanca y provoca podredumbre, y en las especies pruinosas arruina la capa blanca. Ante la duda, no riegues. Un Adromischus sediento arruga las hojas y se recupera en un día; uno encharcado se pudre por el cuello y no se recupera nunca.

Ritmo estacional. Este es el punto que más se pasa por alto. La mayoría de los Adromischus proceden de zonas de lluvia invernal, de modo que su periodo activo va del otoño a la primavera y su descanso coincide con el calor fuerte del verano. Justo al revés de lo que hace la mayoría de la gente, que riega más cuando aprieta el calor. En julio y agosto, con temperaturas por encima de 30 °C, la planta se detiene: riega mucho menos, apenas lo justo para que no se deshidraten las hojas, y protégela del sol de mediodía. Es en ese periodo cuando se producen la mayoría de las pérdidas por podredumbre.

Temperatura. Ideal entre 15 y 25 °C. No toleran las heladas. Por debajo de 5 °C hay riesgo, y por debajo de 0 °C el daño es seguro. En el litoral mediterráneo, el sur peninsular y Canarias pueden pasar el invierno fuera en un lugar resguardado y cubierto de la lluvia. En el interior, la meseta y el norte deben entrar en casa o a un invernadero frío de octubre a abril, en el sitio más luminoso disponible y con el riego reducido casi a cero. El frío seco lo llevan mucho mejor que el frío húmedo.

Abonado. Muy poco. Un fertilizante específico de cactáceas, bajo en nitrógeno, diluido a la mitad de la dosis del envase, una vez al mes durante el periodo activo. El exceso de nitrógeno produce hojas grandes, blandas y descoloridas, sin manchas, y hace la planta mucho más susceptible a las podredumbres.

Trasplante. Cada dos o tres años, siempre con el sustrato seco y en otoño, al inicio del periodo activo. Aprovecha para revisar las raíces: es el momento de detectar cochinilla de raíz antes de que arruine la planta.

Multiplicación: su gran virtud

Los Adromischus son de las suculentas más fáciles de reproducir por hoja, y de hecho lo hacen casi sin ayuda: las hojas se desprenden con una facilidad exasperante al mover la maceta, sobre todo en A. cristatus.

El procedimiento es sencillo. Desprende una hoja sana tirando con un giro suave desde la base, de modo que salga entera con su punto de inserción; una hoja rota por la mitad no enraíza. Déjala secar dos o tres días a la sombra para que cicatrice la herida, y colócala después sobre sustrato seco o apenas humedecido, sin enterrarla. A partir de ahí, paciencia: pulveriza muy ligeramente cada varios días y espera. Las raíces salen en tres o cuatro semanas, y la plantita nueva puede tardar varios meses en ser visible. Es un género lento, y esa lentitud es también lo que hace que un ejemplar formado tenga valor.

También se multiplican por esqueje de tallo, siguiendo el mismo esquema de secado previo, y por semilla, aunque esta última vía es larga y poco práctica fuera de la colección especializada.

Problemas frecuentes

Pudrición basal. El tallo se ennegrece y se ablanda por la base. Casi siempre es exceso de riego, agravado por sustrato retentivo o por regar durante el reposo estival. Cuando se detecta, la única opción es cortar por encima de la zona afectada, dejar secar el corte varios días y reenraizar la parte sana.

Cochinilla algodonosa. Motas blancas algodonosas entre las hojas y en las axilas. Se trata con un bastoncillo empapado en alcohol isopropílico o con jabón potásico, insistiendo varias veces con una semana de separación.

Cochinilla de raíz. Es la plaga verdaderamente peligrosa del género, y la más traicionera porque no se ve. La planta se detiene, pierde color y no responde a nada; al sacarla del tiesto aparecen masas blancas polvorientas entre las raíces. Se trata lavando las raíces a fondo, eliminando todo el sustrato viejo, dejando secar la planta unos días y replantando en sustrato y maceta nuevos. Revisar las raíces en cada trasplante es la mejor prevención.

Hojas que caen solas. Si caen unas pocas al manipular la planta, es normal en el género. Si caen muchas sin tocarlas y están blandas, es exceso de agua; si están arrugadas y secas, falta.

Pérdida del moteado. Falta de luz, casi siempre. También exceso de nitrógeno.

En resumen

Los Adromischus son suculentas sudafricanas pequeñas y lentas, con unas treinta especies de hojas extraordinariamente variadas, muchas de ellas moteadas de púrpura. Se cultivan toda su vida en maceta y su tamaño las hace ideales para colecciones en espacios reducidos.

Piden mucha luz, sustrato muy mineral y poquísima agua, siempre al pie y con la tierra seca entre riegos. La clave que marca la diferencia es respetar su ritmo: son plantas de crecimiento otoño-invierno-primavera que descansan durante el calor del verano, y regarlas en agosto como si estuvieran en plena actividad es la forma más habitual de perderlas. No aguantan heladas y quieren pasar el invierno resguardadas, luminosas y casi secas.

A cambio, se multiplican por hoja con una facilidad extraordinaria y viven muchos años en la misma maceta. Es un género para el que disfruta observando de cerca.


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