Si has visto alguna vez una mata de rosetas gris azuladas con reflejos rosados colgando por el borde de un muro en un pueblo del sur, con aspecto de llevar allí veinte años sin que nadie la riegue, muy probablemente era un Graptopetalum. Es una de las suculentas más extendidas en jardinería mediterránea, y también una de las más maltratadas y peor identificadas: se la confunde constantemente con Echeveria, con Sedum y con Pachyphytum.

El género pertenece a las Crassulaceae y reúne alrededor de veinte especies originarias de México y del suroeste de Estados Unidos, sobre todo Arizona. El nombre viene del griego graptos (marcado, escrito) y petalon (pétalo), en alusión a la característica que mejor lo distingue: los pétalos llevan manchas, puntos o rayas de color rojizo o pardo sobre fondo claro, como si estuvieran escritos.

Graptopetalum paraguayense, la planta fantasma

Características

Forman rosetas de hojas carnosas, de entre 3 y 15 cm de diámetro según la especie, sobre tallos que en unas especies permanecen cortos y en otras se alargan y se vuelven colgantes o rastreros con los años. Es un género que ramifica con facilidad desde la base, de modo que un solo ejemplar acaba formando una mata densa de muchas cabezas.

Las hojas suelen ser triangulares o espatuladas, terminadas en punta, y en la mayoría de las especies están cubiertas de pruina, una fina capa cerosa pulverulenta de aspecto harinoso. Esa pruina no es decorativa por accidente: es un filtro solar natural que refleja la radiación y reduce la pérdida de agua. Se borra con el simple roce de un dedo y no se regenera sobre la hoja dañada, así que las plantas manoseadas quedan marcadas hasta que renuevan el follaje. Los colores van del gris azulado al lila, al rosa pálido y al blanquecino, y se intensifican notablemente con el sol y con el estrés hídrico.

Las flores aparecen en primavera sobre inflorescencias laterales ramificadas. Son estrelladas, con cinco pétalos puntiagudos bien separados y ese moteado rojizo que da nombre al género. Son más vistosas de lo que se espera y bastante duraderas.

Las especies más habituales

Graptopetalum paraguayense. La más común con diferencia, conocida como planta fantasma o ghost plant. Y aquí hay una curiosidad que conviene aclarar: no es de Paraguay. Es endémica del estado mexicano de Tamaulipas. El epíteto procede de un error de etiquetado del material con el que se describió la especie, y el nombre se mantiene por las reglas de prioridad nomenclatural. Forma rosetas de 8-12 cm sobre tallos que se alargan y cuelgan, con hojas de un característico gris azulado que vira a rosa melocotón cuando recibe mucho sol.

Graptopetalum bellum. Descrita durante décadas como Tacitus bellus. Roseta plana y compacta, casi apoyada en el suelo, con hojas triangulares grisáceas, y una floración espectacular de flores de un rosa fucsia intenso desproporcionadamente grandes para el tamaño de la planta. Es la más exigente del género y la que menos tolera el exceso de agua.

Graptopetalum amethystinum. Hojas muy gruesas, casi esféricas, de un tono lila azulado con brillo nacarado. Es la que más se confunde con Pachyphytum.

Graptopetalum superbum. Rosetas grandes, de hasta 15 cm, en tonos rosa lavanda muy marcados cuando recibe sol pleno. Muy apreciada por el color.

Graptopetalum macdougallii. Especie pequeña y estolonífera: emite tallos horizontales finos que forman nuevas rosetas a cierta distancia, hasta cubrir la superficie de la maceta.

Graptopetalum rusbyi y Graptopetalum filiferum. Especies de roseta pequeña y compacta, la segunda con hojas rematadas por un pelo terminal fino muy característico.

Graptopetalum macdougallii en maceta

Los híbridos, que son media colección

El Graptopetalum cruza con géneros próximos con una facilidad poco común, y buena parte de las suculentas que circulan en viveros son en realidad híbridos suyos, aunque se vendan sin nombre:

× Graptoveria, cruce con Echeveria. Rosetas de aspecto de echeveria pero con la rusticidad y la facilidad de multiplicación del graptopetalum. Cultivares como 'Debbi' o 'Fred Ives' son extraordinariamente comunes.

× Graptosedum, cruce con Sedum. Rosetas más pequeñas sobre tallos alargados, muy usadas en tapizantes y en jardines de rocalla.

× Graptophytum, cruce con Pachyphytum, de hojas especialmente gruesas.

Todos ellos se cuidan igual que las especies puras.

Cuidados

Luz. Sol pleno o la mayor cantidad posible. Es lo que determina el color: una planta a pleno sol desarrolla los tonos rosados, lilas y anaranjados por los que se cultiva, mientras que la misma planta en penumbra se vuelve verde uniforme, alarga el tallo y separa las hojas. Ese alargamiento, el ahilamiento, es irreversible: la parte estirada no vuelve a compactarse aunque la saques al sol, y la única solución es decapitar la roseta y reenraizarla. Si la planta ha estado en interior, sácala al exterior de forma gradual durante una o dos semanas; el paso brusco al sol pleno de junio produce quemaduras que dejan cicatrices pardas permanentes.

Sustrato. Drenante por encima de todo. Sustrato para cactáceas mezclado con un 30-50 % de material mineral: pómice, gravilla volcánica o arena de sílice gruesa. En jardín, si el suelo es arcilloso, planta en zona elevada, sobre un talud o en un muro; el drenaje pesa más que la fertilidad.

Riego. Escaso, por empapado y con secado completo entre riegos. En primavera y otoño, que es cuando más crece, un riego cada 10 o 15 días suele bastar; en invierno, prácticamente nada, sobre todo si pasa frío; en pleno verano, con calor sostenido por encima de 30 °C, la planta se ralentiza y conviene espaciar. Riega al pie y nunca por encima: el agua estancada en el centro de la roseta produce podredumbre, y además borra la pruina. Como referencia visual, las hojas ligeramente arrugadas y blandas indican sed; las hojas translúcidas, amarillentas y que se desprenden solas al tocarlas indican exceso de agua, que es un problema mucho más grave.

Temperatura y frío. Aquí está su gran ventaja frente a otras suculentas de moda. Graptopetalum paraguayense y varios de sus híbridos son notablemente rústicos y toleran heladas ligeras de hasta -5 o -7 °C siempre que el sustrato esté seco. Eso los hace cultivables al aire libre durante todo el año en el litoral mediterráneo, el valle del Guadalquivir, Canarias, Baleares y buena parte del interior peninsular templado. La condición es frío seco: la combinación de helada y sustrato empapado revienta las células y deshace la planta. En zonas de invierno frío y lluvioso, o en la meseta norte, mejor en maceta y a cubierto de la lluvia. G. bellum es bastante menos resistente y conviene protegerla por debajo de 5 °C.

Abonado. Prácticamente prescindible. Un fertilizante de cactáceas bajo en nitrógeno, a media dosis, una o dos veces durante la primavera. Sobrealimentada produce rosetas grandes, blandas y descoloridas que pierden el interés ornamental y se pudren con más facilidad.

Trasplante. Cada dos o tres años, en primavera y con el sustrato seco. Maceta poco profunda y algo ancha, porque el sistema radicular es superficial. Espera una semana antes del primer riego para que cicatricen las raíces manipuladas.

Multiplicación

Es, junto con la rusticidad, la razón de su popularidad. Se reproduce por tres vías y las tres son casi infalibles.

Por hoja. La más espectacular. Desprende una hoja sana tirando con un giro suave desde la base, de forma que salga entera con su punto de inserción; una hoja rota no enraíza. Déjala secar dos o tres días a la sombra y colócala después sobre sustrato seco, sin enterrarla, en un sitio luminoso sin sol directo. En dos o tres semanas emite raicillas y una roseta diminuta en la base, mientras la hoja madre se va consumiendo. No la riegues hasta que las raíces hayan tocado sustrato; con pulverizar ligeramente cada pocos días es suficiente. G. paraguayense lo hace incluso sin ayuda: las hojas que caen al suelo enraízan solas y por eso se ven matas expandiéndose por sí mismas alrededor de una planta madre.

Por esqueje de tallo. Corta una roseta con 3-5 cm de tallo, retira las hojas inferiores, deja secar el corte tres o cuatro días y plántala en sustrato seco. Enraíza en dos o tres semanas. Es también el remedio para plantas ahiladas: decapitas, reenraízas la cabeza y el tocón que queda rebrota con varias cabezas nuevas.

Por hijuelos. Simplemente separa las rosetas laterales que emite la mata con algo de raíz propia y plántalas aparte.

El mejor momento para cualquiera de las tres es la primavera, y el segundo mejor el principio del otoño. En pleno verano o en invierno el enraizamiento es lento y hay más riesgo de podredumbre.

Problemas frecuentes

Podredumbre por exceso de riego. El error dominante, con diferencia. El tallo se ennegrece por la base y la planta se desmorona. Actúa rápido: corta por encima de la zona afectada, comprueba que el corte sale limpio y blanco, deja secar varios días y reenraiza la parte sana. La mata original, si está muy afectada, se pierde.

Ahilamiento. Tallo largo, hojas separadas y verdes, roseta laxa. Falta de luz. Solución: decapitar y reenraizar en un sitio más soleado.

Quemaduras solares. Manchas blanquecinas o pardas secas en la cara superior de las hojas, tras un cambio brusco de exposición. No se curan; se van al renovarse el follaje. Se evitan aclimatando gradualmente.

Cochinilla algodonosa. Motas blancas algodonosas entre las hojas y en las axilas. Alcohol isopropílico con bastoncillo o jabón potásico, repitiendo cada semana durante tres o cuatro aplicaciones.

Cochinilla de raíz. Planta detenida, sin color, que no responde a nada. Se detecta desenmacetando: masas blancas polvorientas entre las raíces. Lavado completo de raíces, secado de unos días y sustrato y maceta nuevos.

Pérdida de la pruina. Por manipulación o por riego por aspersión. No se recupera en la hoja afectada. Coge la planta siempre por la maceta o por el tallo, nunca por las rosetas.

En resumen

El Graptopetalum es un género mexicano de unas veinte especies de rosetas carnosas cubiertas de pruina, cuyo nombre alude a los pétalos moteados de su flor. La más extendida es G. paraguayense, la planta fantasma, que pese al epíteto es de Tamaulipas y no de Paraguay. Cruza con enorme facilidad con Echeveria, Sedum y Pachyphytum, y de ahí salen los × Graptoveria y × Graptosedum que llenan los viveros.

Sus exigencias son mínimas: sol abundante, que es lo que le da color y compacidad, sustrato muy drenante y riego escaso al pie, dejando secar del todo entre riegos. Su gran ventaja sobre otras suculentas de moda es la rusticidad al frío: aguanta heladas ligeras siempre que el sustrato esté seco, lo que permite cultivarla al aire libre en buena parte de España.

Y se multiplica sola. Una hoja caída sobre la tierra da una planta nueva sin que hagas nada. Si tuviera que resumirse su cultivo en una frase: dale todo el sol que puedas y olvídate de la regadera.


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