Plantar Carpobrotus edulis en España está prohibido. No es una recomendación de buenas prácticas ni una opinión ecologista: está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013, y esa inclusión conlleva la prohibición genérica de su posesión con fines comerciales, transporte, tráfico e introducción en el medio natural. La Carpobrotus acinaciformis, la de flores magenta, figura en el mismo catálogo. Conviene saberlo antes de arrancar un esqueje del paseo marítimo para llevárselo a casa, que es exactamente como se ha extendido por todo el litoral.
Dicho lo cual, la planta merece un artículo, y no solo para condenarla. Millones de metros cuadrados de costa española están cubiertos de uña de león, mucha gente la tiene en su jardín desde hace décadas sin saber qué es, y entender cómo funciona es lo que permite decidir qué hacer con ella y qué plantar en su lugar.
Qué es el Carpobrotus
Carpobrotus es un género de la familia Aizoaceae, la misma de los Lampranthus, Delosperma y Drosanthemum. Reúne una treintena de especies, la mayor parte originarias de Sudáfrica, con algunas australianas y sudamericanas. El nombre viene del griego karpós (fruto) y brotós (comestible), en referencia al fruto carnoso, que efectivamente se come.
Las dos especies presentes en España llegaron desde la región del Cabo. Carpobrotus edulis tiene flores amarillas que viran a rosado al marchitarse y hojas de sección triangular, casi de tres caras iguales. Carpobrotus acinaciformis presenta flores de un magenta intenso y hojas algo más anchas y curvadas, en forma de sable, de donde le viene el epíteto. En la costa peninsular y en Baleares las dos se cruzan con frecuencia y hay poblaciones enteras de híbridos con caracteres intermedios, así que identificar a golpe de vista un ejemplar concreto no siempre es limpio.
El nombre común aquí es uña de león, aunque también se le llama higo marino o hierba del cuchillo, y en Cataluña y Baleares, bàlsam o patata frita.
Características
Es una perenne suculenta rastrera que no levanta más de 15-20 cm del suelo pero se extiende sin límite claro. Los tallos, primero verdes y luego leñosos y pardos, enraízan en cada nudo que toca tierra, y en condiciones favorables un solo pie puede alargarse alrededor de un metro al año en cada dirección. Un ejemplar plantado en un talud se convierte en pocos años en un manto continuo de varias decenas de metros cuadrados.
Las hojas miden de 6 a 12 cm, son gruesas, de sección triangular y con el margen finamente aserrado en la quilla. Almacenan tal cantidad de agua que la planta sobrevive meses de sequía absoluta sobre arena pura.
Las flores son grandes, de 6 a 10 cm de diámetro, con decenas de pétalos lineales dispuestos en varias series y un centro con multitud de estambres. La floración principal va de marzo a junio en el litoral, con flores sueltas en otoño si el año es benigno. Después llega el fruto: una cápsula carnosa, en forma de peonza, que no se abre y que madura pegajosa y dulzona, con sabor entre el higo y el kiwi ácido. En Sudáfrica se prepara en mermelada. El zumo de las hojas se ha usado tradicionalmente, allí y aquí, sobre picaduras de medusa y quemaduras leves, con un efecto astringente parecido al del aloe.
Su resistencia al viento cargado de sal, a la sequía y al suelo pobre no tiene casi rival entre las plantas ornamentales. Ese es justamente el problema.
Por qué está catalogada como invasora
Se introdujo en el siglo XX en buena parte del litoral para fijar dunas y taludes, incluidos los desmontes de carreteras costeras y las obras de urbanizaciones. Funcionaba: cubre rápido, no pide riego y sujeta la arena. El efecto secundario tardó décadas en verse.
El manto de Carpobrotus es impenetrable. Ninguna planta germina bajo él, de modo que desplaza por completo a la flora dunar y de acantilado, que en la costa española incluye endemismos y especies con áreas de distribución muy reducidas. Además altera el suelo: acumula sales en sus tejidos y, al descomponerse la materia vegetal, acidifica y modifica la salinidad del sustrato de una forma que perjudica a las nativas incluso después de retirarlo. Y fija la duna en exceso: una duna móvil funcional deja de moverse, y con ello se pierde la dinámica que mantiene el propio sistema.
Se propaga por dos vías simultáneas. Las semillas van dentro de un fruto carnoso que comen conejos, ratas y gaviotas, que las dispersan a kilómetros y las depositan intactas y abonadas. Y los fragmentos de tallo enraízan solos: un trozo caído de una carretilla, arrastrado por el agua o tirado en un descampado basta para fundar una población nueva. Por eso los restos de poda no se pueden compostar ni dejar amontonados.
Cómo se comporta y qué necesita
Si ya la tienes en el jardín, o si cultivas en un país donde no está regulada, sus exigencias son mínimas y conviene conocerlas aunque sea para saber por qué no la vas a poder contener.
Luz. Pleno sol, sin excepciones. A la sombra se estira, pierde el color rojizo que toman los tallos con la insolación y florece mal o nada.
Suelo. Prefiere terrenos pobres, arenosos y muy drenantes. En suelos arcillosos que encharcan es donde únicamente se la ve decaer: los tallos se ennegrecen desde el nudo y el manto se aclara por el centro.
Riego. Con la lluvia del litoral mediterráneo le sobra. Una plantación nueva agradece un riego semanal el primer verano; a partir del segundo año, ninguno. El error clásico es regarla como al resto del jardín, lo que multiplica su velocidad de expansión y favorece la podredumbre de los tallos viejos.
Frío. Aguanta heladas suaves de hasta unos -3 o -4 °C; por debajo, las hojas se vuelven traslúcidas y se deshacen. Esto es lo que ha limitado su avance al interior peninsular, donde las heladas de enero la frenan. En la costa atlántica gallega, en el Cantábrico, en todo el Mediterráneo y en Canarias no encuentra ese freno.
Mantenimiento. El centro de las matas viejas se seca y acumula un colchón de tallos muertos que es material combustible fino y seco: en zonas de riesgo de incendio, un manto de Carpobrotus pegado a la casa no es la protección que parece.
Problemas. Cochinilla algodonosa en las axilas, caracoles y babosas en los brotes tiernos y podredumbre basal por exceso de agua. Poco más; es una planta a la que casi nada ataca en Europa, otro motivo de su éxito.
Cómo eliminarla si la tienes
La retirada manual es el método que funciona, y no es tan trabajoso como parece porque el sistema radicular es superficial.
Tira del manto enrollándolo sobre sí mismo, como una alfombra, en tiempo seco. Levanta también los estolones enterrados y busca los nudos que hayan arraigado por debajo del nivel del suelo. Mete todo el material en sacos cerrados y llévalo a punto limpio o gestor de residuos vegetales indicando lo que es; no lo dejes en un montón, no lo compostes y no lo eches al contenedor orgánico abierto, porque cada fragmento vuelve a enraizar.
Después toca revisar la zona durante dos o tres años. El banco de semillas del suelo sigue activo y las plántulas irán apareciendo; arrancarlas cuando son pequeñas cuesta un minuto. Y replanta rápido con especies de cobertura: el suelo desnudo tras la retirada es una invitación a que vuelva o a que entre otra invasora.
Qué plantar en su lugar
Se puede tener el mismo efecto de tapiz suculento en flor sin problemas legales ni ecológicos:
Lampranthus (L. spectabilis, L. roseus, L. aureus). Es la alternativa directa y la que ofrece el vivero. Misma familia, floración espectacular en primavera, porte más contenido y sin capacidad invasora reconocida en nuestra costa.
Delosperma cooperi y Drosanthemum floribundum. Tapizantes de flor rosa o malva, muy resistentes a la sequía y con mejor tolerancia al frío que el Carpobrotus, lo que las hace útiles también en el interior.
Malephora crocea. Naranja intenso, muy usada en taludes de obra pública y bien adaptada a la costa mediterránea.
Y si el jardín está en primera línea, lo más sensato es tirar de flora autóctona costera, que resuelve el viento y la sal mejor que ninguna exótica: Lotus creticus, Crithmum maritimum (el hinojo marino, además comestible), Helichrysum stoechas, Frankenia laevis, Limoniastrum monopetalum, Thymelaea hirsuta o las armerias. Se consiguen en viveros especializados en planta mediterránea y, una vez arraigadas, no necesitan riego.
En resumen
El Carpobrotus es una crasa rastrera sudafricana de flor grande y hoja triangular, insuperable frente al viento salino y la sequía, y precisamente por eso incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras: asfixia la vegetación dunar, altera el suelo y se reproduce tanto por semilla dispersada por animales como por cualquier fragmento de tallo. No se planta, no se traslada y no se regala un esqueje. Si la tienes, retírala en tiempo seco, embólsala, entrégala como residuo vegetal, vigila la zona un par de años y sustitúyela por Lampranthus, Delosperma o directamente por flora costera autóctona. El jardín queda igual de vistoso y la duna de al lado sigue existiendo.