La palabra «cotiledón» significa dos cosas que no tienen nada que ver entre sí, y conviene aclararlo antes de seguir. En botánica general, un cotiledón es la hoja embrionaria que trae la semilla y que sale la primera al germinar. En un vivero, en cambio, «cotiledón» es el nombre común de Cotyledon, un género de plantas crasas sudafricanas de la familia de las crasuláceas. De ese segundo cotiledón trata este artículo.
Son plantas de hoja carnosa, porte arbustivo y floración colgante muy llamativa, que en buena parte de España se pueden cultivar en el exterior durante todo el año. También son, y esto no suele decirse, plantas venenosas. Vale la pena conocerlas bien antes de meterlas en casa.
Qué es exactamente un Cotyledon
Cotyledon es un género pequeño, con poco más de una decena de especies aceptadas, casi todas del sur de África (Sudáfrica, Namibia, Lesoto) con alguna extensión hacia la península arábiga. Se distingue de sus parientes cercanas —Echeveria, Crassula, Kalanchoe— por un conjunto de rasgos bastante constante:
Hojas opuestas y decusadas. Salen de dos en dos, y cada par gira 90 grados respecto al anterior. Esto da a la planta una estructura en cruz vista desde arriba, muy distinta de la roseta en espiral de las echeverias. Es el detalle que mejor permite identificar el género de un vistazo.
Tallos leñosos con el tiempo. No son plantas de roseta pegada al suelo: forman arbustillos que van engrosando la base y que, en ejemplares viejos, pueden pasar del metro de altura en algunas especies.
Flores tubulares y péndulas. Sobre un pedúnculo largo que sobresale muy por encima del follaje aparece una umbela de flores acampanadas, colgando hacia abajo, con los pétalos recurvados en el extremo. Los colores van del naranja al rojo coral, a veces con amarillo. En su hábitat las polinizan pájaros nectarívoros, y esa forma de tubo colgante es precisamente una adaptación a ello.
Las especies que se encuentran en España
Cotyledon orbiculata es la más común y la más variable. Hojas redondeadas u ovales, gruesas, de un gris azulado intenso porque están cubiertas de una capa de cera —la pruina— que las protege de la insolación. El borde suele llevar una línea roja o púrpura que se acentúa con el sol y el frío. Hay muchas variedades hortícolas: la var. oblonga y sus cultivares de hoja alargada, formas de hoja ondulada, y clones enanos. En jardines del litoral mediterráneo forma matas de 60 a 100 cm sin dificultad.
Cotyledon tomentosa, conocida como planta pata de oso. Hojas pequeñas, ovoides, cubiertas por completo de pelillos cortos y rematadas en el ápice por unos dientes de color rojo oscuro que efectivamente recuerdan a una zarpa. La subespecie ladismithiensis tiene la hoja más estrecha y alargada y los dientes menos marcados. Es la más vendida como planta de interior y de maceta pequeña, y también la más delicada con el exceso de agua.
Cotyledon pendens, de descripción relativamente reciente, con tallos colgantes de hojas pequeñas y redondas y flores de un rojo anaranjado muy vivo. Es la elección obvia para maceta colgante o para el borde de un muro, y la única del género que se comporta como planta péndula de verdad.
Hay más —C. campanulata, C. barbeyi, C. papillaris—, pero circulan sobre todo entre coleccionistas.
Aviso previo: son plantas tóxicas
Este punto se omite casi siempre y no debería. Las hojas de Cotyledon contienen bufadienólidos, glucósidos que actúan sobre el corazón de forma parecida a la digital. En Sudáfrica son una causa reconocida de intoxicación del ganado, y el cuadro nervioso crónico que provocan tiene incluso nombre propio en afrikáans, krimpsiekte.
Para una persona adulta el riesgo real es bajo, porque nadie se come una hoja de estas por gusto, pero conviene tener presente que:
No es planta para poner al alcance de niños pequeños ni de perros y gatos que muerdan lo que encuentran. Si se poda, hay que recoger los restos en lugar de dejarlos caer donde pueda picotearlos un animal. Y no tiene ningún uso comestible ni medicinal casero, por mucho que algunas crasuláceas afines aparezcan en recetarios populares.
Luz, temperatura y ubicación
Luz: cuanta más, mejor, con un matiz importante. Un ejemplar que viene de vivero, cultivado bajo malla de sombreo, se quema si se planta de golpe a pleno sol en junio. Las quemaduras aparecen como manchas pardas secas y no se recuperan: esa hoja queda marcada de por vida. La aclimatación se hace en dos o tres semanas, aumentando la exposición poco a poco, y mejor empezar en otoño o a comienzos de primavera que en pleno verano.
Una vez adaptado, un Cotyledon orbiculata aguanta el sol pleno del verano manchego o andaluz. En interior, en cambio, casi nunca hay luz suficiente: si no está a menos de un metro de una ventana orientada al sur o al oeste, se estira, separa los pares de hojas y pierde el color. Ese estiramiento —la etiolación— no se corrige después; hay que podar y rebrotar.
Frío: soportan heladas ligeras y breves, del orden de -2 a -4 °C, siempre que el sustrato esté seco. La combinación letal es frío más humedad en la raíz. Con eso, en toda la franja mediterránea, en Canarias y en el sur atlántico viven fuera todo el año sin protección. En el interior peninsular y en el norte húmedo lo razonable es cultivarlas en maceta y meterlas bajo cubierto —un porche, un invernadero frío, una galería sin calefacción— de noviembre a marzo, con riego prácticamente nulo durante esos meses.
Ritmo anual: en el clima peninsular crecen sobre todo en primavera y otoño. En el pico del verano frenan y en pleno invierno también. Esos dos parones son normales y no significan que la planta esté enferma; lo que significan es que hay que dejar de regar como si estuviera creciendo.
Sustrato y maceta
El sustrato universal de saco, tal cual, retiene demasiada agua y compacta al segundo año. La mezcla que funciona lleva mayoría de material mineral: en torno a un 60-70 % de árido —arena silícea de grano grueso, puzolana, pómice o akadama— y un 30-40 % de materia orgánica, que puede ser sustrato para cactus, fibra de coco o mantillo maduro. La arena de playa no sirve: es demasiado fina y salina.
La maceta de barro sin esmaltar ayuda mucho en climas húmedos porque evapora agua por la pared y acorta el tiempo que las raíces pasan mojadas. En el sureste seco, donde el problema es el contrario, el plástico o el esmaltado son más cómodos. En cualquier caso, agujero de drenaje siempre, y nada de dejar el plato con agua.
No conviene sobredimensionar la maceta. Un cepellón rodeado de mucho sustrato húmedo que las raíces no ocupan es una invitación a la podredumbre. Se trasplanta cada dos o tres años, en primavera o a comienzos de otoño, subiendo un solo número de maceta.
Riego
La regla es empapar a fondo y luego dejar secar el sustrato por completo antes de volver a regar. Ni riegos pequeños y frecuentes —que solo mojan la capa superficial y hacen que la raíz suba— ni sustrato permanentemente húmedo.
Orientativamente, en maceta y al exterior: cada 10 o 14 días en primavera y otoño, cada 7 a 10 días en los meses más cálidos si la planta está a pleno sol y en maceta pequeña, y una vez al mes o ninguna en invierno. Estas cifras dependen del tamaño de la maceta, del material y del viento, así que lo sensato es comprobar la humedad metiendo el dedo o un palillo de madera hasta media profundidad.
Un detalle específico de este género: conviene regar al pie y no por encima. Mojar el follaje de Cotyledon orbiculata arrastra la pruina cerosa, y esa capa blanca no se regenera en la hoja afectada; queda una marca verde brillante hasta que la hoja se pierde. Lo mismo pasa si se manosean las hojas. En C. tomentosa, el agua retenida entre los pelos de la hoja favorece manchas y podredumbres.
Abonado y poda
Poco abono y bajo en nitrógeno. Un fertilizante líquido para cactus y crasas, a la mitad de la dosis indicada en el envase, una vez al mes durante la primavera y otra tanda en septiembre-octubre. Abonar en verano o en invierno, cuando la planta está parada, solo sirve para acumular sales en el sustrato. El exceso de nitrógeno produce crecimientos blandos, hojas grandes y aguadas que se marcan a la mínima y se vuelven un imán para la cochinilla.
La poda es opcional pero útil. Despuntar los tallos en primavera obliga a ramificar y da una mata más densa; sin poda, muchos ejemplares acaban con tallos largos y desnudos por abajo. Los cortes de cierto grosor conviene dejarlos secar antes de regar de nuevo. Las flores marchitas y su pedúnculo se retiran desde la base una vez secos.
Multiplicación
Aquí hay que desmontar una idea muy extendida. En crasas se repite que basta con poner una hoja sobre el sustrato para tener una planta nueva, y con echeverias, Graptopetalum o Sedum es cierto. Con Cotyledon, no. Las hojas de este género enraízan mal y muy rara vez producen un brote; lo normal es que echen unas raicillas, aguanten unas semanas y se pudran. Perder el tiempo con esqueje de hoja aquí es la causa más habitual de frustración.
Lo que sí funciona:
Esqueje de tallo. Se corta una punta de 8 a 12 cm con un cuchillo limpio, se le quitan los dos o tres pares de hojas inferiores, se deja secar el corte a la sombra durante tres o cuatro días —hasta que cicatrice y forme callo— y se planta en sustrato mineral apenas humedecido. Sin riego los primeros días y luego muy medido. Enraíza en tres o cuatro semanas. La mejor época es primavera o principios de otoño; en pleno agosto o en diciembre las probabilidades bajan mucho.
Semilla. Es viable pero lenta y solo interesa si se busca variabilidad o especies raras. Se siembra en superficie, sobre sustrato fino y estéril, en primavera, con temperaturas de 18-22 °C y humedad constante hasta la nascencia. Las plántulas tardan un par de años en parecer algo.
Plagas, enfermedades y errores frecuentes
Cochinilla algodonosa. La plaga principal. Se instala en las axilas de las hojas y en el cuello, protegida, y en C. tomentosa se camufla especialmente bien entre la pilosidad. Se detecta por unas motas blancas algodonosas y por el aspecto detenido de la planta. En ataques pequeños, un bastoncillo con alcohol de 70°; en ataques mayores, jabón potásico o aceite de neem repetido cada semana durante tres semanas. Hay que revisar también la raíz al trasplantar, porque existe una forma que vive bajo tierra.
Pulgón. Aparece sobre todo en los pedúnculos florales tiernos, en primavera. Jabón potásico basta.
Pudrición basal. No es una plaga sino la consecuencia del riego. El tallo se ablanda y ennegrece desde el cuello. Cuando llega a ese punto la planta madre no se salva; lo que se hace es cortar por encima de la zona afectada, comprobar que el tejido interior está sano y blanco, y tratar el trozo bueno como un esqueje.
Otros errores repetidos: dejar la maceta sobre un plato con agua «para que no le falte»; usar sustrato de saco sin airear; regar con el mismo calendario todo el año, sin adaptar a la estación; y comprar un ejemplar ya etiolado, con los entrenudos largos y las hojas separadas, pensando que se recompondrá solo con darle sol. No lo hará: los tallos estirados se quedan así, y la única solución es podarlos y aprovecharlos como esquejes.
En resumen
Los Cotyledon son crasas arbustivas sudafricanas de hojas opuestas y flores tubulares colgantes, con C. orbiculata, C. tomentosa y C. pendens como especies habituales en el comercio español. Piden mucha luz —con aclimatación previa si vienen de vivero—, sustrato mayoritariamente mineral, riego copioso pero espaciado con secado completo entre uno y otro, y poco abono bajo en nitrógeno. Aguantan heladas ligeras siempre que el sustrato esté seco, lo que permite cultivarlas al aire libre en todo el litoral mediterráneo y en el sur; en el interior y el norte húmedo, mejor en maceta y a cubierto en invierno. Se multiplican por esqueje de tallo, no por hoja, y conviene recordar que toda la planta es tóxica por ingestión.