A mediodía de junio, un tapiz de Delosperma cooperi parece una alfombra fucsia sin un hueco verde; a las ocho de la tarde, esa misma mata es un montón de hojitas cilíndricas y nada más. Las flores se cierran cuando baja la luz y vuelven a abrirse al día siguiente, y ese detalle explica buena parte de los malentendidos que rodean a esta crasa: quien la ve por primera vez en un vivero a la sombra, o un día nublado, no entiende de qué se le está hablando.

Es una planta tapizante de la familia de las aizoáceas, la misma de los Lampranthus, los Carpobrotus y los Drosanthemum. Y aunque se vende como planta que no necesita cuidados, se pierden muchas cada invierno por razones muy concretas y muy evitables.

Mata de Delosperma cooperi en plena floración

Qué es exactamente una Delosperma

El género Delosperma agrupa alrededor de un centenar de especies originarias del sur de África, sobre todo de Sudáfrica y de las montañas de Lesotho. Ese origen montañoso es la clave de todo lo que viene después: hay especies que en su hábitat pasan el invierno bajo la nieve, a 2.000 o 2.500 metros, en suelos pedregosos que drenan al instante. Frío, sí; frío con los pies encharcados, no.

Son plantas rastreras y perennes, de 5 a 15 cm de alto según la especie, que se extienden en horizontal enraizando por los nudos hasta cubrir 40, 60 u 80 cm por ejemplar. Las hojas son suculentas, cilíndricas o de sección triangular, de un verde jugoso que vira a bronce o rojizo con el frío y el sol directo. Si te acercas, verás que la superficie brilla como si estuviera cubierta de escarcha: son células vesiculosas llenas de agua, papilas microscópicas que reflejan la luz. De ahí el nombre inglés ice plant, «planta de hielo», que no tiene nada que ver con la resistencia al frío por mucho que se repita.

La flor es el argumento principal. Mide entre 2 y 5 cm, se abre plana y tiene aspecto de margarita, pero conviene deshacer aquí un equívoco extendido: no es una compuesta. Lo que parecen pétalos finos y numerosos son en realidad estaminodios petaloides, estambres transformados. Por eso el brillo es distinto, casi satinado, y por eso el color aguanta tan bien el sol de agosto.

La floración empieza en mayo, alcanza su punto fuerte entre junio y julio y, si el verano no es extremo y hay algo de humedad, se prolonga a tirones hasta octubre. En el sur peninsular suele parar durante lo peor de julio y agosto y rebrotar con las primeras lluvias de septiembre.

Especies que merece la pena buscar

Delosperma cooperi es la más vendida: flor magenta intensa, mata de unos 10 cm y gran vigor. Delosperma nubigenum es más baja y compacta, con flor amarilla y una resistencia al frío notable; funciona muy bien en el interior peninsular. Delosperma congestum también da flor amarilla y forma cojines más apretados. Delosperma sutherlandii tiene hoja más ancha y flor rosa con centro claro. Y Delosperma echinatum se sale del molde: es arbustiva, con hojas cubiertas de pelos rígidos translúcidos y flores pequeñas amarillentas, más planta de colección que tapizante.

En los últimos años han llegado series híbridas seleccionadas por color y por prolongar la floración, con tonos naranja, salmón y bicolores. Suelen ser algo menos rústicas que las especies puras, pero cumplen bien en maceta y jardinera.

No la confundas con la uña de gato

Este punto importa más de lo que parece. En la costa española es habitual llamar «uña de gato» o «bálsamo» a cualquier aizoácea tapizante, y meter en el mismo saco a Delosperma y a Carpobrotus edulis. No son lo mismo ni de lejos. El Carpobrotus tiene hojas mucho más gruesas y largas, de varios centímetros de sección triangular, forma masas de decenas de metros cuadrados y está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras: su plantación, comercio y posesión están prohibidos. Ha arrasado sistemas dunares y acantilados de todo el litoral atlántico y mediterráneo.

Delosperma no tiene ese comportamiento. Crece con vigor, se extiende, pero no forma colchones asfixiantes ni escapa del jardín en la práctica. Si quieres el efecto tapizante de la uña de gato sin el problema ambiental, este es el género al que acudir. También Lampranthus, algo más leñoso y de flor más grande, o Drosanthemum floribundum, excelente para taludes.

Dónde plantarla

Sol directo, y cuanto más mejor. Con menos de seis horas diarias la planta se ahíla, los tallos se alargan buscando la luz, el tapiz se vuelve ralo y la floración se reduce a unas pocas flores desperdigadas. A media sombra sobrevive; no luce. Y como las flores solo se abren con luz intensa, una orientación norte convierte a la planta en un tapiz verde permanente.

El sitio ideal es un talud, una rocalla, el borde de un muro o un alcorque, cualquier posición elevada donde el agua se marche por gravedad. Queda muy bien cayendo sobre piedra y es de lo mejor que se puede usar en cubiertas vegetales extensivas: se conforma con 8 o 10 cm de sustrato y aguanta el calor de una azotea sin pestañear.

Lo que hay que evitar es el suelo arcilloso compacto, la zona baja donde se acumula el agua de lluvia y, sobre todo, plantarla dentro del alcance de un riego pensado para otra cosa. Un macizo de Delosperma junto a un seto o a una pradera de césped que se riega tres veces por semana en verano es un macizo muerto a corto plazo.

Si tu terreno es pesado, la solución no es cambiar de planta sino cambiar el perfil: levanta el nivel 20 o 30 cm con una mezcla de tierra vegetal y árido (grava fina, arena de río gruesa, picón o pómice, a partes iguales) y planta encima. La cobertura final con una capa de grava de 2 o 3 cm ayuda a que el cuello de la planta se mantenga seco.

Riego: menos de lo que crees

Recién plantada necesita agua para instalarse: un riego generoso al plantar y luego uno por semana durante las tres o cuatro primeras semanas, si no llueve. A partir de ahí, la cosa cambia radicalmente.

En pleno suelo y en la mayor parte de la península, una Delosperma establecida pasa el año casi sin riego. En un verano normal de Madrid, Zaragoza o Sevilla, un riego abundante cada quince o veinte días en los meses más duros basta y sobra; si el verano es suave o hay tormentas, ninguno. La señal fiable son las hojas: cuando pierden turgencia y se arrugan un poco, hay sed. No antes.

De octubre a marzo, riego cero. Este es el error que se lleva más plantas por delante. Una Delosperma cooperi seca aguanta sin problema temperaturas de -10 °C o -15 °C, y las especies de montaña como D. nubigenum bajan todavía más. La misma planta con el sustrato húmedo se pudre a 0 °C. No las mata el frío, las mata la combinación de frío y humedad. Por eso se cultivan mejor en Burgos que en una zona costera con inviernos suaves pero lluviosos y aire cargado.

En maceta el planteamiento es otro, porque el volumen de sustrato es pequeño y las raíces son superficiales. Riega a fondo, esperando a que salga agua por el drenaje, y no vuelvas hasta que el sustrato esté seco por completo, lo que en verano puede significar cada cuatro o seis días en un recipiente pequeño. En invierno, deja la maceta a cubierto de la lluvia y riega una vez al mes como mucho, o nada si está en el exterior con frío.

Sustrato y abonado

No es exigente con el pH y tolera suelos pobres, calizos o algo salinos. Lo único innegociable es el drenaje. Para maceta, una mezcla de un tercio de sustrato universal, un tercio de arena silícea de grano grueso y un tercio de pómice o picón funciona perfectamente. Descarta los sustratos con mucha turba que se compactan y tardan días en secar.

El abonado es marginal y conviene quedarse corto. Un abono para cactáceas y crasas, bajo en nitrógeno, dos o tres veces entre abril y julio y a la mitad de la dosis indicada en el envase. En pleno suelo, ninguno. El exceso de nitrógeno produce mata blanda, hojas grandes, entrenudos largos, pocas flores y una planta mucho más vulnerable al frío y a la podredumbre. Es tentador abonar para que crezca antes y cubra, pero se paga en el invierno siguiente.

Delosperma cooperi cultivada en maceta

Multiplicación por esquejes

Es una de las crasas más agradecidas de reproducir, y merece la pena hacerlo cada pocos años porque el centro de la mata tiende a despoblarse y a lignificarse hacia el tercer o cuarto año.

Corta trozos de tallo de 5 a 8 cm, retira las hojas del tercio inferior y déjalos secar uno o dos días a la sombra para que cicatrice el corte. Después clávalos en arena de río húmeda o en una mezcla de perlita y sustrato, y mantén el conjunto apenas húmedo. Enraízan en dos o tres semanas. Las mejores épocas son abril-mayo y septiembre. No hace falta hormona de enraizamiento.

También puedes dividir la mata: muchos tallos ya han emitido raíces al contacto con el suelo y basta con separarlos con un trozo de raíz y replantarlos. Por semilla es viable pero lento; se siembra en superficie, sin cubrir, en primavera y a 18-22 °C.

Para cubrir superficie, calcula de tres a cinco plantas por metro cuadrado, a unos 30-40 cm entre ejemplares. En un año largo el tapiz se cierra.

Mantenimiento, plagas y problemas

El repaso anual es sencillo. Tras la floración principal, un recorte ligero con tijera de setos elimina las flores secas y compacta la mata, y en primavera se retiran los tallos que hayan quedado secos o descarnados. Si el centro se ha vaciado, arranca esa parte y replanta con esquejes propios.

Las babosas y los caracoles son el problema más común y el que menos se espera: se comen los brotes tiernos y dejan la mata mordisqueada en primavera, sobre todo en jardines con riego cercano. La cochinilla algodonosa aparece en el cuello y entre los tallos cuando la planta está apretada y con poca ventilación; se trata con alcohol de 70º aplicado con un bastoncillo o con jabón potásico. El pulgón puede colonizar los botones florales en primavera, sin mayor consecuencia.

Lo verdaderamente serio son las podredumbres de cuello y raíz causadas por hongos de suelo cuando hay exceso de agua. El síntoma es un área que se vuelve blanda, oscura y se desprende con facilidad, y suele extenderse en mancha. No hay tratamiento práctico una vez avanzada: se retira la zona afectada, se deja secar y se replanta a partir de esquejes sanos, corrigiendo el drenaje. Prevenir es todo el tratamiento que existe.

En resumen

Delosperma es una tapizante de origen surafricano, con hojas suculentas brillantes y flores de aspecto de margarita que se abren solo con luz fuerte, en flor de mayo a octubre. Quiere sol directo, suelo que drene y prácticamente nada de agua, y aguanta heladas fuertes siempre que llegue al invierno seca: el frío húmedo es lo que la mata, no el frío.

Plántala en alto —rocalla, talud, muro, cubierta vegetal—, olvídate del riego una vez establecida, abona poco o nada, renueva la mata con esquejes cada tres o cuatro años y vigila las babosas en primavera. Y no la confundas con Carpobrotus edulis, la uña de gato invasora cuya plantación está prohibida en España: son parientes, pero solo una de las dos debe entrar en tu jardín.


Contenidos relacionados