En el bosque espinoso del extremo sur de Madagascar hay columnas grisáceas de más de diez metros, erizadas de púas de arriba abajo, por las que los lemures trepan y saltan sin hacerse un rasguño. Esas columnas son Alluaudia, un género que no se parece a nada de lo que suele haber en una colección de suculentas y que, pese a su aspecto, no tiene nada que ver con los cactus.

Qué es exactamente una Alluaudia

El género Alluaudia pertenece a la familia Didiereaceae, un grupo pequeño y casi exclusivo de Madagascar. Comparte orden con los cactus (Caryophyllales) y por eso ha desarrollado soluciones parecidas —tallos suculentos, espinas, metabolismo ahorrador de agua—, pero el parentesco es lejano. Aquí las espinas no salen de areolas, como en un cactus, sino directamente del tejido del tallo, y junto a cada espina brotan hojas de verdad, redondeadas y carnosas.

Se reconocen unas seis especies. La que se cultiva casi siempre es Alluaudia procera, de tronco recto y ramas ascendentes que en su tierra llega a 12-15 metros. Le siguen en interés Alluaudia ascendens, de hojas mayores y porte todavía más alto; Alluaudia dumosa, de ramas grises casi desnudas y aspecto de escultura de coral seco; y Alluaudia humbertii, más ramificada y de crecimiento en zigzag.

El detalle que llama la atención en A. procera es la disposición de las hojas: pares de hojitas casi circulares, de un centímetro, pegadas al tallo en hileras verticales perfectamente alineadas y alternando con las espinas. En las plantas jóvenes el tallo es más tumbado y las hojas se colocan de otra manera; la forma columnar y ordenada aparece cuando la planta gana altura. El cambio de aspecto entre la juventud y la madurez es notable, y quien compra un esqueje pequeño no siempre lo espera.

Alluaudia procera creciendo en el bosque espinoso de Madagascar

De dónde viene y por qué importa

Las Alluaudia viven en el bosque espinoso del suroeste y sur de Madagascar, una formación única donde conviven con Didierea madagascariensis, Pachypodium, euforbias arbustivas y baobabs. El clima de allí marca lo que la planta espera de nosotros: lluvias concentradas en unos pocos meses cálidos, una estación seca larga y calurosa, y prácticamente nada de frío. En esa sequía la planta pierde las hojas y aguanta el tirón con el agua almacenada en el tallo.

Ese detalle explica un comportamiento que desconcierta a quien la cultiva por primera vez: en invierno, en un piso o un invernadero frío, la Alluaudia se queda pelada. No está muriéndose. Está haciendo lo que hace cada año en su tierra. Si tiene calor y luz suficientes puede conservar parte del follaje, pero desprenderse de él es normal y no requiere ninguna intervención.

Luz, temperatura y dónde ponerla en España

Necesita sol directo, todo el que se le pueda dar. A media sombra crece, pero se ahíla: los entrenudos se alargan, el tallo pierde rigidez y la planta acaba doblándose. Un ejemplar de interior colocado a un metro de la ventana da un resultado penoso al cabo de dos temporadas.

El calor no es problema. Aguanta sin inmutarse los 40 °C de un julio manchego o murciano y agradece las noches templadas. El límite está en el otro extremo: por debajo de 5 °C empieza a sufrir y una helada, aunque sea breve, le provoca lesiones en el tallo que después se pudren. Lo prudente es no dejarla bajar de 8-10 °C.

Traducido al mapa: en el litoral de Almería, Murcia, Alicante, Málaga o en Canarias se puede plantar en suelo con bastante tranquilidad, buscando un rincón resguardado y bien drenado. En el resto de la Península —incluida buena parte del litoral mediterráneo del norte, y por supuesto Madrid, Castilla, Aragón, Cataluña interior o toda la cornisa cantábrica— hay que cultivarla en maceta y resguardarla de octubre-noviembre a marzo-abril en un invernadero, una galería o la habitación más luminosa de la casa. Al sacarla en primavera conviene reaclimatarla al sol de forma gradual, durante dos o tres semanas, porque el tallo se quema igual que se quema el de un cactus.

Sustrato y riego

El sustrato debe ser mineral y muy drenante. Una mezcla que funciona bien es dos tercios de material inerte de grano medio —piedra pómez, picón, arlita machacada o arena silícea gruesa de 3-6 mm— y un tercio de sustrato para cactus o de turba con compost. La materia orgánica en exceso retiene agua alrededor del cuello y ahí está el origen de casi todas las pérdidas.

Maceta de barro sin esmaltar, con agujero grande, y mejor honda que ancha: Alluaudia desarrolla raíz principal y agradece profundidad. Trasplante cada dos o tres años, siempre en primavera, y con las raíces secas.

El riego sigue el ciclo de la planta, no el calendario. De abril a septiembre, riego generoso cuando el sustrato esté seco en profundidad: cada 7-10 días en pleno verano con maceta de barro al sol, algo menos si está en semisombra o en plástico. De octubre a marzo, con la planta sin hojas y con frío, prácticamente nada: un riego ligero cada cinco o seis semanas basta para que las raíces finas no se pierdan del todo. Regar en invierno una Alluaudia guardada a 10 °C es la forma más rápida y más frecuente de matarla.

Nunca se riega sobre el tallo ni se deja plato con agua. Y si se duda entre regar o no regar, no se riega: la planta lleva reservas para meses.

Abonado y crecimiento

Con un abono para cactáceas, bajo en nitrógeno y con potasio, aplicado en el agua de riego una vez al mes de mayo a agosto, va sobrada. Un exceso de nitrógeno produce tejido blando, entrenudos largos y mayor sensibilidad al frío.

Al contrario de lo que se supone de una suculenta rara, no es lenta. En maceta grande, sol pleno y verano largo, una A. procera bien tratada puede añadir 20-40 cm de altura al año. Eso obliga a pensar en su sitio definitivo antes de comprarla: en cinco o seis años deja de ser una planta de mesa.

Detalle de las hojas y espinas del tallo de Alluaudia procera

Multiplicación

Lo práctico es el esqueje de tallo. Se corta un trozo de rama de 20-30 cm a finales de primavera o en junio, con herramienta limpia y afilada, se deja cicatrizar en seco y a la sombra entre una y dos semanas —hasta que el corte forme costra— y se planta en sustrato mineral apenas humedecido, sujeto para que no se mueva. Con 25-30 °C enraíza en cuatro a ocho semanas. No hay que regar hasta ver que la punta reacciona.

La semilla es otra historia: el género es dioico, es decir, hay pies macho y pies hembra por separado, de modo que para obtener semilla viable hacen falta dos ejemplares de sexo distinto floreciendo a la vez. Fuera de Madagascar eso ocurre poco, y por eso la semilla de Alluaudia es escasa y a menudo poco fiable en el comercio.

Conviene añadir que las espinas son firmes y punzantes. Guantes de cuero para cualquier manipulación, y cuidado al mover ejemplares altos, porque el tallo es pesado y quebradizo en las axilas de las ramas.

Problemas habituales

Pudrición basal. Es lo que acaba con la mayoría de ejemplares perdidos, y siempre nace de la combinación de frío y humedad. El tallo se ablanda y oscurece desde abajo. Si se detecta pronto, la única salida es cortar por encima del tejido afectado, dejar secar y tratar la parte sana como un esqueje.

Cochinilla algodonosa. Se esconde entre las hojitas y en las axilas de las ramas. Se trata con alcohol aplicado con bastoncillo en focos pequeños y con aceite de parafina o jabón potásico si está extendida, siempre fuera de las horas de sol.

Caída de hojas fuera de temporada. Si ocurre en pleno verano suele indicar sequía prolongada o, más a menudo, raíces dañadas por exceso de agua. Merece la pena desenmacetar y mirar.

Tallo torcido o blando. Falta de luz. No tiene arreglo retroactivo; solo se corrige dando más sol al crecimiento nuevo, y si el ejemplar está muy deformado, cortando para rebrotar.

Un apunte sobre su procedencia

El bosque espinoso de Madagascar es uno de los ecosistemas más amenazados del mundo, por el carbón vegetal y el desbroce agrícola. Las Alluaudia se propagan sin dificultad por esqueje, así que no hay razón para comprar plantas de origen dudoso: cualquier vivero especializado serio ofrece material reproducido en cultivo. Si un ejemplar grande aparece a precio sospechosamente bajo y sin información de procedencia, es motivo suficiente para preguntar.

En resumen

La Alluaudia es una suculenta arbórea de Madagascar, de la familia Didiereaceae, con tallos espinosos y hojas redondeadas en hileras. Quiere sol pleno, sustrato mineral, riego regular solo de abril a septiembre y un invierno seco por encima de 8-10 °C. En el sur y sureste peninsular y en Canarias se puede plantar fuera; en el resto, maceta y refugio invernal. Que pierda las hojas en la estación fría es normal, no es una alarma. Y lo que sí la mata, casi siempre, es el agua en invierno.


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